Kosovo y cómo empezar de cero te permite evitar los errores del resto

Las jóvenes kosovares han decidido construir la historia de su país sin repetir los errores de los que el resto del mundo se intenta deshacer
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El que Kosovo se instaurase como país justo cuando en el resto de Europa el movimiento feminista empezaba a coger fuerza, ha hecho que el país tome forma tomando esta lucha como ejemplo. Teniendo aún muchas cosas por cambiar, y sufriendo las mujeres la peor parte de la crisis económica que azota al país desde la guerra, las jóvenes kosovares han decidido construir la historia de su país sin repetir los errores de los que el resto del mundo se intenta deshacer.

“Cuando empiezas un nuevo país, en un nuevo espacio político y eres consciente de la invisibilización de las mujeres a lo largo de la historia, tienes claro de que no quieres ir en ese sentido”, así es como Kosovo empezó a escribir su nueva historia. Y es como lo ven las mujeres que intentan crear ese “discurso progresista cuando se habla de lo que se encarga la mujer”.

A veces, empezar de nuevo te da la oportunidad de corregir los errores del pasado o, en el caso de este país, de evitar aquellos que el resto del mundo intenta corregir, como ocurre con el papel de la mujer en su realidad. “No había ninguna tradición establecida por el hombre, y esto dio la oportunidad para que las mujeres pudieran reclamar dicho terreno, localizar agencias y tomar el control”, explica Ermire, directora de la organización Kosovo Oral History (Historia oral de Kosovo, en español), una asociación que se encarga de documentar las historias ocurridas durante el conflicto.

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Este país de apenas treces años de edad sigue cargando con el trauma de una guerra. Una guerra de la que se hicieron cargo las mujeres kosovares. “Lo que las mujeres experimentaban durante la guerra es bastante diferente dependiendo de la parte de Kosovo en la que se encuentran. En Pristina se mantuvieron en la ciudad y durante los bombardeos se quedaban dentro de sus casas, intentaban hacer una vida normal. Sin embargo, en zonas rurales la mayoría de las familias fueron refugiados”, explica Urtina, joven diseñadora gráfica. Viviendo esta guerra donde los bombardeos eran diarios, los ‘checkpoints’ estaban a la vuelta de la esquina y las redadas por parte de tropas serbias eran el pan de cada día, las mujeres, quienes de alguna manera corrían menos peligro, se hicieron cargo de todo. “La Policía y los militares arrestaban o mataban a los hombres si salían, pero no era así para las mujeres. Ellas no se enfrentaban a ese tipo de peligro; si se arreglaban y parecían de clases superiores podían esquivar los controles policiales. Por ello se hicieron cargo de todo, de todas las tareas diarias […] Las mujeres kosovares tenían esa solidaridad, se olvidaron de ellas mismas para hacer que sus familias no tuviesen que experimentar la guerra al máximo”. Eso es lo que ha reflejado Urtina en su película animada ‘Those Who Drown Cling to Foam’ (‘Las que se ahogan se aferran a la espuma’, en español).

Esta joven diseñadora gráfica quiso alejarse de las películas ‘tradicionales’ que se centraban en la brutalidad del conflicto para mostrar “algo muy básico y simple, pero mucho más intenso y raro”, como fue el que las mujeres creasen una realidad paralela en la rutina de sus hijos. Y es que cuando escuchas las historias de estas madres que hicieron de la guerra “algo no tan malo” te das cuenta de que no fue Roberto Benigni quien inventó ese juego que creaba un universo idílico para que un niño no supiera lo que pasaba a su alrededor, sino que fue una madre kosovar que “quiso que su familia se sintiese lo más segura posible y decidió celebrar la fiesta de cumpleaños de su hijo en mitad de un bombardeo, usando el ruido de esas bombas como instrumentos con los que se acompañó la canción de cumpleaños de su hijo antes de que soplase las velas”.

KosovoEste activismo femenino durante y después de la guerra ha sido la base de construcción de la nueva identidad del país balcánico. El papel tan activo de las mujeres durante el conflicto unido a la expansión de la lucha feminista en Europa justo al mismo tiempo en el que se proclamaba su independencia “creó mucho activismo, independencia, escuelas feministas… que han permitido manejar la influencia de ese discurso público”, afirma la directora de la asociación.

De este activismo surgió Kosova Women Network (Red de Mujeres Kosovares, en español), creada en 2000 sucediendo a la red de organizaciones de derechos de las mujeres rurales, como una red informal de mujeres y organizaciones que operan en diferentes regiones de Kosovo y que se ha convertido en una asociación que aboga por las mujeres y niñas de Kosovo a nivel local, regional e internacional. Esta organización analiza la realidad del país para localizar los espacios hostiles para la mujer, analiza las barreras y plantea soluciones a partir de la legalidad existente en el país y a través de mecanismos alternativos para fomentar la equidad.

Pues es que, aunque Kosovo haya decidido empezar a escribir su nueva historia partiendo de una perspectiva de género, aún falta mucho por hacer. En el país más joven de Europa, tan solo el 32% de los asientos parlamentarios son ocupados por mujeres, es decir, 38 mujeres en total, 17 de las cuales se han asignado por “cumplir la cuota”, y donde tan solo un partido está encabezado por una mujer.

Económicamente hablando, Kosovo sigue siendo uno de los tres PIB más bajos del continente. En esta situación de crisis económica que se alarga desde el conflicto, las mujeres asumen la peor parte. Tan solo el 20% de las mujeres del país están registradas en el mercado laboral y solo el 13% de la población femenina en edad laboral están en activo. El país tiene un índice de desempleo femenino del 37%, una cifra que asciende al 64% cuando se trata de las mujeres más jóvenes.

Dentro de este panorama, la red de mujeres achaca a la tradición social gran parte del origen de esta desigualdad. Así lo señalaron el 37% de las mujeres entrevistadas por esta. Y es que las mujeres kosovares pasan un 300% más de tiempo que los hombres ocupándose de las tareas del hogar o del cuidado de los hijos, y los hombres un 400% más tiempo que las mujeres cosiendo relaciones laborales.

Esta brecha se profundiza en las mujeres se encuentran las zonas rurales o que pertenecen a alguna de las minorías étnicas del país como las romaníes, las ashkali, las egipcias, las goranís o las turcas. En todas estas comunidades las mujeres afrontan más dificultades financieras y culturales para acceder a los servicios básicos. Y, todavía a día de hoy, las normas sociales y culturales de las zonas rurales califican como vergonzosos ciertos comportamientos, como puede ser que un hombre vea a una mujer desnuda si no es su marido, incluso en una consulta médica.

Estas normas culturales siguen muy incrustadas en las generaciones más adultas del país, esas que lucharon por la independencia y cuya realidad se ve impregnada por estos recuerdos. Puede que sea por eso por lo que “el miedo al feminismo sigue estando muy extendido entre muchas mujeres y hombres en Kosovo, y los valores feministas y el cómo aplicarlos en la práctica siguen sin estar claros, lo que puede socavar la construcción de un movimiento feminista” demanda la KWN.

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“Soy consciente de que hemos mirado ese discurso, pero seguimos teniendo nociones primitivas del feminismo”, se lamenta Ermire cuando piensa en el movimiento feminista dentro del país, “no ves ese feminismo profundo propio de los países que llevan siglos intentando cambiar las normas sociales a través de este movimiento”. Sin embargo, la directora de la asociación histórica es optimista, “el discurso se está haciendo más progresista y creo que es por eso se está empezando a incluir en Kosovo de manera natural”.

Las nuevas generaciones han crecido viendo el feminismo como lo normal. No solo debido a las historias de guerra sino también porque este país nacía en un momento histórico en el que el resto del mundo luchaba por cambiar las normas patriarcales. Esto ha hecho que la nueva realidad de Kosovo sea feminista de nacimiento.

“Debido a la guerra, la mayoría de nuestros padres no tuvieron acceso a la educación. Ellos tuvieron que crecer con una educación social patriarcal”, explica Urtina al hablar de sus padres, quienes fueron refugiados durante la guerra. “Tras la guerra, la idea de la mujer pudiendo acceder a educación superior, a puestos superiores fue algo difícil de asimilar [para los mayores]”. Sin embargo, la guerra ha hecho que las jóvenes no hayan tenido que pasar por el proceso de deconstrucción en el feminismo que han tenido que experimentar el resto de las poblaciones, “nosotras nos hemos saltado muchas cosas y para mejor”.

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Ahora, todas estás jóvenes se están encargado de que este país, que acaba de llegar a su pubertad, crezca desde el feminismo. Así lo dicen sus calles, donde las pintadas reivindican la “igualdad en las instituciones laborales y patrimoniales”, recuerdan a Musine Kokalari, primera escritora albanesa y una de las primeras feministas de los Balcanes o celebran este ‘newborn’ del país conmemorando a “todas las mujeres víctimas de la violencia sexual en conflictos armados".

Texto y fotos: Marta Moreno Guerrero.