La agonía de la Librería des Colonnes, mito del Tánger más internacional

El histórico espacio cultural vive su hora más difícil, agravada por la crisis sanitaria; los amantes de Tánger evocan su magia y prometen evitar su desaparición
Imagen nocturna del exterior de la Librería des Colonnes, en el 54 del bulevar Pasteur tangerino

PHOTO/LIBRERÍA DES COLONNES  -   Imagen nocturna del exterior de la Librería des Colonnes, en el 54 del bulevar Pasteur tangerino

“La Librería des Colonnes y Tánger forman un tándem inseparable para mí. Son incomprensibles la una sin la otra. Podemos establecer una suma de conjuntos siendo el conjunto A, tánger con minúscula, pequeña; y el conjunto B, la librería. Por tanto, la suma de los dos conjuntos nos daría como resultado: el Tánger con mayúsculas, el conjunto lleno, pleno y completo”, afirma para Atalayar desde su confinamiento sevillano la escritora Rocío Rojas-Marcos. No hay manera de preguntar por la mítica librería del número 54 del bulevar Pasteur de la antigua ciudad internacional que no obtenga una respuesta, en forma de reflexión o sentimiento, semejante. El espacio que frecuentaron durante años figuras de la talla de Paul Bowles, William Burroughs, Samuel Beckett, Tennessee Williams, Marguerite Yourcenar, Jean Genet o Juan Goytisolo vive sus horas más inciertas. La crisis sanitaria ha agravado, tras años comercialmente difíciles, la mala salud de hierro de la librería más antigua de Tánger, que fue fundada en un lejano 1949 por la familia Gerofi. 

“Es un espacio único. Por su ubicación en la ciudad, su forma de vagón de tranvía, su olor a madera de cedro, sus libros en varios idiomas, entre ellos el español, y el agradable trato de sus empleados, yo la sitúo a la altura de las grandes, como Shakespeare and Company en París, City Lights en San Francisco o Fuentetaja en Madrid”, explica Javier Valenzuela a esta revista desde su domicilio madrileño. El periodista y novelista –dos de sus obras están ambientadas en Tánger- descubrió la librería de las dos columnas rojas en los años 80, cuando era corresponsal en Marruecos del diario El País. “No he dejado de ir nunca hasta ahora”, confiesa a Atalayar el autor de ‘Tangerina’ y ‘Limones negros’. A pesar de ser pequeña de tamaño, la librería ha desempeñado un papel gigante en la historia reciente de Tánger, y su influencia se ha dejado sentir en todo Marruecos. 

Los rostros de escritores como Mohamed Chukri y Juan Goytisolo presiden la estancia principal de la librería más antigua de Tánger
PHOTO/ANTONIO NAVARRO – Los rostros de escritores como Mohamed Chukri y Juan Goytisolo presiden la estancia principal de la librería más antigua de Tánger

“Es una de mis librerías favoritas por el trato amable de todos los que trabajan en ella, Monsef Bouali, Anas, Audrey Caponi, y, por supuesto, su director Simon-Pierre Hamelin”, asegura Randa Jebrouni, hispanista y escritora marroquí natural de Tánger. Hamelin, llegado a Tánger en 2003, creó, ya como director, la revista literaria Nejma en 2006 y, cuatro años más tarde, la editorial Librairie des Colonnes Éditions. En las baldas de la librería pueden encontrarse libros en francés, árabe, inglés y español.  

La legión de fieles de la librería espera en estas largas horas de confinamiento buenas noticias. Con el local cerrado por el estado de emergencia sanitaria en vigor en Marruecos, la crisis sobrevenida ha agravado el difícil momento financiero que atravesaba este espacio de culto universal y laico y que confirma a esta publicación su actual director, el citado escritor francés Simon-Pierre Hamelin. El pasado mes de marzo fallecía su propietario, el periodista marroquí Fadel Iraki, al que se le recordará especialmente por ser cofundador del semanario Le Journal Hebdomadaire, una publicación que marcó una época en el país vecino. Iraki había adquirido apenas un año atrás la librería a la Fondation Pierre Bergé-Yves Saint Laurent, que buscaba un comprador tras la desaparición del empresario y mecenas francés en septiembre de 2017. A su vez, Bergé había rescatado la librería en 2009. En esta primavera triste de la pandemia del coronavirus, fuentes cercanas a la familia del propietario admiten desconocer qué planes tienen sus herederos para la librería, aunque confían en que logre superar airosa esta difícil hora. 

Goytisolo conversa con Pierre Bergé en presencia de Rachel Muyal y Simon-Pierre Hamelin, los dos últimos directores de la mítica librería tangerina
PHOTO/LIBRERÍA DES COLONNES – Juan Goytisolo conversa con Pierre Bergé en presencia de Rachel Muyal y Simon-Pierre Hamelin, los dos últimos directores de la mítica librería tangerina
Mucho más que una librería

“La librería ha sido durante muchos años un espacio de encuentro con ‘lo novedoso’; todos los escritores e intelectuales tanto marroquíes como extranjeros la visitaban para conocer las últimas novedades editoriales. Su ubicación también ayudó a su fama; situada en el bulevar Pasteur, acaparó la atención de muchos transeúntes, y lo sigue siendo. Muchos turistas la visitan para ‘dejarse obrar’ por el espíritu bohemio de Tánger”, explica Jebrouni a Atalayar. “Allí te puedes encontrar lo mismo al viejo intelectual árabe que al hípster del norte de Marruecos, al gay de la ciudad que al guiri en busca de romanticismo”, evoca Valenzuela. “Al cabo de un rato entre sus anaqueles acabas entablando siempre conversación con algún desconocido y, cuando te das cuenta, estás a las tantas de la noche bailando en algún garito inimaginable”, asevera el granadino. 

“Des Colonnes ha tenido tres grandes facetas: la de librería propiamente dicha, la de lugar de encuentro cultural para la ciudad y la editorial”, resume para Atalayar desde la ciudad argentina de Santa Fe el escritor Santiago De Luca. El también profesor, afincado en la ciudad marroquí, decidió un día, gracias a la intervención de ese santón laico llamado Juan Goytisolo –como lo llamaba su amigo Javier Valenzuela-, poner la vista en el mundo árabe. El amor lo empujó definitivamente a Tánger, “una ciudad literaria llena de personajes irregulares, y eso me fascina”. De Luca dirige la revista literaria Sures, con el mérito añadido de que se edita íntegramente en español y en papel.

Detalle del expositor de la popular librería del bulevar Pasteur tangerino, con varios libros en lengua española
PHOTO/LIBRERÍA DES COLONNES – Detalle del expositor de la popular librería del bulevar Pasteur tangerino, con varios libros en lengua española

Descender desde la medina por el bulevar Pasteur, tras una parada en los veladores del Gran Café de París y disfrutar de un té con yerbabuena, hasta alcanzar el pequeño expositor –que uno puede pasarse si no va atento- de la Librería des Colonnes es tradición obligada para los amantes de Tánger. Rojas-Marcos comparte con nosotros su ritual habitual en el interior de este templo multilingüe de la cultura: “Empezar por las mesas centrales de novedades y luego ir avanzando primero por la pared de la derecha, donde están los libros sobre Marruecos, Tánger, hasta el fondo donde hay libros en español y volver hacia la puerta empezando por la sección dedicada la poesía y así de nuevo hacia el mostrador. Como una rutina: ir a Tánger significa hacer ese circuito por dentro de la librería”. “El día que en su escaparate vi por primera vez un libro mío pensé que era difícil creer que no uno de mis grandes sueños se hubiese cumplido. Después de años mirando ese escaparate ahora me veía yo allí”, confiesa la poeta sevillana. 

El embrujo de la librería se ha mantenido intacto a pesar del paso del tiempo. Si en su época gloriosa fueron los representantes de la generación ‘beat’ los nombres más reconocibles, en las últimas décadas la Librería des Colonnes ha visto buscar en sus anaqueles a Juan Goytisolo, el periodista francés Jean Daniel –amigo de Goytisolo y fallecido el pasado mes de febrero-, los escritores marroquíes Mohamed Chukri o Tahar Ben Jelloun o la novelista española María Dueñas -autora del superventas ‘El tiempo entre costuras’-, entre muchos otros. Las obras de Dueñas, Cristina López-Barrio, Marta Rebón o Valenzuela hablan de la buena salud de Tánger como tema literario (y del amor de los españoles). “Pero, a diferencia de mis colegas nostálgicos de la ciudad internacional, a mí me interesa también la actual, porque sigue siendo un espacio cosmopolita, de encuentro y aventura”, matiza el ex corresponsal de El País. 

Interior de la Librería des Colonnes de la antigua ciudad internacional en una imagen del pasado mes de marzo
PHOTO/ANTONIO NAVARRO – Interior de la Librería des Colonnes de la antigua ciudad internacional en una imagen del pasado mes de marzo
La historia moderna de Tánger no puede entenderse sin un espacio que frecuentaron figuras como Paul Bowles, Samuel Beckett, Truman Capote, Jean Genet o Juan Goytisolo

Justamente de la mano de Juan Goytisolo, cuya mirada de ojos claros preside la sala principal de la librería, comenzó Rojas-Marcos a enamorarse para siempre de este lugar. La investigadora relata para Atalayar un momento especial vivido en la librería de las dos columnas con el desaparecido autor de ‘Reivindicación del conde don Julián’: “Habíamos estado tomando un té, le había explicado por encima cuál era el trabajo que tenía entre manos y acompañándolo de vuelta a su casa, primero quiso parar en la librería para saber si tenía correo. Recuerdo la sensación de estar metida dentro de una historia mil veces leída: la librería, contaban que había sido el buzón de correo y el cajero del banco de tantos escritores y artistas de paso por Tánger, que comprobar personalmente que era verdad y no leyenda fue maravilloso”. Goytisolo, que tuvo en Tánger su primer flechazo amoroso con la tierra magrebí, no dejó de venir nunca a la ciudad del Estrecho y a la Librería des Colonnes. La biblioteca del Instituto Cervantes tangerino honra con su nombre la memoria del escritor, fallecido en Marrakech en junio de 2017.

Detalle de un cuadro con la efigie de un joven Hassán II en el interior de la librería tangerina
PHOTO/ANTONIO NAVARRO – Detalle de un cuadro con la efigie de un joven Hassán II en el interior de la librería tangerina
“Hay un grupo de amantes del arte y las letras de dentro y fuera de Tánger dispuesto a dar un paso adelante para evitar la desaparición de la librería”, avanza el escritor Alberto Gómez Font
‘Los conjurados’ de Tánger, dispuestos a dar un paso adelante

Los amantes de la Librería des Colonnes se conjuran. “Puedo avanzar que hay un grupo de intelectuales y amantes del arte y la literatura españoles, marroquíes y de otros países, así como una amplia nómina de tangerinos, que estamos pendientes de ver qué ocurre; estaríamos dispuestos a dar un paso adelante económico, creando una sociedad anónima o cooperativa, por ejemplo, si ello permite salvar la librería de la desaparición”, confirma a esta revista el escritor Alberto Gómez-Font, enamorado confeso de la ciudad. El filólogo, lingüista y barman –como él gusta describirse en sus biografías- y ex director del Cervantes de Rabat, que dedicó a la ciudad su obra ‘Cócteles tangerinos’, se resiste a pensar en un día sin la Librería des Colonnes. 

Portada del libro ‘Los conjurados de Tánger’, un conjunto de relatos dedicado a la ciudad del Estrecho
PHOTO/SANTIAGO DE LUCA – Portada del libro ‘Los conjurados de Tánger’, un conjunto de relatos dedicado a la ciudad del Estrecho

Como Farid Othman-Bentria Ramos, el excepcional Mohamed Mrabet –pintor y escritor y también testigo del Tánger mítico- o los citados Marta Rebón, Cristina López Barrio, Santiago De Luca, Javier Valenzuela y Rocío Rojas-Marcos, Gómez Font forma parte del selecto grupo de amantes de la ciudad que se han dado en llamar ‘los conjurados de Tánger’. Un apelativo de ecos borgianos nacido del título de un libro editado por Sures y la propia librería que reúne siete relatos dedicados a la antigua ciudad internacional. 

El recuerdo imperecedero de Rachel Muyal

La historia de la Librería des Colonnes no puede entenderse sin la figura monumental de Rachel Muyal, fallecida en enero de este año. Directora de la librería durante más de dos décadas, la matriarca de la escena cultural de la ciudad “fue el nexo entre la época gloriosa de Tánger y la actualidad”, recuerda De Luca. Con la desaparición de esta políglota judía sefardita se fue un testigo excepcional y protagonista activo de las últimas décadas de vida cultural tangerina. “Encadenadas se suceden una serie de imágenes que a lo largo de los años he ido acumulando. La querida Rachel Muyal es una de esas imágenes, imposible que la librería no quede unida en mi recuerdo con ella para siempre, eran casi una metonimia”, evoca Rojas-Marcos. 

“Rachel, última judía sefardita, hablante de jaquetía, esa lengua mestiza, era como la propia ciudad”, asegura Valenzuela, “porque Tánger es un lugar fronterizo, canalla, portuario, que no destaca por su monumentalidad sino por el encanto de sus habitantes”. Las memorias de Muyal, traducidas al español por el propio Santiago De Luca y editadas conjuntamente por Hebraica Ediciones y la propia librería, aguardan en imprenta el fin de la epidemia para poder lucir en el escaparate del bulevar Pasteur. Además, el escritor argentino ultima un número especial de Sures dedicado a la figura de Emilio Sanz de Soto, personaje fundamental de la escena cultural de Tánger –amigo y confidente de muchos de los grandes de la ciudad, nunca escribió ni pintó nada- durante las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado.  

Perspectiva de la parte posterior de la Librería des Colonnes, donde se encuentra, entre otras, la sección de obras en español
PHOTO/ANTONIO NAVARRO - Perspectiva de la parte posterior de la Librería des Colonnes, donde se encuentra, entre otras, la sección de obras en español

De los años gloriosos de la Librería de Colonnes a su inquietante futuro. ¿Se producirá el milagro? ¿Podremos seguir disfrutando de la histórica librería de los dos pilares rojos en los próximos años? Para la profesora Randa Jebrouni, “habría que llamar la atención de los propios habitantes de la ciudad, sus clientes, los que conocen su historia, y su importancia para Tánger. De hecho, es una de sus señas de identidad”. Una librería convertida en seña de identidad –Goytisolo esbozaría una sonrisa irónica- de la ciudad mestiza y de paso que se resiste a morir en una hora tan poco lírica como la actual. Por el momento toca esperar. Al fin y al cabo, Bowles ya dijo que Tánger era “una sala de espera entre conexiones, una transición de una manera de ser a otra”.