La comunicación entre culturas

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Maixa Rote

Pies de foto: ATALAYAR

A medida que transcurre el tiempo, las sociedades se globalizan progresivamente y la idea de las relaciones multiculturales parece más tangible, más real. Al fin y al cabo, el mundo y la dependencia común de unos y otros ha hecho de los pueblos algo parecido a la naturaleza de los lobos. La unidad social de la manada garantiza la supervivencia, mientras que el exilo del lobo solitario firma su sentencia de muerte.

“En muchas ocasiones ni conocemos ni nos conocen”, así daba comienzo Javier Fernández Arribas, director del seminario sobre el entendimiento entre el Magreb, Oriente Medio y Europa, a la mesa redonda organizada por Atalayar bajo el título “Comunicación entre culturas. Promoción lazos culturales”. El segundo día de las jornadas del curso, en la Universidad Pablo de Olavide en Carmona (Sevilla), concluía su itinerario con esta charla. Javier Martín Domínguez, presidente del Club Internacional de Prensa; y José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional, han protagonizado el coloquio, con el objetivo de analizar y reflexionar acerca de la importancia de tender puentes para promover el conocimiento a través de la unión cultural.

José María Peredo ha sido el primero en dar el salto, y ha resaltado, inicialmente, la miseria del ser humano; la identificación de la cultura; y, por último, la aprehensión del aprendizaje sobre cómo relacionarse con unas costumbres y pensamiento nuevos. Del mismo modo, ha sentado las bases de su discurso considerando las disimilitudes existentes entre los conceptos de transculturación, interculturalidad y multiculturalidad. El primer término alude al proceso transitivo de una cultura a otra, lo que trae consigo la tendencia al desarraigo de la cultura anterior; mientras que el segundo considera el trato entre dos culturas sin la necesidad de que se produzca el primer fenómeno. El último de ellos se refiere a la construcción de una sociedad en la que no hay una cultura prevalente, sino varias de ellas.

“Hoy, en el año 2019, esos conceptos parece que han derivado hacia otro universalmente aceptado: el de la diversidad”, mantiene el catedrático. Pero son muchas las variantes en torno a las que se circunscribe esta diversidad. Sin ir más lejos, se ha interiorizado que la democracia ha sido el sistema político que ayuda a gestionar esta idea. Sin embargo, Peredo mantiene que “la democracia ha sido capaz de gestionar la diversidad en un entorno supranacional como el europeo; pero no es sinónimo de gestión correcta de la diversidad”. Y es que estas dos realidades no van siempre de la mano. Por el contrario, se puede echar un vistazo exhaustivo a ejemplos como el del sultanato Otomano, así como a minorías religiosas en otras creencias, minorías exiliadas de otras entidades políticas, distintos gobernadores, o el mismísimo imperio astro-húngaro… en los que, según el ponente, sí se da una correcta gestión de la diversidad.

Sin embargo, esto es más complejo de lo que parece, puesto que entra en juego la globalización y la consecuente influencia directa que ejerce sobre las relaciones internacionales. Este fenómeno creciente no viene determinado únicamente por la ruptura de fronteras, sino que está instrumentalizado por Internet. “Ese es el fundamento paradigmático de la sociedad que vivimos en el momento”, afirma José María Peredo, a lo que ha añadido que “la globalización ha roto nuestro concepto de diversidad, lo ha cambiado, y ha roto también nuestro concepto de entendimiento entre culturas”.

Tal como vemos en la actualidad, el nuevo mundo tiene un fuerte componente virtual, ante el que no se dispone de herramientas legales suficientes ni criterios morales o capacidad para avanzar en el entendimiento cultural. Pese a suponer un fuerte impulso en las realidades tratadas, “la globalización ha abierto también la puerta al discurso del odio”.

Para finalizar esta primera intervención, ha lanzado tres ideas básicas para incitar a la reflexión entre los asistentes: “somos iguales, nos expresamos y toleramos esa expresión con ayuda de la razón y las leyes”.

Javier Martín Domínguez ha tomado la palabra a continuación y ha compartido con el público alguna experiencia personal: “Estando en América, por una mezcla de sensaciones, de exposición a la información, descubrí Marruecos. Para mí aquello fue como una revelación contradictoria”. Al fin y al cabo, el país africano ha estado siempre ahí, a tan solo 15 kilómetros de distancia de España, pero con una separación intangible mucho mayor para las mentes civiles. “Creo, de todos modos, que nuestro diálogo cultural sigue siendo muy escaso”.

Aludiendo de nuevo al fenómeno de la globalización, Martín Domínguez defiende la necesidad de buscar y construir ese entorno social y positivo a partir de los instrumentos de comunicación, valiéndonos de los antiguos, pero llegando también a nuevos modelos que se complementen con una buena educación humanística. Para mejorar, ha de haber una evolución de estos métodos comunicativos, es decir, convertirlos en una realidad más próxima que nos permita ser mejores, facilitar la convivencia entre los distintos pueblos y culturas.

Poco a poco, la diferencia que había establecido la imprenta entre las personas cultas y las no cultas se está borrando porque “todo el mundo tiene acceso a todo”.  La educación en la era de la digitalización juega un papel muy importante al respecto.

Tras la aportación de algunos de los asistentes, tanto Javier Martín Domínguez como José María Peredo han concluido que el desarrollo político y social han de ir de la mano, sujetos por una serie de valores consistentes a partir de los que erigir nuevas y mejores influencias. Transmitir, en las tres orillas, un diálogo intercultural basado en el respeto a la diversidad a través de una visión alternativa y diferente.