La condena de sus líderes hace despertar del sueño a la Revolución de los Paraguas

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Eloísa Cózar Navarrete

A finales de abril, los defensores de la Revolución de los Paraguas asistieron a uno de los golpes más duros para el movimiento desde sus comienzos. El Tribunal de Kowloon Oeste ha condenado a penas de hasta 16 años de cárcel a nueve de los líderes de la revolución, iniciada en 2014 en la región de Hong Kong. Se les ha imputado por cargos como incitación, conspiración y alteración del orden público, mientras cientos de simpatizantes del movimiento se agolpaban a las puertas de los juzgados reclamando la absolución de los condenados. 

Las penas han sido de 16 meses de cárcel efectivospor conspiración e incitación al desorden público para Benny Tai, un profesor de derecho de 54 años y Chan Kin-man, profesor de sociología de 60. A penas menos extensas, de 8 meses, fueron condenados el legislador prodemocracia Shiu Ka-chun y el activista Raphael Wong. Éste último continuó reivindicando los valores por los que lucharon en 2014 mientras era apresado en la corte, al grito de “Mantenemos nuestra determinación de lograr el sufragio universal, esto no cambiará”. A los restantes cinco líderes les fueron impuestas sanciones en suspensión, es decir, que no tendrán que ser cumplidas a no ser que se cometa otro delito.

El juicio contra los activistas ha tenido casi un mes de duracióny ha conseguido atraer la atención de numerosos observadores internacionales. Un protagonismo que seguro no ha sentado bien entre las esferas de poder chinas, que ven en la cada vez más reivindicada autonomía de Hong Kong una piedra en el zapato que no están dispuestos a quitarse, si eso supone la cesión de unos territorios tan codiciados. Cabe recordar que Hong Kong goza en la actualidad del estatus de Región Administrativa Especial, derivado de su pasado como colonia británica y que se extenderá hasta el año 2047, cuando debería volver a asimilarse el territorio como una provincia más de China. 

Estos dictámenes han sentado como un jarro de agua fría a los defensores de la revolución, quienes ven en la condena una violación flagrante de los derechos humanos de sus líderes. Aunque ya se les declaró culpables el pasado día 9 de abril, la emisión de la sentencia ha agitado las capas políticas hongkonesas. La formación prodemocrática Demosisto es un ejemplo: en su cuenta de Twitterse puede ver la firme oposición que presenta ante la decisión, así como la intención de continuar peleando por lograr el tan ansiado sufragio universal en Hong Kong: “Nueve líderes de la marcha Occupy Centralfueron declarados culpables por el tribunal hoy. El gobierno vengativo de Hong Kong procesa selectivamente”. También en la cuenta del propio movimiento, Occupy Central, las muestras de apoyo a los condenados han sido incesantes en las últimas semanas. 

Hong Kong: un país, dos sistemas

El conflicto y las reivindicaciones en torno al estatus legal y a los derechos civiles de Hong Kong se remontan a las Guerras del Opio que enfrentaron a China y a Reino Unido en el siglo XIX. Estuvieron originadas por la prohibición de la venta de opiáceos en China por parte del gobierno nacional ante la cada vez mayor adición de su población, lo que generó una contra respuesta británica y el aumento exponencial de la entrada ilegal de esta sustancia comercializada por la Compañía de las Indias Orientales.

Al fin de las guerras, la victoria británica trajo consigo la asimilación por parte de Gran Bretaña de los terrenos que ahora comprenden todo Hong Kong y Kowloon. Unos años más tarde, en 1898,ante el avance de potencias procedentes de Europa en el territorio, unido a la reciente derrota del Gobierno de la Dinastía Qing en la primera Guerra sino-japonesa, puso en alerta a los principales líderes ingleses. Movidos por el miedo a perder su influencia en el país asiático, forzaron a China a firmar la cesión de lo que se conoce como Nuevos Territorios (un 80% del territorio hongkonés). Esta cesión, sin embargo, no fue concedida a perpetuidad, y el diplomático británico Claude McDonald, encargado de negociar el traspaso, accedió a que fuera únicamente durante 99 años,porque consideraba que esto sería “casi lo mismo que para siempre”. 

Casi un siglo en el que Hong Kong, más desarrollado que en tiempos de dominio chino, estaría administrado por Reino Unido. Esto traería consigo la consecución de un estatus jurídico, político y económico radicalmente diferente al que seguía imperando dentro de las fronteras de su país original. Sin embargo, esto ocurriría solamente hasta el año 1997,y sería interrumpido únicamente durante cuatro años de ocupación japonesa (1941-1945). 

Durante los años 80 y ante la inminente llegada de la fecha en la que los Nuevos Territorios serían devueltos a China, se sucedieron una serie de reuniones y acuerdos que marcarían las pautas a seguir en la devolución. Por aquel entonces la crisis de los 80 azotaba fuertemente a un Gobierno de Margaret Thatcher que veía cada vez más imposible la recuperación de la normalidad institucional de los territorios orientales: el resultado fue la cesión de todos los territorios bajo unas condiciones que se recogieron en la Declaración Conjunta Sino-británica de 1984.

Estas condiciones partían de bajo una premisa básica: que toda el área de Hong Kong siguiera manteniendo su estatus jurídico, económico y político durante, al menos, los próximos cincuenta años.China estaría dispuesta a ceder ante estas condiciones por dos motivos de suma importancia: el incalculable valor de la economía hongkonesa derivado del gran desarrollo alcanzado durante las décadas de ocupación británica y su papel como punto clave en las relaciones internacionales del gigante asiático, ya que en 1997 Hong Kong era la puerta principal del mercado con la potente Europa.

Por este acuerdo, desde 1997 y hasta el año 2047, China únicamente se haría cargo de la política exterior y de la defensa del territorio de Hong Kong.El líder del Partido Comunista Chino Deng Xiaoping nos dio la clave básica para resumir de la mejor manera posible lo que ocurriría a partir de 1997: “un país, dos sistemas”. la cual cimenta la reunificación de China y Hong Kong bajo dos administraciones antagónicas: el arraigado comunismo del primero y el cada vez mayor aperturismo del segundo, fruto del tratado con Gran Bretaña que aún sigue en vigor. 

¿Qué reclaman los seguidores de la Revolución de los Paraguas?

Pero esta promesa parece funcionar en la teoría, no en la práctica. Desde la devolución de Hong Kong a China, desde el Gobierno central se han impulsado varias interpretaciones a la Ley Básica de Hong Kong (su Constitución) para procurar una mayor presencia e intervención del Gobierno chino en los asuntos soberanos de Hong Kong. 

La semilla que desató la Revolución de los Paraguas fue una reforma electoral que se impulsó a finales de agosto de 2014 desde China. En ella se limitaba los candidatos que se podían presentar a las elecciones previstas para el año 2017y se establecía un comité encargado de nominarlos y aceptarlos previamente. Este movimiento, unido a una cada vez mayor presión del Gobierno chino, fue visto como una preocupante injerencia de China en los asuntos internos de Hong Kong. 

Las consecuencias de ello se tradujeron en la aparición de movimientos, principalmente estudiantiles, que comenzaron a enarbolar el sufragio universal y a exigir una democracia real para la excolonia británica. Un derecho recogido en su Constitución y que, a día de hoy, está suprimido. Durante un total de 79 días, estos activistas marcharon por las calles de Hong Kong reclamando una democracia ajena a los intereses corrosivos, una forma de hacer responder al Gobierno ante sus demandas políticas. 

Esta revuelta pasó a ser conocida como Revolución de los Paraguas por el modo en el que los estudiantes se protegían de los gases lanzados por la policía abriendo sus paraguas amarillos. Unas protestas que han contado con el apoyo de organizaciones internacionales como Human Rights Watch o Amnistía Internacional. Ambas han condenado reiteradamente las acciones y condenas del gobierno de China hacia los activistas hongkoneses. 

Otras protestas en Hong Kong

Miles de hongkoneses se han reunido a finales de abril para protestar también contra la ley de extradición a la China continental. Según organizaciones de defensa de los derechos humanos, estas leyes permitirían el traslado de hongkoneses acusados en el extranjero a China, donde podrían correr riesgo de tortura u otros malos tratos. 

Se estima que la participación en las protestas rondó las 200.000 personas, mientras que el Gobierno Central cifra la participación en solo 5.200.