La crisis de la democracia española

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Por Alexandra Dumitrascu

 

El marco de análisis del informe que cada año presenta la Fundación Alternativas, la democracia, se ha convertido en si mismo en tema de debate. Los datos de desafección registrados en España reflejan una situación nada optimista. El porcentaje de españoles insatisfechos con la democracia se sitúa 17 puntos por encima de la media europea, y la desconfianza en el Gobierno y el Parlamento españoles, son la segunda y la tercera más altas de la Unión Europea. La democracia en España ha sufrido en los últimos años un fuerte retroceso debido a la crisis económica y, por tanto, la Fundación consideró necesario analizar el estado de la misma en la octava edición del Informe sobre la Democracia en España titulado Democracia sin política. El acto de presentación se celebró en el Auditorio de Caixa Forum Madrid, y en el intervinieron Pere Portabella, presidente de la Fundación Alternativas; el periodista Joaquín Estefanía, también director del informe; Belén Barreiro, directora del Laboratorio de la fundación; y Felipe González, expresidente del Gobierno de España. El informe fue elaborado con anterioridad a las elecciones al Parlamento Europeo, celebradas entre el 22 y 25 de mayo, para evitar que la coyuntura influyese en el análisis llevado a cabo por sus autores, y tiene por finalidad aportar el material necesario que ayude a comprender la situación de la democracia española, pero, sobre todo, pretende ofrecer un panorama amplio sobre las circunstancias sociopolítica de España.

 

Joaquín Estefanía destacó la preocupación de los analistas para con el monopolio ejercido por el discurso economicista de los últimos años, y desarrolló las tres principales fracturas, que no son específicas de España, sino que se dan en todos los países del mundo. Estas fracturas recogidas en el informe son: la distancia entre las élites y los ciudadanos, que tienen su reflejo en una baja participación política de la ciudadanía, así como en la desafección y en la falta de apoyo a los grandes partidos; la fractura entre los países del norte y los del sur que, según el periodista, es más moderna y no se tomaba en consideración en tiempos de bienestar económico; y, por último, la fisura que se da entre los países que están dentro del euro y los que no. El periodista también manifestó la inquietud de los analistas hacia los grupos minoritarias resurgidos gracias a la crisis económica, como pueden ser los euroescépticos, los antieuropeístas e, incluso, los fascistas. Señaló el gran poder que estos grupos tienen, a veces, para condicionar las políticas que puedan adoptar los partidos mayoritarios, así como para dificultar o bloquear la toma de decisiones sobre aquellas “medidas imprescindibles para lanzar”.

 

Gran retroceso

Igualmente, evidenció el gran retroceso de España en cuanto a la “pérdida de inclusividad” que hace que se disipe el principio de universalidad de algunos derechos, que siempre ha caracterizado a España, como puede ser la pérdida de la tarjeta sanitaria para los inmigrantes sin papeles, o el peligro ante la privatización de la sanidad. A pesar de esto, el periodista enfatizó la extendida creencia entre los analistas sobre la ausencia de un rechazo a la democracia, y destacó que los ciudadanos están, sobre todo, reivindicando la democracia como un ideal. Belén Barreiro, por su parte, trajo la idea de “democracia formal” que se traduce en unas elecciones libres y repetitivas. Apuntó que la democracia española, cada vez más, se está vaciando de contenidos y, aunque la valoración de los españoles sobre la misma se ha estancado en 5,21, solamente se salva por el hecho de haber unas elecciones limpias y unos gobiernos estables. El aumento de la corrupción, la escasa independencia de los medios de comunicación públicos, la exigua rendición de cuentas por parte del Gobierno y el profundo deterioro de los derechos sociales, son lo que más contribuyeron y contribuyen a la debilidad democrática.  Barreiro destacó el gran avance tecnológico de España, que ha hecho que el país se posicione en el 5º puesto entre los Estados del mundo con más acceso a Internet, un dato nada despreciable, hecho que ha contribuido al florecimiento de una “ciudadanía vigilante” y dinámica, capaz de reaccionar casi instantáneamente ante cualquier noticia. Afirmó que todo este proceso ha divido a los partidos. Por una parte, están los partidos mayoritarios que se han quedado con la “España analógica”, incapaces de comunicar con la población a través de las redes sociales, y por otra, se encuentran los pequeños partidos que se han apoderado de la “España digital”, que saben interactuar y dialogar través de estos medios. 

 

Una respuesta ineficaz

Por último, Felipe González centró su discurso en la crítica hacia la Unión Europea, y acusó la forma en la que ésta ha afrontado  la crisis económica porque, a diferencia de Estados Unidos, no supo dar una respuesta eficaz a la misma, al “obsesionarse” en exceso con la deuda. “No veo que haya una expectativa de cambio”, dijo en una actitud fatalista y en un tono poco esperanzador, después de evocar la “crisis profunda” en la que está sumergida España. Reiteró y enfatizó el mayor problema al que, según él, se enfrentan todos los países del mundo, esto es, la crisis de gobernanza de la democracia representativa, producto de una crisis de referentes. Aún así, el expresidente sentenció que únicamente Europa puede ser la solución, aunque clamó por una soberanía compartida, en la que no tienen cabida los “pequeños nacionalismos”, por ser “contrarios a la solución”. Concluyó buscando una “respuesta alternativa socioeconómica” para Europa, una que pase necesariamente por la competitividad en la economía global, la inclusión de los jóvenes en el mercado de trabajo y la resolución de los problemas de la pirámide demográfica, para así, conseguir “la cohesión de la ciudadanía”