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La Cumbre de la Liga Árabe, terreno estéril para el optimismo

El anfitrión, Argelia, teme no conseguir avances importantes en el cónclave anual del organismo
Liga Árabe

AFP/KHALED DESOUKI  -   Reunión de la Liga Árabe en su sede de la capital egipcia, El Cairo

Las expectativas son mínimas en la víspera de la 31ª Cumbre de la Liga Árabe. Los 22 Estados miembros no forman un bloque unido y sin fisuras, más bien todo lo contrario. Las diferentes aproximaciones a las problemáticas regionales revelan que, lejos de tender puentes, los países árabes son propensos a mostrar abiertamente sus discrepancias. Los foros anuales de la Liga Árabe son el mejor ejemplo de ello. La falta de consenso evita que salgan adelante iniciativas para rebajar las tensiones en una región que necesita, quizá como ninguna otra, cierta estabilidad. 

El cónclave anual en Argelia corre el peligro de seguir la misma senda. Es el primer foro en dos años que se celebra en formato presencial, ya sin las habituales restricciones COVID. Pero el acercamiento físico no garantiza que se produzca un acercamiento político, menos aún en un contexto delicado a cuenta de la crisis alimentaria en ciernes provocada por la invasión rusa de Ucrania y el recrudecimiento de algunos conflictos regionales. No hay tregua. 

El anfitrión, Argelia, llega a la cita envalentonado. Con la presidencia rotatoria de la Liga Árabe en la mano y un papel de actor regional reforzado por sus reservas energéticas, pretende hacer valer sus renovadas intenciones en materia de política exterior. Interpreta que es el momento para ser asertivo después de haber dejado atrás los síntomas de debilidad interna que precedieron a la caída de Bouteflika, las protestas masivas del Hirak. Antes, sin embargo, tendrá que sortear varios obstáculos.

Ramtane Lamamra
AFP/ODD ANDERSEN  -   El ministro de Exteriores argelino Ramtane Lamamra

El ministro de Exteriores argelino, Ramtane Lamamra, quien presidirá las sesiones de los días 1 y 2 de noviembre, conversó en la noche del sábado con algunos de sus homólogos para adelantar posiciones. El domingo se celebró la reunión preparatoria a nivel ministerial que, de acuerdo con el canal de televisión emiratí Al Arabiya, se saldó con un “gran avance” en las posiciones condenatorias de varios miembros sobre las injerencias de Turquía e Irán en los asuntos internos de los Estados árabes. 

En concreto, las partes hicieron referencia a las distintas intervenciones militares turcas en Irak, Siria y Libia, así como a la estrategia de desestabilización regional emprendida por el régimen de los ayatolás a través de Hizbulá, Hamás o los hutíes en Yemen, sus milicias afines. Pero la conversación no se materializó en ninguna declaración oficial tras la finalización de la sesión inaugural. 

El secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Aboul Gheit, enumeró en su discurso de apertura los temas principales de la Cumbre. El primer punto en la agenda es la crisis alimentaria. “Los indicadores de la seguridad alimentaria se han deteriorado de manera alarmante. No solo por la pandemia y los acontecimientos posteriores, sino también por otras problemáticas como la sequía y la débil inversión agrícola”, advirtió Abdoul Gheit. En este sentido, Sudán propone la adopción de una estrategia de seguridad alimentaria conjunta. 

Como telón de fondo se encuentra la ruptura de las relaciones bilaterales entre Argelia y Marruecos de agosto de 2021. Tras la invitación formal de Argel a Rabat en el marco de la Cumbre anual, pareció abrirse una ventana de oportunidad para la resolución de la crisis. Se rumoreó incluso que el rey Mohamed VI podría representar al Reino alauí en la cita, algo que parece poco probable después del trato dispensado al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita. Ni siquiera fue recibido en el aeropuerto por las autoridades argelinas y llegó a la sesión inaugural con escasos minutos de antelación. 

Otros puntos de la agenda son los ya habituales. Los conflictos abiertos en Libia, Siria o Yemen y el estado de la causa palestina. En este último frente, la diplomacia argelina sacó músculo a mediados de octubre después de reconciliar a las facciones palestinas de Fatah y Hamás. Se trató de un golpe encima de la mesa de Argel, que contrasta con la normalización de relaciones con Israel formalizada por otros países árabes en el marco de los Acuerdos de Abraham. 

El secretario general adjunto de la Liga Árabe, Hossam Zaki, dijo que existía un amplio consenso sobre los temas planteados por la organización y que ninguno sería pospuesto o eludido de forma deliberada. Cada delegación da su beneplácito acerca de los temas que se van a poner encima de la mesa, por eso es complicado que se discutan cuestiones sensibles y mucho menos que se alcancen acuerdos verdaderamente transformadores para la región en este foro anual. 

PHOTO/DALATI&NOHRA - Ahmed Aboul Gheit, secretario general de la Liga Árabe 
PHOTO/DALATI&NOHRA  -   El secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Aboul Gheit

“Es probable que los participantes emitan declaraciones de gran calado sobre Irán, la producción de petróleo y otras cuestiones clave, pero es poco probable que su retórica se traduzca en cambios sustanciales de política o en la resolución de disputas internas”, escriben los analistas Sabina Henneberg y David Schenker en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. 

La inconformidad con algunos temas ha propiciado la ausencia de figuras importantes. Es el caso de algunos países del Golfo que no se verán representados en Argel, como Emiratos Árabes Unidos o Bahréin. Ambos normalizaron sus relaciones con Israel en noviembre de 2020, junto con Marruecos y Sudán. Los analistas señalan que sus incomparecencias responden precisamente a esto, y que ni Abu Dabi ni Manama están por la labor de ser objeto de las reprimendas de sus socios. 

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman, no acudirá a la cita por recomendación de su equipo médico y el presidente sirio Bashar Ál-Asad tampoco, a pesar de las intenciones de la cúpula argelina, que trató de reintegrar en la organización a Damasco tras más de una década expulsado por la brutal represión que desplegó contra las movilizaciones masivas en el marco de la Primavera Árabe, represión que precedió a la guerra civil.