La enésima guerra de Siria

Con la confrontación civil entrando en su décimo año, afloran en la región de Idlib enfrentamientos directos entre los grupos yihadistas que se oponen a Al-Asad
Soldados del ejército sirio en un combate contra rebeldes en el frente de Ramouseh, al este de Alepo (Siria)

PHOTO/AP  -   Soldados del ejército sirio en un combate contra rebeldes en el frente de Ramouseh, al este de Alepo (Siria)

A grandes rasgos, en la guerra de Siria hay dos contendientes bien diferenciados. Por una parte, el Ejército Árabe Sirio de Bachar al-Asad, apoyado por las Fuerzas Armadas rusas, busca recuperar el control efectivo sobre la totalidad del territorio nacional. Por otra, tiene enfrente a los rebeldes que, respaldados por Turquía, defienden sus ganancias en el extremo noroeste del país. 

Hasta ahí, la imagen más amplia. El detalle, sin embargo, muestra que esos dos bandos están constituidos, a su vez, por numerosos actores cuyos intereses no siempre coinciden. Esta circunstancia puede observarse con una claridad meridiana en el caso de la oposición al régimen. Las fuerzas que combaten el avance de Al-Asad conforman un conglomerado de pequeños grupos que, en ocasiones, no comparten los mismos intereses. 

Combatientes
AFP/BAKR ALKASEM - Combatientes sirios apoyados por Turquía en un tanque con la bandera islámica utilizada por el grupo Hayat Tahrir al-Sham

Uno de los ejemplos más recientes se encuentra en los enfrentamientos directos que han mantenido algunas facciones de Hayat Tahrir al-Sham y de Hurras al-Din, documentados por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR, por sus siglos en inglés). A priori, ambos se oponen a Damasco, pero sus diferencias estratégicas los han llevado a protagonizar luchas intestinas cada vez más intensas. 

Hayat Tahrir al-Sham y sus ambivalentes acuerdos con Ankara 

En el marco de la campaña que está llevando a cabo el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan en el norte de Siria, uno de sus socios preferentes ha sido Hayat Tahrir al-Sham (HTS). A lo largo de los últimos meses, las Fuerzas Armadas turcas han penetrado en el país vecino con dos propósitos fundamentales. En primer lugar, para tratar de arrinconar a las milicias kurdas de esas regiones, aglutinadas en torno al YPG, la facción siria del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). En segundo lugar, Ankara trata de ganar toda la influencia posible en un territorio rico en hidrocarburos y en el que también tiene intereses Irán, un gran rival geopolítico. 

Soldado turco
AFP/ DELIL SOULEIMAN - Un soldado turco durante un combate en el frente de Ramouseh, al este de Alepo (Siria)

Para ello, además de enviar a sus propias tropas, el Ministerio de Defensa turco ha construido una gran red de alianzas con los diferentes grupos extremistas de la oposición a Al-Asad. HTS ha sido una pieza muy importante dentro de ese puzle. La cúpula de esta organización yihadista, considerada ampliamente como la sucesora del Frente al-Nusra en Siria, ha reafirmado en varias ocasiones su lealtad al Gobierno de Ankara, incluso cuando algunos de sus integrantes no han estado de acuerdo con la línea marcada por la dirección. Cabe recordar que, hasta 2017, la entidad estuvo ligada a Al-Qaeda. 

La entidad, en manos del pragmático Abu Mohammad al-Golani, ha seguido oficialmente combatiendo junto a las tropas enviadas por Erdogan, a pesar de que el mandatario turco, poco a poco, haya ido adueñándose de vastas extensiones de terreno en los alrededores de Idlib que antes estaba en manos de los propios yihadistas. 

Turquía, además, se ha comprometido con Rusia, con quien mantiene un alto el fuego desde principios de marzo en la zona de desescalada de Idlib, a aplicar medidas más efectivas en materia de lucha antiterrorista. Aunque este compromiso sea, a menudo, más teórico que práctico, ha levantado recelos entre muchos de los grupos que operan contra Al-Asad y que veían a Ankara como a una aliada

Hurras al-Din: el brazo de Al-Qaeda en Siria  

Una de estas entidades es Hurras al-Din. Literalmente, el nombre de este grupo se traduce como ‘Guardianes de la Religión’ (GRO, por sus siglas en inglés). Se trata de una organización de fundación relativamente reciente, pues se constituyó en febrero de 2018.  

El GRO es, actualmente, el grupo asociado a la red global Al-Qaeda más importante de los que operan en territorio sirio. No se sabe con exactitud cuál es su dimensión real, pero las estimaciones que propone Counter Extremism Project la sitúan entre los 700 y los 2500 miembros. Se cree que cerca de la mitad son combatientes extranjeros. Los dirigentes de la organización, en su mayoría, tampoco son sirios y son personas cercanas al núcleo central original de la red terrorista. 

Protesta en Siria
AFP/ OMAR HAJ KADOUR - Protesta en la aldea de Maaret al-Naasan, en la provincia siria de Idlib, el 1 de mayo de 2020, contra un supuesto ataque de grupo yihadista Hayat Tahrir al-Sham

Su líder es Khaled al-Aruri, también conocido por su ‘nom de guerre’ Abu al-Qasim al-Ordoni, que denota orígenes jordanos. Sí es sirio uno de los miembros más prominentes del Consejo de la Shura: Samir Hijazi, fundador de la organización que se hace llamar Abu Hamam al-Shami o Faruq al-Suri. Los Guardianes de la Religión tienen al salafismo como doctrina de guía. Sus postulados ideológicos, más allá de los combates que puedan surgir puntualmente por el control del territorio, explican, en buena medida, el porqué de su reciente enemistad con HTS. 

Los pactos de esta organización con el Gobierno turco contravienen totalmente las bases ideológicas en que suelen ampararse los grupos yihadistas. Según la teoría takfirista, cualquier forma de organización social no basada en las interpretaciones más restrictivas de la ley islámica se considera impura, lo que incluye a los Estados tal y como se conciben en el mundo actual.  

Así, el simple hecho de considerar a un Gobierno como interlocutor válido -sea el de Damasco, secularista, o el de Ankara, cada vez más islamizado- no encuentra un encaje demasiado claro dentro de lo admisible en el mundo de los grupos yihadistas. Es cierto, no obstante, que grupos asociados a la propia Al-Qaeda, como el Grupo para el Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en árabe) en Mali y los talibanes en Afganistán, han accedido a involucrarse en procesos de paz con los Ejecutivos de ambos países. 

En cualquier caso, desde el punto de vista del GRO, este argumento proporciona una base no solamente para combatir sobre el terreno a HTS, sino también para aumentar su capacidad de reclutamiento. Un reciente informe del medio especializado Al-Monitor del vasto flujo de combatientes que, decepcionados por la tibieza de la cúpula de HTS, había decidido unirse a grupos todavía más extremistas, entre los que figura el GRO