La guerra arrasa el patrimonio histórico de Oriente Medio

Ciudades legendarias, como Alepo o Sanaá, no volverán a recuperar un tesoro arquitectónico milenario y muchas tardarán 50 años en reconstruirse
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WAM  -   Estado en el que quedó la histórica mezquita de Al Nuri, la mayor de Mosul, como consecuencia de la guerra

La guerra se ha llevado por delante centenares de miles de vidas humanas en la última década en Oriente Medio. Pero no solo. También ha pulverizado un patrimonio histórico centenario de incalculable valor. Irak, Siria, Yemen y Libia han sufrido una devastación urbana sin precedentes. Monumentos únicos en el mundo, esculturas, museos, palacios y cascos históricos irrepetibles son hoy una montaña de escombros víctima de la sinrazón y la brutalidad.

Cuantificar los daños patrimoniales causados en cientos de ciudades resulta sencillamente imposible. “Es un propósito infinito. Inacabable”, admite de forma gráfica el arquitecto Xavier Casanovas, presidente de la asociación Rehabimed, que agrupa a especialistas de todo el Mediterráneo. “Es un tema muy complejo. Dimensionar el nivel de destrucción es muy difícil, pero, desde luego, ha sido muy alta”, asegura.

Rehabimed trabaja sobre el terreno con asociaciones locales, aunque el estallido de la pandemia a mediados de marzo ha complicado enormemente los desplazamientos en la zona. Actualmente, centra sus actuaciones en la ciudad siria de Raqqa, convertida entre 2013 y 2017 en capital del autoproclamado Califato declarado por el grupo fundamentalista Estado Islámico hasta su liberación por las fuerzas kurdas.

Raqqa tenía una población de 225.000 habitantes antes de la guerra y, aunque no figura entre las ciudades sirias más relevantes desde el punto de vista patrimonial, ha sufrido un importante deterioro en su tesoro arqueológico y monumental. Rehabimed se encuentra precisamente ahora efectuando un inventario de daños. “Es difícil cuantificar la destrucción producida por el Estado Islámico y como consecuencia de los bombardeos aliados”, subraya Casanovas.

Los estragos ocasionados por unos y otros son de distinta naturaleza. Mientras que el grupo integrista perpetró una aniquilación intencionada del patrimonio preislámico, las fuerzas aliadas causaron destrozos aleatorios en su intento por conquistar la ciudad. “El Estado Islámico donde más daño ha hecho ha sido en los museos, porque ha atacado el arte figurativo prohibido por el islam”, precisa el presidente de Rehabimed. Muchas esculturas romanas han sido objeto de la saña fundamentalista, que se ha cebado también en las iglesias y su tesoro artístico.

Xavier Casanovas: "Dimensionar el nivel de destrucción es muy difícil, pero, desde luego, ha sido muy alta”

Las fuerzas aliadas, en cambio, provocaron destrozos parciales en la muralla antigua y en el minarete de la mezquita principal, entre otros edificios de interés histórico, debido a los bombardeos contra la antigua capital del Califato. “Son daños localizados más fáciles de recuperar”, puntualiza Xavier Casanovas. Sus yacimientos arqueológicos sí revisten mayor relieve patrimonial, ya que Raqqa se alza en la orilla del Éufrates, junto con el Tigris, los dos grandes ríos mesopotámicos.

Pío Cabanillas es uno de los últimos fotógrafos que tuvo el privilegio de inmortalizar el inmenso patrimonio cultural y arquitectónico sirio. En 2009 recorrió el país con una cámara y capturó sus excepcionales conjuntos arqueológicos, las ciudades históricas y los monumentos más relevantes. Apenas dos años después estalló la guerra civil y hoy gran parte de ese irrepetible tesoro de piedra es una montaña de escombros. Cabanillas, que fue ministro en el Gobierno de Aznar, acaba de publicar un libro gráfico y protagoniza una exposición en la sede cordobesa de Casa Árabe bajo el título de ‘Siria eterna’, donde recoge una treintena de imágenes de las casi 2.500 que integra su valiosa colección sobre el país árabe.

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EL CORREO - Exposición de Pío Cabanillas 'Siria eterna' en la sede de Casa Árabe en Córdoba

“Mi exposición es un homenaje frente a la barbarie”, explica a modo de síntesis. La mayoría de las instantáneas que ha traído a Córdoba pertenecen a restos arqueológicos que fueron dinamitados por la sinrazón de Daesh y hoy son apenas un recuerdo de la infamia. “Si hay algo que no se puede destruir es la memoria cultural”, asegura con un punto de amargura por el expolio ya irrecuperable de algunas de las bellezas pétreas más sorprendentes del mundo.

“En Siria se daba la concentración multicultural más grande del planeta”, abunda Cabanillas. Gracias a que su territorio ha sido durante siglos paso obligado de la ruta de las caravanas, de la seda o de las cruzadas, la riqueza patrimonial es inabarcable. Vestigios de la cultura nabatea, romana, griega, fenicia, cananea o persa han sido sistemáticamente pulverizados por el integrismo irracional del Estado Islámico. Desde ese punto de vista, el testimonio gráfico de Pío Cabanillas cobra un valor inconmensurable como huella de la enorme pérdida patrimonial.

Si hay una ciudad que simbolice la devastación del tesoro arquitectónico de Siria y, por extensión, de Oriente Medio esa es Alepo

Las fotos recuerdan, en blanco y negro, la estampa del Castillo de Saladino, el Templo de Baal, el Tetrapilón, la Basílica de San Simón, la vía principal de Afamea o el Teatro Romano de Palmira, donde los terroristas de Estado Islámico decapitaron al director del centro arqueológico como símbolo de su delirante proyecto destructivo. La exposición de Pío Cabanillas se estrenó en 2019 en la sede madrileña de Casa Árabe. Muchos integrantes de la comunidad siria española se acercaron entonces a la muestra para agradecer al fotógrafo su contribución a la memoria de su tierra. “Ha hecho usted más por la cultura de mi país que muchos sirios”, le dijeron como muestra de gratitud.

Pero si hay una ciudad que simbolice la devastación del tesoro arquitectónico de Siria y, por extensión, de Oriente Medio esa es Alepo. Con 4,6 millones de habitantes antes de la guerra, se había convertido en la urbe más poblada del país y era una de las joyas históricas de Oriente Medio. Hoy aquel enclave cultural y motor turístico de Siria es un mar de ruinas y cascotes. “Fue campo de batalla permanente durante más de tres años y, desde el punto de vista patrimonial, presenta una destrucción muy importante”, lamenta el presidente de Rehabimed.

“Es el buque insignia del desastre”, remarca el experto. Palacios, casas, mezquitas, iglesias y uno de los mayores zocos medievales del mundo han sido prácticamente fulminados por la acción destructiva de las bombas y el fuego de artillería. Se trata, además, de uno de los cascos históricos más compactos y mejor conservados, solo comparable con ciudades de referencia universal como Córdoba o Fez. “Ha sido arrasado totalmente. Y el 80% de la gran mezquita está destruida. Habrá que reconstruirla casi entera”.

Hama y Homs también han sufrido un deterioro extraordinario en el conflicto armado, mientras que Damasco, la capital de Siria, ha logrado mantener a salvo la mayor parte de su patrimonio monumental. El horizonte que se cierne ahora sobre los conjuntos histórico-artísticos es sombrío. La desolación es absoluta y el esfuerzo económico y humano que requerirá paliar mínimamente la catástrofe es gigantesco.

“La destrucción ocurrió a una escala tan amplia que, en este momento, parece imposible contar con un informe general detallado”, asegura Sami Abdulac, presidente del Grupo de Trabajo de Icomos sobre la Salvaguardia del Patrimonio Cultural en Siria e Irak y uno de los mayores expertos en la materia. “Existen informes a escala de ciudad que son interesantes. Ahora lo que debemos hacer es prestar nuestra atención en los esfuerzos de reconstrucción”.

Ese es el reto para el futuro. Pero es un reto colosal. El propio Xavier Casanovas cifra en no menos de 50 años el lapso de tiempo que se necesitará para rehabilitar las zonas más castigadas. Y muchas de ellas solo podrán ser una réplica aproximada de lo que fueron. “El valor inmenso de ciertas áreas se ha perdido para siempre. Y habrá zonas que se reconstruyan que no se sepa qué parte es original y cuál no”. La hecatombe solo es comparable a la producida en la Segunda Guerra Mundial. Algunas ciudades, como Varsovia o Dresde, fueron borradas prácticamente del mapa y tuvieron que ser reedificadas casi en su integridad.

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WAM - Reconstrucción de mezquita Al Nuri en Mosul con fondos de Emiratos Árabes Unidos

La Fundación Aga Khan ya está trabajando en la zona, según informa el presidente de Rehabimed. También la Unión Europea está colaborando con financiación en las labores de desescombro y restauración. “Es una carrera de fondo, porque no hay capacidad de reconstruir de forma inmediata. La urgencia pasa por comer y no por rehabilitar el patrimonio”, admite el arquitecto. La propia asociación que preside organizó antes de la pandemia un encuentro para recaudar fondos de ayuda a la recuperación del patrimonio. También programó un seminario para formar a técnicos, inventariar los daños y evitar una mayor degradación.

Emiratos Árabes Unidos ha invertido decenas de millones en la restauración de la mezquita mayor de Mosul y en una iglesia

La Unesco no dispone de fondos propios y su función se limita a promover iniciativas de parte. Por ejemplo, en la ciudad iraquí de Mosul, gravemente asolada por los sucesivos conflictos armados que ha sufrido el país en los últimos veinte años. Emiratos Árabes Unidos ha invertido decenas de millones en la restauración de la mezquita mayor de Mosul y en una iglesia. “El casco histórico se encuentra en ruina”, informa Casanovas.

El arquitecto sabe bien de lo que habla. Después de la guerra, recorrió Iraq y conoce de primera mano las heridas que dejaron los combates sobre el conjunto monumental. La situación es bien diferente a la de Siria. En Iraq se usó armamento de precisión y los daños están mucho más localizados. “Fueron ataques muy selectivos y no es el mismo caso de Alepo”, explica.

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TWITTER/ @ArteIslamico - Perspectiva de Sanáa, capital de Yemen

De Yemen se tiene información menos detallada. Los valores patrimoniales del país son únicos en el mundo. Sus ciudades de adobe y piedra han permanecido intactas durante siglos, si no milenios, en un ejemplo excepcional de la arquitectura popular que no existe en ningún otro lugar del planeta. Cinco años de bombardeos han diezmado su patrimonio histórico. “La destrucción es importante a causa de la guerra”, alerta Casanovas. “Muchos de estos pueblos ya no sé volverán a reconstruir”.

El caso de Yemen se mantiene en segundo plano en las páginas de la prensa internacional. Es un país pobre, desconocido y esquinado en la franja suroeste de la península arábiga, cuyo incierto futuro interesa poco en los centros de poder del planeta. La postal de Sanaá, la capital a más de 2.000 metros de altitud, con su conjunto histórico amurallado y sus bellas casas de barro rematadas por zócalos encalados, constituye un modelo de arquitectura tradicional en extinción. Saada, Taiz, Hodeida o Shibam, auténticos museos urbanos, han sido mutilados por la acción de la guerra y peligran si la guerra se prolonga en el tiempo.