La guerra del fútbol, cisma entre UEFA y los grandes clubes europeos

La Superliga es la consecuencia del hartazgo de los grandes equipos europeos ante la mala gestión de la UEFA, LaLiga y la RFEF
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¿Por qué se produce esta situación? ¿Quién tiene razón? ¿Es cierta la nula solidaridad de los clubes poderosos?
El argumento de los máximos responsables de este proyecto:

  • El fútbol, el producto, se está deteriorando.
  • El aficionado está perdiendo interés.
  • Hay que adaptarlo a la realidad para que el fútbol siga siendo el contenido más demandado.
  • El calendario está saturado y esto tiene consecuencia para la salud de los jugadores.
  • El reparto económico es inadecuado.

Su solución:

“Vamos a dar a los aficionados y a los jugadores amateurs un sueño y unos partidos de máxima calidad que alimentarán su pasión por el fútbol”.

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“Vamos a resolver las exigencias de calidad demandadas por los espectadores”.

“No influirá en el desarrollo de las competiciones domésticas. Los partidos se disputarán entre semana”.

Actualmente los 32 equipos de Champions League se reparten 2.040 millones de euros. Los dos últimos ganadores de la competición ingresaron alrededor de 100 millones. Concretamente, 111 millones el Liverpool y 118 millones el Bayern.

La Superliga dice haber multiplicado todas esas cifras. Tanto que los clubes fundadores recibirán un único pago de 3.500 millones de euros a repartir “dedicado únicamente a acometer planes de inversión en infraestructuras y compensar el impacto de la pandemia de la COVID”. No sólo eso. Los organizadores tienen previsto ofrecer más de 10.000 millones de euros en los llamados pagos de solidaridad a lo largo del periodo de compromiso de los clubes implicados. La financiación irá a cargo del banco de inversión JP Morgan.

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En España la Liga del Fútbol Profesional (Javier Tebas) y la RFEF (Luis Rubiales) chocan directamente con los principales clubs españoles.

  • La designación arbitral y la gestión del VAR. Un desastre.
  • La elaboración del calendario. Más apretado imposible.
  • La designación de los horarios de cada jornada. Mandan las televisiones no los clubes.
  • Y, por supuesto, el reparto del dinero de las televisiones.

Hay rumores que afirman que Florentino Pérez pisó el acelerador para la organización de la Superliga después de que el Real Madrid se sintiera claramente perjudicado en su viaje a Pamplona en pleno temporal. No les dejaron aplazar ni adelantar el partido. Tuvieron que estar allí bloqueados y viajar directamente a Málaga a disputar la Supercopa de España. Se vieron totalmente desamparados por la Liga y la RFEF.

Real Madrid CF y FC Barcelona ingresaron la pasada temporada por derechos televisivos poco más de 150 millones de euros, lo mismo que ingresa un club inglés de media tabla para abajo, como el Wolverhampton.

Por esto, Bartomeu fue el primero en unirse a la iniciativa, le siguió Florentino. El Atlético de Madrid quedó muy descontento después de que su equipo quedara eliminado en Copa del Rey ante el Cornellá en un campo de césped artificial a partido único. Esto queda muy bonito para la prensa: la revolución de los pequeños, gran emoción a un partido, pero el que corre el riesgo de lesión son jugadores que ganan millones de euros y los dos estamentos españoles no se hacen cargo de nada. Bastante costó ya el seguro para los jugadores internacionales.

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Un claro ejemplo es la lesión de Robert Lewandowski en un Polonia-Andorra. Le aparta dos meses de la competición cuando su equipo se estaba jugando la Champions. El club deja de ingresar un dinero por la eliminación, pero además tiene que pagar los más de 10 millones de sueldo al delantero. El aficionado no puede disfrutar de ver a uno de los mejores delanteros del mundo en su partido contra otro de los mejores equipos, el PSG. Todo esto con nuestro respeto a Andorra, pero ese Polonia-Andorra no fue prácticamente seguido en Europa, y menos en el mundo.

Las comparaciones son odiosas, pero sería impensable que Lebron James no pudiera jugar playoff de la NBA porque se lesionó jugando un partido Estados Unidos-Costa Rica (con todos los respetos al país centroamericano).

En un principio esta propuesta de remodelación del fútbol contaba con el apoyo de la FIFA y esto hizo que varios clubs se incorporaran al proyecto.

Por este motivo el organismo mundial no ha sido muy drástico en su condena al nuevo proyecto, no así la UEFA que se siente amenazada.

"La FIFA siempre defendió la unidad en el fútbol mundial y hace un llamamiento a todas las partes implicadas en las discusiones para que entablen un diálogo tranquilo, constructivo y equilibrado por el bien del juego y con espíritu de solidaridad".

La Superliga europea acabaría con la Champions y Ceferin (UEFA) no quiere que pase lo mismo que con la Euroliga de baloncesto, controlada por los clubs europeos y no por la FIBA.

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La reacción de LaLiga, de su presidente Tebas, ha sido extremadamente contundente: “La nueva propuesta de competición europea no es más que un planteamiento egoísta, diseñado para enriquecer aún más a los más ricos. Socavará el atractivo de todo el juego y tendrá un impacto profundamente perjudicial para el futuro inmediato de LaLiga, de los clubes que la componen y de todo el ecosistema futbolístico”.

"Como ya anunciaron la FIFA y las seis Federaciones, los clubes en cuestión no podrán jugar en ninguna otra competición a nivel nacional, europeo o mundial, y sus jugadores podrían verse privados de la oportunidad de representar a sus selecciones nacionales”, (UEFA).

Esto no es viable para las televisiones, para las marcas deportivas, para las marcas comerciales, etc. Un mundial de fútbol sin Messi, sin Cristiano, etc. Lo dudo.

Está claro que los grandes clubes europeos piensan que la Champions no está bien gestionada, que se ha perdido interés y la pandemia ha venido a precipitar los acontecimientos. Quieren gestionarse ellos mismos.

La postura de FIFA tendrá que imponerse: “Dialogo tranquilo, constructivo y equilibrado por el bien del juego”. Es difícil, las posturas están más que enfrentadas y ahora se está convirtiendo en tema de Estado.