La mentira del SEO

Escribir para personas es mucho más rentable que escribir para Google. La diferencia está en lo que se cuenta y en cómo se cuenta. Nadie quiere jugar a la máquina tragaperras del SEO
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Search Engine Optimization son las siglas en inglés de SEO. Un método para escribir en internet y agradar a los buscadores. A Google, concretamente. ¿En qué consiste? En elegir una palabra clave y repetirla varias veces a lo largo del texto. En el titular, al principio del primer párrafo, ponerla en negrita y con la tipografía más grande… Además, a Google le gusta que las frases sean cortas. Que se enlace a otras webs y a otros artículos de la propia web y que no se escriban más de 300 palabras.

El periodismo o la mera redacción que se aprende en el colegio quedan supeditados a estas reglas si alguien quiere que su texto le guste a la dictadura de Google. La fiebre que ha desatado el SEO ha llevado a que miles de gurús de internet vendan métodos infalibles para posicionar textos. Cursos de 80 horas que no bajan de 500 euros para que el público aprenda a «escribir para internet», que no debe ser lo mismo que escribir para contarle algo a tu abuela en una carta.

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Los gestores web han firmado acuerdos con plataformas para incluir en sus editores de textos una herramienta que mida el SEO de lo que se escribe antes de publicarlo. Unos terribles semáforos que hay que poner en verde, como en una tragaperras hay que poner en línea tres peras. A base de perder, en un caso el sentido común y, en el otro, dinero.

Cada día, las redacciones de los medios de comunicación y de blogs relevantes reciben mails de empresas que buscan publicar un artículo en sus webs. Textos 100% SEO que harían las delicias del indexador de Google. Todo mascadito para que su producto salga en los primeros resultados. Eso es lo que venden, pero lo que te llega son 300 palabras sin pies ni cabeza. Frases cortas donde meten con calzador la palabra clave de turno y enlaces a su web. Avergonzar al periodismo por un puñado de euros nunca fue tan fácil.

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Google le ha quitado la careta a la gran mentira del SEO. En realidad, ha sido gracias a los hábitos del ser humano y al sentido común. También hay que agradecérselo a los medios de comunicación que han decidido dar la espalda a esta absurda práctica para recuperar registros tan básicos de la profesión como las 5W, la opinión, la información, los artículos, reportajes… Lo de siempre, pero trasladado a internet. Textos de 200 palabras o de 1.500. Si es interesante, da igual la extensión.

El SEO y las narrativas

¿Y cómo consigo que me lean en internet? Lo primero es contando algo interesante. Lo segundo es contándolo bien. En tercer lugar, difundiendo el mensaje por todas las redes sociales que tengas y adaptándolo a esas plataformas. No es lo mismo colgarlo en Facebook (si es que esta red social sirve para algo) que moverlo en Linkedin o en una story de Instagram. Y, por último, consiguiendo que la web que recoge ese artículo sea relevante porque ofrece otros contenidos interesantes. Se trata de dar valor a lo que realmente lo tiene y no al infame arte de juntar letras a cambio de euros o de visitas.

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Un ejemplo, la web lamoncloa.com es el tercer resultado en Google si se busca La Moncloa. El primero es la web de la residencia del presidente del Gobierno, pero este medio se ha posicionado ahí arriba a base de destapar las cloacas del Estado con una imagen muy básica. El fondo por encima de la forma. El público lee sus noticias porque hasta otros medios las replican y los citan. No han necesitado nada más que un scoop relevante para existir. Ni habrán oído hablar de SEO en sus pasillos.

El SEO quedará para el escaparate de lo que publicamos. Para un titular atractivo que se acerque todo lo posible al periodismo y no ande con acertijos y unas líneas que resuman al lector de lo que se va a tratar. Sin crear falsas expectativas. Tampoco nos pongamos exquisitos. Igual que a los fruteros les gusta exponer el mejor género y girar un poquito la manzana para que no se vean los golpes, al periodismo también le gusta titular para que el lector elija su noticia y no la de otro medio. Porque el escaparate de Google es traicionero.

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Reajustar el SEO acabará con el clickbait. Es más, esta práctica es casi un mito que los sibaritas del periodismo han utilizado en su beneficio. El clickbait ayuda al falso SEO. Se trata de poner a un texto un titular de tal manera que se consiga un clic seguro. Una vez dentro, no se dice nada referente al titular. Nada. Hay otro texto aburrido, porque lo que se quería conseguir era la visita. Esta práctica está finiquitada. Otra cosa es que los medios hayan decidido tomar el camino de los titulares capciosos, intrigantes, largos, amenazantes, hilarantes… para atraer visitas. Eso es problema de la profesión y de sus periodistas. Y de los lectores que acepten esa práctica.

La mentira del SEO acabará cuando la gente escriba para la gente y no para las máquinas. Con buena gramática, con buen vocabulario, utilizando los signos de puntuación. No hay que ser periodista para escribir bien, aunque estudiar para ejercer esa profesión ayuda. Pero el que escriba, que lo haga sobre temas interesantes y lo difunda bien. Tendrá resultados. Internet no es Google.