La perspectiva de la quiebra de Mediapro siembra el pánico en el fútbol francés

Jaume Roures quiere renegociar las condiciones financieras firmadas en 2018
Jaume Roures, jefe del grupo de medios de comunicación Mediapro de España

PHOTO/REUTERS  -   Jaume Roures, jefe del grupo de medios de comunicación Mediapro de España

El hecho de que el influyente y muy exigente diario francés Le Monde dedique una página y hasta un editorial a los negocios del fútbol galo, ilustra bien el alcance de la ola de pánico provocada por la fragilidad financiera de Mediapro. Además del contrato de 3.129 millones de euros que el grupo catalán de Jaume Roures firmó en mayo 2028 con la LFP (liga del futbol profesional francés), a cambio de los derechos de difusión de 80% de los partidos de la liga gala entre 2000 y 2024, corren peligro muchos de los 34.000 empleos que tiene el sector.

Fue por correo, a través una simples carta, que Jaume Roures reclamó a la LFP la apertura de negociaciones, con vistas a una rebaja del precio de los derechos televisivos correspondientes a la temporada 2020/2021. Lo que también hizo, sin preaviso, fue aplazar “sine die” el segundo pago anual de 172 millones, para el que tenía de plazo hasta el 6 de octubre. La pandemia de la COVID-19 es la excusa tras la cual el experiodista catalán intenta camuflar el fracaso registrado con la reventa de los derechos del futbol y más aún con la creación de la cadena gala Telefoot.

De lo que no cabe duda, en todo caso, es que la situación creada ahora por Mediapro ya no tiene nada que ver con la euforia desatada el pasado 6 de agosto, cuando efectuó el primer pago anual pactado con la LFP, por unos 172 millones de euros, de los cuales 27 millones son tasas fiscales a cargo de los clubes. Hasta entonces solo se habían escuchado alabanzas, al contrario de lo que había pasado en 2018, cuando algunos presidentes de club cuestionaran el proyecto de Jaume Roures y, sobre todo, la ausencia de las habituales garantías bancarias.

Detrás de la liga italiana

Cabe recordar, al respecto, que si Mediapro fracasó en el intento de hacerse igualmente con los derechos de la Serie A (liga italiana), que tenía prácticamente adquiridos, fue por haber rechazado presentar –quizás por no haber podido conseguirlas - las garantías financieras que le exigían los dirigentes italianos. La explicación de Mediapro para no presentar avales es que tenía garantizado un merecido crédito de fiabilidad y solvencia en todos los países donde opera, o sea el mismo argumento que utilizó en Francia para convencer a los poco precavidos máximos responsables de la LFP.

No paga no come

Al no haber hecho efectivo el segundo pago del segundo tramo de los 780 millones relativos a la temporada 2020/2021, Jaume Roures hace una apuesta muy arriesgada: atribuye a la COVID-19 la responsabilidad exclusiva de la pérdida de ingresos registrada por Mediapro, intenta forzar la mano de la LFP, para negociar una rebaja de las condiciones financieras correspondientes a la temporada actual, pero no ignora que para efectuar el pago solo tiene un plazo extra de 30 días, tras el cual la patronal del futbol galo podrá recuperar los derechos y volver a subastarlos.

Lo mismo en Reino Unido

La debilidad financiera de Mediapro también llamó la atención del medio británico The Economist. A finales de marzo, puso a Jaume Roures en la picota, situándole entre la política y el deporte y como separatista catalán, y, más allá de los agobios económicos del grupo, advertía que los derechos del fútbol ya no son ninguna mina de oro. Hasta en Reino Unido, la patria del fútbol y de contratos multimillonarias, Sky y BT Sport solo pagarán el equivalente de unos 7.300 millones de euros por los derechos de tres temporadas de la Premier League.

En todo caso, los expertos consultados por The Economist, Le Monde, Le Point, etc. no creen que Mediapro disponga de argumentos sólidos para forzar la LFP a aceptar una renegociación a la baja de los derechos correspondientes a 2000/2001. Lo de la pandemia y el cierre de los estadios no sería de recibo y hasta cabría pensar que, ante el miedo por el coronavirus y con millones de fanáticos del fútbol encerrados en sus casas, como agente mediador Jaume Roures tendría mayor margen para redistribuir los derechos adquiridos y realizar jugosas plusvalías.

Le ignoran

De hecho, Mediapro no encontró ninguna de las facilidades previstas, empezando por Canal+, que rechazó negociar la recompra de unos derechos que habían sido suyos durante más de tres décadas consecutivas. Lo que hizo entonces Jaume Roures, además de la reventa de los derechos televisivos, fue apostar también en la creación de una nueva cadena, Telefoot, con unos objetivos a todas luces irrealistas: la cadena solo contaría con unos 350.000 suscriptores, lejos del millón y medio previsto para final del año, y hasta un total de 3,5 millones, a medio plazo.

A concurso directamente

Los próximos días serán cruciales para la aventura francesa de Mediapro, y la mayoría de las apuestas suenan fatal: dan por descontado que la LFP no alargará el plazo legal de 30 días que tiene el grupo español para efectuar el pago en retraso. La solución del problema pasaría, así, por la recuperación de los derechos televisivos y la organización de una nueva subasta. En tal caso, el gran favorito sería Canal+, que en una posición de fuerza podría hacerse con los derechos en juego, a un precio inferior al que Mediapro pagó: unos 800 millones anuales.

El tiempo juega a favor de la cadena de Vivendi: tras perder el pulso con Mediapro, lo que hizo Canal+ fue firmar la paz con BeIN Sports de Qatar, que, contra el pago de solo unos 380 millones de euros, cedió a la antigua rival la difusión, entre 2000 y 2004, de 76 partidos adquiridos a la LFP. O sea, un 20% de los partidos subastados, incluyendo 28 de los 38 de mayor audiencia, pero ninguno de los llamados partidos estrella - aquellos que el Paris Saint Germain de Neymar y Mbappé disputara con el Marsella y el Lyon, cuya difusión quedó en manos de Mediapro.

Una situación, por lo tanto, casi surrealista, en la que el grupo de Jaume Roures, que se había puesto como objetivo máximo la difusión de los partidos de las cinco grandes ligas europeas (inglesa, italiana, francesa, alemana, española), no saldrá indemne. Hasta hay quien considera un “fraude” la operación firmada en 2018 entre Mediapro y la LFP, vaticinando, además, que, en el caso de perder los derechos del fútbol francés, a la cadena Telefoot, que factura 25,90 euros/mes a sus abonados, ya no le quedará mucho tiempo de vida.

Sin embargo, cabe recordar que no es la primera vez que Mediapro se encuentra en una situación límite. Lo mismo paso a finales de la primera década de 2000, tras la guerra con Prisa/Canal Plus, cuando estuvo a un pequeño paso de la quiebra, con una factura de 3.100 millones de euros de derechos pendientes de pago. El equivalente, entonces, a casi 80 veces el resultado de explotación, 25 veces los fondos proprios y 7 veces el volumen de negocio, con lo que casi nadie ya creía posible que Jaume Roures pudiera dar la vuelta a la situación.

El problema hora está en saber si a Mediapro aún le queda margen de maniobra para seguir con sus planes en Francia, y, en ese caso, avanzar después hacia la salida a bolsa prometida a los dos grandes accionistas, el private equity chino Orient Hontai Capital y la multinacional publicitaria WPP, que buscan rebajar sus participaciones respectivas del 53,5% y 22,5%. La posición china fue adquirida en 2018 por 900 millones de euros, sin afectar las participaciones de los fundadores del grupo, Jaume Roures y Tatxo Benet, que controlan 24% a partes iguales.

No fue el problema en Francia, sino la llegada a España de la pandemia del coronavirus, que frenó en seco la operación de salida en bolsa, que Mediapro llevaba ya meses preparando, concretamente desde la publicación de los buenos resultados cosechados en 2018. La tarea preparatoria encomendada a Goldman Sachs, Deutsche Bank, City y Rothschild, quedó a medio camino, y, lo más probable, es que no vuelva a tener piernas para andar, por lo menos a corto plazo, ahora tanto por la pandemia como por la probable apuesta fallida en Francia.