La realidad que atemoriza a los inversores: el crecimiento mundial languidece

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Pedro Ruiz / Estrelladigital.com

Los mercados viven en 2016 en un estado de psicosis constante. Primero fue el bajo precio del petróleo, después la solvencia bancaria, luego el ‘Brexit’ y de nuevo la banca ha vuelto a encender las alarmas al situar las bolsas en mínimos. Tras todos esos acontecimientos subyace que la expansión económica se apaga. Han pasado ya ocho largos años desde que estallara la gran crisis, y cuatro desde que se incendió el mercado de la deuda pública en Europa. Desde entonces, los bancos centrales han vaciado sobre la economía mundial toda la artillería que acumulaban en sus recámaras y el resultado a nivel global ha dejado mucho que desear.

Los bancos centrales han realizado más de 600 bajadas de tipos de interés, hasta limarlos y dejarlos en valores cercanos al cero o incluso por debajo de él. Además, han inyectado en la economía más de 20 billones de masa monetaria en todo tipo de instrumentos financieros: Deuda pública, cédulas hipotecarias, financiación bancaria o compra de deuda de empresas privadas.

Pese a todo, la economía mundial languidece. En los últimos cuatro años, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial, al igual que otros organismos económicos, han reducido en cada uno de sus informes las previsiones de crecimiento para el año siguiente. Es más, cada año la reducción de las previsiones es más intensa. Según los datos del FMI, en 2013 el crecimiento real fue un 17% inferior a la previsión de abril de 2012; en 2014 esa diferencia fue casi del18% y en 2015 alcanzó el 20,5%

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En el caso del Banco Mundial, recortó las previsiones de crecimiento para 2016 en el informe de junio de 2016 frente al de junio de 2015 un 37,5%. La caída alcanza el 42,85% si tomamos como referencia el informe de junio de 2014. Las continuas correcciones a la baja no engañan, la economía mundial no carbura ni con toda la artillería descargada por los bancos centrales.

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El economista español Daniel Lacalle explica que “los bancos centrales no imprimen crecimiento”. El ex de Pimco argumenta que todas las medidas que se han llevado a cabo solo “han enmascarado” las debilidades de la economía mundial y que, además, se han multiplicado muchas.

Más y mayores problemas

El ‘Brexit’ marcó un antes y un después en los mercados bursátiles en 2016, la poca solvencia de la banca los ha vuelto a instalar en un histerismo colectivo. La decisión del Reino Unido de salir de la UE llevó a los mercados a perder más valor bursátil que la caída de Lehmann Brothers. Solo en España, el día que se conoció la noticia fue la peor sesión en su historia. Pero antes del ‘Brexit’, las bolsas habían tenido importante caídas por el precio del petróleo y después el estado de la banca europea las ha vuelto a tumbar. Parece que cada movimiento ‘contrario’ se traduce en una espantada generalizada.

Todo ello, se debe a que detrás de la descarga de munición la coyuntura económica está lejos de ser tranquilizadora. La lista es extensa y preocupante: existe una situación de deflación por exceso de capacidad. La desaceleración china, junto a la debilidad del yuan y la fuga masiva de capitales, pueden precipitar los desfases del gigante asiático en un estrepitoso colapso. La deuda pública se ha disparado a máximos históricos y con rentabilidades en mínimos, enmascarando riesgos importantes. El bono español a 10 años cayó al 1%, el valor más bajo en su historia. Los balances privados se han contraído en los últimos trimestres, en España las grandes empresas han sufrido un fuerte parón en el segundo trimestre. Hay sectores ‘hinchados’ como el Biotech o las empresas tecnológicas. Además, están los problemas de saneamiento del sector bancario europeo y, por último, el ascenso de tesis políticas extremistas, ya sean de izquierda o derecha.

Además, la cascada de datos que se conocen no son halagüeños. El Índice Baltic Dry, que mide el negocio portuario, está en niveles de hace 30 años. La evolución de beneficios privados en Europa y Estados Unidos está en mínimos. En EEUU los resultados han caído de manera alarmante, solo en el primer trimestre se redujeron un 15% y a lo largo de 2015 se contrajeron un 5,1% (un desplome que no se veía desde 2008), según el Departamento de Comercio de EEUU. Además, los datos del comercio dejan muchas dudas, en 2015 creció un raquítico 1,1% y los precios unitarios se hundieron un 12,1% interanual, según los datos del World Trade Monitor.

Teoría del estancamiento secular e histieresis

El economista norteamericano Martin Wolf fue de los primeros en hablar del concepto de ‘histéresis’ en el que vive la sociedad como desencadenante del lento y decepcionante crecimiento mundial. El reconocido economista explica que la economía debe “ajustarse a la realidad”, la oferta creada por una demanda artificial (basada en la burbuja del crédito y dinero fácil) ha desaparecido y no sirve de nada alentarla artificialmente.

Todo ello conduce a una convergencia de la economía conocido como ‘estancamiento secular’, según otro economista estadounidense, Larry Summers. La convergencia a la que alude Summers como estancamiento es la situación de bajo crecimiento, con correcciones permanentes a la baja pese a la laxa política monetaria. La inseguridad en los mercados se traduce en un fuerte ahorro (muy por encima de la inversión) que reduce a mínimos la velocidad del dinero y con ello el crecimiento de la economía.

Velocidad del dinero a mínimos

A finales de 2015, la velocidad del dinero en Estados Unidos estaba en un ratio del 1,48%, el más bajo en 50 años. La velocidad del dinero es el número de veces que un dólar es usado para comprar bienes y servicios por unidad de tiempo.

Por tanto, a más velocidad del dinero más transacciones y por tanto, la economía crece. En 2007, en plena burbuja, la ratio de la velocidad del dinero estaba situada en 1,98. La explicación de la caída apunta en la misma dirección que la del estancamiento: el ahorro está muy por encima de la inversión. Eso es porque el sector privado en la actualidad usa el dinero para reducir su endeudamiento. Los bancos centrales siguen en su idea de inyectar dinero y bajar tipos, pero lo que hasta ahora no ha funcionado no tiene visos de hacerlo en un futuro y los inversores parecen cada día más miedosos a un nuevo colapso.