Las aguas del Nilo bajan cada vez más revueltas

Etiopía prepara el llenado de la Gran Presa del Renacimiento Etíope; mientras aumenta la tensión con sus vecinos, Adís Abeba ha desplegado misiles como medida disuasoria
Vista general de las obras de construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), cerca de Guba en Etiopía, en 2019

AFP/EDUARDO SOTERAS  -   Vista general de las obras de construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), cerca de Guba en Etiopía, en 2019

El noreste de África se encuentra inmerso en una de las mayores crisis intergubernamentales de los últimos años. En el centro de la cuestión, se sitúan las tres potencias más importantes de la zona: Etiopía, Egipto y Sudán. Los recursos hídricos que proporciona el río Nilo son el motivo de la discordia.

La tensión diplomática entre los tres países viene de lejos y tiene su origen en uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de la historia. La Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés) es una gigantesca instalación que el Gobierno etíope ha construido en el curso medio del río Nilo Azul. Se prevé que, cuando entre en funcionamiento, sea la presa más grande del continente africano. Sus 16 turbinas producirán energía suficiente como para cubrir buena parte de las necesidades de electricidad de la población del país.

¿Cuál es el problema? Que Sudán y, muy especialmente, Egipto se han mostrado sumamente beligerantes con Etiopía a causa de esta gran obra. Las administraciones de Jartum y de El Cairo temen que la presa retenga una cantidad de agua tal que provoque el caudal que llegue a sus territorios, situados en el curso más bajo, sea demasiado escaso para satisfacer sus propias necesidades de agua. El Nilo Azul, donde se encuentra GERD, confluye en Jartum con el Nilo Blanco, procedente del lago Victoria en África central. Desde la capital sudanesa, ambos cursos se unen para integrar el gran río que discurre hasta el Mediterráneo. 

El río Nilo a su paso por El Cairo, Egipto
PHOTO/REUTERS - El río Nilo a su paso por El Cairo, Egipto

Aunque el Gobierno etíope de Abiy Ahmed ha reiterado en múltiples ocasiones que sus vecinos no tienen nada que temer, Abdalla Hamdok y Abdelfatah al-Sisi no lo tienen tan claro. Debe tenerse en cuenta que, tanto en Sudán como en Egipto, casi la totalidad de la población reside en torno a la ribera del Nilo. Lo mismo ocurre con sus tierras cultivables, que precisan el agua del Nilo para ser fructíferas. De este modo, una bajada drástica del caudal podría ocasionar no solo escasez de agua, sino también una crisis alimentaria.

Con este planteamiento, representantes de los dos gobiernos llevan años manteniendo reuniones periódicas con sus homólogos etíopes para discutir los detalles técnicos. La controversia ha orbitado, sobre todo, alrededor de dos problemas concretos. El primero es el ritmo de llenado del embalse. Egipto y Sudán han insistido en ralentizarlo, pero el Ejecutivo de Adís Abeba no ha transigido. El segundo tiene que ver con que Etiopía se comprometa a que liberará una parte del volumen almacenado cuando vengan épocas de sequía.

El diálogo, por desgracia, ha sido estéril hasta la fecha. Incluso con la mediación de la Casa Blanca -en particular, del secretario del Tesoro Steven Mnuchin-, las partes no han conseguido llegar a un acuerdo sobre las cuestiones técnicas. Y el Ejecutivo etíope parece haberse cansado de buscar acuerdos sin llegar a buen puerto.

El primer ministro del Sudán, Abdalla Hamdok
PHOTO/AFP - El primer ministro del Sudán, Abdalla Hamdok
Llamada a las tropas

A principios del pasado mes de abril, el primer ministro Ahmed ya anunció que el llenado comenzaría a partir de la estación de lluvias, esto es, entre verano y otoño de este año. El mes de julio se considera el horizonte más plausible. Recientemente, el mandatario se ha reafirmado en su postura y diversos altos cargos de su Gobierno han aducido que “no hay razón alguna para posponer” el comienzo del proceso.

Sudán y Egipto no han tardado en ponerse alerta ante la actitud unilateralista de Etiopía. Las tensiones entre los dos países se han recrudecido notablemente desde comienzos de esta semana y, lo que es peor, ya han trascendido el plano de la retórica puramente política. Según ha informado el rotativo egipcio Al-Arabi al-Yadid (traducido ‘El nuevo árabe’), el presidente Al-Sisi ha dado orden expresa a sus fuerzas armadas de ponerse “en un estado de la más alta alerta”. En Etiopía, tampoco se quedan atrás. Fuentes del citado periódico señalan que Adís Abeba ha dispuesto desplegar sus misiles como medida disuasoria. 

La situación, por tanto, amenaza con descarrillar. Consciente de la amenaza a la seguridad mundial que supondría un conflicto armado entre dos de las principales potencias africanas -y Sudán en medio-, el secretario general de Naciones Unidas António Guterres se ha mostrado esperanzado de que los líderes de los países vuelvan a escoger la vía del diálogo. Sin embargo, no parece que vaya a haber progresos, al menos a corto plazo. Hace poco más de una semana, Sudán rechazó una nueva propuesta de acuerdo enviada por Etiopía que pretendía resolver las diferencias entre los diferentes actores.

El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi en el cuartel general de las fuerzas orientales del Canal de Suez en un lugar desconocido del Sinaí
AFP/PRESIDENCIA EGIPCIA - El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi en el cuartel general de las fuerzas orientales del Canal de Suez en un lugar desconocido del Sinaí
Golpe de autoridad en clave interna

El alejamiento de Etiopía del proceso de diálogo multilateral puede entenderse mejor si se observan las circunstancias de la política nacional. Antes de la llegada de la pandemia del coronavirus, el país tenía previsto celebrar elecciones generales al legislativo a finales del mes de agosto. A pesar de que los comicios fueron aplazados por el temor a la expansión del patógeno, el primer ministro -y premio Nobel de la Paz- Ahmed se jugaba su reelección.

Antes de la pandemia, Ahmed ya había sido bastante criticado dentro de su propio país por los cambios que había introducido en la legislación electoral. Según la oposición, el poder Ejecutivo quedaba en una especie de limbo constitucional. Esta controvertida reforma, unida a las dudas del tratamiento del Gobierno central etíope con los separatistas en diversas regiones periféricas, dejaba entrever algunas dudas en el futuro político del joven dirigente. Su línea de actuación más dura en política exterior podría representar, por tanto, un intento de reafirmar su cuestionada posición al frente de su país.

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed
PHOTO/REUTERS - El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed
¿La primera gran guerra por el agua?

Por el momento, la distancia que separa a Adís Abeba de El Cairo y de Jartum no es todavía insalvable. Sí que es cierto, sin embargo, que el intercambio de declaraciones gruesas es cada vez más estridente. Es, seguramente, el punto de mayor crispación desde que empezó la crisis diplomática.

Una confrontación armada a gran escala no parece, de todos modos, probable. Una guerra abierta pondría en riesgo la estabilidad de una región vital por su posición geoestratégica entre el Mediterráneo, el cuerno de África y la península Arábiga. Esa circunstancia, que tendría efectos perjudiciales especialmente sobre la frágil democracia sudanesa, podría propiciar la penetración de potencias externas en la política local, como es el caso de Rusia y Turquía, y el asentamiento de actores no estatales, como pueden ser grupos terroristas o del crimen organizado.

Militares egipcios en la apertura de la base militar de Mohamed Najib
PHOTO/PRESIDENCIA EGIPCIA - Militares egipcios en la apertura de la base militar de Mohamed Najib

Sin embargo, aunque no escale en su vertiente bélica, el conflicto entre los tres países ya existe, al menos, en el plano diplomático. Resulta significativo que el principal activo que esté en juego sea el agua. Desde siempre, el dominio de los recursos naturales ha sido el combustible que ha encendido conflictos entre comunidades humanas. En el caso de los Estados modernos, numerosos expertos llevan tiempo advirtiendo de que las guerras por el agua serán un componente esencial de las relaciones internacionales de aquí a pocos años, máxime si se tiene en cuenta las tendencias de crecimiento demográfico exponencial y emergencia climática que ya se viven en muchos rincones del mundo.

De hecho, como recuerda el analista internacional Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra de España, numerosas empresas multinacionales y fondos de capital riesgo han comenzado a invertir de forma consistente en lo que ya empieza a conocerse como “oro azul”. En su obra ‘El dominio mundial’, Baños cita específicamente el contencioso entre Etiopía, Sudán y Egipto como un episodio sintomático de esta nueva clase de conflictos internacionales.