Las claves del discurso del rey Mohamed VI en la Fiesta del Trono

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Henar Hernández

Pie de foto: El rey Mohammed VI, en el centro de Marruecos, se dirige a la nación en un discurso transmitido por televisión, en el Palacio Real de Tetuán, Marruecos, el lunes 29 de julio de 2019. Palacio Real Marroquí via AP

El rey Mohamed VI de Marruecos, acompañado a su izquierda por su hijo, el príncipe heredero Moulay Hassan, y a la derecha por su hermano, el príncipe Moulay Rachid, se ha dirigido a la nación en un discurso televisado. Los temas que han vertebrado su intervención han sido los siguientes: el proceso de edificación del Marruecos moderno y el impulso del país en materia de infraestructuras, la creación de un nuevo modelo de desarrollo, la renovación del sector público, la unidad nacional e integridad territorial y las relaciones con Argelia. 

El proceso de edificación del Marruecos moderno

El monarca marroquí ha querido abrir su discurso poniendo de manifiesto el “paso cualitativo” que ha logrado el Reino “en el ámbito de las infraestructuras, tanto en lo que se refiere a las autopistas, al tren de alta velocidad, a los grandes puertos, como a las energías renovables y a la rehabilitación de las ciudades y del espacio urbano”. En este punto, sobresalen por excelencia tres hitos en este terreno que van a marcar un antes y un después en el desarrollo del país norteafricano: en primer lugar, la inauguración de Tanger Med 2, la ampliación del puerto de Tanger Med, el pasado 28 de junio. Esta nueva etapa del complejo portuario, que ya lidera el ránking de África en capacidad de contenedores, lo va a situar a la vanguardia de la zona del Mediterráneo, pues se espera que logre una operatividad de 9 millones de contenedores, superando, así, a los puertos españoles de Valencia y Algeciras. En segundo lugar, el proyecto en desarrollo para la construcción de la planta de energía híbrida fotovoltaica y termosolar más avanzada del mundo, y de cuyo diseño y producción se encargará la empresa española TSK. En tercer y último lugar, la puesta en marcha del único tren bala de África, Al Boraq, capaz de conectar Tánger con Casablanca, separadas por 338 kilómetros, en tan solo 2 horas y 10 minutos, alcanzado una velocidad de 320 kilómetros por hora (km/h), un cifra superior a la del AVE español, cuya velocidad punta son 300 km/h.

El rey Mohamed VI, ha señalado, no obstante, que son “conscientes de que las infraestructuras y reformas institucionales, por muy importantes que sean, no bastan por sí solas”, puesto que “algunos marroquíes no llegan a sentir sus efectos sobre la mejora de sus condiciones de vida”. En esta línea, ha recordado que “la pobreza y la precariedad se apoderan de las condiciones de vida de algunos marroquíes, aunque no representen más que el 1%”.

La creación de un nuevo modelo de desarrollo

Ante este escenario, el monarca ha reconocido que “en los últimos años, nuestro modelo de desarrollo ha dado la prueba de su incapacidad para responder a las crecientes necesidades de un sector de los ciudadanos, así como para contrarrestar las disparidades sociales y espaciales”, por lo que ha anunciado la creación de una Comisión Especial que estudie la instauración de un nuevo modelo de desarrollo para el próximo curso político. La estrategia que persigue el rey Mohamed VI se basará en la revisión y actualización de las políticas ejercidas en los diferentes ámbitos que rigen el país: enseñanza, sanidad, agricultura, inversión y el sistema tributario. 

Del mismo modo, en esta materia, el monarca ha exhortado al Gobierno de Saadeddine Othmani “a iniciar la preparación de una nueva generación de planes sectoriales, basados en la complementariedad y armonía, a fin de que constituyan un pilar de la nueva configuración del modelo de desarrollo”.

Además, ha subrayado que la mayor ambición real “radica en que Marruecos se incorpore al tren de los países avanzados”. Para ello, ha recordado la necesidad de que se evite “el ostracismo”, permitiendo, así, una mayor “apertura sobre las experiencias mundiales, porque en ello descansa el pilar del avance económico y del desarrollo”. En este sentido, ha asegurado que la inversión extranjera […] supondría un apoyo a los esfuerzos del Estado, no solo proporcionando oportunidades de empleo sino también impulsando la formación de calidad y la atracción del saber hacer y de las experiencias exitosas”.

La renovación del sector público

Intrínsecamente ligado al punto anterior, el rey Mohamed VI ha emplazado de nuevo al Ejecutivo a tener en consideración las propuestas reales que buscan “enriquecer y renovar los puestos de responsabilidad gubernamentales y administrativos, mediante competencias nacionales altamente cualificadas, sobre la base de los criterios de la competencia y la meritocracia”, pues para que el nuevo modelo de desarrollo nacional tenga éxito, se requiere de “nueva élite de competencias en los diferentes puestos y responsabilidades, así como una nueva savia que habría que inyectar a las distintas instituciones económicas y administrativas, y formaciones políticas, incluido el gobierno”. 

La unidad nacional y la integridad territorial 

El rey Mohamed VI ha mostrado su “compromiso inquebrantable con el carácter marroquí del Sáhara”, dentro de la “unidad nacional e integridad territorial, y con la soberanía plena sobre cada centímetro del territorio del Reino”. En este sentido, ha declarado que es “inamovible la postura de Marruecos con respecto a su sincera adhesión al proceso político, exclusivamente auspiciado por las Naciones Unidas”.

Cabe recordar que las negociaciones entre el Frente Polisario y el Gobierno marroquí siguen enquistadas, ya que ambas partes se han enrocado en sus respectivas reivindicaciones: mientras el primero aboga por un referéndum en el que los saharauis ejerzan su derecho a la libre determinación, el segundo lo rechaza y defiende la posibilidad de instaurar un estatuto de autonomía, pero siempre que sea dentro de la soberanía marroquí. El pasado 23 de mayo, el que fuera enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, Horst Köhler, renunció a su cargo por motivos de salud. Durante su mandato, el Gobierno y el Frente Polisario llegaron a reunirse dos veces desde que se retomase el diálogo el pasado mes de diciembre, por ello se considera que el tono de las negociaciones entre ambas partes cambió, aunque no se hayan logrado avances específicos. La cuestión del Sáhara Occidental se mantiene, así, como uno de los grandes retos pendientes del Reino de Marruecos. 

Las relaciones con Argelia

Asimismo, el monarca ha lanzado un mensaje a su vecino Argelia: “Queremos reiterar nuestro sincero compromiso de continuar tendiendo la mano a nuestros hermanos en Argelia, fieles a los vínculos de fraternidad, de religión, de lengua y de buena vecindad, que siempre han unido a nuestros dos pueblos hermanos”. Desde la casa real marroquí, se apuesta, así, por fomentar la fraternidad entre las dos naciones, un vínculo que se ha materializado recientemente con el apoyo del Reino a la selección argelina en la Copa Africana de Naciones. De acuerdo con el rey Mohamed VI, Marruecos ha compartido con el pueblo de Argelia “los sentimientos de orgullo tras su merecida victoria en este campeonato, como si fuese una victoria del propio Marruecos”. 

“Esta conciencia y fe en la unidad y en el destino común, así como en el patrimonio histórico y civilizatorio que compartimos, es lo que nos anima, con esperanza y optimismo, a obrar por realizar las aspiraciones de nuestros pueblos magrebíes hermanos de alcanzar la unidad, la complementariedad y la integración”, ha concluido el monarca. 

Las relaciones entre los dos países han estado vertebradas en la historia reciente por una suerte de “pulso por la primacía en el Magreb”, con diversos frentes abiertos que han socavado la normalidad que históricamente ha definido los vínculos entre las dos naciones: por un lado, el apoyo de Argelia al Frente Polisario – aunque interesado, por las pretensiones argelinas de buscar una salida al Océano Atlántico – y, por otro lado, el cierre de la frontera entre los dos Estados desde 1994, con una extensión de más de 1.500 kilómetros cuadrados, lo que merma gravemente las posibilidades del comercio intrarregional y, con ello, del desarrollo de la zona.