Las milicias piden al Gobierno libio de Sarraj que corte los lazos con Emiratos, Egipto y Arabia Saudí

La ciudad-estado de Misrata, controlada por el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) y respaldada por Turquía, critica que “el eje del mal” continúe apoyando a Haftar
Vehículos militares turcos se dirigen en convoy al sur de la provincia de Idlib

AFP/AAREF WATAD  -   Vehículos militares turcos se dirigen en convoy al sur de la provincia de Idlib

La milicia de Misrata -uno de los principales actores armados surgidos de las revueltas en Libia en 2011- ha culpado al Consejo Presidencial del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) de no haber tomado las medidas suficientes para cortar los lazos con Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Arabia Saudí, así como con cualquier otro país que respalde la agresión a Trípoli, según ha informado este domingo el diario libio The Libya Observer. La ciudad-estado de Misrata es considerada una de las mayores potencias militares en Libia y es aliada del Gobierno de Trípoli, que, a su vez, está respaldado por Turquía. 

En una declaración oficial publicada este domingo, el denominado Consejo de Emergencias de Misrata también ha instado a la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (también conocida como UNSMIL, por sus siglas en inglés) a “cambiar su postura neutral”, alegando que “el eje del mal formado por los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Arabia Saudí continúa apoyando al mariscal de campo Jalifa Haftar”. En esta declaración también han culpado a Haftar y a estos países de “ser responsables de los crímenes de guerra libios”. 

El conflicto de Libia se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre las potencias internacionales. Ankara, el principal aliado del Gobierno de Trípoli, ha violado durante las últimas semanas el alto el fuego acordado para reducir el impacto del coronavirus en el país.  El general Khaled al-Mahjoub, alto cargo del Comando General de las Fuerzas Armadas de Libia, confirmó hace una semana que las milicias en Misrata recibieron un nuevo envío de armas procedentes de Turquía, según recogió Al-Ain News.  Desde entonces los ataques no han parado de sucederse.  Esta intervención de Turquía en Misrata no es vista con buenos ojos por países como Arabia Saudí. De hecho, el pasado mes de febrero, el ministro de Asuntos Exteriores saudí criticó la injerencia externa en el conflicto libio, mencionando directamente a Turquía. 

La declaración de Misrata se ha publicado después de que se produjeran intensos ataques entre las fuerzas de Haftar y el GNA diferentes frentes, especialmente en el de Al-Wishka, situado en Misrata oriental, durante más de cinco días, han explicado en The Lybia Observer.  Las fuerzas del GNA han sido las responsables de la mayoría de los ataques, excepto en el de Al-Khallatat, donde las fuerzas de Haftar comenzaron primero, según han informado responsables de la Operación Volcán de Furia. Del mismo modo, en el frente de Al-Wishka, las fuerzas de GNA y las milicias lideradas por Haftar siguen luchando con artillería pesada y ataques aéreos a pesar del alto el fuego acordado la semana pasada, de acuerdo con la última actualización publicada en varios medios locales del país. 

El conocido como Consejo de Emergencias de Misrata ha hecho estas acusaciones un día después de que el Ministerio de Justicia del Gobierno de Acuerdo Nacional adoptase la decisión de liberar a 466 presos de las cárceles de Trípoli controladas por el Ministerio de Justicia, a fin de reducir el hacinamiento y el impacto del coronavirus. El Gobierno de Libia está dividido entre el Gobierno del Acuerdo Nacional, reconocido internacionalmente y con sede en Trípoli, y el Gobierno provisional rival, con sede en el este de Libia y liderado por el mariscal de campo Jalifa Haftar, comandante del Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés).

Desde el inicio del conflicto han perdido la vida cientos de civiles y al menos 150.000 han tenido que abandonar sus hogares y han sido obligados a vivir en refugios abarrotados e insalubres, sin poder regresar a sus hogares, según la organización internacional Human Rights Watch.