Libia: nuevo escenario político, mismas heridas abiertas

El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles 
El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz 

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Libia contiene la respiración. Tras más de seis años de guerra civil entre el Gobierno de Acuerdo Nacional liderado por Fayez al-Sarraj y las fuerzas del mariscal Haftar, el Foro de Diálogo Político Libio (FDPL), respaldado por la ONU, ha conseguido elegir un Gobierno de transición encargado de llevar a Libia a unas elecciones programadas para el 24 de diciembre. 

El empresario Abdul Hamid Mohamed Dbeiba y el exembajador en Grecia, Mohamed Menfi, han sido elegidos respectivamente como primer ministro de Libia y presidente del Consejo Presidencial en el nuevo Gobierno de transición hasta la celebración de las futuras elecciones. Este cambio ejecutivo ha estado marcado por un clima de tensión en el que se han sostenido sospechas sobre la vinculación de Dbeiba con diferentes casos de corrupción y soborno. Del mismo modo, al actual presidente se le ha criticado por la poca transparencia que mantienen algunos Ministerios, así como por no respetar la cuota femenina ordenada por el FDLP. El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz 

Este resultado ha sido celebrado por la Liga Árabe  y por el Consejo de Cooperación del Golfo. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha mostrado su “satisfacción” hacia las “promesas” de los nuevos líderes del Gobierno de transición, considerándolo como un paso adelante hacia la concordia.

Este acontecimiento podría entenderse como un primer paso para alcanzar la paz desde el derrocamiento de la dictadura de Gadafi. Tras el fin del régimen, el clima político y social en Libia se ha caracterizado por la división, el conflicto y la inestabilidad. En este marco, Libia ha sido escenario del estallido de dos guerras civiles que se han cobrado la vida de alrededor de 10.000  personas. A estos números se les suman las cifras de aproximadamente 50.000 heridos y 4.000 desaparecidos.  

Las guerras civiles libradas en suelo libio han estado marcadas por la corrupción, los crímenes de guerra y el crimen organizado, siendo el tráfico de personas una de las principales actividades criminales. En este panorama, la delincuencia organizada ha estado fuertemente sacudida por la actuación de las milicias de manera impune.El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz  

Un analista militar europeo destinado en Trípoli explicó a Efe que “las milicias son hoy el principal problema no solo porque a falta de Policía y Ejército son necesarias para cualquier Gobierno. También porque dinamizan una economía basada en la guerra y el contrabando. Las armas y el petróleo son los únicos recursos de un país que no produce nada e importa prácticamente todo”

Durante el estallido de la segunda guerra civil, a la confrontación entre las dos partes enfrentadas lideradas por Al-Sarraj y Haftar, la primera apoyada por Turquía y Qatar y la segunda apoyada por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, aliados rusos, se les ha unido la amenaza de Daesh al tomar Sirte en 2014. En 2016, con combatientes libios apoyados por el Gobierno del Acuerdo Nacional, cambió la situación de Daesh en el país. Tras la recuperación de Sirte, los terroristas han tenido que dispersarse a lo largo del país refugiándose en las zonas desérticas o haciéndose pasar por población civil. Entre las últimas operaciones, hace escasos días el autodenominado Ejército Nacional Libio anunció la detención de uno de los líderes más importantes de Daesh en la ciudad de Ubari, en el sudoeste de Libia. El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz 

Otro papel determinante en el desarrollo del conflicto ha sido la intervención de las potencias extranjeras por parte de Turquía y Rusia. El Gobierno de Erdogan evitó el avance de Haftar con el envío de soldados y de miles mercenarios sirios reclutados entre los grupos de islamistas suníes, mercenarios que han podido mantener entrenamientos militares con Daesh.

Un militar destinado en Libia aseguró a Efe que “los mercenarios tienen un valor económico y militar. Además de ser más baratos, permite intervenir y mantener la influencia sin el alto coste político y de asunción de responsabilidades si comenten desmanes que acompañan a las fuerzas regulares”. Por otra parte, aseguró que “ni Turquía ni Rusia tienen interés en retirarlos”.El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz 

De esta forma, Turquía continúa estando en el punto de mira por sus supuestas relaciones con terroristas de Daesh. Diversos medios han confirmado los nexos entre el país turco y mercenarios a sueldo que podrían haber formado parte de organizaciones terrorista como Daesh o Al-Qaeda, terroristas que usaría para su propio beneficio en las guerras de Libia, pero también de Siria. Esta estrategia iría enfocada en conseguir su objetivo de posicionamiento geoestratégico en el Mediterráneo y en Oriente Medio con el fin de sacar beneficio en la explotación de zonas ricas en gas y petróleo. Tras la autorización del Parlamento, las tropas turcas permanecerán en Libia otros 18 meses. 

Desde la firma del acuerdo entre las facciones enfrentadas sobre el alto al fuego “permanente en todas las áreas de Libia”, el nuevo clima ha estado protagonizado por una grave crisis de migrantes y refugiados atrapados en el caos.El Parlamento libio ha aprobado el nuevo Gobierno de Unidad Nacional en un contexto dividido por los enfrentamientos civiles  Alba Sanz 

En la actualidad, Turquía, Estado que no intervino en los primeros días de la revolución, es 10 años más tarde uno de los actores principales que han devenido en una guerra que comenzó siendo civil para convertirse en un conflicto multinacional. Junto a esto, el contrabando de personas, combustible y productos de motor se han convertido en los productos principales de la economía nacional que han sumido más en el caos a Libia. 

El nuevo Gobierno de transición pretende ser un limbo de contención entre las partes con el fin de estar más cerca de conseguir la paz. Sin embargo, la actuación de múltiples actores estatales y no estatales, la pobreza de la población y los intereses de las potencias extranjeras, hacen que el conflicto se vuelva más complicado y largo, haciendo más difícil la reconversión de Libia de un Estado fallido a un Estado de paz.