Los explosivos improvisados: la técnica de asesinato a fuerzas de seguridad de los grupos yihadistas en el Sahel    

El mes de enero ha sido el de mayor número de atentados con explosivos improvisados a las Fuerzas Armadas malienses y a las fuerzas internacionales desde 2018   
REUTERS/BENOIT TESSIER - Soldados de las Fuerzas Armadas de Mali 

REUTERS/BENOIT TESSIER   -   Soldados de las Fuerzas Armadas de Mali 

Durante estos últimos tres meses, los grupos yihadistas del Sahel, sobre todo los pertenecientes a la red JNIM, vinculada a Al-Qaeda y al grupo de Estado Islámico del Gran Sáhara, han llevado a cabo una decena de ataques con explosivos improvisados (IED- improvise explosive device)  en Mali, Níger y Burkina Faso, hiriendo y matando al menos a una veintena de soldados pertenecientes a misiones internacionales y a fuerzas y cuerpos de seguridad de los Estados de la región. Entre estos atentados se encuentran el del pasado 28 de enero, que dejó a tres soldados de la MINUSMA heridos de gravedad; el del pasado 15 de enero en la región de Kidal, al norte del país maliense, que mató a un casco azul; el del pasado 8 de enero, en el que se detonó un vehículo lleno de explosivos cerca de la frontera con Burkina Faso, dejando a seis soldados franceses heridos de gravedad; el pasado 2 de enero otros dos militares fueron abatidos a causa de otro explosivo improvisado  en el norte de Menaka y unos días antes, el 28 de diciembre, otros tres militares franceses fueron asesinados por otro explosivo improvisado en el centro de la nación. En el siguiente artículo se analiza la utilización de estos explosivos por parte de los grupos armados en Mali y, en menor medida, en Burkina Faso, gracias a fuentes expertas en el terreno a las que se agradece la información compartida. 

PHOTO/AFP - Tropas de las Fuerzas Armadas Malienses (FAMa) 
PHOTO/AFP - Tropas de las Fuerzas Armadas Malienses (FAMa) 

 Los explosivos improvisados utilizados en la región del Sahel están compuestos de una carga explosiva militar, una fuente eléctrica con un detonador, un continente y un sistema de activación/iniciación. En Mali, la mayoría de las cargas explosivas y de detonadores provienen de las actividades de extracción mineras, aunque un 25% aproximadamente proviene de cargas militares, sobre todo en el norte del territorio maliense. Con respecto a la fuente principal de energía, las más utilizadas son las baterías de moto. En cuanto al continente de la carga explosiva, en los vehículos suicidas se suele utilizar bidones de 20 litros de aceite. Las minas terrestres siguen siendo las más utilizadas por los grupos terroristas. Al pasar los coches por encima de la mina, ésta estalla automáticamente. Por último, la activación de la mina normalmente se produce a través de un sistema de placas, ante las cuales las víctimas del atentado pasan y las activan. En el centro de Mali encontramos, sin embargo, que varios de los atentados se han producido con un sistema de activación por radio, que es mucho más sofisticado. Los atentados suicidas, en los que hay un vehículo con carga explosiva o un terrorista con un chaleco lleno de explosivos suelen ser utilizados principalmente en las bases y campamentos militares. En 2020, prácticamente no se han producido episodios de ese tipo. Los explosivos proyectados también son utilizados contra campamentos y bases militares; aun así, no son lo suficientemente precisos, por lo que no se utilizan tan frecuentemente como los explosivos de minas terrestres en las que son las víctimas las que las activan al pasar, asegurando que no hay bajas entre los terroristas. 

Aunque la amenaza de los explosivos improvisados no es nueva, durante los últimos meses se ha visto un auge en la utilización de estos explosivos como método preferido en los atentados contra las fuerzas y cuerpos de seguridad de Mali. Hasta 2018, en Mali, el número de atentados con este tipo de explosivos no hacía más que aumentar. Estos atentados no se producían exclusivamente con el objetivo de atacar a las fuerzas de seguridad, sino que también se producían bajas civiles y no como daños colaterales, sino intencionalmente para aterrorizar a la población. En 2018, 2019 y 2020 se ha visto un descenso generalizado de la utilización de estos explosivos; hasta octubre de 2020, cuando volvió a haber un aumento significativo que perdura hasta hoy en día. En los últimos dos años, debido a las formaciones por parte de las misiones internacionales, las Fuerzas Armadas malienses han sido entrenadas para encontrar y desactivar este tipo de explosivos. En cuanto a las regiones más afectadas, los atentados dirigidos al Ejército y a los civiles se suelen producir principalmente en el centro de Mali, aunque suelen ocurrir en cualquier sitio en el que estén destinados, normalmente en las rutas logísticas principales. Los atentados cuyo objetivo es la Operación Barkhane suelen producirse en la zona de las tres fronteras (Mali, Níger y Burkina Faso). Por último, los atentados contra la MINUSMA se suelen producir mayoritariamente en el norte de Mali.  

Como se ha mencionado anteriormente, este pasado mes de enero ha sido el de mayor número de atentados con explosivos improvisados a las Fuerzas Armadas malienses y a las fuerzas internacionales desde 2018. En enero ha habido ocho incidentes contra las Fuerzas Armadas, tres contra la Operación Barkhane y seis contra MINUSMA. En este último año se han producido atentados en los que se mezclan la utilización de un explosivo, sobre todo detonado por radiofrecuencia, para que el vehículo se pare y posteriormente se produzca una emboscada contra las víctimas. Este tipo de mecanismo híbrido permite asegurar a los grupos terroristas que ningún vehículo civil lo activa por error, sino que son los de las fuerzas de seguridad los que lo detonan.  

Luc Gnago/REUTERS - Fotografía de archivo de soldados del Ejército de Burkina Faso en la carretera de Gorgadji, en el área del Sahel, el 3 de marzo de 2019 
Luc Gnago/REUTERS - Fotografía de archivo de soldados del Ejército de Burkina Faso en la carretera de Gorgadji, en el área del Sahel, el 3 de marzo de 2019 

En Burkina Faso se han registrado oficialmente 72 incidentes con explosivos improvisados en 2020. El caso de este país difiere en algunos aspectos del de su vecino, Mali. En el país burkinés hay que distinguir entre los Hombres Armados no Identificados (los HANI) de los Grupos Armados Terroristas (GAT). Los primeros tienen como objetivo principal aterrorizar a la población de Burkina Faso, sobre todo en la región este y norte del país, y son considerados como “bandidos”. La mayoría de sus acciones con IED (explosivos improvisados) las realizan contra civiles. En el norte del país, sobre todo en la región de Mentao, los HANI también pagan a locales para que pongan los explosivos en las carreteras más frecuentadas por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Existe una relación entre algunos grupos armados terroristas, como Ansaroul Islam y algunos hombres armados no identificados, pero a veces las acciones de estos bandidos están más relacionadas con la actividad criminal (robo de ganado, de propiedades) y con los conflictos intercomunitarios.  

Las Fuerzas Armadas de Burkina Faso, al igual que las de Mali, son formadas antes de ser desplegadas sobre el terreno. Los militares reciben una corta formación, como mínimo de unos días, que les permite identificar dónde están escondidos los explosivos. Una vez identificados los dispositivos, para deshacerse de ellos hay un personal especializado que sigue el protocolo de eliminación del dispositivo (Improvised Explosive Device Disposal).  

En ambos países, estos explosivos suponen un auténtico problema para la seguridad de las fuerzas y cuerpos de seguridad nacionales e internacionales, pero también para los civiles. La formación adecuada es esencial para reducir la amenaza, sobre todo de aquellos dispositivos que se colocan y son activados por las víctimas, lo que hace muy complicado prever e identificar al enemigo y la amenaza.