Los imperios occidentales y la islamización

Una introspección a las políticas exteriores europeas y estadounidenses en los últimos tres siglos
Policía España Daesh

AFP/ ANDER GILLENEA  -   Fotografia de archivo, miembros de la Policía Nacional Española escoltan a un detenido acusado de colaborar con el Daesh en San Sebastián el 11 de octubre de 2016

Repaso a la relación en la historia reciente entre el islam y la esfera occidental.

El escandaloso asesinato del profesor francés Samuel Paty brindó a Macron la oportunidad idónea para reabrir la ferviente cuestión de lo que su Gobierno denomina como “separatismo islámico”. Algunos especialistas creen que este discurso, denominado por muchos como islamófobo, es un intento de atraer a los sectores más conservadores. Al mismo tiempo, está intensificando la animosidad de la población francesa contra la minoría árabe y musulmana del país, que ya se encuentra marginada, bajo la impresión de que Francia corre el riesgo de perder su identidad, libertad y futuro ante supuestas fuerzas islamistas. Este fenómeno se viene produciendo en otros países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Polonia. Los medios y los políticos occidentales han presentado al islam como una bestia extranjera incontrolable e impredecible, que se está infiltrando imparablemente en las sociedades occidentales para emponzoñar las democracias occidentales con la Sharía. Los neoconservadores y orientalistas también describen al islam como inmutable, monolítico y radical. Por lo tanto, mucha gente suele vincular a grupos contemporáneos como Al-Qaeda y Daesh con el islam clásico, en otras palabras, ven a Osama bin Laden, Abu Bakr al-Baghdadi y otros terroristas como resultado directo de las enseñanzas del profeta Mahoma.

Sin embargo, en este artículo daremos un paso atrás y examinaremos el pasado, con el fin de explorar los orígenes de esta "bestia desconocida". Todos conocemos los antiguos conflictos entre la cristiandad y el islam que comenzaron con la expansión del califato Omeya y continuaron con la batalla de Tours, las Cruzadas y el asedio de Viena. Pero echemos un vistazo a lo que sucedió después.

Cartel Samuel Paty
AFP/THOMAS COEX - Esta foto tomada el 3 de noviembre de 2020 muestra un cartel que representa al maestro francés Samuel Paty colocado en la fachada del ayuntamiento de Conflans-Sainte-Honorine, a 30 kms al noroeste de París, el 3 de noviembre de 2020
1798-1918

Uno de los principales malentendidos contemporáneos en Occidente es pensar que el islam es inamovible. Sin embargo, el islam, como cualquier otra religión, es muy dinámico, pasando de olas más radicales a más progresistas. Asimismo, el islam ha sido influenciado y moldeado por su contexto social y político a lo largo de la historia.

El colonialismo occidental en Medio Oriente, el cual comenzó con la invasión napoleónica de Egipto en 1798, tuvo su papel y aportaciones a la evolución del islam en aquellos siglos. Christian Cherfils publicó en 1914 un libro sobre los intentos franceses en la época de Napoleón de explotar políticamente el islam, donde explica cómo las autoridades coloniales francesas administraron Egipto utilizando el sistema judicial islámico, los tribunales de la Sharía y el manejo de los líderes y dignatarios religiosos para reforzar el control y el orden. Los franceses integraron instituciones islámicas como mezquitas, tribunales de justicia y madrasas en el Estado colonial, y controlaron y regularon los rituales religiosos, como la peregrinación a La Meca (Motadel, 2012). El Corán fue repetidamente interpretado a favor del régimen de ocupación, e incluso Napoleón asistió a una celebración pública del cumpleaños del Profeta (Al-Mawlid) en El Cairo. Sorprendentemente, los franceses no pusieron fin a la institucionalización del islam, sino que continuaron e incluso reforzaron la práctica para su propio beneficio. 

Décadas más tarde, en Marruecos, una innovación crucial en las tácticas de la administración imperial francesa fue ideada por el mariscal Hubert Lyautey (1854-1934). Lyautey basó el control de Francia sobre el campo marroquí en tres pilares indígenas: en los líderes tribales; en las hermandades místicas (sufíes) islámicas cuya red de logias se extendía por todo el país; y el pueblo indígena bereber (Rogue, 2017). Los franceses pronto se convencieron de que era más útil cooperar con los sheikhs  sufíes de las hermandades que con los jefes tribales cada vez menos influyentes. A los sheikhs y sus hermandades se les otorgó plena autonomía y, a cambio, estos respaldaron el régimen colonial, incluso algunos legitimaron el dominio francés en términos religiosos. A su vez, los franceses ayudaron a los sheikhs a consolidar su posición y a expandirse, por eso hoy en día las hermandades tienen tanto poder en África del Norte y Occidental. El sistema de Lyautey resultó muy exitoso ya que proporcionó a los líderes locales incentivos para colaborar con la administración colonial francesa, en lugar de luchar contra ella. Por esta razón, el sistema fue exportado a otras colonias francesas y copiado por los británicos.

Gracias a esta cooperación, los imperios europeos pudieron utilizar la religiosidad de sus súbditos haciendo llamamientos a la Jihad para incitar a los musulmanes a luchar contra los adversarios del régimen colonial. Por ejemplo, los británicos, franceses y otomanos lo usaron en la guerra de Crimea (Figues, 2010), o en la Primera Guerra Mundial ambos bandos: Alemania y el Imperio Otomano, por un lado, y Reino Unido, Francia y los hachemitas por otro, llamaron a la Jihad para movilizar a los musulmanes a su bando.

Truman Estados Unidos
PHOTO/AP - En esta foto de archivo del 14 de agosto de 1945, el presidente Harry S. Truman lee a los periodistas su anuncio de la rendición de los japoneses, que señalaba oficialmente el fin de la guerra en la Casa Blanca, en Washington
La Guerra Fría (1947-1991)

Después de la Segunda Guerra Mundial, las potencias europeas comenzaron a descolonizar muchos de sus territorios en el mundo árabe. Sin embargo, la mayoría de los países se enfrentaron a la interferencia casi constante de sus antiguos colonizadores occidentales y más adelante de Estados Unidos. 

Al comienzo de la Guerra Fría, Truman pidió un "despertar moral y espiritual", una "renovación de la fe religiosa" y un "avivamiento" (Wallace, 2013). Sin una fe religiosa renovada, declaró, "estamos perdidos". A partir de esto, podemos inferir que la religión y la Guerra Fría estuvieron estratégicamente entrelazadas desde el principio. Estados Unidos describió la Guerra Fría como un mundo dividido entre los creyentes en el Todopoderoso y los ateos. En la época de Eisenhower, el Gobierno de Estados Unidos se acercó a los líderes musulmanes basándose en la creencia mutua del cristianismo y el islam en un solo Dios, incitándolos a unirse a Estados Unidos en la "guerra santa" contra el comunismo. El Departamento de Defensa y la CIA idearon un plan para proporcionar fondos, armas y otro tipo de apoyo a los líderes árabes que se unirían al lado de Estados Unidos contra la Unión Soviética. Herzog emplea una metáfora única para personificar la era: “the spiritual-industrial complex”, en español "el complejo espiritual-industrial" (Wallace, 2013).

Los Estados poscoloniales comenzaron a establecerse al comienzo de la Guerra Fría en la región MENA, como el rey Farouk I en Egipto, el rey Abdullah I en Jordania o el sultán Mohamed V en Marruecos. Al principio, la mayoría de los Estados de mayoría musulmana eran hostiles hacia los seguidores del islam político . Sin embargo, pronto, movimientos de izquierdas y nacionalistas comenzaron a hacerse populares en la región, por lo que los jefes de los Estados comenzaron a colaborar con los seguidores del islam político, ayudándolos a expandirse y organizarse políticamente en una poderosa fuerza social. Esta estrategia fue establecida siguiendo las órdenes de Estados Unidos de luchar contra el impío comunismo con la fe. A cambio, Estados Unidos brindó apoyo moral y material a estos regímenes, como a Jordania, Irán y Libia. Irónicamente, del mismo modo, Estados Unidos también estableció relaciones directas con grupos islamistas, como Al-Akhwan Al-Muslmoun (la Hermandad Musulmana) en Egipto o Jamaat-e-Islami en Pakistán en las décadas de 1950 y 1960
 Los esfuerzos realizados por estos países para eliminar los movimientos seculares y de izquierda y fomentar la islamización allanaron el camino, ya sea de forma intencionada o no, para que el islam político creciera y echara raíces. Consecuentemente, las tendencias militantes del islam político desde la década de 1970 tienen su origen en estas políticas de principios de la Guerra Fría.

Abdullah I de Jordania
PHOTO/AP - Fotografia de archivo del 8 de octubre de 1947, del Rey Abdullah I de Jordania

Tomemos el ejemplo de Jordania, cuya familia real presume de un fuerte pedigrí islámico, ya que los hachemitas remontan su linaje hasta el clan Hashim del profeta Mahoma. Es por eso que el nombre del país es el Reino Hachemita de Jordania. El primer gobernante de Jordania, el emir (y más tarde el rey) Abdullah I se encontró con dos grandes factores que disminuían su legitimad: el origen de su familia, puesto que provenían de La Meca, Hiyaz; y el hecho de que el país era básicamente una creación colonial. Por lo tanto, se aferró a su linaje como fuente de legitimidad y alimentó la islamización de Jordania. El Estado se basa en una infraestructura islámica suní con jueces de la Sharía, un Ministerio de Dotaciones Religiosas y un Departamento de Fatwa influenciado por las escuelas de derecho islámico Hanafi y Maliki (Wagemakers, 2019). Asimismo, apoyó a la Hermandad Musulmana, la cual se fundó en el país con una licencia oficial en 1946. Los hachemitas encontraron en el movimiento aquello que anhelaban: legitimidad religiosa y popular. La Hermandad Musulmana también constituyó una piedra angular de los “esfuerzos por defender y proteger la patria de la expansión izquierdista en ese momento”, citando al rey Hussein (Al-Shalabi, 2011). También fueron cruciales en la oposición al nacionalismo naserista, como cuando el partido nacionalsocialista ganó el primer y único Gobierno democráticamente elegido del país, la Hermandad Musulmana respaldó el "golpe preventivo" del rey Hussein en 1957. Estas políticas de la Guerra Fría han moldeado el conservadurismo religioso de Jordania y han creado un entorno perfecto para el surgimiento de movimientos islámicos de varios tipos, como el salafismo. Este último movimiento, que es la fuente ideológica de muchas organizaciones terroristas, ha encontrado en Jordania, durante décadas, un centro líder para la producción intelectual del movimiento (Al-Shalabi, 2011).

Otro ejemplo interesante es el surgimiento de la Casa de Saud. A mediados del siglo XIX, cuando la familia Saud solo reinaba en Najd, en la actual península arábiga central, los británicos se dieron cuenta del potencial que tenían los wahabíes para desintegrar el Imperio Otomano. Por lo tanto, en 1865, pusieron a la familia Saud – y, por consiguiente, al wahabismo- en la nómina del Imperio Británico. Más adelante, en 1915 los británicos y saudíes firmaron un tratado por el cual Reino Unido le dio a Ibn Saud 20.000 libras, un estipendio mensual de 5.000 libras y una gran cantidad de rifles y ametralladoras, destinados a atacar a los otomanos (Rogan, 2017). Más tarde, en una entrevista con el Washington Post en 2018, el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman dijo que la propagación del wahabismo financiada por Arabia Saudí, como las inversiones en mezquitas y madrasas en el extranjero, tenían sus raíces en la Guerra Fría, cuando los aliados [occidentales] pidieron a Arabia Saudí utilizar sus recursos para evitar incursiones en países musulmanes por parte de la Unión Soviética (DeYoung, 2018).

Mohamed bin Salman
PHOTO/REUTERS - El Príncipe Heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salman

Otro ejemplo sorprendente es el de cuando el Sha de Irán fue derrocado en la Revolución de 1979 por grupos religiosos y fuerzas de izquierda, Estados Unidos respaldó el establecimiento del islam político apoyando el liderazgo del ayatolá Jomeini. Además, los medios occidentales promovieron su regreso del exilio en París. Todo esto, con el objetivo de evitar a toda costa el auge del comunismo en el país.

Finalmente, requiere importancia recordar que, con el apoyo militar y financiero de Estados Unidos y Arabia Saudí, se formaron Ejércitos religiosos en Afganistán y Pakistán para librar la Jihad. En el caso de Afganistán, el Gobierno, llamado PDPA, estaba respaldado por la URSS, por lo que USA favoreció la formación de los muyahidines afganos para oponerse al gobierno del PDPA, con la asistencia militar saudí y paquistaní.
Además, documentos desclasificados revelan cómo la unidad de propaganda de Reino Unido realizó propaganda religiosa en sitios como escuelas y universidades y utilizó los sermones de los viernes en las mezquitas para difundir mensajes anticomunistas por todo Oriente Medio; y además hablan de "operaciones religiosas" en la lucha contra el comunismo (Cobain, 2020). 

Madrassa Afganistán
PHOTO/REUTERS - Los hombres leen el Corán en una madrasa, o escuela religiosa de Kabul, Afganistán, el 23 de febrero de 2020
Conclusión

Como conclusión, se podría decir que en Occidente no solo fuimos partícipes de la radicalización de esta “bestia desconocida e impredecible”, sino también que nuestros antepasados utilizaron a sus anchas lo que hoy tanto nos atemoriza, la Jihad. La creciente radicalización de la derecha entre las poblaciones musulmanas y, en menor medida, en la diáspora musulmana en Occidente, se remonta a la era de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos colaboró con el islam político a través de Estados poscoloniales. Finalmente, la actual Guerra contra el Terrorismo - War on Terror -, es decir, la guerra contra el islam militante es una rama de aquel árbol que sembró Occidente en la Guerra Fría con el islam político. 

Referencias:

1.    Cherfils, C. (1914). Bonaparte Et L'islam D'après Les Documents Français & Arabes. Paris: A. Pedone.
2.    Motadel, d. (2012). Islam and the European empires. The Historical Journal, 55(3), 831-856. Retrieved October 30, 2020, from http://www.jstor.org/stable/23263276
3.    Figes, O., (2010) Crimea: The Last Crusade. London: Allen Lane.
4.    Fischer, F. (1967) Germany's Aims in the First World War. New York: W. W. Norton & Co.
5.    Wagemakers, J. (2019) Muslim Brotherhood and Salafism. The Palgrave Handbook of the Hashemite Kingdom of Jordan, P.R. Kumaraswamy, 257-76. Retrieved October 30, 2020, from https://www.academia.edu/41615070/Muslim_Brotherhood_and_Salafism_2019_
6.    Al Shalabi, J. (2011). The Muslim Brothers in Jordan: From Alliance to Divergence. Confluences Méditerranée, 76(1), 117-136. Retrieved from: https://doi.org/10.3917/come.076.0117 
7.    Maussen, M., Bader, V., Moors, A. (2008) Colonial and post-colonial governance of Islam. Amsterdam University Press https://www.imiscoe.org/docman-books/262-maussen-bader-moors-2011/file
8.    DeYoung, K. (2018) Saudi Prince denies Kushner is “in his pocket”. Washington Post
https://www.washingtonpost.com/world/national-security/saudi-prince-denies-kushner-is-in-his-pocket/2018/03/22/701a9c9e-2e22-11e8-8688-e053ba58f1e4_story.html
9.    Wallace. J. (2013) A religious war? Journal of Cold War Studies, Vol. 15 (3), pp. 162-180. Retrieved from: www.jstor.org/stable/26924388. Accessed 31 Oct. 2020.
10.    [Anon.] (2010) CIA Fight Against Communism Bolsters Radical Islam. NPR  https://www.npr.org/2010/06/05/127500908/cia-fight-against-communism-bolsters-radical-islam
11.    Chamberlin, P. (2018) Want to understand Islamic extremism? The answer isn’t in Islam — it’s in the Cold War. The Washington Post. On-line, retrieved from: https://www.washingtonpost.com/news/made-by-history/wp/2018/07/16/want-to-understand-islamic-extremism-the-answer-isnt-in-islam-its-in-the-cold-war/
12.    Amin-Khan, T. (2009) The Rise of Militant Islam.  Third World Quarterly. Vol. 30, No. 4, pp. 813-828 https://www.jstor.org/stable/40388151
13.    Cobain, I. (2020) ‘Religious operations’: How British propagandists used Islam to wage cultural Cold War. Middle East Eye https://www.middleeasteye.net/big-story/religious-operations-how-british-propagandists-used-islam-wage-cultural-cold-war