Los iraquíes refugiados, sin protección y sin hogar al que poder volver

El progresivo cierre de los campos por parte de las autoridades iraquíes ha dejado a más de 100.000 personas en un limbo social
Atalayar_Campamentos Iraq

PHOTO/REUTERS  -   Iraquíes desplazados, que huyeron de los combates entre el ejército iraquí y el Estado Islámico, en un campo de refugiados en Salamiya, Irak

Las autoridades iraquíes han ordenado el bloqueo de múltiples campamentos de refugiados, que servían de refugio a los iraquíes, obligados a desplazarse de sus hogares tras la rápida expansión del Daesh en el año 2014. En esta línea, más de 6 millones de iraquíes se desplazaron, forzados a huir del terrorismo yihadista. Desde entonces, 4,8 millones ya han regresado a sus hogares, pero más de 1,2 millones de personas continúan en condiciones de desplazados internos.

De la cifra total de refugiados internos, se estima que 250.000 personas vivían en los campamentos donde han podido cubrir sus necesidades más básicas, desde disponer de una suerte de alojamiento hasta poder recibir atención sanitaria y servicio escolar. 

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PHOTO/AFP - Campamento de Al-Jadaa en las afueras de al-Qayyarah, al sur de Mosul

El plan adoptado por el Ministerio de Migración y Desplazamiento ha estipulado el cierre progresivo de todos los campamentos en las gobernaciones durante el transcurso del año 2021 y posteriormente, la clausura de los 26 campamentos construidos en la región del Kurdistán iraquí. En este sentido, los campamentos de Bagdad, Kerbala, Divala, Suleimaniya, Anbar, Kirkuk y Nínive, a las afueras de Bagdad, ya han sido cesados.

De acuerdo con ACNUR, el bloqueo de estos campamentos ha obligado a más de 100.000 refugiados a volver a sus antiguas viviendas, reducidas en la actualidad a escombros tras la destrucción ejercida por el Daesh. En esta línea, el Consejo Noruego de los Refugiados se ha mostrado “extremadamente preocupado” por el cierre de estos campos, que, según denuncia, no dejan apenas tiempo para que sus habitantes puedan preparase, lo que les conduce a tener que salir de los campos y obligarse a vivir sin ningún tipo de amparo. 

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AFP/FADEL SENNA - vista general del campo de refugiados del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Hammam al-Alil, en las afueras de Mosul

El principal reto al que se han tenido que enfrentar los refugiados iraquíes tiene que ver con la propia manutención. ACNUR informa que al no disponer de materiales y equipos agrícolas no pueden cultivar la tierra y no cuentan con fuentes alternativas de ingresos. Junto a esto, la falta de empleo y de oportunidades dificulta la situación de las familias que vivían en los campos y agrava las condiciones para que puedan volver a reconstruir una vida.

Además, no existe un plan de reintegración y de reconstrucción de la zona por lo que estos desplazados no cuentan con soluciones tangibles a corto ni a medio plazo. La Comisión de Derechos Humanos iraquí ha afirmado que “el retorno forzoso de los desplazados pone en riesgo la vida de miles de personas”. 

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PHOTO/AFP - Edificio destruido durante los combates con los yihadistas del grupo Daesh en la batalla de 2017 por la ciudad, en la ciudad iraquí de Mosul, el 26 de mayo de 2021

Unido a estos datos, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ha declarado que casi la mitad de los afectados han acabado viviendo en las afueras de las zonas urbanas en condiciones precarias, sin tener cubiertas las necesidades básicas y sin contar con la ayuda gubernamental.

Una mujer refugiada en uno de los campamentos establecidos, Abu Walid, ha afirmado al medio árabe Al-Arab que "los servicios que se brindan en el pueblo son muy modestos, especialmente el trato", y señaló que "el gobierno no nos ofreció ninguna ayuda”.

En esta línea, el portavoz del Ministerio de inmigración iraquí, Alí Jahangir, ha resaltado que la mayoría de las ciudades iraquíes se encuentran con faltas de servicios básicos lo que se convierte en “un problema general” y no se limitaría exclusivamente “a las áreas que fueron testigos de desplazados”. 

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PHOTO/AFP - Campamento de Al-Jadaa en las afueras de al-Qayyarah, al sur de Mosul, el 11 de febrero de 2021

La proclamación oficial de la victoria de Iraq sobre el Daesh en noviembre del 2017 abrió una nueva etapa en el país que no ha estado exenta de crisis. En el sector económico, la fuerte dependencia iraquí del petróleo y el consiguiente parón económico que ha sufrido el crudo tras verse depreciado por la pandemia de la COVID ha golpeado a la economía iraquí, ya de por sí poco diversificada.

Por otro lado, el deterioro social derivado de la crisis económica y social han empeorado las condiciones de vida de un país en el que la clase política, marcada por la corrupción y el sectarismo de la élite iraquí ha sido incapaz de resolver los problemas que asolan a la población desde hace décadas. 

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PHOTO/REUTERS - Un hombre carga a su hija mientras camina desde una parte de Mosul controlada por el Estado Islámico hacia los soldados de las fuerzas especiales iraquíes 

Además, a pesar de la derrota del Daesh, la organización terrorista ha derivado en una estructura que ha adoptado diferentes caras que dificultan la detección de posibles amenazas terroristas. Daesh ha conseguido ir restaurando parte de su capacidad operativa en zonas rurales del país y poco a poco han ido ganando terreno hasta acercarse peligrosamente a zonas más urbanas.

Asimismo, el anuncio por parte de la Casa Blanca de la retirada de las tropas estadounidenses del suelo iraquí augura un nuevo futuro en el cual, si el primer ministro, Mustafa al-Kazemi, no consigue aportar y ejecutar soluciones a los múltiples frentes a los que el país se enfrenta, Iraq volverá a desenvolverse en una espiral de crisis y ruinas, contexto idóneo para que el Daesh vuelva a desplegarse desde una diferente perspectiva, pero no por ello menos eficaz.