Los retos del nuevo enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental

El veterano Staffan De Mistura encara una extensa nómina de frentes abiertos entre Marruecos y el Frente Polisario en su último baile diplomático
De Mistura

REUTERS/DENIS BALIBOUSE  -   El enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura

Un inusitado clima de tensión y desesperanza sobrevuela la inefable región del Sáhara Occidental. El mismo microclima se esparce a lo largo de la provincia argelina de Tinduf, zona situada a escasos kilómetros del conflicto abierto entre Marruecos y el Frente Polisario, en liza por el control del territorio 40 años después de la retirada de España, y sobre la que habitan miles de refugiados saharauis.

Los denodados esfuerzos de Naciones Unidas, que considera al Sáhara Occidental como un “territorio no autónomo” pendiente de descolonización, pero del que, al mismo tiempo, no reconoce potencia administradora, han caído en saco roto. Las partes involucradas, entre las que se incluye tanto a Argelia como a Mauritania, no así España, se han mostrado incapaces de desencallar una disputa con tintes históricos.

La Resolución 2548 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el 30 de octubre de 2020, reafirmó el compromiso de Naciones Unidas por “ayudar a las partes a alcanzar una solución política justa, duradera y aceptable para todas, basada en la avenencia, que prevea la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental en el marco de disposiciones conformes a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas”, pero no atenuó las tensiones.

Tampoco la MINURSO (La Misión de las Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental) ha conquistado ningún avance en todo este tiempo. La ONU aboga por una consulta de autodeterminación, en principio prevista para 1992; Marruecos, sin embargo, ha dilatado en el tiempo la celebración de dicha votación y ha propuesto en su defecto un plan de autonomía limitada para la región.

MINURSO
PHOTO/ARCHIVO  -  Un helicóptero transporta a los integrantes de la MINURSO en la zona militarizada del Sáhara Occidental

Menos suerte si cabe ha tenido la extensa nómina de enviados especiales por Naciones Unidas al Sáhara Occidental, que se han topado con un férreo inmovilismo. El último diplomático en abandonar el puesto fue el expresidente alemán Horst Köhler, quien renunció en mayo de 2019, desquiciado ante un conflicto enquistado y aparentemente irresoluble con características similares a la división de la isla de Chipre, pero de menor gravedad que los conflictos en Libia o Siria.

Dos años después de la parálisis institucional, el Sáhara Occidental conoció el pasado 6 de octubre el nuevo perfil encargado de acercar a Marruecos y al Frente Polisario en la disputa sobre una franja costera rica en fosfatos y bancos pesqueros de la que el Reino alauí controla el 80% del territorio y donde trata de establecer un centro de comercio a escala internacional.

Staffan Domingo De Mistura (Estocolmo, 1947) fue la figura designada por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para sustituir al dimisionario Köhler. El diplomático italo-sueco se convirtió en la última bala en la recámara, pues apenas ocupaba espacio en las quinielas. Tanto es así que hasta 12 candidatos previos fueron rechazados por Marruecos, el Frente Polisario o, en su defecto, el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por lo que De Mistura ha sido el único con la capacidad de poner de acuerdo a Marruecos con el Frente Polisario. Aunque Rabat ha tardado en aceptar su candidatura, el diplomático de 74 años contó desde el inicio con el visto bueno de los saharauis. Las pretensiones del Consejo de Seguridad quedaron asimismo satisfechas con su perfil, que aporta cuatro décadas de experiencia y un marcado enfoque humanitario.

Marruecos
PHOTO/ARCHIVO  -  Miembros de la MINURSO recorriendo el Sáhara Occidental

En su extensa y prolífica carrera diplomática, De Mistura ha ejercido como director del Centro de Información de Naciones Unidas en Roma (2000-2001), representante personal del secretario general de la ONU para el Sur del Líbano (2001-2004), representante Especial del secretario general en Irak (2007-2009) y Afganistán (2010-2011) y, en última instancia, como enviado especial de las Naciones Unidas para Siria. Un puesto que abandonó en 2019.

Su amplia trayectoria en las filas de Naciones Unidas le ha hecho conocer de primera mano disputas en países como la extinta Yugoslavia, Ruanda, Sudán, Somalia e Irak. Aunque De Mistura también tocó moqueta durante su discreta aparición en la política italiana. En 2013, el diplomático actuó como viceministro de Exteriores para el entonces primer ministro italiano, Mario Monti. Una experiencia que duró menos de 30 días.

De Mistura arrastra sin embargo una gruesa una mancha en su historial. Durante su desempeño como enviado especial en Siria, el italo-sueco trató de conformar un comité de unidad nacional que integraba tanto a opositores del régimen de Al-Asad como a miembros de su Gobierno. El plan, frustrado a las primeras de cambio, provocó un alud de críticas contra su persona en las que le acusaban de colaboracionista y de plegarse a los intereses de Rusia.

Finalmente, De Mistura anunció en octubre de 2018 que dejaría su cargo a finales de noviembre por “razones personales”. De la misma forma que Kofi Annan y Lakhdar Brahimi, sus predecesores en Siria, el diplomático abandonó el país sin éxito. Y, antes de recalar en su nuevo destino, el diplomático se desempeñó como profesor en la Paris School of International Affairs (PSIA) en Sciences Po Paris y como miembro visitante del Instituto Jackson para Asuntos Globales en la Universidad de Yale.

Frentes abiertos

Sus nuevos compromisos serán sin duda mucho más complejos. De Mistura asumirá la responsabilidad única y exclusiva sobre los asuntos relacionados con la celebración del referéndum y, aunque la MINURSO respaldará sus funciones, cargará en última instancia con todo el peso del devenir de los acontecimientos como máximo representante de las Naciones Unidas. En definitiva, el diplomático tendrá que bregar con un conflicto encallado y con cada vez más frentes abiertos.

Ghali
PHOTO/ARCHIVO  -  El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali

La última ronda de negociaciones entre Marruecos y el Polisario se produjo en 2019 sin avances significativos. Ese mismo año, Köhler había convocado a las partes involucradas en el conflicto a mantener una reunión en Ginebra, con la novedosa participación de Mauritania y Argelia. El escaso éxito provocó que las tensiones emergieran de nuevo en noviembre de 2020, fecha en que el Frente Polisario puso fin al alto el fuego de tres décadas y reabrió una guerra que se ha mantenido en baja intensidad.

Un año después, De Mistura se verá influido por las recientes tensiones entre Marruecos y Argelia, que formalizaron su desencuentro el pasado 24 de agosto a raíz de las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores argelino, quien formalizó con el respaldo del presidente Tebboune la ruptura de sus relaciones bilaterales con el Reino alauí. En este sentido, el diplomático deberá moderar la interlocución entre las partes, un escenario en que Argelia ejerce presión en favor del Frente Polisario.

Marruecos ha acusado en reiteradas ocasiones a Argelia de suministrar armas, municiones y entrenamiento militar al Frente Polisario, acusaciones sobre las que el grupo no ha llegado a pronunciarse. Este respaldo se explica por la prolongada rivalidad entre Rabat y Argel, que combaten por la hegemonía regional desde hace décadas. Una baza que Argelia pretende utilizar para desestabilizar a Marruecos.

En juego, para disgusto de De Mistura, también se cruzan los intereses de las empresas extranjeras, preocupadas por la seguridad de la región, y la reciente sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE), que tumbó los acuerdos pesqueros entre Marruecos y la Unión Europea por operar sin el consentimiento del Frente Polisario en aguas del Sáhara Occidental. Empieza el baile.