Luis Irastorza: “El nivel de conciencia hacia el cambio climático es mayor en nuestro país que en la mayoría del resto de la UE”

El socio director de TECNOPEN y vicepresidente del Green Building Council de España habla para Atalayar del candente asunto de la emergencia climática y del libro ‘Cambio climático y pueblos indígenas’
Luis Irastorza, ingeniero, socio-director de TECNOPEN y vicepresidente de Green Building Council

PHOTO/ATALAYAR/GUILLERMO LÓPEZ  -   Luis Irastorza, ingeniero, socio-director de TECNOPEN y vicepresidente de Green Building Council

La COP25 que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de diciembre y trajo consigo iniciativas de cambios a nivel medioambiental para la búsqueda de consensos y acuerdos por parte de los diferentes países que asistieron a la misma, con el fin de reducir las emisiones de CO2, así como impulsar y hacer efectivas todas las medidas necesarias para reducir la contaminación generada. Una de las realidades más urgentes y menos escuchadas es que el empeoramiento de las circunstancias climáticas del planeta está desencadenando el desplazamiento de pueblos de sus lugares de origen porque estos se hacen cada vez más inhabitables. Aunque la emergencia es claramente de todos, aquellos que no poseen los suficientes medios y recursos para cambiar de hábitat son los más afectados. 

Solo el año 2018, según el Centro para el Monitoreo del Desplazamiento Interno, 17,2 millones de personas se vieron obligadas a huir dentro de sus propios países debido a desastres y peligros relacionados con el clima; como tormentas, ciclones, inundaciones, sequías, incendios forestales y deslizamientos de tierra.

En este caso existe la voz autorizada del ingeniero de Puentes, Caminos y Canales por la Universidad Politécnica de Madrid Luis Irastorza Ruigómez, actualmente socio-director de TECNOPEN, (cuya actividad empresarial está  dedicada al asesoramiento energético integral de proyectos de edificación desde la fase de diseño hasta la monitorización del edificio una vez ocupado), quien cuenta con un excelente recorrido profesional, habiendo sido director general y vicepresidente de la compañía EDIFESA (Grupo PAVASAL) desde el año 2015-2018, considerada de las más  importantes empresas constructoras del país; así como consejero delegado desde 1997 de DESARROLLO URBANÍSTICO CHAMARTÍN, S.A. (DUCH), de la Sociedad del Grupo BBVA, hasta el año 2014.
El señor Irastorza actualmente ostenta los cargos de vicepresidente del Green Building Council de España, miembro de la Comisión Nacional de Ciudad, Territorio y Cultura del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y miembro de la Comisión Ejecutiva en España del URBAN LAND INSTITUTE (ULI), responde a las preguntas hechas desde la revista Atalayar sobre la realidad del cambio climático y sus consecuencias y la acción de España en los planes ratificados en la COP25; y todo ello haciendo una aproximación al libro en el que comparte autoría con otros expertos en la materia y que se titula ‘Cambio climático y pueblos indígenas’ editado por McGraw Hill, en 2019.

Luis Irastorza Ruigómez también es autor del libro ‘Las ciudades del siglo XXI’ (Fundación Esteyco, 2012), un ensayo sobre los fundamentos socio económicos, tecnológicos, energéticos y climáticos. Además, ha sido uno de los ‘Seis ingenieros vivos’, libro escrito por César Lanza y editado por Fundación Aula Roa en 2011; en el que se seleccionó a los seis ingenieros que, en su opinión, eran los más capacitados para hacer frente a los retos y desafíos técnicos que demanda la sociedad en el siglo XXI. 

También es coautor del libro ‘Ciudades y energía’, editado por el Club Español de la Energía en 2017, en el que se intenta trazar una hoja de ruta para la descarbonización de las ciudades; en este ha escrito una gran parte del Capítulo 5 titulado ‘Hacia una edificación sostenible’.

Además, es el redactor principal del documento del Colegio de Ingenieros de Caminos titulado ‘Ciudades del futuro. Propuestas desde la ingeniería’, de abril de 2016, donde se proponen una serie de 80 medidas de transformación en las ciudades. 

Lo consideramos el candidato idóneo para explicarnos mejor entramado del cambio climático y sus consecuencias desde su propia coautoría en el libro recientemente publicado.

¿Cuál es el objeto del libro?

El objeto del libro es mostrar las profundas asimetrías que se derivan del calentamiento global con un caso particularmente dramático, en el que la población kuna puede llegar a perder el hábitat en el que han vivido desde tiempo inmemorial como consecuencia del aumento del nivel del mar.

Esta asimetría de impactos se produce en todos los lugares, al haber áreas geográficas cuyas poblaciones van a tener impactos muy negativos, incluso con incrementos de temperatura relativamente pequeños. En realidad, los impactos climáticos dependen de dos factores: por un lado, de la magnitud de los cambios que deriven del calentamiento global y, por otra, de la vulnerabilidad de las poblaciones y de su capacidad de adaptación que, a su vez, depende, en gran medida, de su nivel de desarrollo.

Luis Irastorza
PHOTO/ATALAYAR/GUILLERMO LÓPEZ - Luis Irastorza, ingeniero, socio-director de TECNOPEN y vicepresidente de Green Building Council

¿De dónde le ha venido la preocupación por escribir de un pueblo tan alejado de nuestro país?

El arquitecto y amigo personal, Juan Manuel Ros, había sido invitado varias veces a dar cursos de verano por la Universidad Tecnológica de Panamá. A partir de ahí, conoció la problemática de la población kuna, que vive en el archipiélago de San Blas, a lo largo de la costa de Panamá y Colombia. Estuvo visitando varias veces a los habitantes de estas islas y tomó conciencia de la magnitud del problema.

Contactó conmigo para analizar la posibilidad de escribir un documento conjunto sobre esta problemática. A medida que fui profundizando en el tema, fui dándome cuenta de que la cultura kuna estaba amenazada por el inexorable aumento del nivel del mar, que, además, se está acelerando. Solicitamos información topográfica a la Tecnológica de Panamá, pero no fue posible obtener información alguna. Finalmente decidimos escribir un artículo, que con toda la información recogida y con el análisis realizado finalmente se convirtió en un libro. También hemos publicado un artículo algo más resumido y centrado en los aspectos biofísicos en la prestigiosa revista Ciudad y Territorio.

La población kuna, que asciende a unas 80.000 personas actualmente, vive en la comarca Kuna Yala, de unos 3.260 km2, configurando un corredor de unos 226 km de largo, que incluye el archipiélago San Blas, constituido por 365 islas con un amplio espectro de formas y tamaños, de las que únicamente 45 están pobladas. Reivindican una relación armoniosa y equilibrada entre cultura y medio ambiente, revalorizando y fortaleciendo su identidad cultural, que emana desde la Madre Tierra.

Luis Irastorza

La comunidad Kuna lleva varios años reclamando una actuación para mitigar los efectos de la elevación del mar, que pone en riesgo de desaparición una parte importante de su cultura, al considerar que no han tenido responsabilidad alguna en los efectos que están empezando a sufrir e intuyendo un futuro sombrío en sus condiciones de vida. En síntesis, ¿cuáles son las conclusiones que pueden extraerse del libro?

La conclusión principal del libro es que la población kuna que vive en el archipiélago de San Blas puede perder su hábitat como consecuencia del incremento acelerado del nivel del mar, algo que resulta verdaderamente dramático. Lo más injusto de esta cuestión es que esta comunidad apenas tiene responsabilidad en lo que está ocurriendo. 
Es un tema poco conocido al no tener la kuna suficiente influencia en los medios de comunicación, lo que da idea de que las noticias que recibimos no son una representación fehaciente de lo que ocurre en el mundo. Si la kuna fueran una población europea o estadounidense, todos seríamos conocedores del drama que están viviendo por la incertidumbre de su futuro. El futuro siempre es incierto, pero en este caso lo es mucho más.

El nivel del mar está aumentando a un ritmo de 3,2 mm/año desde 1992, pero se está acelerando y el informe de Océanos y Criosfera publicado el pasado mes de septiembre por el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas) ha estimado que dicho aumento en el periodo comprendido entre 2006 y 2015 ha sido de 3,6 mm/año. Ello se debe, por un lado, al deshielo de los glaciares y de las placas de hielo de Groenlandia y de la Antártida y, por otro, al incremento de volumen al aumentar la temperatura del océano.

Este incremento depende mucho del escenario de emisiones, pudiendo llegar a superar los 10 mm/año en algunos escenarios. Por otro lado, existe una notable incertidumbre en que se produzcan una aceleración mucho mayor si se superan determinados umbrales, que la ciencia no es capaz de determinar, especialmente con la placa de hielo de la Antártida. Aunque no parece, con el conocimiento científico actual, que dichos fenómenos de inestabilidad puedan producirse a lo largo de este siglo. En todo caso, no conviene olvidar que la placa de hielo de la Antártida existe sólo desde hace 35 millones de años y que su deshielo completo produciría un aumento del nivel del mar por encima de los 60 metros, mientras que el deshielo de la placa de Groenlandia elevaría el nivel del mar en unos 7 metros.

Luis Irastorza

¿Qué otras poblaciones son afectadas por la elevación del nivel del mar?

La elevación del nivel del mar pone en riesgo el hábitat de muchas poblaciones en el mundo, mayor cuanto más grande sea dicha elevación. Actualmente viven 680 millones de personas (cerca del 10% de la población mundial) en zonas de costa baja, de las que unos 65 millones viven en pequeños estados insulares. Ejemplos de ello son los Estados de Fiji, Kiribati, Seychelles, las Islas Marshall o Bangladesh. 

Los devastadores efectos causados por la elevación del nivel del mar en estas poblaciones, entre las que están los kuna, es la causa principal de que se haya establecido en el Acuerdo Climático de París de 2015 el objetivo de realizar los mayores esfuerzos para que el incremento de temperatura en la superficie de la Tierra no supere 1,5ᵒC sobre la época preindustrial.

Luis Irastorza

Y centrando el tema de las consecuencias del calentamiento global en nuestro país, ¿cuáles son las consecuencias más relevantes que se derivan de él?

Nuestro país es, sin duda, uno de los más negativamente afectados de Europa. Esta es una de las razones por las que el nivel de conciencia hacia los efectos negativos del cambio climático es mayor en nuestro país que en la mayoría del resto de países de la UE. 

Sin duda, el efecto más negativo en nuestro país es la previsión de una considerable disminución de la cantidad de agua disponible. Ello es consecuencia de los fenómenos que derivan del cambio climático: por un lado, los modelos climáticos prevén, de una forma bastante consistente, que la precipitación va a disminuir considerablemente en el futuro, dependiendo del escenario de emisiones. Y, por otro, al aumentar la temperatura, se produce una mayor evaporación y, a la vez, un mayor consumo tanto en la agricultura como en el riego.

Los modelos climáticos también prevén una mayor frecuencia e intensidad de los periodos de sequía, así como un aumento de los fenómenos de precipitación extrema, como el registrado después del verano en la zona de Murcia y Alicante, que produjo daños muy importantes.

Por otro lado, el aumento del nivel del mar puede producir daños, sobre todo en la costa mediterránea, al ser una costa baja. 

En las últimas semanas se ha celebrado la COP25 en Madrid bajo la presidencia de Chile; ¿cuáles han sido, en su opinión, las principales conclusiones y avances que se han producido en esta cumbre climática?

La COP celebrada recientemente en Madrid bajo la presidencia de Chile era claramente una cumbre de transición y tenía dos objetivos principales; primero, cerrar el reglamento que debe regular los mercados de carbono; y, segundo, conseguir que un mayor número de países asumieran la obligación de presentar unos compromisos de emisiones (NDCs) a 2030 más ambiciosos para la COP de Glasgow de 2020, de forma que se pueda conseguir que los objetivos de incremento de temperatura, considerablemente por debajo de 2ᵒC, y la realización de los mayores esfuerzos para que no supere 1,5ᵒC sean compatibles y consistentes con dichos NDCs.

Hay que reconocer que ninguno de los dos objetivos se ha cumplido de forma completa, por lo que no puede decirse que esta Cumbre haya sido un éxito.

Sin embargo, a nivel personal, ha resultado un enorme privilegio poder debatir y cambiar impresiones y experiencias con las personas más relevantes y conocedores del mundo, como, por ejemplo, con Björn Stevens, director del departamento de meteorología de Max Planck, con la vicepresidenta del 6º Informe de Evaluación del IPCC, con varios ministros de Medio Ambiente o con indígenas de islas del Pacífico amenazados por la elevación del nivel del mar, como ocurre también con los kuna.

 

¿Cuáles son las razones del liderazgo de la UE en la lucha contra el cambio climático? ¿No es una postura demasiado arriesgada y que puede resultar finalmente demasiado costosa para sus ciudadanos?

La apuesta de la UE tiene una componente de liderazgo moral frente al mundo y, también, una componente de querer recuperar el liderazgo que tuvo hace no muchos años, quizá hasta mediados del siglo pasado.

En estos momentos, los dos países que están ejerciendo el liderazgo mundial son, sin ninguna duda, por un lado EEUU, donde se ha iniciado una auténtica revolución tecnológica y cuyas empresas tienen una clara posición de liderazgo en los campos de la inteligencia artificial, ‘big data’, digitalización y coche eléctrico, entre otros; y, por otro, China, con una apuesta tecnológica muy fuerte en campos como las baterías eléctricas o los paneles fotovoltaicos, con unas grandes perspectivas de futuro.

Europa se ha quedado un poco atrás en esta pugna y quiere recuperar el liderazgo apostando por desarrollar la tecnología y las empresas que sean capaces de hacer frente al cambio climático.

¿Qué opinión tiene del pacto verde europeo que acaba de aprobar la Comisión Europea? ¿Le parece suficientemente ambicioso para conseguir que las temperaturas no aumenten por encima de unos determinados niveles?

El Pacto Verde Europeo (European Green Deal) es, sin duda, la gran apuesta europea por recuperar una parte del liderazgo mundial. Fue aprobado por la Comisión Europea el miércoles 11 de diciembre y, al día siguiente, por el Consejo Europeo. Todavía queda la aprobación del Parlamento Europeo para que entre en vigor. Su desarrollo va a requerir una nueva vuelta de tuerca de todo el marco regulatorio de la energía.

Me parece un plan muy ambicioso, cuyo objetivo es la descarbonización completa de todos los sectores de la economía para 2050, lo que va a producir una profunda transformación de esta.

Algo que me parece muy acertado es la introducción del concepto de transición justa, así como la creación de un fondo para apoyar a los sectores más desfavorecidos, como podrían ser las áreas geográficas donde haya centrales térmicas o minas de carbón que deben ser cerradas en los próximos años. Y es que no podemos olvidar que la transición energética va a tener un coste elevado y que dicho coste no va a repartirse de forma homogénea, de alguna forma bastante similar a lo que ocurre con la elevación del nivel del mar, con efectos muy asimétricos en el mundo.

¿Le parecen adecuados el nivel de compromiso y las actuaciones que está desarrollando nuestro país?

En estos momentos, España está teniendo una clara posición de liderazgo en la lucha contra el cambio climático. Botón de muestra de ello es la celebración de la reciente COP, algo que no hubiera sido posible sin el ofrecimiento de nuestro país para albergarlo sin ejercer la presidencia de esta. Y todo ello en escasas cuatro semanas, algo que probablemente ningún otro país habría sido capaz de conseguir.

La persona que ha venido ejerciendo este tiempo de ministra en funciones de Transición Ecológica, Teresa Ribera, es una figura que conoce en profundidad todos los aspectos del cambio climático, muy respetada a nivel internacional por su capacidad de llegar a acuerdos. Desde que se hizo cargo del Ministerio de Transición Ecológica, no hay duda de que le dio un impulso muy grande a temas que iban con mucha lentitud, como, por ejemplo, la regulación del autoconsumo eléctrico.

Otro ejemplo del liderazgo de nuestro país en la lucha contra el cambio climático es que el borrador de Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 -auténtico instrumento de transformación de nuestra economía en una economía neutra en carbono-, fue considerado por la Comisión Europea como el más ambicioso de los 27 planes presentados por los Estados miembros de la Unión (el Reino Unido no presentó ningún Plan), aunque en su informe solicitó a nuestro país que desarrollara en mayor detalle los planes y programas para conseguir los objetivos tan ambiciosos que dicho PNIEC establece.