Más de 54.000 argelinos han sido perseguidos por terrorismo desde los años 90

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Paco Soto

Pie de foto: Fuerzas militares argelinas se entrenan en la lucha antiterrorista.

Un total de 54.457 argelinos fueron perseguidos por terrorismo por la Justicia desde la década de los 90 del siglo pasado. Así lo anunció recientemente, en el Senado, el ministro de Justicia, Tayeb Louh. Es la primera vez que las autoridades argelinas comunican una información global sobre terrorismo a partir de una base de datos creada en 2014. Los datos, según explicó el ministro, engloban a personas que han sido condenadas y que todavía no han sido juzgadas, e incluso a terroristas amnistiados por el Estado en el marco de la política de reconciliación que puso en marcha a partir del año 2000 el presidente del país, Abdelaziz Bouteflika.

La base de datos también incluye a miembros de grupos terroristas que murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. La Justicia argelina pronunció centenares de penas capitales contra acusados de terrorismo, pero desde 1993 ninguno de los condenados fue ejecutado. En su comparecencia ante los senadores del Consejo de la Nación, el titular de Justicia no quiso dar muchos detalles sobre la base de datos puesta en marcha, pero valoró positivamente el combate llevado a cabo por los aparatos coercitivos del Estado contra los grupos terroristas de inspiración salafista.

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Pie de foto: Policías y bomberos trabajan entre los escombros tras un atentado en Argelia.

Conflicto civil

La ley de reconciliación nacional impulsada por Bouteflika desembocó en la amnistía de 6.000 terroristas del Ejército Islámico de Salvación (AIS), brazo armado del partido Frente Islámico de Salvación (FIS). Desde principios del año 2016, las Fuerzas Armadas, según sus portavoces, neutralizaron a 350 terroristas, y llevaron a cabo una intensa labor de vigilancia de la frontera con Libia, para evitar la entrada de yihadistas en territorio argelino, y también en las zonas donde se ubican los principales centros de producción de gas y petróleo del país. La década de los 90 fue trágica en Argelia. El FIS, que ganó las elecciones municipales de 1990 y la primera vuelta de las legislativas de 1991, fue declarado ilegal por el poder, y un autogolpe militar organizado por el presidente Chadli Benyedid anuló el proceso electoral. En este contexto político, se intensificaron los combates entre el AIS y las fuerzas policiales y militares.

Tras varios años de violencia y después de haber firmado un acuerdo a favor de la paz con otras fuerzas políticas argelinas, en el marco de la Plataforma de Roma, y un alto el fuego, el FIS renunció a la luchar armadas contra el poder. Mientras, aparecieron otros grupos salafistas más crueles y sanguinarios: primero el Grupo Islámico Armado (GIA) y después una escisión de esta organización, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Los enfrentamientos entre el Estado y los grupos terroristas desencadenaron un conflicto civil que acabó con la vida de 200.000 personas.

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Pie de foto: El ministro de Justicia de Argelia, Tayeb Louh.

Terror de baja intensidad

Varios partidos de oposición, como el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), que desempeñó un papel crucial en la Plataforma de Roma, ONG defensoras de los derechos humanos y oficiales de las Fuerzas Armadas arrepentidos acusaron a los servicios secretos militares de haber manipulado algunos atentados de los grupos terroristas en los años 90. A partir del año 2000, la política de reconciliación nacional del presidente Bouteflika tuvo un efecto parcial pero real en la lucha antiterrorista. Los golpes de las fuerzas policiales y militares a los grupos salafistas, el cansancio de la población ante tanta violencia, la colaboración internacional, sobre todo con países como Estados Unidos, Francia y España, y el paso del tiempo jugaron a favor de la estrategia del Estado.

En la actualidad, el terrorismo sigue siendo un problema serio en Argelia, incluso en una región tradicionalmente rebelde y hostil al poder central y al salafismo combatiente como la berberófona Cabilia, pero no tiene ni la intensidad ni la gravedad de la década de los 90. En este sentido, las autoridades argelinas aseguran que el terrorismo es una lacra que está bajo control y ya no es una amenaza para la estabilidad del país. Cabe destacar que las fuerzas policiales y militares argelinas se han profesionalizado mucho en los últimos años y colaboran estrechamente con expertos en la lucha antiterrorista occidentales.

Túnez, contra el regreso de yihadistas

 Por otra parte, en Túnez, el Gobierno de Yousef Chahed anunció que “no es favorable” a que regresen a su país de origen los yihadistas tunecinos que han estado combatiendo en territorios en conflicto como Siria, Irak o Libia. Los que intenten regresar a Túnez “serán inmediatamente detenidos” y juzgados según la legislación antiterrorista, hizo saber el primer ministro. “Quiero afirmar que el Estado tunecino no ha firmado ningún acuerdo sobre el regreso de terroristas [a Túnez]. La posición del Gobierno es clara: no es favorable al regreso [de yihadistas] de zonas de tensión”, dejó claro Chahed en una declaración difundida por la cadena de televisión pública ‘Wataniya’.

El jefe del Gobierno explicó que el Estado “tiene en su posesión la lista de los terroristas [tunecinos] que están en zonas de tensión y en el seno de organizaciones terroristas”. Según fuentes de Naciones Unidas, unos 5.000 yihadistas tunecinos se encuentran en el extranjero en estos momentos. En Túnez, algunos sectores políticos defienden que el Estado retire la nacionalidad tunecina a los terroristas detenidos, una medida que fue rechazada por el presidente del país, Beji Caïd Essebsi, un laico conservador, porque es contraria a la Constitución.