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Macron reconoce los “crímenes injustificados” de Francia en la atroz represión contra manifestantes argelinos de 1961

El presidente francés se convierte en el primer líder de la V República en conmemorar el asesinato de unos 200 argelinos a manos de la Policía de París seis décadas después
Macron

AFP/YOAN VALAT  -   El presidente francés Emmanuel Macron

A orillas del río Sena, en las inmediaciones del puente parisino de Bizon, ha tenido lugar este sábado la conmemoración del 60 aniversario del asesinato de unos 200 ciudadanos argelinos a manos de la Policía francesa en lo que constituye, según los historiadores, el acto de represión más violento contra una movilización pacífica registrado en la Europa occidental contemporánea.

Por primera vez en seis décadas, un jefe de Estado francés no sólo ha tenido la capacidad de reconocer los hechos, sino que, además, acudió a la ceremonia en recuerdo de las víctimas y denunció los “crímenes injustificados” cometidos contra los argelinos. Aunque Macron no intervino durante el acto, en su defecto guardó un minuto de silencio, depositó una corona de flores en la ribera del Sena, y acompañó a los invitados durante el lanzamiento de rosas blancas al río, para expresarse con posterioridad a través de un comunicado.

Así, Emmanuel Macron se convertía en el primer líder de la V República, constituida en 1958, en conmemorar la tragedia. Sin embargo, el actual presidente no ha sido el primero en pronunciarse sobre esta cuestión. En 2012, el socialista François Hollande reconoció el suceso, algo que sus predecesores en el cargo, desde Charles de Gaulle hasta Nicolas Sarkozy, no habían hecho.

“Los crímenes cometidos esa noche bajo la autoridad de Maurice Papon son inexcusables para la República”, trasladó Macron, en alusión al jefe de la Policía de París que ordenó reprimir con violencia la protesta pacífica del 17 de octubre de 1961 y que, previamente, había participado en las deportaciones de 1.600 judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Una declaración reduccionista que ha decepcionado tanto a activistas como a historiadores, quienes esperaban un reconocimiento del papel del Estado a la hora de encubrir los hechos.

El mandato de Emmanuel Macron se ha caracterizado por sus disculpas veladas por un pasado, el francés, repleto de agravios históricos, algo tan anómalo como loable si atiende a los fines correctos. Primero lo hizo asumiendo la responsabilidad de Francia en el genocidio ruandés, después con el reconocimiento de la devastación de los ensayos nucleares en Polinesia y, en última instancia, con el perdón formal a los harkis, locales que apoyaron al Ejército francés durante la guerra de Argelia.

Guerra de Argelia
PHOTO/AP  -  En esta foto de archivo del 27 de mayo de 1956, las tropas francesas sellan Argel, un barrio árabe de 400 años de antigüedad

Macron también pidió disculpas a Albania cuando, en lugar de sonar el himno de la nación balcánica, se escuchó el de Andorra antes del comienzo de un encuentro entre ‘les bleus’ y la selección de fútbol albanesa. No obstante, el Elíseo puso un límite cuando aseguró en enero que no había “ni remordimientos ni disculpas” por la ocupación francesa de Argelia.

“Francia mira toda su historia con lucidez y reconoce las responsabilidades claramente establecidas”, concluyó el presidente, refiriéndose, entre otros acontecimientos, a aquella fatídica noche de octubre parisina en la que se produjo una masacre que aún tiene eco en el presente.

Entre 20.000 y 30.000 personas se congregaron en las calles de París para marchar en contra del toque de queda nocturno impuesto por las autoridades francesas hacia los ciudadanos argelinos, después de una serie de ataques mortales contra agentes de la Policía. El Frente de Liberación Nacional de Argelia, la formación que lideró la independencia argelina de la metrópoli, había convocado para aquel 17 de octubre de 1961 una movilización que tendría un final trágico.

La Policía de París reprimió con dureza las protestas antes incluso de que pudieran dar comienzo, y detuvieron a unos 12.000 manifestantes, de los que una gran mayoría fueron golpeados hasta morir, disparados o arrojados al Sena, un emplazamiento en el que se pudieron encontrar numerosos cadáveres sin identificar a lo largo de varias semanas. Una versión impugnada por las autoridades francesas, que reconocieron tan sólo tres fallecidos. 

Tensiones

El ‘timing’ también importa. Y Macron lo sabe. El acto se ha producido en mitad de las crecientes tensiones entre Argelia y Francia, que estallaron tras las declaraciones del presidente galo al periódico Le Monde en las que cuestionaba el relato historiográfico de Argelia por no estar basada en los hechos, sino “reescrita por completo y fundamentada sobre el odio a Francia”.

Macron puso en duda, además, la existencia de la nación argelina antes del colonialismo francés. La gota que colmó el vaso y que provocó que el Gobierno argelino llamase de inmediato a consultas al embajador en París y emitiera un comunicado catalogando sus palabras como “irresponsables”, habiendo llevado “un ataque inaceptable a la memoria de cinco millones y 630.000 mártires que se sacrificaron en resistencia heroica contra la invasión colonial francesa y en la Bendita guerra de Liberación Nacional”.