Mali, epicentro del terrorismo yihadista en el Sahel

Análisis de la evolución de la amenaza yihadista en Mali y de la necesidad de la cooperación internacional como recurso para evitar que el fenómeno se expanda aún más en la región saheliana
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El Sahel es la región que cruza desde el oeste de Mauritania hasta Eritrea, pasando por Burkina Faso, el extremo sur de Argelia, Mali, Níger, el norte de Nigeria, la franja central de Chad y de Sudán y la parte norte de Etiopía. Por su amplia extensión territorial no nos debe sorprender que se produzcan importantes problemáticas de seguridad que dan origen a su vez a una gran inseguridad social; más aun teniendo en cuenta que las características sociodemográficas y económicas del continente africano favorecen la coexistencia e interactuación de organizaciones extremistas con distintas milicias étnicas, grupos armados y organizaciones criminales.

Esta coexistencia favorece en gran medida que el mensaje yihadista y la insurgencia armada se extiendan por la región, pues al ambiente de inseguridad habría que añadir la dificultad que tienen los gobiernos del Sahel, ya de por sí frágiles, para establecer un control territorial efectivo de su propio Estado. Desde el inicio del siglo, los grupos yihadistas se han ido expandiendo, estableciendo y controlando territorios a lo largo de todo el Sahel hasta alcanzar África Occidental y el golfo de Guinea, provocando miles de muertos y desplazados, y erosionando el control territorial de los Estados del Sahel al no permitir que sus Fuerzas Armadas y de Seguridad establezcan un control total del territorio estatal.

Por su situación geográfica, el norte de Mali ha sido siempre una tierra de interconexión entre culturas que ha obligado a la coexistencia de dos comunidades distintas: por un lado, los arabo-bereberes que integran a los tuareg y a la etnia peul o fulani; por otro, los negro-africanos (mayoría en el país y representados por la etnia bambara)1. Las fricciones producidas por esta coexistencia no solamente han generado varios intentos de rebelión por parte de los tuareg, sino que, además, han favorecido la expansión del mensaje yihadista en Mali al instrumentalizarse la yihad como alternativa a los lazos étnicos e incluso nacionalistas malienses2.

Así pues, en el presente documento, trataremos de analizar la evolución de la amenaza yihadista en Mali y observar la necesidad de la cooperación internacional como recurso para evitar que el fenómeno se expanda aún más en la región saheliana.

Conflictos étnicos en Mali

Si deseamos entender el actual contexto sociopolítico maliense debemos comenzar observando las propias características geopolíticas del país.

Figura 1. Mapa de Mali. Fuente: Naciones Unidas. La zona señalada se constituye como el centro de Mali que comprende las regiones de Mopti y Ségou.

Aunque es preciso matizar que hablamos de nociones geográficas vagas (pues se engloban realidades diferentes al no existir a día de hoy factores unificadores de las diferentes dinámicas de violencia existentes en el país)3, con objeto de facilitar el estudio de la situación geopolítica del país, podemos dividir Mali en tres zonas diferenciadas por su grado de desarrollo: el norte, prácticamente desértico y despoblado que comprende la zona del Sáhara; el sur, agrícolamente más próspero ya que se encuentra regado por el río Níger y el centro que comprende la zona del Sahel. Existe desde la colonización francesa una fuerte distinción entre norte y sur, pues el desarrollo se materializa únicamente en el sur del país (en torno a Bamako y a las rutas comerciales con el Atlántico); lo cual genera no solamente importantes desequilibrios en las tasas de desigualdad económica y política, sino también una zona central —comprendida por los territorios de Mopti y Ségou— con importantes tensiones provocadas por dos modelos de producción y sociedades distintos.

En general, el Gobierno de Mali controla la zona sur del país y, conforme se asciende hacia el norte, va perdiendo influencia y control sobre el territorio en detrimento de distintos grupos armados, entre los que tienen especial relevancia los grupos yihadistas beneficiados del carácter nómada de las poblaciones islámicas del país.

A esta división geográfica y política habrá que añadirle además otra social, pues la sociedad maliense está lejos de ser homogénea, especialmente cuando los diferentes grupos étnicos existentes poseen modelos de vida completamente opuestos entre sí — los peul practican la ganadería, los bozos la pesca, los bambaras y los dogons la agricultura—, y cuando además se añaden viejos rencores nacidos de una historia de conquistas violentas y esclavitud4.

Esta heterogeneidad provoca no solamente conflictos de intereses, tensión social y asesinatos étnicos, sino que también ha sido un importante caldo de cultivo para el islamismo radical y las insurrecciones populares e intentos de modificar las estructuras de poder existentes como el producido en el año 2012.

Crisis de seguridad en la República de Mali

Precedentes del yihadismo en Mali

A principios del año 2012, una nueva organización, el Movimiento Nacional de Liberación de la Azawad (MNLA), declaró la independencia y establecimiento del Azawad en el norte de Mali como Estado propio.

No era la primera vez que grupos rebeldes tuareg intentaban lograr una insurrección separatista del norte del país. Sin embargo, en esta ocasión gracias al refuerzo en recursos humanos y armamentísticos que los insurgentes recibieron provenientes del vecino conflicto libio, la rebelión logró consolidar no solamente posiciones en el norte, sino también en el centro del país frente a un ejército maliense mal abastecido y entrenado.

Aprovechando las circunstancias y la ventana de oportunidad generada a raíz del movimiento secesionista, varios grupos yihadistas —que en los albores de la rebelión habían ayudado al MNLA a conquistar la región norte de Mali— como Ansar ad-Din (Los defensores de la fe), MUYAO (Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental) y Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) fagocitaron el movimiento independentista tuareg y secuestraron la rebelión en pos de una yihad dirigida desde la sombra por Al Qaeda para imponer el control político y religioso en el país.

En 2012, grandes ciudades del norte de Mali como Tombouctou, Gao y Kidel fueron ocupadas, en primer lugar, por los rebeldes del MNLA y, después, por distintos grupos yihadistas; subrayando de esta forma aún más la división entre el norte y el sur del país, y constituyendo la región central como la separación fáctica entre un sur administrado por el Estado maliense y un norte controlado por el yugo yihadista.

La situación lejos de mejorar, empeoró a partir de 2015 cuando la actividad terrorista se intensificó aún más en la zona central, donde los peul comenzaron a ser fuertemente permeables al discurso yihadista y surgió el llamado Frente de Liberación de Macina (FLM) liderado por Amadou Koufa, denominado Katiba Macina tras su fusión con Ansar ad-Din, y desde 2017 perteneciente a Jama'a Nusrat ul-Islam era al-Muslimin (JNIM) (Grupo de Apoyo al Islam y los musulmanes)5.

Dicho grupo ha experimentado desde 2015 una fuerte expansión y ha logrado el control territorial del centro de Mali, especialmente en zonas difícilmente accesibles para el Gobierno como las regiones regadas por el delta del Níger; siguiendo para ello una estrategia de ejecuciones selectivas de representantes estatales y de personas sospechosas de colaborar con las autoridades malienses, que dio como resultado un control territorial efectivo en las regiones de Mopti y Ségou entre 2015 y 2017.

Beneficiándose de importantes redes de apoyo popular sin necesidad de ejercer una ocupación militar de los pueblos y ciudades, el grupo reemplazó de facto a las autoridades malienses, ofreciendo su protección a las poblaciones localizadas en los territorios ocupados a cambio de la imposición de la sharia y las leyes islámicas.

En definitiva, los yihadistas han encontrado en las zonas rurales del norte y del centro el terreno perfecto para expandir su ideario, conformando milicias locales apoyadas por poblaciones que han encontrado en la yihad el pretexto perfecto para oponerse a la élite estatal maliense y reivindicar sus derechos sobre cuestiones cotidianas como son los conflictos por las tierras de labranza y pastoreo6.

Medidas defensivas de Mali para frenar el fenómeno yihadista

Desde que la revuelta tuareg de 2012 triunfara en el norte del país, tanto el Gobierno de Bamako como la comunidad internacional han implementado numerosas iniciativas militares y políticas con objeto de arrebatar el territorio conquistado a los terroristas e intentar asegurar el bienestar sociopolítico y económico de los ciudadanos malienses.

Han sido cuatro las principales iniciativas adoptadas en la lucha antiterrorista en Mali: en primer lugar, enmarcada en la resolución 2085/2012 del Consejo de Seguridad de la ONU y apoyada especialmente por Francia, la Operación Serval que comenzó en enero de 2013 y duró hasta el verano de 2014 logró la reconquista de las regiones del norte y centro de Mali debido al intenso bombardeo francés de las líneas yihadistas. Tras finalizar la Operación Serval, en 2014, el apoyo de Francia y los Estados aliados del Gobierno de Mali, se implementó a través de la Operación Barkhane, la cual estrechaba aún más el cerco a los yihadistas al perseguirles no solamente en Mali, sino también en Chad, Níger, Burkina, y Mauritania con objeto de evitar su reorganización. En lo que a Naciones Unidas se refiere, la misión MINUSMA desplegó en el verano de 2013 más de 12 500 cascos azules. Y, por último, cabe destacar la importancia en la lucha antiterrorista que ha tenido la constitución del G5 Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Chad y Burkina Faso) y de su fuerza conjunta, compuesta por más de 5 000 efectivos, gracias a la cual se ha reforzado significativamente la cooperación a nivel regional y transfronterizo, contribuyendo a que los Estados de la región adquieran paulatinamente las capacidades necesarias para garantizar autónomamente su propia seguridad.

A continuación, en la siguiente tabla, podemos observar el conjunto de operaciones antiterroristas que han producido bajas entre los yihadistas, destacando la importancia de Francia como actor en el conflicto.

Tabla 1. Operaciones antiterroristas en Mali (año 2019). Fuente: elaboración propia a partir de datos del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).

En cuanto a cuestiones de adiestramiento se refiere, también es preciso destacar el apoyo internacional con el que han contado las fuerzas de seguridad malienses respecto a capacidades de formación, destacando dos iniciativas: por un lado, la misión de la Unión Europea de ayuda al Ejército maliense (EUTM Mali) con el objetivo de asesorar e instruir a las fuerzas armadas de Mali en las capacidades operativas necesarias para lograr que garanticen la soberanía e integridad territorial de Mali y asegurar las condiciones mínimas de seguridad para la población7; y, por otro lado, cabe destacar la importancia del proyecto GARSI Sahel llevado a cabo por España, Francia, Portugal e Italia, el cual busca crear en Mali y los países del G5 Sahel unos Grupos de Acción Rápida (GAR) (similares a los que dispone la Guardia Civil española y que tan buenos resultados dieron en la lucha contra el terrorismo de ETA) para contribuir a la seguridad de la población a nivel local y regional, aumentar la presencia del Estado maliense en zonas aisladas y remotas, mejorar el control efectivo de su territorio y aumentar la eficacia de sus fuerzas de seguridad.

Situación actual del terrorismo yihadista en Mali

Al igual que ha sucedido con revueltas insurgentes en otras ocasiones, en Mali los yihadistas perdieron la batalla y el control de las ciudades norteñas del país frente a un enemigo superior en medios militares convencionales. No obstante, tras la desbandada y la dispersión de los grupos yihadistas, se ha producido un contraataque mediante acciones de terrorismo que mantienen vivo el conflicto8.

A pesar de que el yihadismo se veía en la región más como una forma de oposición al régimen de ascendencia bambara de las élites que como una corriente de pensamiento religioso9, y de que las intervenciones militares en el Sahel contra los distintos grupos yihadistas permitieran la recuperación del territorio perdido por el Gobierno maliense en 2012, no podemos obviar que estas también han supuesto un refuerzo de las actividades terroristas de grupos como la Katiba Macina y han contribuido a incrementar la atracción de los jóvenes peul hacia el terrorismo.

Los esfuerzos se muestran en parte infructuosos debido, en primer lugar, a que el Estado se sigue mostrando incapaz de garantizar el control efectivo del norte, la seguridad de sus poblaciones y el desarrollo de su economía; y, en segundo lugar, debido a los abusos perpetrados por las fuerzas y cuerpos de seguridad respecto a la cada vez más estigmatizada comunidad peul, a la cual la frustración y el miedo a las represalias la ha llevado a afiliarse a la yihad, incrementando así la capacidad y alcance del reclutamiento yihadista.

Además, lejos de la imagen de grupos terroristas con marca propia como Al Qaeda o Estado Islámico, el yihadismo en el Sahel se ha visto fuertemente marcado por la complejidad social de las distintas comunidades malienses, lo que ha generado una atomización y dispersión de los yihadistas en pequeños grupos, que lejos de competir entre sí realizan un complejo juego de alianzas temporales en función de sus intereses individuales.

En la actualidad, el principal actor yihadista sigue siendo la Katiba Macina, que cada vez más se desplaza hacia el sur y el este del país en un proceso de regionalización del terrorismo, creando redes de simpatizantes que actúan como informantes, logística y generador de apoyos en las sociedades rurales y sus jóvenes. Una prueba de ello lo encontraríamos en el aumento gradual de la actividad terrorista en la frontera maliense con Burkina Faso, Estado cada vez más golpeado por los yihadistas. En este sentido, es curioso observar cómo se ha producido una mutación del terrorismo, pasando de ser un fenómeno exógeno proveniente de Oriente Medio a uno endógeno, integrándose con el tejido social y la delincuencia maliense, convirtiendo al país en el epicentro terrorista del Sahel.

A continuación, en el siguiente diagrama podemos observar la fluctuación de atentados cometidos en el país en el año 2019.

Figura 2. Número de atentados mensuales perpetrados el Mali en el año 2019. Fuente: elaboración propia a partir de datos del OIET.

No obstante, consideramos más preciso apreciar el impacto de los atentados observando el número de víctimas producidas puesto que, como podemos apreciar en la siguiente tabla, en agosto, a pesar de haberse producido un menor número de atentados en relación al mes de septiembre, se aumentó considerablemente el número de víctimas mortales.

Es preciso destacar que, tal y como podemos observar en la siguiente tabla, pese a iniciar la serie un ligero descenso después del verano de 2019, se produce un repunte importante de los atentados y del número de víctimas en noviembre, puesto que el ejército de Mali decidió retirarse de las zonas más rurales y alejadas de su área de control localizadas en el norte del país.

Igualmente, merece especial reseña el ámbito geográfico en el que se produjeron las acciones terroristas, cometiéndose los atentados en su mayoría en la zona central y norte del país, siendo la región de Mopti la más castigada por el yihadismo en el año 2019.

Figura 2. Número de atentados mensuales perpetrados el Mali en el año 2019. Fuente: elaboración propia a partir de datos del OIET.

En enero del presente año 2020, la situación se ha visto agravada, continuándose con la tendencia al alza del pasado año. Siendo reseñable además que la actividad se haya desplazado hacia la zona central y oeste del país, es decir, aproximándose en mayor medida a la capital. Esto ha hecho al Gobierno no solamente reconsiderar su estrategia de repliegue hacia el sur, planteándose el avance militar, sino también la apuesta por un refuerzo en el número tropas y la creación de un nuevo cuartel general en Sévaré11.

No obstante, debemos realizar una matización, pues dadas las características sociopolíticas malienses, la limitada presencia del Estado en su territorio y el aumento del bandolerismo, se hace difícil identificar cuándo un acto es producto del bandolerismo, del yihadismo o de los propios conflictos étnicos comunitarios. Además, a esta dificultad hay que añadirle el hecho de que cada acción antiterrorista puede ser interpretada como una operación contra un grupo étnico concreto, lo cual aumenta el riesgo de deflagración intercomunitaria y produce represalias por parte de grupos inicialmente no atacados.

Vista la evolución del fenómeno yihadista en Mali durante el año 2019 y la amenaza que genera no solamente en la región del Sahel, sino también su proyección hacia Europa, debemos buscar soluciones —prestando especial atención a la gestión de los conflictos étnicos generadores de inseguridad—. En este sentido, creemos necesario apostar por la coordinación regional para el desarrollo de las zonas más rurales y pobres del país, puesto que en última instancia la lucha contra el terrorismo necesita del apoyo de las comunidades locales para obtener tasas de éxito reseñables y las comunidades locales deben salir de la pobreza para que el yihadismo les resulte menos atractivo12.

Importancia de la seguridad de Mali para España

Debido a la importancia que la seguridad del Sahel tiene para la seguridad europea y española creemos necesario observar la estrategia española frente a la amenaza yihadista maliense.

El Sahel parece llamado a cobrar una importancia creciente para los Estados europeos cuya seguridad se ve ligada de forma directa e indirecta a la de esta región. Concretamente, Mali ejerce como frontera geográfica entre el África subsahariana y el norte del continente africano, por lo que la segurización de Mali se traduce en la contención del yihadismo hacia Marruecos y el Magreb, logrando de esta forma la contención de futuras crisis en el patio trasero de nuestro país y permitiendo la segurización de las corrientes migratorias hacia Europa13.

Es preocupante que los yihadistas sean capaces de infiltrarse en el tejido social norteafricano, especialmente entre los sectores que se sienten discriminados por sus gobiernos, y generen nuevas redes capaces de expandir el mensaje radical hacia el norte de África y provocar enfrentamientos armados e inestabilidad en la región, lo cual se traduciría en inseguridad para nuestro país y para Europa en su conjunto pues, sin lugar a dudas, un Marruecos inestable sería un serio problema para España.

El desempleo, la falta de oportunidades de las poblaciones del Sahel y la porosidad de unas fronteras controladas por el crimen organizado y el peligro que irradian los yihadistas suponen no solamente una amenaza para Europa y España, sino también un importante aumento del flujo migratorio.

Así pues, el apoyo a los Estados del Sahel, en concreto a Mali, resulta necesario para hacer frente a las ideologías extremistas procedentes de los países del Golfo cuyo adoctrinamiento salafista está degenerando el islam moderado sufí de tendencia malikí que ha predominado en la región.
Conclusión

En los últimos años, el terrorismo yihadista ha permeado en la República de Mali intensamente, infiltrándose en sus comunidades locales del norte y del centro, mezclándose lentamente con los conflictos étnicos del país y vinculándose a la violencia común y al crimen organizado maliense.

Los ingredientes para la propagación del yihadismo en una región siempre son los mismos: un país inmerso en el caos, una población en rebelión y luchadores yihadistas importados que pretenden concurrir a la liberación general contra los poderes del mal14.

En el año 2019, los 96 actos terroristas que golpearon el país supusieron más de 600 víctimas mortales y numerosos heridos, pero el fenómeno no supone una amenaza únicamente para las poblaciones que sufren directamente sus consecuencias más cruentas, sino también para Europa que, debido a su localización geográfica, condiciona su seguridad a la del Sahel.

La propagación yihadista en Mali es un hecho y se explica dada la escasa presencia del Estado en su territorio y las frustraciones acumuladas por siglos de conflictos étnicos y sociales pues, alejadas del núcleo de poder político estatal y olvidadas por las políticas económicas de sus gobernantes, ya no cabe ninguna duda del extraordinario y favorable terreno que suponen para el yihadismo las regiones del norte y el centro de Mali.

Que a principios de 2020 el presidente francés, Emmanuel Macron, y los líderes del G5 Sahel anunciaran la creación de una nueva coalición para el Sahel con el objetivo de atacar a los terroristas que siguen exaltando el radicalismo religioso en la región nos indica que aún quedan muchas batallas por luchar. Es preciso adoptar las respuestas adecuadas que permitan contener el fenómeno a través de estrategias de lucha contraterroristas y proyectos de desarrollo, pues el proyecto de segurización del país no debe ser entendido únicamente como de seguridad y militar, sino que precisa de un esfuerzo y unas soluciones políticas y económicas que permitan el desarrollo de la región.

 

Josué Expósito Guisado*
Guardia Civil y Seguridad Ciudadana

*NOTA: Las ideas contenidas en los Documentos de Opinión son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del IEEE o del Ministerio de Defensa.

Bibliografía

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4-A partir del siglo XVII los dogons fueron empujados por los peul a replegarse hacia Bandiagara para escapar de las conversiones forzosas al islam.

5-Nievas, J. “La instrumentalización de la etnia peul en la estrategia yihadista en África”, Global Strategy. Análisis GESI. Disponible en: https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/la- instrumentalizaci%C3%B3n-de-la-etnia-peul-en-la-estrategia-yihadista-en-%C3%A1frica Fecha de la consulta 11/02/2020.

6-DÍEZ. A. “África 2019: la expansión de la amenaza yihadista y la urgencia de ponderar la respuesta”. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Documento de Análisis nº3. 2019. Disponible en http://www.ieee.es/publicaciones-new/documentos-de-analisis/2019/DIEEEA03_2019DIEZ- YihadArabe.html Fecha de la consulta 05/02/2020

7-DÍEZ. A. “Seguridad, gobernanza y desarrollo en Mali: enormes desafíos para la reconstrucción nacional”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis nº 15. 2013. Disponible en: http://www.ieee.es/publicaciones-new/documentos-de-analisis/2013/DIEEEA15-2013.html Fecha de la consulta 07/02/2020.

8-JORDAN, J. “Los grupos yihadistas en el Sahel, un año después de la operación militar en Malí”, Global Strategy. 2020. Disponible en: http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/los-grupos-yihadistas- en-el-sahel-un-a%C3%B1o-despu%C3%A9s-de-la-operaci%C3%B3n-militar-en-mal%C3%AD Fecha de la consulta 07/02/2020.

9-Amadou Koufa siempre defendió la idea de realizar mediante la Katiba Macina una oposición al orden predador establecido.

10-El número de terroristas comprende únicamente los fallecidos a causa de los atentados, sin incluir lo abatidos por las fuerzas y cuerpos de seguridad en operaciones de lucha antiterrorista.

11-SUMMERS, M. “Observatorio de Actividad Yihadista en el Magreb y el Sahel Occidental”, Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo, 2020.

12-ISS. “Jeunes «djihadistes» au Mali Guidés par la foi ou par les circonstances?”, Institut d’ études de sécurité, Note d’Analyse nº 89. 2016.

13-ALTUNA, S. “La contribución española actual a la lucha contra el terrorismo en el Sahel”. Real Instituto ElCano. ARI nº 116. 2018. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenidoWCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/e lcano_es/zonas_es/terrorismo+internacional/ari116-2018-altuna-contribucion-espanolaactual-lucha- terrorismo-sahel Fecha de la consulta 06/02/2020.

14-iVALLAT, D. Terreur de jeunesse. Ed Calmann-Lévy. 2016. ISBN 9782702160152