Maniobras para destruir adversarios y hundir rebeldes al majzén en Marruecos

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Paco Soto

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI, con motivo de la Fiesta del Trono.

La última semana ha sido muy agitada en Marruecos desde el punto de vista político. El país africano con el que España mantiene las relaciones económicas, comerciales, políticas, sociales, culturales y militares más intensa ha vivido unos días convulsos. El motivo: dos abogados polémicos y de turbia trayectoria que se dedicaron a defender a los detenidos de la revuelta rifeña, Isaac Charia y Mohamed Ziane, éste último ministro durante el reinado del autócrata Hasan II, acusaron al secretario general del Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) e influyente presidente de la Región Tánger-Tetuán-Alhucemas, Ilyas El Omari, de golpista. Gran empresario, ambicioso y con pocos escrúpulos cuando se trata de hacer negocios y mantenerse en el poder, vinculado a movimiento nacionalistas rifeños y exizquierdista opuesto a Hasan II, según los abogados, El Omari quiso organizar un complot para acabar con el Rey Mohamed VI y la unidad nacional del Reino Alauita. Nada más y nada menos.

Según los dos letrados, El Omari propuso personalmente al líder del ‘Hirak’ (rebelión en el Rif), Mohamed Zafzafi, y otros activistas encarcelados en la prisión de Oukacha, en Casablanca, de participar activamente en el golpe de Estado antimonárquico a cambio de dinero y apoyo político a su movimiento de descontento popular, que estalló en Alhucemas hace más de un año. El Omari negó las acusaciones y tanto Zafzafi como 37 de sus compañeros de cautiverio las rechazaron también, negaron la existencia de un alzamiento político contra el monarca, y expulsaron a los dos controvertidos letrados del Comité de Defensa de los Detenidos del ‘Hirak’.

¿Burdo montaje o maniobra planificada?

Quizá todo haya sido un burdo montaje de dos abogados mentirosos y con afán de protagonismo que odian a El Omari y lo quieren hundir política y personalmente. O no. Las luchas entre las distintas facciones del poder en Marruecos son intensas. El Omari representa un grupo fáctico muy vinculado al norte de Marruecos, económicamente poderoso y políticamente influyente. Sus inclinaciones nacionalistas rifeñas no son bien vista por las corrientes antiberberistas del viejo majzén que añoran los tiempos en que en Marruecos no se movía ni una hoja sin que lo supieran el Rey Hassan II y su temible ministro del Interior, Driss Basri, policía de vocación, fiel escudero del anterior monarca y dedicado en cuerpo y alma al funcionamiento de las cloacas del Estado. Hasan II y Basri murieron, Mohamed VI no es un dictador, aunque haya heredado de su padre algunos comportamientos autoritarios, y su compromiso con la democracia parece sincero. Ahora bien, el viejo majzén, el grupo ligado al poder y la monarquía más reaccionario y apegado a tradiciones arcaicas y privilegios escandalosos, sigue vivo y no está dispuesto a ceder poder por las buenas a nadie. Absolutamente a nadie. El Omari no es un revolucionario, sino un hombre bien integrado en el sistema, pero sus intereses y aspiraciones chocan con los intereses y aspiraciones de otras corrientes del majzén.

¿Viejo majzén versus nuevo majzén?

¿Son estas corrientes hostiles al clan oligárquico de los rifeños las que podrían estar detrás de la siniestra maniobra de desprestigio y destrucción de El Omari y por ende del conjunto del PAM? Es una hipótesis verosímil. No es ningún secreto que el abogado y político Mohamed Ziane, fundador del Partido Liberal Marroquí (PLM), es un hombre del pasado que no acepta de buen grado la transición democrática marroquí, que empezó en la última etapa del reinado de su admirado Hasan II, se aceleró tras la llegada al Trono de Mohamed VI, y lleva varios años colapsada y sufriendo incluso algunos retrocesos en materia de libertades. Otra hipótesis verosímil es que un núcleo de un aparato coercitivo del Estado haya manipulado a Charia y Ziane para destrozar a Zafzafi y sus compañeros del ‘Hirak’ encarcelados. El odio que sienten algunos elementos represivos del majzén hacia los rebeldes rifeños es ilimitado y estarían dispuestos a todo con tal de destruir un movimiento contestatario que tiene profundas raíces históricas, sociales, culturales y políticas. Tampoco se puede descartar al cien por cien que los dos letrados hayan puesto en marcha por su cuenta y riesgo esta maniobra de destrucción de El Omari. Según explica un diplomático marroquí a Atalayar, “el abogado Charia cometió un grave error profesional al confundir el procedimiento penal con el procedimiento civil. En este último, el abogado tiene la representación total y puede declarar en nombre de sus clientes, mientras en lo penal el abogado presta asistencia y defensa. Por ello el abogado no debió de lanzar esas graves acusaciones en nombre de su cliente”.

Trasfondo político

Desde el punto de vista del trasfondo estrictamente político, nuestro citado interlocutor piensa que Charia y Ziane intentaron llevar a cabo “la estrategia de que el ataque es la mejor defensa, pero lo hicieron sin coordinación con el resto de la defensa.  Las acusaciones de Charia situaron el proceso en un nuevo nivel: el del complot contra el jefe del Estado. Zafzafi, en el caso de admitir las acusaciones hechas en su nombre corría el riesgo de verse en una situación más complicada. Lo mejor que podía hacer es retirar la representación de los letrados y desmentir sus acusaciones contra El Omari. Consecuencia de ello, el abogado se encuentra en una situación muy delicada”. De momento, no parece que El Omari haya salido de este asunto muy debilitado. Al revés, según cuenta a Atalayar un antiguo militante del PAM de origen rifeño, “El Omari es un personaje casi amoral. Solo le interesa el poder y el dinero de los negocios, sean éstos legales o ilícitos. El PAM ha sido para él un instrumento para medrar, ganar mayor influencia en la vida política y aumentar su poder en el norte de Marruecos. Su intento de dimisión del cargo de secretario general fue puro teatro, una maniobra para afianzarse dentro del partido y aislar a sus adversarios. No se lleva bien con el Rey y muy monárquico no es, pero el día que prepare un complot contra la monarquía lo hará sabiendo que tiene apoyos suficientes y no a través de unos pobres desgraciados despolitizados que están en la cárcel”. Según este exmilitante del partido modernista y liberal que se creó en 2008 para ser alternativa al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que en sus tiempos juveniles militó en la izquierda revolucionaria que quiso derrocar a Hassan II, “Ilyas El Omari no es un demócrata, es un oportunista sin escrúpulos; es la versión del clan oligárquico rifeño dentro de la corriente del majzén más modernista y adaptada al Marruecos del siglo XXI”.

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Pie de foto : Fouad Ali el Himma, amigo personal del Rey/ Yassine Toumi.

Primera víctima política de la crisis del Rif

El pasado 8 de agosto, un experimentado periodista español de la agencia Efe, el navarro Javier Otazu, escribió que Ilyas El Omari es la “primera víctima política en Marruecos” debido a la crisis del Rif. Tenía razón Otazu, que, normalmente, sabe de lo que escribe y no especula gratuitamente. Al frente del PAM, El Omari fue “un desastre”, según el exmilitante entrevistado por Atalayar. El PAM no logró vencer al PJD en las elecciones legislativas de hace más de un año; su actividad en el Parlamento es modesta y bastante irrelevante en municipios y regiones donde gobierna. El comportamiento de muchos cargos públicos del PAM deja bastante que desear y muchos ciudadanos están convencidos de que algunos militantes y dirigentes del partido modernista se afiliaron a la formación para hacer chanchullos y enriquecerse ilegalmente.  Además, en la crisis del Rif que empezó en octubre de 2016, el PAM fue incapaz de incidir decisivamente en el proceso y ofrecer una alternativa.

El PAM creado en 2008 por un íntimo amigo del monarca y exsecretario de Estado de Interior, Fouad Ali El Inma, para desbancar del poder a los islamistas del PJD, fracasó en el intento, y El Omari fue incapaz de enderezar la situación. Al revés, “lo empeoró todo”, en opinión del politólogo Ahmed Alaoui. “El partido que utiliza un tractor como símbolo para expresar su vinculación con los trabajadores del campo, es una formación sin pulso; está muerto, no tiene nada que ofrecer a la población”, afirma Hasan Driouch, militante del PJD de la ciudad de Salé, pegada a Rabat. El Omari colocó a un montón de rifeños en cargos electos locales, pero ni en la crisis del Rif el partido tuvo una incidencia notable ni logró regenerarse y transformarse en la gran alternativa liberal, modernista, centrista y laica que muchos marroquíes de las clases medias urbanas esperan desde hace años. Sus dirigentes no tienen carisma, son notables aburridos. Nada que ver con los líderes de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y del nacionalista Partido Istiqlal (PI) que en otros tiempos encandilaban a las masas.

Alérgicos al cambio

Durante la reciente apertura de la nueva legislatura, el Rey Mohamed VI apostó por un verdadero “seísmo” político en su país, y defendió la necesidad de impulsar grandes reformas políticas y económicas. El monarca cumplió con su palabra y destituyó a 43 generales de las Fuerzas Armadas que ocupaban puestos clave en la institución. Las razones de las destituciones se desconocen oficialmente, pero se supone que el soberano apartó de las Fuerzas Armadas altos mandos anquilosados, burocratizados, insensibles ante el fenómeno de la corrupción castrense y técnicamente inadaptados. La clase política, a pesar de las advertencias del Rey, que el jefe del Estado ya pronunció por primera vez el pasado verano con motivo de la Fiesta del Trono, sigue alérgica al cambio y aferrándose al poder y la poltrona. Así las cosas, según algunas informaciones periodísticas, Fouad Ali El Himma visitó a Abdelilah Benkirane, exprimer ministro destituido por Mohamed VI por haber sido incapaz de formar un gobierno de coalición estable tras haber ganado les legislativas de octubre de 2016 y secretario general del PJD, y le pidió que interviniera en el Rif para frenar el descontento popular.

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Pie de foto: Manifestación de protesta rifeña en Alhucemas.

Frenar el conflicto

El Himma le dijo al jefe islamista que el conflicto rifeño corría el riesgo de extenderse al resto del país. En las protestas de Rabat los islamistas tolerados pero no legalizados de Justicia y Espiritualidad desempeñaron un papel dominante, como ya lo hicieron durante la denominada ‘Primavera Árabe’, en 2011, en el seno del Movimiento 20 de febrero. Muchos jóvenes del PJD se unieron a las manifestaciones en el Rif y otras regiones. Benkirane rechazó la oferta del amigo personal del Rey, quizá porque no le ha perdonado a Mohamed VI su destitución y la humillación que sufrió. Benkirane no quiso sacarle las castañas del fuego al monarca, que ante la gravedad de la crisis rifeña se vio en la obligación de intervenir para evitar males mayores. Destituyó a varios ministros y altos cargos por su incapacidad en aplicar un ambicioso proyecto de desarrollo socioeconómico para Alhucemas y su región. Y regañó a la clase política por su incapacidad por resolver los problemas de los marroquíes. Según un observador político, “ahora el rey está solo, desnudo, detrás de un enorme escudo de seguridad, frente a la subida de los peligros”. Por ello, asuntos como acusaciones de conspiración antimonárquica contra El Omari tienen especial gravedad y no son una mera anécdota.

Mínimo democrático

Marruecos tiene un nivel de democracia insuficiente pero mínimo para ir construyendo poco a poco un Estado de derecho. Las elecciones generales y municipales suelen ser más transparentes que en otros países magrebíes, con la excepción de Túnez. Pero, en general, son comicios “desconectados de la población. 57% de los electores se abstuvieron en las legislativas de 2016”, apunta un analista. Unos 17 millones de marroquíes con derecho a voto no cumplen con su derecho ciudadano. Como le dijo con amargura en una ocasión a este periodista el antiguo militante comunista y director del Museo del Judaísmo de Casablanca, el difunto Simon Levy, “en Marruecos, la democracia es un lujo que únicamente disfruta la clase medias urbana que lee, viaja, habla idiomas, vive bien; es un 20% de la población. El resto ni sabe lo que es la democracia ni le interesa. Su única preocupación es sobrevivir y poder comer cada día”. En un contexto tan delicado e inestable, donde el jefe del Estado está prácticamente solo ante el peligro, puede ocurrir cualquier cosa. Y muchas veces las cosas que ocurren no son buenas. Desgraciadamente, el poder en su conjunto ha sido incapaz de escuchar atentamente lo que han planteado los rebeldes rifeños. Tampoco el monarca esta vez ha estado a la altura de las circunstancias. “¿Sabrán los responsables abrir las orejas para responder a la población?”, se pregunta el pensador islamista Hassan Bennajeh, en una entrevista con el semanario progresista ‘Tel Quel’. “Cuando hablo de los responsables, se trata del rey”, agrega Bennajeh.

El monarca, en cambio, no quiso indultar a los principales cabecillas de la re vuelta rifeña durante la Fiesta del Trono e hizo una defensa exagerada de la actuación, en muchos casos polémica, de las fuerzas del orden en las protestas callejeras en Alhucemas y otras poblaciones rifeñas. El Estado se decantó exclusivamente por la vía represiva: más de 200 detenciones, decenas de encarcelamientos, un muerto, manifestaciones prohibidas, ocupación policial de ciudades y pueblos… No hubo espacio para el diálogo y la búsqueda de soluciones a los problemas sociales y económicos que planteaban los indignados rifeños. Y algunas mentes calenturientas acusaron a los jefes de la revuelta de querer separar el Rif del resto del país y estar financiados por mafiosos y narcotraficantes, o de obedecer a un plan diabólico urdido por el Frente Polisario y Argelia.