Moody’s rebaja la calificación de la deuda pública de Líbano

La agencia de calificación ha degradado la solvencia del Gobierno al nivel Caa2
La sede del Banque du Liban, banco central de Líbano, en Beirut

AFP/ANWAR AMOR  -   La sede del Banque du Liban, banco central de Líbano, en Beirut

A Líbano se le acumulan los problemas. La agencia neoyorquina de calificación crediticia Moody’s ha rebajado este martes, 5 de noviembre, la nota sobre la deuda pública del país. La crisis de crédito en el país no es nueva. Los bonos soberanos ya se encontraban en situación de lo que se suele denominar “bono basura”. La nueva decisión los deja en una calificación de Caa2, lo que apunta a un elevado riesgo de impago por parte del Gobierno. Actualmente, los niveles de deuda pública de Líbano se sitúan en torno al 150% del producto interior bruto. El país está sufriendo su mayor penuria económica en décadas.

En un comunicado oficial, Moody’s se refiere a las crecientes probabilidades de que se produzca una reestructuración de la deuda, que podría resultar en perdidas para algunos inversores extranjeros, o una suspensión de pagos generalizada para justificar la bajada del nivel. La investigación de la agencia sobre la estabilidad financiera del país está todavía en marcha y podría prolongarse durante un máximo de tres meses. Por el momento, también han sido rebajados otros pasivos a medio y largo plazo, aunque no cierran la puerta a nuevas degradaciones en el futuro.

“Las protestas sociales generalizadas, la dimisión del Gobierno y la pérdida de confianza de los inversores han deteriorado todavía más el modelo de financiación tradicional de Líbano, basado en la entrada de flujos de capital y el crecimiento de los depósitos”, explica la nota emitida por la entidad. Con la nueva rebaja sobre la calificación de la deuda pública, es probable que la inversión extranjera en el país asiático, cuya economía es extremadamente dependiente del dinero extranjero, continúe en descenso en un momento en que se antoja imprescindible.

Desde Moody’s, sugieren la posibilidad de que el Banque du Liban, banco central del país y uno de los grandes tenedores nacionales, apruebe extensiones o condonaciones de algunos de sus activos como posible remedio para paliar la crisis a muy corto plazo. No obstante, también se deja claro que es una medida viable siempre y cuando la moneda nacional, la libra libanesa, se mantenga estable con respecto al valor del dólar. Ha sido así a lo largo de los últimos dos años, pero la actual inestabilidad podría convertirse en un factor de volatilidad; si la divisa llegase a depreciarse, la agencia ha advertido de que rebajará de nuevo la calificación de la deuda. 

El tiempo, además, juega en contra de Líbano. “Las opciones disminuyen a medida que la crisis política y social persiste”, ha añadido la agencia; un diagnóstico con el que ha coincidido Saroj Kumar Jha, director del Banco Mundial para Oriente Medio, que ha visitado hoy al presidente Michel Aoun en Beirut. “Lo que viene podría ser peor si no se le hace frente inmediatamente”, ha advertido Jha, que ha reclamado la formación de un Gobierno lo antes posible para que empiece a “tomar medidas creíbles urgentes para restaurar la confianza en la economía”.

Manifestantes sostienen una bandera libanesa durante una protesta contra el gobierno en el centro de Beirut
REUTERS/ALI HASHISHO - Manifestantes sostienen una bandera libanesa durante una protesta contra el gobierno en el centro de Beirut
Parálisis y descontento

En efecto, Líbano continúa sin un Ejecutivo que pueda hacer frente a la compleja situación. La dimisión de Saad Hariri y su gabinete a finales del pasado mes de octubre ha contribuido a maximizar la sensación de incertidumbre. El presidente Aoun se ha comprometido a poner fin sin demora al estado de interinidad que atraviesa el país, pero aún no ha comenzado la ronda de consultas para encargar la formación de un nuevo Gobierno.

Entretanto, las movilizaciones no cesan. Este miércoles, los protagonistas han sido los estudiantes de secundaria y de niveles superiores. Varias universidades, entre ellas la prestigiosa Universidad Americana de Beirut, han cerrado sus puertas. Los jóvenes han participado en sentadas colectivas en las principales ciudades del país. Muchos de ellos han acudido a una convocatoria que llamaba a la protesta, precisamente, delante de la sede del banco central en la capital.

Los libaneses escriben así el penúltimo capítulo de unas concentraciones multitudinarias que duran ya más de tres semanas. Su origen se sitúa en una iniciativa gubernamental que pretendía gravar el servicio de voz de aplicaciones como Facebook y WhatsApp. A pesar de que la medida fue finalmente desestimada, las protestas contra la mala situación económica y la corrupción percibida de la clase política se extendieron por todo el territorio nacional. Hasta la fecha, no han remitido.