MSF presta atención médica en Sudán a las personas que huyen de la violencia en la región de Tigray, Etiopía

El ACNUR ya ha registrado un total de 45.000 llegadas, aunque es probable que el número sea bastante mayor, pues muchas personas no han pasado por el proceso de registro
Atalayar_ Refugiados Etiopía

PHOTO/ JASON RIZZO/MSF  -   El paso fronterizo de Hamadayet, donde los refugiados de Etiopía cruzan el río hacia el Sudán

El 4 de noviembre, tras producirse un ataque a una base militar, el primer ministro de Etiopía ordenó una acción militar contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) en la región de Tigray, situada en el norte de Etiopía. La escalada del conflicto ya afecta a cientos de miles de personas y corre el riesgo de desestabilizar otras partes del país y de la región, con consecuencias humanitarias que podrían ser catastróficas.

Sudán, que ya albergaba antes de esta crisis a 1,1 millones de refugiados y 1,9 millones de desplazados internos, está atravesando una gran crisis económica mientras el nuevo Gobierno aún se está estableciendo. El frágil sistema de salud del país es incapaz de satisfacer las necesidades de todas las personas, y además se ha visto aún más debilitado por la pandemia de COVID-19.

El 7 de noviembre se produjeron las primeras llegadas masivas desde Etiopía a Sudán, y a día de hoy, el ACNUR ya ha registrado un total de 45.000 llegadas, aunque es probable que el número sea bastante mayor, pues muchas personas no han pasado por el proceso de registro. En la actualidad, todas estas personas entran en Sudán por tres lugares: el principal punto de llegada es Hamdayet, en el estado de Kassala, en el este de Sudán, que representa más de dos tercios de las llegadas (un 68%). Casi un tercio (el 30%) ingresa en el estado de Gedaref, en el sureste, mientras que un número muy pequeño (apenas el 2%) llega a Sudán por un lugar más al sur, en el estado del Nilo Azul.

Desde MSF se alerta de la necesidad urgente de que todos los actores humanitarios presentes en la zona refuercen sus actividades para atender las necesidades más básicas en materia de refugio, agua, salud y alimentos. De lo contrario, el estado de salud de todas estas personas comenzará a deteriorarse rápidamente.

Médicos Sin Fronteras ofrece un resumen de lo que están viendo los equipos sobre el terreno y comparte algunos detalles acerca de cómo estamos respondiendo en estas dos áreas del este y sudeste de Sudán que están acogiendo a la mayoría de los refugiados etíopes.

Hamdayet, Kassala

Los equipos de MSF están presentes en el punto de entrada en Hamdayet, donde son testigos de primera mano de la situación en la que llegan las personas que cruzan el río que separa Etiopía de Sudán. Muchas personas afirman que huyeron de sus hogares de manera abrupta y rápida, sin ni siquiera tiempo para poder coger algunos suministros básicos para el viaje. Dejaron sus pertenencias y hasta llegar a Sudán tuvieron que caminar durante horas, o en algunos casos días, en un entorno árido y muy duro.

A su llegada a Sudán, la gran mayoría de los refugiados se asientan en una zona de tránsito de Hamdayet cercana a la frontera, donde hay dificultades importantes en cuanto a la disponibilidad de refugio, de alimentos y de agua potable. Las condiciones de saneamiento también son uno de los principales problemas. La mayoría de los refugiados que están en Hamdayet, específicamente los que no tienen refugio, se ven obligados a dormir al aire libre, bajo árboles y cerca de los caminos, en un lugar donde se llevan a cabo diversas actividades comerciales. Algunas personas han sido alojadas en hogares, ya que hasta ahora las personas que viven en las aldeas fronterizas de Sudán han sido muy abiertas y solidarias con sus vecinos de Etiopía.

También estamos viendo gente que regresa a Etiopía, ya sea para ayudar a traer a los familiares que se quedaron atrás o para recoger sus pertenencias. Algunos vuelven con la intención de poder vender algunas de sus pertenencias y regresar a Sudán con dinero. Un pequeño número de los que llegan son originarios de Eritrea, personas que anteriormente tuvieron que huir a Etiopía y que ahora tienen que buscar refugio de nuevo en un nuevo país; en este caso, Sudán.

Desde MSF se pide a las organizaciones que trabajan en la reunificación familiar que den un paso al frente para apoyar a quienes han perdido a miembros de su familia mientras huían. Se teme que muchos de los que regresan para buscarlos estén poniendo en riesgo sus vidas.

Atalayar_ Punto de cruce de Hamdayet, Sudán
PHOTO/ OLIVIER JOBARD/MYOP - Punto de cruce de Hamdayet, Sudán, a primera hora de la mañana

El primer equipo de MSF llegó a Hamdayet el 16 de noviembre y tres días después comenzaron a llevar a cabo actividades. En primer lugar, el equipo de MSF comenzó a brindar atención médica en el punto de entrada, a llevar a cabo actividades de promoción de la salud y de salud mental y a pasar consulta a los recién llegados para conocer su estado nutricional. Poco después se comenzaron a hacer actividades de agua y saneamiento. Se estableció una clínica en la que actualmente se llevan a cabo unas 300 consultas al día. El mayor número de ellas, como suele ser habitual en estos casos, está relacionado con infecciones respiratorias, malaria o diarrea. Algunos refugiados presentaban heridas de las que están siendo tratados y algunas personas que habían sufrido violencia de género han sido también atendidas en la clínica. También se está viendo a muchas personas que requieren tratamiento continuo por enfermedades crónicas como la tuberculosis.

Campamento de Um Rakuba, Gedaref

Después de haber sido atendidas y registradas por el personal de la ONU, algunas de las personas que llegan a Hamdayet son conducidas en autobuses hasta el campamento de Um Rakuba, en el estado de Gedaref, el único campamento oficial que hay operativo para acoger a quienes llegan de Etiopía. Um Rakuba está en un lugar muy remoto a 7-8 horas en coche desde la frontera. Está destinado a albergar a 10.000 personas y ya alberga a más de 8.000 personas. Hoy en día, continúan las discusiones sobre si se levanta un campamento adicional para acoger al creciente número de refugiados que sigue llegando.

Se ha presenciado cómo se está presionando a los refugiados para que abandonen los centros de tránsito de Hamdayet y vayan hacia Um Rakuba. Desde MSF se recuerda a las autoridades que deben brindar la asistencia adecuada a los refugiados en los centros de tránsitos y no utilizar la falta de esta como medio de presión para obligar a la gente a desplazarse a Um Rakuba, donde las condiciones sanitarias son extremadamente malas también. Los integrantes de MSF denuncian que no hay suficientes letrinas y que, por ello, la gente se ve obligada a defecar al aire libre.

En el campamento de Um Rakuba, los equipos de MSF pasaron 453 consultas médicas en apenas cinco días, entre el 19 y el 23 de noviembre. Al igual que en Hamdayet, el personal médico está tratando principalmente diarreas. También están viendo muchas infecciones del tracto urinario. Dos pacientes llegaron con heridas de bala y fueron remitidos al hospital de Gedaref para recibir tratamiento adicional. Se identificaron quince personas con desnutrición aguda severa y 154 personas con desnutrición moderada. Todos ellos recibieron suplementos nutricionales. Algunas personas muestran síntomas de ansiedad e insomnio debido a la violencia que vieron o experimentaron en Etiopía o durante el trayecto y también debido a las condiciones en las que tuvieron que huir hacia Sudán.

“El 3 o 4 de noviembre, estaba trabajando en la tienda, de repente escuché sonidos de guerra, un ruido muy fuerte”, explica un joven etíope de unos 30 años al personal de Médicos Sin Fronteras (MSF). “No sé por qué están peleando, la verdad, pero yo vi morir a mucha gente, incluso ancianos. Conocía a muchos de ellos. Estoy confundido, no sé por qué hicieron esto".

“En Tigray, jóvenes y viejos ha huido al monte para refugiarse. Lo más difícil para nosotros es que no tenemos dinero ni nada para cocinar, nadie logró traer nada de su casa”, añade el joven. "Tuvimos que irnos sin más. Vine con dos pares de pantalones. Antes de que comenzara la guerra, ya no funcionaba nada: ni la electricidad, ni la red telefónica, ni los bancos. Yo tengo dinero allí, pero aquí no tengo nada".

Un problema importante al que se enfrenta el equipo de MSF en este lugar es la escasez de medicamentos para enfermedades no transmisibles y enfermedades crónicas. Por ello, ya estamos trabajando con otras organizaciones a nivel local para intentar contar con los suministros necesarios.

Atalayar_ Campo de Um Rakuba
PHOTO/MSF - Cruce de refugiados etíopes: Campo de Um Rakuba

Entre los refugiados llegados de Etiopía, nuestro equipo ha identificado a muchos médicos y personal sanitario. Dado que el personal de las organizaciones humanitarias no puede pasar la noche en el campamento, estamos trabajando codo con codo con ellos para tratar de encontrar un sistema que permita garantizar la atención médica las 24 horas del día.

En Jartum, el equipo de coordinación de MSF está negociando con las autoridades para facilitar la importación de suministros médicos y para agilizar los procesos de visado. El objetivo de la organización es que otros trabajadores internacionales puedan reforzar cuanto antes a los equipos que ya están sobre el terreno.

Amhara, Etiopía

A día 14 de noviembre, en la instalación médica del Ministerio de Salud que MSF apoya en la región de Amhara, los equipos habían tratado a más de 260 heridos de guerra desde que comenzaron las hostilidades. Un total de 18 personas fallecieron en el hospital o de camino de este. 

“Si bien el ACNUR ha registrado a más de 45.000 personas que huyeron por la frontera en Sudán, los informes a los que hemos tenido acceso indican que quedan muchas más personas desplazadas, en una situación cada vez más vulnerable, atrapados dentro de la región de Tigray. Médicos Sin Fronteras está presente en Etiopía desde hace más de 30 años, pero al igual que les ha ocurrido a otras organizaciones humanitarias presentes en la zona, no hemos logrado tener hasta ahora un acceso significativo a la zona de Tigray donde se concentran los combates. Millones de personas que viven allí pueden haberse visto afectadas. Muchas de las personas que huyeron a Sudán nos dicen que no han vuelto a tener noticias de los familiares que se quedaron atrás. Están traumatizados por lo que han visto, y extremadamente preocupados por sus seres queridos, haciendo todo lo que puedan para encontrarlos. Seguimos pidiendo a todas las partes del conflicto que respeten las vidas de los civiles y las infraestructuras médicas y que nos permitan tener un acceso sin obstáculos a todas las personas que necesiten ayuda humanitaria y médica. Deben garantizar que todo el mundo pueda llegar a lugares seguros, ya sea dentro de la región de Tigray o fuera, así como al otro lado de la frontera con Sudán", explica Mónica Camacho, representante regional de MSF.