Multilateralismo en África Oriental

La EAC como solución a la inestabilidad política y la lucha armada en la región
Se ve una señalización en el paso fronterizo entre Kenia y Tanzania en Namanga, Tanzania, el 19 de julio de 2019.

REUTERS/NJERI MWANGI  -   Paso fronterizo entre Kenia y Tanzania en Namanga, el 19 de julio de 2019

La solución a la situación en el este de la República Democrática del Congo no se debe buscar exclusivamente en Kinhasa, sino también en Kigali, Buyumbura y Kampala. Tampoco se debe buscar en el bilateralismo, pues los numerosos actores que participan en la inestabilidad de la región se diluyen en orígenes, etnias, intereses y luchas políticas compartidas. Por eso el multilateralismo, tan cuestionado en otras partes del mundo por gobiernos mucho más afianzados, es clave en la solución, no solo para el caótico este de la RDC, sino para la estabilidad política de la región. En ese sentido, la Comunidad de África Oriental (EAC, por sus siglas en inglés) está avanzando en la buena dirección. Aunque la EAC es una organización regional que cumple veinte años el próximo 30 de noviembre, es una organización aun relativamente pequeña. En su creación únicamente participaron tres países: Kenia, Tanzania y Uganda. En 2007 se incorporaron Ruanda y Burundi y, en 2016, Sudán del Sur. A la espera de entrar se encuentran Somalia y la República Democrática del Congo, cuyo presidente solicitó el acceso a mediados del pasado junio. 

Las propuestas de la EAC son ambiciosas y no se limitan en exclusividad a cuestiones económicas o mercantiles, sino que está avanzando en pos de una mayor integración incluso en la esfera política. El pasado 18 de noviembre, se lanzaba en Arusha, Tanzania, la propuesta para una Constitución que encamine la EAC hacia el formato de confederación política. La fecha para la conclusión de este ambicioso proyecto la sitúan en 2022. Este será el último pilar en ser desarrollado, tras la Unión Aduanera, el Mercado Único y la Unión Monetaria. En esta Unión Monetaria proyectada, se incluye el establecimiento de una moneda común, además del progresivo desarrollo del Instituto Monetario de África Oriental hacia un futuro Banco Central. Las problemáticas que han surgido con la moneda única europea a posteriori, son un buen ejemplo de qué medidas se deben acometer de forma previa a instauración. En cualquier caso, estiman que la moneda común puede ser una realidad para mitad de la próxima década, en la medida que los seis estados que forman la EAC profundicen en la armonización del marco macroeconómico. 

Unión Africana
REUTERS/TIKSA NEGERI - 32.ª Sesión Ordinaria de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana (UA) en Addis Abeba, Etiopía, el 10 de febrero de 2019

A finales de este mes, estaba previsto que se llevara a cabo la 21ª Cumbre de Jefes de Estado de la EAC, en la que se iban a abordar, entre otras cosas, la solicitud de entrada de la RDC y de Somalia. Sin embargo, el propio secretario general de la EAC, Liberat Mfumukeko anunciaba este pasado 20 de noviembre que la cumbre se pospondría hasta enero o febrero de 2020. Y con ello, la discusión sobre la entrada o no de los dos candidatos. Mfumukeko aprovechó para poner de manifiesto los éxitos de la EAC en los últimos años, que han animado a que se produjeran dichas solicitudes. El secretario general ha remarcado el crecimiento en el volumen del mercado interior, la reducción de trabas al movimiento de bienes y personas y la inversión en infraestructuras, cuestiones clave en el desarrollo de la región y en la lucha contra la pobreza. Mejoras a las que por supuesto, también aludió Félix Tshikedi tras anunciar su petición de admisión este verano. El presidente congoleño remarcó en particular uno de los proyectos ferroviarios planteados por la EAC y que contaría con inversión de capital chino: la línea ferroviaria que conectaría el complejo portuario de Dar es Salaam en Tanzania – para el que también hay planteado un aumento de su capacidad –, con las ciudades de Isaka y Keza, para después saltar a Kigali, en Ruanda y Musongati, en Burundi. Tshikedi manifestó su apoyo al proyecto con la pretensión de que la línea ferroviaria se alargue hasta las ciudades de Goma y Bukavu, conectando de esa forma el este de la región con sus países vecinos y estimulando su desarrollo a través del sector comercial. 

Sin embargo, este tipo de proyectos de creación o mejora de infraestructuras, no obtienen los consensos que deberían, pues los países miembro de la EAC, con una cooperación política todavía incipiente, buscan priorizar la inversión extranjera – clave en el sector – sobre aquellos que tengan un mayor impacto y repercusión en sus respectivos territorios. De ahí que haya otros proyectos ferroviarios sobre la mesa, como el que conecta el puerto de Mombasa, en Kenia, con Nairobi y desde ahí, la posibilidad de conectar también Juba, Kigali y Buyumbura. La apuesta de aquellos países sin salida al mar, como Uganda, Ruanda y Burundi, está supeditada a las relaciones políticas de cada momento, lo que dificulta el mantener una postura común a largo plazo que sustente la viabilidad de los proyectos que se plantean y cuya repercusión, directa e indirecta en la región es enorme.

EAC

El intercambio comercial, importante en ciudades fronterizas como Goma y Bukavu, y el progreso social que éste trae, es uno de los dos ejes sobre los que se asienta el planteamiento del presidente congoleño atajar de una vez la crisis en el este del país. El otro eje alude, necesariamente, a la cooperación militar con los países vecinos, actores clave por su relación e influencia en algunos de los grupos que actúan en la región de Kivu. En ese sentido, Tshikedi lleva varios meses insistiendo en una mayor implicación de Uganda, Ruanda y Burundi en la lucha contra estas milicias armadas. Las posibilidades sobre la mesa varían en el esfuerzo e implicación: desde un estado mayor conjunto para dirigir operaciones en colaboración con MONUSCO y AFRICOM hasta un simple fortalecimiento del control fronterizo, de cuya laxitud las milicias se continúan beneficiando. Las reuniones entre altos mandos militares se han sucedido en septiembre y octubre, sin que se hayan concretado medidas de momento. En paralelo a este sondeo en pos de la cooperación realizado desde Kinhasa, el gobierno congoleño ha intensificado su presencia militar en sus dos regiones más castigadas para combatir la presencia de estas milicias. 

En un momento en el que las Naciones Unidas ya han planteado la retirada progresiva del contingente presente en la RDC durante los próximos tres años, en el que la estabilidad política de Burundi también está en jaque, y donde Sudán del Sur aun acusa su corta edad, el multilateralismo es clave. A través de las instituciones y proyectos de la Comunidad de África Oriental, aun perfectibles, el multilateralismo se posiciona como marco clave para incidir en el progreso económico y social de la región que facilite la estabilidad política interna de los países miembro. Puede ser lógico pensar que la EAC peca de ambición e idealismo en algunos de sus planteamientos o, al menos, en las fechas marcadas para la consecución de los mismos. No obstante, las cifras sobre las que se sostiene su ambicioso futuro proyecto político común, evidencian una notable mejoría. África Oriental marca por tanto el camino para otras regiones africanas, en las que también existen organizaciones regionales reducidas, que fomentan la cooperación a través de un diálogo más directo entre países con idiosincrasias políticas a veces muy diferentes. África avanza bajo la perenne y a veces falsa, sensación de inestabilidad y fragilidad.