Nigeria cierra la frontera con Benín para eliminar el contrabando y logra el efecto opuesto

No es raro pensar que lo único que haya conseguido el cierre de fronteras haya sido la modificación de las rutas del tráfico ilegal y el aumento de los precios
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El 16 de diciembre de 2020, Nigeria anunció la reapertura de su frontera con Benín, tras 17 meses de bloqueo. La decisión del cierre, tomada de forma unilateral por Abuya en julio de 2019, debería haber servido para poner fin al contrabando de mercancías entre los dos países, pero todo apunta a que no ha sido así. Que en realidad se ha producido el fenómeno contrario: un aumento del contrabando y mayores beneficios para las personas que lo controlan.

Lo que en un principio parecía una medida transitoria se ha prolongado en el tiempo y ha causado graves perjuicios económicos a la totalidad de la región. Organismos internacionales y regionales, además del Gobierno de Porto Novo, cuestionaron desde un principio esta decisión, pero la administración dirigida por el presidente Mohammed Buhari siempre se ha defendido con el argumento de que se trataba de un intento por controlar el tráfico ilegal de mercancías, actividad que priva al país de ingresos significativos que podrían ser utilizados para mejorar las condiciones de vida de la población nigeriana.

Benín ha sido la parte que más ha sufrido las consecuencias del bloqueo fronterizo. El pequeño país de África occidental se estira a lo largo del borde oeste de Nigeria. Las economías de los dos Estados están íntimamente entrelazadas. El comercio informal entre los dos lados de la frontera genera ingresos y empleo a un amplio sector de la población beninesa, y también de la nigeriana. Es normal ver en las carreteras de ambos lados motos, furgonetas y camiones cargados de bidones de gasolina, materiales de construcción, alimentos, bebidas, productos agrícolas…

El bloqueo también ha afectado a los sustanciales ingresos que el Gobierno beninés recaudaba a través de los bienes llegados al puerto de Cotonú que eran, luego, reexportados legalmente a Nigeria, o, en muchas ocasiones, desviados ilegalmente a ese país. Muchos empresarios nigerianos prefieren operar con el puerto de Cotonú antes que con el de Lagos, porque las tasas de aduanas son mucho más bajas y el tiempo de espera para sacar los bienes importados no supera los tres días, mientras que en el nigeriano se tarde como mínimo un mes. La nueva medida adoptada por Abuya todavía mantiene la prohibición de circulación entre ambos países a los grandes camiones, por lo que este punto todavía sigue doliendo al Gobierno beninés.

El sector informal en Benín representa el 70% del PIB y el 90% del porcentaje de empleo. Solo el contrabando de gasolina emplea a alrededor de 40.000 personas, aproximadamente tantas como el total del sector público beninés. Igualmente, el contrabando directo o indirecto de vehículos usados parece dar trabajo a entre 15.000 y 100.000 personas, respectivamente, según el Banco Mundial. Esta realidad tiene un claro efecto negativo sobre los dos países ya que concentra el talento empresarial en actividades informales o ilegales en lugar de hacerlo en sectores más productivos. Además, para que este tráfico se produzca se necesita la colaboración activa de los funcionarios y fuerzas de seguridad de ambos países.

Por eso, cuando se conoció la decisión nigeriana de cerrar la frontera, se predijo un gran desastre para ambas economías, pero especialmente para la beninesa. Un sector que se pensó que sufriría de forma muy especial es el agrícola ya que los campesinos benineses que viven cerca del borde con Nigeria venden el 80% de sus cosechas en el país vecino. Sin embargo, las previsiones no han funcionado, los agricultores han continuado el comercio entre los dos países a pesar del cierre.

Esa es la realidad. Las medidas tomadas por Abuya afectaron principalmente a los camiones y al tráfico legal de mercancías, pero las motos nunca se pararon y han seguido cruzando fronteras por caminos y trochas portando, en equilibrios imposibles, todo tipo de bienes, desde torres de bidones de combustible hasta las cosas más banales. Igualmente, los coches de segunda mano importados desde Europa han seguido saliendo del puerto de Cotonú y entrando en Nigeria a través de esos mismos caminos, también cargados de mercancías, con la complicidad de las Policías de ambos países. Es más, todo apunta a que el cierre de fronteras ha incrementado el tráfico ilegal de productos entre las dos partes de la frontera. Ni siquiera las estrictas medidas tomadas para contener la pandemia de COVID-19 lo ha detenido. Esto ha reforzado la idea de que los agentes y organismos encargados de implementar esas medidas son los mismos que controlan las redes de contrabando.

Por todo ello, no es descabellado afirmar que, posiblemente, lo único que haya conseguido el cierre de fronteras haya sido la modificación de las rutas por donde se mueven esas mercancías y el aumento de los precios. Por lo demás, el negocio ha generado más beneficios que antes del bloqueo.

El anuncio de reapertura ha sido bien recibido en ambas partes de la frontera, aunque por ahora solo se permite el tránsito de personas a pie y a algunos vehículos privados, pero no el paso de camiones. Y, es más, los nuevos caminos entre los dos países abiertos durante ese tiempo parecen seguir siendo la primera opción de las personas que ejecutan el tránsito de bienes entre los dos países, en detrimento de los puestos fronterizos tradicionales.  El cambio de opinión de Abuya se debe por un lado a la presión diplomática de Benín y de la Comisión Económica de los Estados de África occidental, pero sobre todo al empeoramiento de la situación económica en Nigeria, donde la inflación ha alcanzado niveles nunca obtenidos. Por ejemplo, el precio de la alimentación ha subido más de un 18%. Todo apunta a que el Gobierno de Buhari espera que con esta reapertura baje el precio de los productos que entran de forma ilegal en el país y que eso le ayude a contentar a una población cada vez más descontenta.