Nuestro hombre en Jartum

¿Quién es Oktay Arjan, el misterioso empresario (presuntamente corrupto) que ha representado a Erdogan en Sudán durante el mandato del dictador Al-Bashir?
Foto de archivo tomada en Port Sudan el 25 de diciembre de 2017 con el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan y el ex presidente de Sudán Omar al-Bashir, en el centro

AP/KAYHAN OZER  -   Foto de archivo tomada en Port Sudan el 25 de diciembre de 2017 con el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan y el ex presidente de Sudán Omar al-Bashir, en el centro

A Oktay Shabaan Hosni se le conoce más bien por su alias. En los círculos del poder, se hacía llamar Oktay Arjan. Hasta hace poco, era un hombre con estrella, considerado un triunfador en el mundo de la empresa que había conseguido, igualmente, meter la cabeza en el mundo de la política. De hecho, era algo así como el embajador no oficial de Turquía en Sudán. 

Arjan llegó al país africano en el año 2002 como un comerciante de tejidos y prendas de vestir. Sin embargo, muy pronto se convirtió en un pez gordo en Jartum. Supo explotar al máximo las conexiones que había tejido en su país natal con dirigentes destacados del partido Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) y ejerció como enlace entre las autoridades de los dos países. Obtuvo, además, la nacionalidad sudanesa.

Sus tratos con el poder le abrieron muchas puertas en un entorno muy empobrecido. Muy pronto, diversificó sus actividades y su fortuna se multiplicó. Entró en mercados diversos, desde el petróleo al mundo del fútbol, pasando por el cuero, las divisas y las semillas.

No obstante, lo que parecía un ascenso meteórico encomiable en el mundo empresarial resultó ser un complejo entramado diseñado para la comisión de delitos económicos. Al menos, eso es lo que opina la Fiscalía General de Sudán, que ordenó su detención hace unos meses. Arjan fue arrestado en Turquía gracias a la colaboración de la Interpol. 

En concreto, está acusado de enriquecimiento ilícito y blanqueo de capitales, entre otros crímenes que también afectan a sus negocios en el mundo de la minería y la prospección petrolífera. En términos generales, la acusación opina que puso su red de empresas al servicio del régimen de Al-Bashir, que, durante décadas, ha sido considerado como un territorio que daba refugio a terroristas y, en consecuencia, ha sufrido un severo bloqueo económico.

Presuntamente, Arjan introdujo en el sistema millones de dólares a través de pequeñas operaciones con divisas en restaurantes, agencias de viajes y otros pequeños negocios. Por separado, eran operaciones que no llamaban la atención a nadie, pero todas juntas ascendían a una buena suma. La Interpol, además, certificó que se había quedado con 70 de los 120 millones de dólares que el Banco Islámico de Desarrollo había concedido en préstamo a una de sus compañías. 

Los ingresos irregulares de Arjan no se detienen ahí. El empresario turco-sudanés se lucró gracias a sospechosos contratos que le fueron adjudicados por la Administración del país en la isla de Sawakin, en la costa del mar Rojo; un punto de comunicaciones muy importante que, hace un siglo, había pertenecido al Imperio otomano. 

Gracias a las conexiones de Arjan con la gente de Al-Bashir y los poderosos Hermanos Musulmanes, Sudán accedió a prestar el terreno a Ankara durante 99 años por un precio muy módico, por decirlo suavemente. La operación se cerró aprovechando una visita oficial de Erdogan a Jartum a finales de 2017.

La isla de Sawakin en Sudán
La isla de Sawakin en Sudán

En otro pacto bajo mano que tuvo lugar unos años antes, medios sudaneses afirman que el empresario, en connivencia con la familia Al-Bashir y la Hermandad, amañó unos contratos que debían traer generadores eléctricos al país desde Alemania. Una gran cantidad de dinero de las arcas públicas se volatilizó y las consecuencias recayeron sobre las familias y las empresas.
En otra ocasión, se aprovechó de sus lazos con los dirigentes de Jartum para quedarse con un jugoso contrato para vestir a las tropas del Ejército del país.

Su carrera antes de su detención también tuvo fiascos. El más sonoro puede que sea el escándalo de las semillas de 2013. Arjan, junto con la Embajada de Sudán en Turquía y el Ministerio de Asuntos Exteriores, se vio implicado en una operación que buscaba llevar semillas de trigo de Turquía a tierras de cultivo sudanesas.

Sin embargo, las semillas estaban podridas, dañaron irreparablemente el terreno y causaron una pérdida cercana a los 3.000 millones de dólares. Hubo una comisión de investigación para esclarecer lo que ocurrió en el asunto, pero nadie resultó condenado, según informó el portal de noticias Sudán 365.

El cambio de régimen en el país africano, con el Gobierno encabezado por Abdalla Hamdok tras los treinta años de corrupción de la dictadura de Al-Bashir, ha propiciado que el decorado cambie radicalmente para Oktay Arjan. El que fue uno de los hombres más poderosos de todo Sudán ha dejado de tener aliados en el poder local y podría pasar unos cuantos años tras las rejas.