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Pedro Sánchez rompe el equilibrio de intereses en el Magreb

Entrevista con Abdelaziz Rahabi, exembajador argelino en España
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Abdelaziz Rahabi es considerado como uno de los políticos argelinos con mejor conocimiento de la compleja realidad política española y de las relaciones bilaterales entre los dos países. Fue embajador en Madrid en los años 90 y cuatro años más tarde el presidente Liamin Zerual le nombró ministro de Comunicación. La llegada al poder de Abdelaziz Bouteflika, entronizado por la cúpula militar y de los servicios de seguridad, le puso frente a frente con el oscuro e intrincado poder argelino. Poco tardó en entrar en conflicto con el autócrata Bouteflika, y presentó su dimisión como ministro del Gobierno de Smail Hamdani. A partir de entonces su carrera política se desarrolló en los medios académicos, políticos e intelectuales críticos con el sistema de poder imperante. Sigue siendo uno de los dirigentes más emblemáticos del movimiento de contestación popular conocido como Hirak.  

El presidente español Pedro Sánchez ha enviado una carta al rey marroquí Mohamed VI en la que abandona como principal la opción de autodeterminación como solución para el conflicto del Sáhara Occidental, y opta por el plan de autonomía propuesto por Marruecos. ¿Qué piensa de ello? 

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Esta declaración de España sobre la primacía de la autonomía sobre la autodeterminación constituye una triple ruptura de su posición sobre la cuestión saharaui cara a la arquitectura de sus relaciones con el Magreb.  

¿Cuál fue la primera ruptura? 

El final del consenso social y político interno formado en España tras 47 años, acerca de la responsabilidad histórica de la España franquista en el abandono de Sakiet el Hamra y Rio de Oro y el compromiso español surgido en la Transición democrática para apoyar la autodeterminación del pueblo saharaui, sin privilegiar ni la autonomía ni la independencia, sino propiciando un acuerdo de Marruecos y el Frente Polisario en el marco de las Naciones Unidas. Esa fue la primera. España puso todo su empeño en los buenos oficios a favor de soluciones negociadas, considerando certeramente que la historia le predisponía más que a Francia, los Estados Unidos o Alemania, para ejercer esta intermediación entre Marruecos y el Polisario.

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Siguiendo esta línea, ¿cuál fue la segunda ruptura que menciona? 

Ocurrió en 2008 con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que se alineó con Francia, la autora material del Plan de Autonomía marroquí propuesto en 2007. El presidente Zapatero sin embargo no consiguió convencer ni a la clase política española ni a los saharauis; no resistió la oposición de varios cientos de comités de apoyo al pueblo saharaui particularmente activos en las municipalidades socialistas.

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¿Cree que, con esta decisión, España ha abandonado su posición independiente? 

Sí. Ha roto con su posición tradicional y ha suscrito una especie de contrato de seguros con Marruecos, para garantizar la soberanía territorial de Ceuta y Melilla, incorporando de esta manera el chantaje de los flujos migratorios organizados y de la angustia humana consiguiente, al nivel de arma diplomática para las relaciones entre los Estados. Es un desafío muy arriesgado porque ninguna entidad en el mundo puede realmente contener los flujos de la emigración económica en África.

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¿Cómo influye todo esto en Argelia? 

Argelia comparte siete fronteras comunes con África y desde hace diez años recibe diariamente más inmigrantes subsaharianos que el resto del Magreb. Además, Europa reunida nunca ha pensado en llevar a cabo operaciones de esta naturaleza contrarias a su ética y a su doctrina diplomática.  

Habló de una tercera ruptura... 

Sí, y ésta atañe al equilibrio de los intereses diplomáticos que van a afectar durable y cualitativamente a las relaciones hispano-argelinas marcadas por la confianza y la consideración mutua. Al adoptar esta posición, España, que había sido hasta ahora escuchada, consultada y respetada por todas las partes en la región, escoge el perder su estatuto histórico de eje en la búsqueda de una solución justa y duradera en el conflicto del Sáhara para transformarse en parte activa y alineada. Pierde de esta manera el peso que le confiere la historia y las ventajas de una neutralidad activa en una región que representa junto con América Latina y Europa uno de los pilares de su influencia internacional.  

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Esta nueva situación ¿puede significar un cambio en la cuestión del Sáhara Occidental? 

La decisión del presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, lo mismo que la jugada de póker de Trump o el alineamiento incondicional de Francia con las tesis marroquíes no cambiará fundamentalmente nada en la situación del Sáhara Occidental que dura desde hace 47 años y cuyas perspectivas de solución parecen cada día más inciertas, y ello porque las cuestiones de descolonización y de autodeterminación de los pueblos se inscriben más en el tiempo histórico que en la actualidad de Europa o en los cálculos geoestratégicos puntuales.