Preocupación en el Gobierno tunecino ante los posibles ataques a los sistemas de seguridad

Saied manda un mensaje al Partido del Renacimiento Islámico
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AP/HEDI AZOUZ  -   El presidente de Túnez, Kais Saied, en el centro, lidera una reunión de seguridad con miembros del ejército y las fuerzas policiales en Túnez

La división del Parlamento de Túnez no deja lugar a la estabilidad del país. Mientras desde el G7 instaban al presidente, Kais Saied, a formar un nuevo Gobierno que fuese “capaz de abordar las crisis económicas”, el máximo mandatario manda un nuevo aviso para Ennahda (Partido del Renacimiento Islámico) ante la posibilidad de infiltrarse en los cables vitales (servicio de seguridad) del Estado. Desde hace tiempo, el presidente independiente pretende ejercer presión sobre Ennhanda, que siempre ha generado dudas en el seno del Ejecutivo sobre sus intenciones de sabotear la seguridad del país.

Saied cree que los islamistas están usando su influencia para cambiar el rumbo seguido por su Gobierno. Los ministerios de Interior y Justicia son un verdadero quebradero de cabeza para el presidente que ve cómo Ennhanda pretende acabar con sus planes. Kais Saied no tiene ninguna intención de disolver Parlamento y Gobierno, como ya hizo el pasado 25 de julio. En esa ocasión vio necesario llevar a cabo una reestructuración del Ministerio del Interior ya que existía una gran influencia por parte de Ennhanda en el mismo, y quería hacerlo de la mano de profesionales comprometidos con las políticas que tomaron el control de Túnez tras la revolución.

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AP/HASSENE DRIDI - el líder del partido islamista y expresidente del parlamento Rached Ghannouchi

Además de los cambios en Interior, varios gobernadores – todos ellos de la rama conservadora – fueron relevados acusados de buscar el beneficio propio antes que el de los ciudadanos. Una fuente tunecina citada por el medio Al Arab, afirma que Saied conoció en los últimos meses muchos detalles sobre el plan de influencia del Partido del Renacimiento Islámico, por lo que decidió actuar con rapidez. Además, la misma fuente asegura que el presidente cuenta con archivos de seguridad que monitorean los movimientos de Enhanda y que estos datos son la razón directa por la que Rachid Ghanuchi, jefe del movimiento Ennahda, reduce su aparición en los medios de comunicación.

La inestabilidad ha llevado a numerosos países a pedir a Saied la disolución de su Gobierno. Sin embargo, al mismo tiempo, el Ejecutivo tunecino continúa estrechando sus lazos con aquellos que sí ven posible la reconducción de la situación, como es el caso de Grecia. El ministro de Relaciones Exteriores heleno, Nikos Dendias, se reunió con Kais Saied en las últimas horas, cuando el máximo mandatario de Túnez volvió a asegurar su continuidad al frente del país: “el camino democrático continuará de acuerdo con la voluntad del pueblo de construir un estado de derecho sobre nuevas bases que eliminen la corrupción y la actual política, económica y situación social”.

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PHOTO/AP - Nikos Dendias, ministro griego de Asuntos Exteriores

Tras el encuentro con el representante griego, el presidente quiso agradecer la actitud de Grecia por “acompañar a Túnez en esta delicada circunstancia que atraviesa, que fortalecerá aún más los lazos históricos de amistad que existen. entre los dos países”. Por su parte, Nikos Dendias, hizo lo propio y dijo que desde Atenas “apoyan a Túnez y agradecen el apoyo del pueblo tunecino al jefe de Estado, en sus esfuerzos por estabilizar la democracia”. Todo lo contrario a lo que ocurre en los países del G7 que han pedido de manera formal a Kais Saied que forme un nuevo Gobierno.

“Instamos a un rápido retorno a un orden constitucional, en el que un parlamento elegido desempeñe un papel importante. Subrayamos la urgente necesidad de nombrar un nuevo jefe de Gobierno para formar un Gobierno capaz de abordar las crisis económicas y sanitarias inmediatas a las que se enfrenta Túnez”. Es lo que se podía leer en el comunicado emitido por los embajadores de los países del G7 en Túnez. A esta petición se han sumado, como no podía ser de otra manera, el Ennhanda y el principal sindicato del país, la Unión General de Trabajadores Tunecinos. Saied sigue firme en su voluntad de conservar el poder, pero la presión desde Occidente comienza a ser cada vez mayor.