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Protestas en Irán y sus posibles repercusiones

Las actuales manifestaciones han marcado un punto de inflexión en el país. Analistas plantean un posible endurecimiento de las leyes o, por el contrario, un inicio de reformas
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Las protestas masivas por la muerte de Mahsa Amini de 22 años están sacudiendo los cimientos del régimen iraní. 10 días después del asesinato de la joven a manos de la policía de la moral, las mujeres y hombres iraníes continúan exigiendo justicia y cambios políticos a pesar de la violenta respuesta de las autoridades. De acuerdo con los medios de comunicación estatales, al menos 41 manifestantes han muerto, aunque otras fuentes indican que la cifra real es mucho más alta.

Iran Human Rights (IHR), organización con sede en Noruega, estimó el número de muertos en 57, aunque destacó que los continuos apagones de Internet hacen difícil confirmar los datos. El Gobierno ha restringido el acceso a Internet, bloqueando redes sociales como Instagram o WhatsApp. El portal de seguimiento NetBlocks también denuncia restricciones en LinkedIn y Skype. Respecto a los arrestos, AP informa de más de 1.200 manifestantes detenidos por las fuerzas de seguridad.

Las protestas han traspasado las fronteras del país. Desde Toronto a Estambul pasando por la sede de las Naciones Unidas en Nueva York los iraníes de la diáspora también expresan su rechazo al asesinato de Amini y a las flagrantes violaciones contra los derechos de las mujeres.

En París y en Londres se han vivido momentos de tensión entre los manifestantes y la policía. En la capital francesa, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos contra cientos de personas para evitar que se acercasen demasiado a la Embajada iraní, según informa AFP.

La respuesta de las autoridades francesas ha sido condenada por activistas iraníes. A través de su cuenta de Twitter, Masih Alinejad denunció el uso de gases lacrimógenos en París “mientras Emmanuel Macron le estrechaba la mano al presidente asesino de Irán”, aludiendo al encuentro entre el líder francés y Ebrahim Raisí en el marco de la Asamblea General de la ONU.

En Londres ocurrió algo similar. Las protestas se saldaron con 12 arrestos y cinco agentes heridos después de que los manifestantes -portando la bandera nacional prerrevolucionaria y coreando “muerte a la República Islámica”- tratasen de romper las barreras que protegen la misión diplomática iraní en Reino Unido. El alcalde de la capital británica, Sadiq Khan, tachó los altercados de “completamente inaceptables”. “La minoría egoísta que intentó tomar una manifestación pacífica debe ser llevada ante la justicia”, declaró, según recoge la BBC.

Además de manifestarse ante embajadas o consulados, los iraníes en el extranjero piden acciones más fuertes contra Teherán. “No queremos que nos salven, queremos que dejen de salvar al régimen”, destacó Alinejad durante una protesta frente a la ONU. Estados Unidos ya ha tomado medidas y ha decidido sancionar a la policía de la moral, brigada responsable de la muerte de Amini, así como a siete jefes de cuerpos de seguridad.

Teherán, por su parte, además de responder con violencia contra los manifestantes, ha acusado a Occidente de “interferir” en asuntos internos. Por este motivo, ha convocado a los embajadores británico y noruego, mientras culpa a Estados Unidos de apoyar a los “alborotadores”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por Hossein Amirabdollahian, ha citado al jefe de la misión diplomática británica en el país por el “carácter hostil” de los medios de comunicación farsi con sede en Londres. Reino Unido ha respondido a este movimiento condenando la “represión de Irán contra los manifestantes, los periodistas y la libertad Internet”, según informa The Guardian. Por otro lado, el embajador noruego fue convocado para explicar la “postura intervencionista” del presidente de su Parlamento, Masud Gharahkhani, de origen iraní que ha expresado su respaldo a las protestas.

“Punto de inflexión”

Desde 2019 Irán no atravesaba una oleada de protestas tan fuerte. Entonces, la sociedad iraní salió a las calles para protestar contra la subida del precio de la gasolina. Las autoridades respondieron de una manera similar a la actual: cortando internet y utilizando la violencia contra los ciudadanos.

“La respuesta de las autoridades es similar a las de 2009 o 2019. Sin embargo, ahora, la gente se manifiesta por los barrios, de forma intermitente, y por las tardes-noche. Antes, se concentraban en las ciudades. Esto produce un desgaste en las fuerzas armadas”, explica a Atalayar el analista iraní Daniel Bashandeh.

Diversos analistas y expertos subrayan los importantes efectos y consecuencias que pueden tener estas protestas. “Es un punto de inflexión. Es una respuesta popular a las tres crisis que vive la población: crisis institucional, económica y sobre todo social”, apunta Bashandeh.

El analista Ray Tekeyh subraya en el think tank Council on Foreign Relations el papel actual de las mujeres en las protestas. “Las iraníes han estado involucradas en protestas anteriores, pero estas se destacan por su vehemencia al oponerse a las políticas del régimen”, señala. Sin embargo, Tekeyh recuerda que las actuales protestas deben considerarse “parte de una amplia gama de preocupaciones”, como la situación económica de profesores, jubilados o agricultores.

En esto coincide Manuel Férez, profesor de Oriente Medio y Cáucaso en la Universidad Alberto Hurtado de Chile, quien aclara a Atalayar que las protestas “son expresiones sociales a nivel nacional en contra de injusticias y desigualdades sociales estructurales del régimen”. “El desempleo juvenil, la represión cotidiana y le corrupción de la élite política sólo empeoran esta ya de por sí mala situación”, añade.

En este sentido, Bashandeh afirma que “también hay que dejar claro el impacto de las sanciones en la población de Irán por parte de Occidente”. “A modo general, con las sanciones, la calidad de vida ha empeorado, ha incrementado la inflación y la moneda se ha devaluado. Son parte de las causas de por qué Irán tiene la situación actual”, indica.

Respecto a un posible cambio respecto a los derechos de las mujeres, Bashandeh plantea dos posibles escenarios. “Bien que se endurezcan las medidas sociales en línea con las declaraciones de Raisí para hacer frente a las protestas. O bien, el inicio de reformas paulatinas que repercutan inmediatamente en la ciudadanía”. En este último punto se baraja la posibilidad de “relajar las exigencias del velo y dejar en un segundo plano la política moral”.

El pasado mes de agosto, el presidente Raisí endureció las leyes de vestimenta para las mujeres a través de un nuevo decreto. Una medida que, de acuerdo con Tekeyh, contó con el apoyo de la mayoría de los clérigos conservadores que actualmente controlan las instituciones. Asimismo, en medio de las protestas y las críticas internacionales, el presidente iraní rechazó una entrevista en Nueva York con la periodista de la CNN, Christiane Amanpou, después de que esta se negase a cubrirse el pelo. Tal y como aseguró Amanpou en Twitter, “ningún presidente anterior lo ha exigido cuando los he entrevistado fuera de Irán”.

Sin embargo, Bashandeh considera que “se podría dar un equilibrio pragmático”. “Debido a la situación, renunciar a sus principios sería un coste muy alto ya que daría lugar a que la gente quisiera más reformas. Pero, con medidas “silenciosas”, ganaría tiempo, como en la época de Rohaní o Jatamí, cuando el velo no era tan controlado”. No obstante, el analista iraní señala que “aún existiría el problema de fondo: una generación posrevolucionaria que no se identifica con el actual régimen”.

Férez, por su parte, considera que “este ciclo de protestas, represión y promesas de reforma será permanentes hasta que caiga el régimen”. Férez asegura que hay ciertos “temas e injusticias” que son “incapaces de reformar”, como el tema de género (mujeres y homosexualidad), las minorías étnicas y la disidencia política.

Férez también destaca el papel de las mujeres y su lucha. “He dicho en otras ocasiones que lo que más teme el régimen iraní es una revolución feminista”, apunta. Por este motivo, insiste en “replantear nuestra mirada a Oriente Medio para ajustarla a esa revolución cultural en la cual las mujeres son elemento central, modernizador y democratizador”.