Proyecto Humanidad, un centro para familias refugiadas en el centro de Atenas

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Eva Cifuentes

Fotos: Carlos Aparicio Adaro

Según el Informe 2018 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), vivimos el mayor éxodo registrado a causa de las guerras, situaciones de violencia y de violaciones sistemáticas de los Derecho Humanos. A España han logrado llegar en 2018 más de 58.000 personas en la ruta del Mediterráneo según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y han perecido más de 700 personas, más del triple que en todo el año 2017. Pese a que la crisis de los refugiados está en todas las agendas políticas, las soluciones llegan tarde y mal, por no hablar de las reubicaciones o acogidas, ya que los países apenas cumplen los cupos acordados. Grecia es uno de los puntos, junto con Turquía, donde más inmigrantes logran llegar. Una vez allí, culminado el peligroso viaje desde sus países de origen como Siria o Afganistán, entre otros muchos, comienza otra odisea: el asilo e integración.

El fin del peligroso viaje por el Mediterráneo, para los que consiguen finalizarlo con vida, no acaba al llegar a Europa. Una vez allí, lograr asilo legal y reubicación es tremendamente difícil, y mientras la burocracia trabaja, deben permanecer en los campos de refugiados. Lugares donde en muchas ocasiones las condiciones higiénicas, humanas y los Derechos Humanos brillan por su ausencia. La masificación de estos y la inacción por parte de la Unión Europea provoca situaciones de gran desamparo. Pero en medio del caos y de situaciones desoladoras, hay hueco para la humanidad, literalmente. El Proyecto Humanidad, desarrollado por la ONG Provocando la Paz, es un edificio de cinco plantas situado en el centro de Atenas, en la céntrica plaza Victoria. Este edificio está dedicado a la acogida de refugiados, en particular de mujeres en situación de gran vulnerabilidad. 

 

Albergue para mujeres y familias vulnerables

Aunque el albergue está dedicado a la acogida de mujeres, tal y cómo cuenta Carlos Aparicio, integrante y voluntario del proyecto, también acogen “al núcleo familiar, es decir, a sus hijos y a su marido”, aunque –explica- muchas mujeres llegan solas ya que “sus maridos son elementos de violencia añadida de los que huyen para salvar sus vidas”.

En la actualidad el albergue está habitado por 21 familias acogidas. Las nacionalidades de los refugiados son muy diversas: sirios, kurdos, afganos, iraníes…”Nuestro foco son las mujeres más vulnerables, sin techo o que viven en campos sobrepoblados y se encuentran en avanzado estado de gestación, con hijos o en periodo de lactancia”, explica.

“Todas huyen de situaciones insostenibles, de la violencia, el terror y la muerte”

Se enfrentan a historias desgarradoras como la de una joven kurda, que llegó al alberge con el 60% de su cuerpo quemado a manos de su marido, que le roció con keroseno, y que tras huir con sus dos pequeños y llegar a Turquía, fue secuestrada y retenida por una mafia y violada repetidamente. “Cuando logró huir y llegar por fin a Atenas y llamó a nuestra puerta, estaba embarazada de 6 meses y sus dos pequeños no permitían que nadie les acariciase”, relata Carlos. Esto ocurrió hace algo más de un año, y, según detalla, médicos de la unidad de quemados del Hospital Vall d’ Ebrón de Barcelona se han ofrecido a tratarla, “estamos a la espera de que un juez le permita ir a tratarse las dolorosas quemaduras a España”. 

Una de las últimas familias en llegar ha sido una madre con dos hijos de 10 y 6 años que han dejado por el camino al padre y a otros dos hijos más. “Todas las familias que acogemos traen a sus espaldas historias desgarradoras. Todas huyen de situaciones insostenibles, de la violencia, el terror y la muerte”. El Proyecto Humanidad busca ser un hogar para estas familias, un lugar donde se sientan respaldados, respetados, y las mujeres puedan dar a luz en condiciones adecuadas. La salud es lo primero que tratan cuando llega una familia, algo que, debido a la saturación de los hospitales griegos no es tan fácil, y muchas veces tienen que lidiar con el desprecio de y poca amabilidad de algunos trabajadores. 

ONGs que se encuentran sobre el terreno como Médicos Sin Fronteras o Childsmile, entre otras, les prestan también ayuda en la asistencia a las embarazadas, ayuda psicológica con los casos más delicados o a pasar consulta una vez por semana. Además de prestarles asistencia sanitaria, Carlos recalca que trabajan para su integración así como para ayudarles en los trámites administrativos. Intentan que logren mudarse a pisos gestionados por ACNUR cuando logran que su situación sea estable, algo complicado “porque también están saturados y el proceso exige muchos requerimientos”.

El funcionamiento de este centro se nutre exclusivamente de voluntarios. Dos familias cocinan para todos los miembros del albergue cada día gracias a los alimentos frescos que reciben tanto de donaciones monetarias como de alimentos y medicinas.  Una vez a la semana realizan una asamblea donde se tratan problemas que han ocurrido, herramientas disponibles para solucionarlos, propuestas educativas para hacer con las familias y cualquier tema relativo a la convivencia y al buen funcionamiento del proyecto. 

“Lo más difícil es decirle a una familia que sabes que está en la calle, que no tienes sitio”

La situación de los refugiados en Grecia está fuera de control. Campos como el de Lesbos, con capacidad para unas 2.500 personas, acoge a 8.000. Situación que se repite en varios campamentos provocando que los inmigrantes que logran sobrevivir a la travesía vivan en condiciones de hacinamiento, e insalubridad. Algunas familias llevan meses o años atrapados en ese limbo legal con la incertidumbre de si la UE les concederá el asilo, les reubicará o si, por el contrario, les deportarán a sus países de origen o a otros campos como los de Turquía, que soporta a más refugiados en sus campamentos que toda la UE. 

España ha acogido tan solo a 2.892 personas refugiadas, menos del 20% de la cuota que se acordó, un total de 17.337 refugiados que se encuentran ya en territorio de la Unión Europea. Mientras tanto, los refugiados siguen llegando, especialmente a las costas griegas, y se siguen demandando soluciones reales y efectivas.

“Lo más difícil es decirle a una familia que sabes que está en la calle, que no tienes sitio”.