Qatar firma un acuerdo con Sarraj que podría desestabilizar el proceso de paz libio

La inteligencia qatarí lleva desde 2011 intentando crear milicias y grupos armados para influenciar el trascurso del conflicto en Libia a través de los Hermanos Musulmanes
Fayez Sarraj Libia

AFP/ADEM ALTAN  -   Fayez al-Sarraj durante una conferencia de prensa en el Complejo Presidencial de Ankara

Qatar ha firmado un acuerdo de seguridad con el Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia (GNA) encabezada por Fayez Sarraj. El acuerdo, según informa el medio de comunicación Al-Ain que, es considerado como una herramienta para destruir los intentos de poner fin a la guerra civil libia y, a su vez, ayuda a perpetrar la presencia turca en el país.

La firma se produjo después de que las partes enfrentadas alcanzaran un acuerdo de alto el fuego en Ginebra. Este alto el fuego estipula la necesidad de disolver las milicias existentes y frenar los acuerdos turcos con Sarraj.

Los observadores internacionales de Al-Ain consideran el acuerdo como un intento de Qatar y Turquía de continuar patrocinando organizaciones terroristas y milicias armadas, así como de disponer de un medio de penetración en las instituciones oficiales en Libia.

El Ministro del Interior de Sarraj explicó algunas áreas a través de las cuales Doha influye en todas las articulaciones de seguridad de Libia, incluida la documentación de identidades personales y la preparación de líderes administrativos. A estas actividades se suman el delito electrónico, económico y cibernético, el desarrollo de laboratorios y pruebas forenses, el sistema de entrada y salida del país, el sistema de tráfico, seguridad costera, investigación e investigación, identificación de personas y asistencia en las investigaciones.

Este acuerdo ha incomodado a muchos enemigos de Qatar que consideran que convierten al país en un “objetivo cautivo a la sombra de Qatar”, informa Al-Ain. Entre las medidas adoptadas en el acuerdo se encuentra el artículo VI, que “proporciona un método para financiar grupos terroristas patrocinados por Doha en Libia”. Al-Ain saca esta conclusión de la afirmación en el texto de que todas las obligaciones financieras resultantes de la implementación de las disposiciones del acuerdo serán aprobadas.

El Artículo VII también ha creado polémica. Según los analistas del medio emiratí, el acuerdo ha despojado a Libia del derecho a recurrir al arbitraje internacional o ingresar a un tercero en caso de una disputa sobre los términos del acuerdo. En cambio, establece que: "Cualquier disputa que pueda surgir de la interpretación o aplicación de las disposiciones de este memorando se resuelve de manera amistosa sin recurrir a un tercero o al arbitraje internacional". Esto, según Al-Ain, inmuniza el acuerdo de ser cancelado en caso de que cambie el Gobierno pro-qatarí.

En cuanto al octavo y último artículo dictan que el acuerdo entraría en vigencia a partir de la firma y sus disposiciones se aplicarían por un período de tres años renovados automáticamente por un período similar. 

Sarraj en Turquía
PHOTO/OFICINA DEL PRIMER MINISTRO DE LIBIA - El primer ministro de Libia, Fayez al-Sarraj, se reúne con los ministros de defensa de Turquía, Hulusi Akar, y de Qatar, Khalid bin Mohammad Al-Attiyah, en Trípoli, Libia, el 17 de agosto de 2020
Las brigadas Thuwar

La intervención de Qatar en Libia comenzó en 2011, cuando Doha patrocinó fuertemente a los Hermanos Musulmanes a través de la cobertura del movimiento popular en Libia. El canal qatarí Al-Jazeera comenzó a presentar y simbolizar a la Hermandad como uno de los cuadros más importantes del movimiento popular en el este del país. Qatar pronto lo apoyó con sustento económico, armas y medios de comunicación para formar una milicia llamada "17 de febrero".

Esto coincidió con la distorsión y el debilitamiento del general libio Abdel Fattah Younes, quien declaró su parcialidad hacia el movimiento popular. A través de un grupo de inteligencia qatarí, la milicia “17 de febrero” se instaló en Tobruk con el pretexto de facilitar la llegada de ayuda humanitaria al pueblo libio durante su calvario. Este grupo, según afirma Al-Ain reunió en sus filas “elementos terroristas internacionales que fueron enviados a los territorios libios”. Paralelamente, hubo otro grupo qatarí que llegó a Bengasi para supervisar la entrada de armas medianas y misiles térmicos portátiles "Milán" por aire y mar.

Según fuentes de inteligencia libias, entre los oficiales y elementos qataríes que supervisaban el proceso de envío de armas a Libia y entrenamiento de los operativos, se encontraban Nasser Abdulaziz al-Mannai y Jasem Abdullah al-Mahmoud, además de Abdul Rahman al-Kuwari, que estaba destinado en Sudán con otros oficiales qataríes.

"Shields", el segundo intento

Tras el asesinato del coronel libio Muammar El Gaddafi, las ambiciones de la Hermandad aumentaron para formar un Ejército que se apoyó en las antiguas milicias, monitoreadas en ese momento por la inteligencia turca.

Estas milicias se denominaron "Escudo de Libia" y, después de que el terrorista Wissam bin Hamid consiguiera anexar nuevos elementos terroristas internacionales de las organizaciones de Al-Qaeda, la milicia liquidó a la mayoría de los líderes civiles y militares nacionales en el este de Libia. Esto, según afirma Al-Ain, supuso una amenaza para la finalización del proyecto terrorista qatarí.

El "tercer intento" de la Guardia Nacional

Después de varias acusaciones, la Hermandad tomó la decisión de utilizar estas milicias. Para ello añadieron nuevas tropas bajo el nombre de "Guardia Nacional", formadas por los miembros más destacados del Libyan Fighting Group, que es uno de los afluentes de Al-Qaeda liderado por los terroristas Abdel Hakim Belhadj, Khaled al-Sharif y Abdel-Wahab Qaid, así como otras milicias ideológicas de Misurata y Al-Zawiya.

Youssef al-Manqoush (originario de Misrata) y afín a Qatar fue puesto al mando del Estado Mayor en 2012, donde desempeñó un papel importante y peligroso al engañar al pueblo libio. Al-Manqoush asumió la tarea de proporcionar fondos y cobertura política a las milicias de Misrata, y así desembolsar miles de millones de dólares a las milicias con dinero público de los libios. Esto provocó que la mayoría de los jóvenes participaran en las milicias, lo que proporcionó un entorno adecuado y una cobertura para la propagación de Daesh y Al-Qaeda en el país.