¿Qué hace Turquía en Libia?

La reciente firma entre Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional libio de dos acuerdos sobre la delimitación de sus respectivas zonas económicas exclusivas y sobre cooperación militar y de seguridad ha provocado sorpresa y reacciones adversas
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IEEE  -   La actual política exterior turca ha fijado su atención en un país hoy convertido en un Estado fallido en gran medida a causa de la intervención extranjera. ¿A qué se debe este marcado interés?

Resumen: La reciente firma entre Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional libio de dos acuerdos sobre la delimitación de sus respectivas zonas económicas exclusivas y sobre cooperación militar y de seguridad ha provocado sorpresa y reacciones adversas no solo entre los países de su entorno mediterráneo, sino en el espacio europeo, en general, obligando, incluso, a una toma de postura por las grandes potencias. Los intereses de Turquía en Libia son diversos, pero el verdadero motor de estos acuerdos ha sido la disputa por la delimitación de las aguas en el Mediterráneo oriental con la explotación de los potenciales recursos energéticos que contiene. La firma de los acuerdos supone un cambio de la estrategia turca en la zona, con profundas implicaciones geopolíticas. 

Introducción 

En noviembre de 2019, el Gobierno turco y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) libio presidido por Fayez al-Sarraj, único oficialmente reconocido por la comunidad internacional, firmaban dos acuerdos de cooperación (MoU, por sus siglas en inglés) que provocaron sorpresa e indignación en su entorno inmediato, especialmente en la República de Chipre (RdC), Grecia, Israel y Egipto, con quienes Turquía mantiene desacuerdos sobre la delimitación de los espacios de soberanía la en la parte oriental del Mediterráneo1. Es precisamente a esta cuestión a la que hace referencia el primero de los acuerdos2, mientras que el segundo, de carácter independiente pero indudablemente relacionado con el anterior, regula la cooperación militar de Turquía en numerosos aspectos, pero que excluye, por el momento, el despliegue de fuerzas combatientes3

El impacto estratégico de estos MoU excede ampliamente los límites geográficos de Libia y sus efectos se han dejado notar en un entorno considerablemente más amplio. Como era de esperar, nadie ha permanecido indiferente y países con intereses directos en Libia, como Francia e Italia, se han visto obligados a posicionarse en su contra, arrastrando a la UE en su conjunto, mientras que EE. UU. los ha calificado de «provocativos»4. Más cautos se han mostrado Rusia y China, reservándose con ello una mayor libertad de acción sobre este asunto en función del desarrollo de acontecimientos. 

Turquía es uno de esos países que lleva a cabo una minuciosa planificación de su política exterior. No puede decirse que se vea siempre coronada por el éxito, pero sin duda responde a fundamentos sólidos y sus acciones no suelen ser fruto de la improvisación. En consecuencia, es a través de este filtro que debemos analizar la acción exterior turca. 

En esa línea de pensamiento, este documento pretende aportar claridad a esta cuestión, desentrañando los porqués de esta actuación y analizando sus consecuencias estratégicas para el equilibrio de poder regional. 

Intereses turcos en Libia: los porqués 

El interés de Turquía por Libia no es ni mucho menos nuevo. Siendo parte integral del Imperio otomano, fue precisamente en Libia, durante la guerra desencadenada tras la ocupación italiana de este territorio en 1911, donde un joven Mustafa Kemal obtuvo su primera experiencia de combate, antes de su destacada actuación en la batalla de Galípoli durante la Primera Guerra Mundial que lo convirtió en héroe nacional. 

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Pero, al margen de cuestiones emocionales que indudablemente tienen su importancia, la actual política exterior turca ha fijado su atención en un país hoy convertido en un Estado fallido en gran medida a causa de la intervención extranjera. ¿A qué se debe este marcado interés? Podemos identificar, al menos, cuatro aspectos en los que Libia presenta oportunidades para Turquía: (1) obtención de influencia en África, (2) acceso a recursos energéticos libios, (3) competencia regional con Egipto y (4) delimitación de los espacios de soberanía en el Mediterráneo oriental. Los dos primeros se relacionan directamente con la política de expansión en África que, desde mediados de la pasada década, ha puesto en marcha el Gobierno turco. Los dos segundos tienen implicaciones más amplias y son, quizás, el auténtico motor de los acuerdos que recientemente se han firmado; cuestiones ambas que, llegado el caso, podrían provocar que Turquía hiciese uso de todos los recursos de poder a su disposición. 

Influencia en el continente africano 

El boom económico que experimentó la Turquía del Partido de Justicia y Desarrollo (Adanet ve Kalkınma Partesi - AKP) desde su acceso al poder5 permitió al Gobierno turco ambicionar una extensión de sus relaciones comerciales a nivel mundial, acompañada por una política exterior orientada a recuperar el papel de potencia regional con ambiciones globales que considera que históricamente le corresponde. África, calificado por muchos como el continente del futuro, fue identificado como uno de los objetivos que podía cumplir perfectamente estas expectativas. 

Dos acontecimientos acaecidos en 2011 en países con pasado otomano ofrecieron, a ojos de los líderes turcos, una magnífica oportunidad para dar el debido impulso a esta «renovada» política africana y transmitir al resto del continente una imagen de país comprometido y con capacidad de aportar soluciones reales: la hambruna que asoló Somalia y las revueltas en Libia producidas al amparo de las denominadas primaveras árabes. En el primero de los casos, un destacado esfuerzo de ayuda humanitaria estableció las bases para una cooperación ampliada que, a lo largo de los años, ha proporcionado a Turquía gran prestigio en toda África. Somalia es para Turquía una historia de éxito y se ha convertido en el escaparate de lo que su modelo de cooperación, alternativo a modelos como el chino, el ruso o el occidental, puede ofrecer. 

En el segundo caso, los resultados no están siendo tan favorables. Desde un primer momento, Turquía reconoció al Consejo de Transición Nacional como «único representante del pueblo libio», siendo el primer país que envió un embajador a Trípoli una vez que el Consejo se hizo con el control de la ciudad y apoyando de manera decidida al Gobierno de Acuerdo Nacional surgido del Acuerdo Político para Libia de diciembre de 20156. Para reforzar su imagen como país que actúa de manera altruista, libre de las cargas de un pasado colonial, Turquía lleva a cabo en el país, al menos desde 2015, numerosos proyectos de ayuda humanitaria a través de su agencia oficial de cooperación TIKA (Türk İşbirliği ve Koordinasyon Ajansı) y de la Media Luna Roja (Kizilay)7

Pero, por razones cuyo análisis excedería el objetivo de este documento, la estabilidad política no forma parte de la Libia post-Gadafi y la ofensiva iniciada en abril de 2019 por el mariscal Khalifa Haftar ha situado al GAN en situación precaria. Turquía se ha perfilado como uno de sus principales valedores, presentándose ante los países africanos como un país comprometido con el orden internacional, en inteligencia de que cada éxito obtenido en este país le proporcionará capital político para ser invertido en el resto del continente. 

Energía 

Referirse al control de los recursos energéticos como una de las causas, quizás la principal, de las revueltas de 2011 que, con la intervención de la OTAN, propiciaron el derrocamiento de Gadafi es mencionar lo obvio. Y Turquía no es ajena a ello. Hoy día pocos dudan de que el interés turco en Libia es algo más que puro altruismo. La obtención de los recursos de los que Turquía carece y que necesita para sostener su economía como potencia regional forma parte integral de los objetivos de su política africana8

A estos efectos, Libia posee unas reservas probadas de 48.400 millones de barriles (2,8 % de las mundiales) y 1,5 billones de m3 de gas natural9, aunque su explotación en el período inmediatamente anterior a 2011 estuvo limitada a las compañías BP (Reino Unido), Chevron, Marathon y Occidental (EE. UU.), CNPC (China), Eni (Italia), OMV (Austria), Repsol (España), Shell (Países Bajos), Statoil (Noruega), Total (Francia) y Wintershall (Alemania). Hasta hoy, la industria petrolífera turca ha estado ausente de Libia. Y, tal vez, esto esté a punto de cambiar. Un Gobierno favorable en Trípoli podría facilitar el desembarco de la petrolífera turca TPAO en yacimientos libios, no solo en el territorio continental, sino en sus espacios de soberanía en el Mediterráneo. De hecho y, en conexión con lo que más adelante tratamos, Turquía ya ha anunciado su intención de llevar a cabo actividades de exploración en las aguas declaradas como Zona Económica Exclusiva (ZEE) por el Gobierno libio10

Competencia regional 

Históricamente, las relaciones entre Egipto y Turquía nunca han sido fáciles. Ya desde los tiempos del Imperio otomano, del que Egipto formó parte hasta el final de la Primera Guerra Mundial, ambos mantienen una pugna permanente por el liderazgo e influencia en el mundo musulmán sunita11 y ni siquiera en los años en que Anwar el Sadat, en plena Guerra Fría, enlazó los intereses del país de los faraones con los del mundo occidental pudo establecerse un diálogo sincero entre ambos. A pesar de todo, las relaciones han vivido momentos de cierta calidez. Así fue durante el breve periodo de tiempo de Gobierno de los Hermanos Musulmanes de Mohamed Morsi (de junio de 2012 a julio de 2013). Pero su derrocamiento en 2013 por un golpe de Estado encabezado por su ministro de Defensa y comandante de las Fuerzas Armadas, el general Abdulfatah al Sisi, y el apoyo que ya incluso antes de ese momento Turquía presta a los Hermanos Musulmanes, organización prohibida en Egipto, ha llevado las relaciones hasta un punto próximo a la ruptura. 

Egipto, junto a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), apoya en la guerra civil libia a la facción rebelde del mariscal Haftar, el Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés), a quien ha proporcionado armamento, financiación y apoyo logístico. De facto, Libia se ha convertido en escenario de una «guerra por delegación» entre Turquía y Qatar, por un lado, y el bloque formado por Egipto, EAU, Arabia Saudita y afines, por otro. Rusia mantiene una actitud ambigua pues, aunque oficialmente manifiesta su neutralidad, la participación de la compañía militar privada rusa Wagner en apoyo del LNA es conocida12

Aquí es donde entra en escena el acuerdo de cooperación militar y de seguridad. Como se ha mencionado, este acuerdo se limita a cuestiones de apoyo técnico, asesoramiento, intercambios de información e inteligencia, formación y adiestramiento, equipamiento, industria de defensa y un largo etcétera de hasta 23 actividades entre las que, significativamente, no se incluye el despliegue de fuerzas combatientes. Sobre la base de este acuerdo, Turquía ha desplegado asesores e instructores militares a Libia, que ya han sufrido las primeras bajas13. Entre ellos se incluyen, según declaraciones del propio presidente Erdoğan, miembros del Ejército Nacional Sirio (SNA, por sus siglas en inglés), facción de la oposición siria apoyada en aquel país por Turquía14. A este contingente debe añadirse la compañía privada de seguridad SADAT, presente en Libia al menos desde 201315. Es de esperar que Turquía se empeñe en lo necesario para evitar el derrocamiento del GAN, lo que facilitaría la penetración de Egipto en el país. Y ello incluye no solo el suministro de armamento material militar al GAN, sino la posibilidad de desplegar fuerzas combatientes si, en función de la evolución de acontecimientos, el GNA acaba por solicitar mayor implicación de fuerzas militares turcas. 

Contener la influencia egipcia en el continente africano, quizás esperando que un cambio de régimen en Egipto elimine los obstáculos que dificultan el desarrollo de relaciones con normalidad, resulta esencial para Turquía. Y para ello necesita contar con regímenes afines en sus fronteras. Para completar el "bloqueo", Turquía había establecido una estrecha relación con Sudán, donde el presidente Erdoğan había ganado considerable influencia. En su vista al país en 2017, el presidente prometió acometer la construcción de infraestructuras y elevar el volumen de intercambios comerciales entre ambos países a 10.000 millones de dólares, garantizándose el derecho a la reconstrucción de la isla de Suakin, un importante puerto otomano de los siglos XV a XIX en las orillas del mar Rojo. La caída del régimen de Omar al-Bashir en Sudán ha supuesto un duro golpe para las aspiraciones turcas, cuya continuidad queda en entredicho. Tras un breve periodo de espera, en estos momentos el Gobierno turco ha iniciado actuaciones para tratar de superar el bache, incluyendo el impulso a la cooperación en materia de defensa16

Delimitación de espacios de soberanía en el Mediterráneo oriental 

Esta es la cuestión de mayor trascendencia para Turquía en estos momentos y la que ha provocado la firma del MoU sobre delimitación de espacios de jurisdicción marítima en el Mediterráneo. Para su comprensión es preciso realizar una breve incursión en el derecho del mar, en la conocida oficialmente como Convención de las Naciones Unidas del Derecho del Mar (CNUDM), adoptada en Montego Bay (Jamaica) en 198217

Según esta norma internacional, se establece de manera genérica en 200 millas (NM, por sus siglas en inglés) el límite máximo de la plataforma continental y Zona Económica Exclusiva (ZEE) sobre las que un Estado puede ejercer derechos soberanos, limitados, eso sí, al ámbito de la exploración, explotación, conservación y administración de recursos naturales. En determinadas circunstancias, la plataforma continental (exclusivamente el lecho marino y el subsuelo) pueden extenderse hasta las 350 NM (figura 2). El problema en esta zona del Mediterráneo es que sus reducidas dimensiones impiden la aplicación directa de este principio, por lo que los países ribereños únicamente pueden delimitar estas aguas mediante la negociación entre las partes, absteniéndose mientras tanto de realizar «nada que pueda poner en peligro u obstaculizar la conclusión del acuerdo definitivo» (Art. 83.3 de la CNUDM). 

IEEEHasta el momento y ante la falta de acuerdo, Turquía18 y Grecia se habían abstenido de efectuar ninguna declaración formal que, sin duda, hubiese sido considerada como un acto poco amistoso. Pero el acuerdo turco-libio rompe con esta costumbre. El acuerdo incluye la delimitación de una línea divisoria de 18,6 NM de longitud situada de manera equidistante entre las costas turca y libia, enfrentadas entre sí (figura 3). El problema es que la presencia en las proximidades de la isla de Creta y otras de menor extensión como Kárpatos o Rodas que, dado su carácter de habitadas, dan derechos a reclamaciones griegas sobre la ZEE (art. 121 de la CNUDM), no se tiene en consideración. 

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El acuerdo, argumenta Turquía, ha sido alcanzado con un Gobierno legítimamente constituido e internacionalmente reconocido, por lo que cumpliría con todos los requisitos para ser admitido en derecho internacional. Conforme a la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, de 23 de mayo de 1969, este MoU fue oficialmente registrado el 11 de diciembre de 2019 ante el secretario general de las Naciones Unidas que, careciendo de capacidad para pronunciarse sobre su legalidad, se ha limitado a su registro19, anunciándose su próxima publicación oficial20.

En realidad, es la disputa sobre la delimitación de espacios de soberanía en el Mediterráneo oriental en íntima relación con la explotación de los recursos energéticos descubiertos en sus aguas la que ha provocado el acuerdo. Aun estando en sus fases iniciales, la explotación de los yacimientos descubiertos durante la última década ha propiciado la constitución de dos grandes alineamientos estratégicos regionales: un primer grupo que incluye a Grecia, Chipre, Israel y Egipto, que cooperan para encontrar maneras de rentabilizar sus recursos potenciales, y un segundo alineamiento entre Turquía y la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre (RTNC), esta última sin reconocimiento internacional21. Francia e Italia, cuyas compañías TOTAL y Eni, respectivamente, tienen intereses comerciales en estas aguas, se han posicionado en apoyo de las reivindicaciones del primer grupo de países, siendo respaldadas por la UE en su conjunto. Y otro tanto ha hecho EE. UU., igualmente con intereses comerciales en la explotación de potenciales recursos en aguas reclamadas por Chipre22 (figura 4). 

IEEEEstos posicionamientos han dejado a Turquía aislada. La constitución, a principios de 2019, del Foro Gasístico del Mediterráneo Oriental (EastMed Gas Forum – EMGF), foro político de cooperación en materia energética que agrupa a Egipto, Israel, Jordania, Autoridad palestina, Chipre, Grecia e Italia y al que Francia ha mostrado interés en unirse23, ha forzado a Turquía a actuar. El acuerdo delimita sin ambigüedad y reclama para Turquía una zona del mar que forzosamente deberá utilizar cualquier gasoducto que se pretenda construir para exportar gas del Mediterráneo oriental hacia Europa, lo que, de facto, daría a Turquía capacidad para vetar, o al menos dificultar, su construcción24

Más allá de los efectos jurídicos que esta declaración pueda tener, lo cierto es que la definición expresa de los límites de su ZEE, en una zona directamente en conflicto con territorio griego (isla de Creta), supone un cambio de estrategia. Un cambio de estrategia que, acompañado por el despliegue de tropas turcas en Libia en apoyo del GAN, de momento limitado, integra la cuestión libia en la geopolítica particular del Mediterráneo oriental en la que Turquía busca ser reconocida como potencia regional con la que resulta imprescindible negociar y a la que no se puede obviar. En palabras del vicepresidente turco, Fuat Oktay, "…ningún plan en la región que excluya a Turquía tiene posibilidades de éxito"25. Con ello, Turquía adopta una política de hechos consumados. 


Conclusión: las consecuencias en la geopolítica regional

Como hemos visto, las razones por las que Turquía desembarca en Libia a partir de 2011 están íntimamente ligadas a sus aspiraciones de ampliar su influencia en el continente africano mediante el desarrollo de la cooperación política, económica y militar. Pero la evolución de acontecimientos en el país y el recrudecimiento de la guerra civil experimentado desde abril del pasado año han limitado el éxito obtenido hasta el momento. Por otro lado, el aislamiento al que se ve sometida en el Mediterráneo oriental ha llevado a Turquía a adoptar una estrategia que pasa por la integración de ambas cuestiones, de manera que la una difícilmente pueda tratarse sin tener en cuenta la otra. La continuidad del Gobierno de al-Sarraj proporcionaría a Turquía un valioso aliado para consolidar el acuerdo sobre la delimitación de espacios marítimos en aguas del Mediterráneo oriental. 

Por el momento, salvo Líbano y Siria, todos los países ribereños, Egipto, Israel, Chipre, Grecia e Italia, a los que se ha sumado Francia, han declarado nulo de pleno derecho el acuerdo. Francia, que mantiene presencia naval en estas aguas y cuyo portaviones Charles de Gaulle ha realizado recientemente una visita al puerto de Limasol, en Chipre, acaba de firmar con Grecia un acuerdo para reforzar su cooperación en materia de defensa, todo ello clara muestra de sus intenciones. Con esta cuestión de fondo, no puede perderse de vista que la misión naval de la UE aprobada por el consejo europeo el 17 de febrero a propuesta de Francia para supervisar el embargo de armas impuesto a Libia por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas podría asegurar una presencia militar que, subsidiariamente, dificultara las intenciones de Turquía de llevar a cabo actividades exploratorias en las aguas declaradas como propias. 

Pero la Unión Europea se debate en un difícil equilibrio entre la postura oficial de apoyo al Gobierno internacionalmente reconocido de al-Sarraj, con Italia, como principal valedor de esta postura, y los intereses de Francia, tras la que se alinean Grecia y Chipre, que podrían beneficiarse de un hipotético triunfo del mariscal Haftar. Estas diferencias de punto de vista pueden en un momento dado suponer una debilidad para la cohesión de la UE que Turquía podría aprovechar. 

Igualmente, en contra se ha posicionado inequívocamente EE. UU., aunque la evolución de acontecimientos en Siria podría llevar a estos a moderar su postura. La prioridad estratégica de EE. UU. pasa por la contención de la expansión de Rusia (y de China) a nivel global y la ofensiva iniciada por el régimen de Assad con apoyo ruso en Idlib ha abierto una grieta considerable en las relaciones entre Rusia y Turquía que presenta oportunidades. EE. UU. ya ha realizado gestos de aproximación para recuperar el buen tono de sus relaciones con una Turquía que puede resultar de gran utilidad en la contención de Rusia en el Mediterráneo. El interés de Rusia por extender su influencia en la orilla sur del Mediterráneo es conocido y, para ello, mantiene comunicación abierta con todas las partes en conflicto en Libia, así como en Egipto, donde goza de gran ascendiente. Al fin y al cabo, una consolidación de Turquía en Libia podría, indirectamente, servir a los intereses estadounidenses en la zona. 

Pero la estrategia turca para el Mediterráneo no carece de riesgos. Unas fuerzas armadas propias de una potencia regional media y con capacidad limitada para la proyección a distancia y el sostenimiento a largo plazo de su poder militar pueden situar fácilmente a Turquía en una situación de sobre extensión que dificultaría enormemente la aplicación de su estrategia. Una evolución desfavorable de la situación militar en Libia puede arrastrar a Turquía a una mayor implicación en el país de manera forzada, en momentos en que la exigencia de recursos militares en sus fronteras, especialmente en Siria, es elevada. En esas circunstancias, no solo peligraría su estrategia mediterránea, sino prácticamente toda la estrategia de seguridad en sus fronteras. 

El tiempo dirá cuál de las diferentes estrategias enfrentadas en esta región acaba prevaleciendo, pero por el momento asistimos a un incremento de la huella militar en una conflictividad cada vez más extendida e interconectada. No queda mucho espacio para el optimismo.


Notas


1-Una explicación de detalle sobre esta cuestión puede encontrarse en SÁNCHEZ TAPIA, Felipe. Geopolítica del gas y militarización del Mediterráneo Oriental. Documento de Análisis IEEE 05/2019, pp. 4-9. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA05_2019FELIPEMediterraneo.pdf (consultado en febrero de 2020). 

2-Memorandum of Understanding between the Government of the Republic of Turkey and the Government of National Accord-State of Libya on Delimitation of the maritime jurisdiction areas in the Mediterranean, Estambul, 27 de noviembre de 2019. 

3-Memorandum of Understanding between the Government of the Republic of Turkey and the Government of National Accord-State of Libya on Security and Military Cooperation, Estambul, 27 de noviembre de 2019. 

4-“U.S. says concerned as Libyan conflict turning bloodier with Russian mercenaries: official”, Reuters, 21 de diciembre de 2019, disponible en https://www.reuters.com/article/us-usa-libya-idUSKBN1YP0DG (consultado en febrero de 2020).

5-Según datos del Banco Mundial, el Producto Interior Bruto de Turquía casi se cuadruplicó durante la pasada década, pasando de los 200 MM$ en 2001 a los 772 MM$ en 2010 (dólares corrientes 2018).

6-Libian Political Agreement, 17 de diciembre de 2015, disponible en https://unsmil.unmissions.org/sites/default/files/Libyan%20Political%20Agreement%20-%20ENG%20.pdf (consultado en febrero de 2020).

7-TIKA, disponible en https://www.tika.gov.tr/en (consultado en febrero de 2020). 

8-Erdoğan says Somalia has invited Turkey to explore for oil in its waters: report. TurkishMinute, 20 de enero de 2020, disponible en https://www.turkishminute.com/2020/01/20/erdogan-says-somalia-hasinvited-turkey-to-explore-for-oil-in-its-waters-report/ (consultado en febrero de 2020) 

9-BP Statistical Review of World Energy 2019, 68th Edition.

10-Turkey to search for gas in Libyan waters - Turkish Presidency, Ahval news, 7 de febrero de 2020, disponible en https://ahvalnews.com/libya-turkey/turkey-search-gas-libyan-waters-turkish-presidency (consultado en febrero de 2020). 

11-El Cairo es desde la Edad Media sede de lo que hoy es la Universidad de Al-Azahr, que tiene por objetivo la difusión de la cultura y religión islámicas. Goza de un amplio y reconocido prestigio en el mundo musulmán sunita.

12-Libya Slams Russian Intervention: ‘Wherever Wagner Goes Destruction Happens’, The Moscow Times, 11 de noviembre de 2019, disponible en https://www.themoscowtimes.com/2019/11/11/wherever-wagnergoes-destruction-happens-libya-slams-russian-intervention-a68114 (consultado en febrero de 2020). 

13-“Erdogan says two Turkish troops killed in Libya conflicto”, REUTERS, 25 de febrero de 2020, disponible en https://www.reuters.com/article/us-libya-security-turkey-idUSKCN20J0ST (consultado en febrero de 2020). 

14-“Turkey's Erdogan confirms sending Syrian fighters to Libya”, AL JAZEERA, 21 de febrero de 2020, disponible en https://www.aljazeera.com/news/2020/02/turkey-erdogan-confirms-sending-syrian-fighterslibya-200221082443159.html (consultado en febrero de 2020). 

15-“Turkish military contractor SADAT has always been in Libya”, Ahval news, 4 de enero de 2020, disponible en https://ahvalnews.com/sadat/turkish-military-contractor-sadat-has-always-been-libya (consultado en febrero de 2020).

16-“Turkey seeks to improve defense industry cooperation with Sudan”, Nordic Monitor, 14 de febrero de 2020, disponible en https://www.nordicmonitor.com/2020/02/turkey-seeks-to-improve-cooperation-indefense-industry-with-sudan/ (consultado en febrero de 2020). 

17-Disponible en: http://www.un.org/depts/los/convention_agreements/texts/unclos/convemar_es.pdf (consultado en febrero de 2020).

18-Turquía no es signatario de la CNUDM, pero ello no impide la adopción general de los principios que la Convención incluye.

19-Daily Press Briefing by the Office of the Spokesperson for the Secretary-General, 11 de diciembre de 2019, disponible en https://www.un.org/press/en/2019/db191211.doc.htm (consultado en diciembre de 2019). 

20-“UN to post EEZ maps of Libya, Turkey deal”, Ekathimerini, 16 de febrero de 2020, disponible en http://www.ekathimerini.com/249608/article/ekathimerini/news/un-to-post-eez-maps-of-libya-turkey-deal (consultado en febrero de 2020).

21-SÁNCHEZ TAPIA, Felipe. Geopolítica del gas y militarización del Mediterráneo Oriental. Documento de Análisis IEEE 05/2019. Disponible en http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA05_2019FELIPE-Mediterraneo.pdf 

22-Noble Energy y ExxonMobile han obtenido licencias del Gobierno chipriota para la exploración de sectores en estas aguas.

23-“France officially requests to join the Eastern Mediterranean Gas Forum”, FR 24, 16 de enero de 2020, disponible en https://news.fr24news.com/n/2020/01/energy-france-officially-requests-to-join-the-easternmediterranean-gas-forum.html (consultado en febrero de 2020). 

24-Según la CNUDM el tendido de cables y tuberías por el lecho marino es libre para cualquier Estado con independencia de a quién pertenezca la plataforma continental. Sin embargo, el Estado propietario siempre puede esgrimir cuestiones relacionadas con la protección del medio ambiente para impedir su
construcción.

25- “Vice-president: No plan in region without Turkey will succeed”, Middle East Monitor, 1 de enero de
2020, disponible en https://www.middleeastmonitor.com/20200101-vice-president-no-plan-in-regionwithout-turkey-will-succeed/ (consultado en enero de 2020).