Raqqa, sin esperanza

La crisis económica que atraviesa Siria es la más grave desde que comenzó la guerra hace más de 10 años
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AP/GABRIEL CHAIM -  -   Esta foto de archivo del 19 de octubre de 2017, una captura de fotogramas realizada a partir de un vídeo de un dron muestra edificios dañados en Raqqa, Siria

Raqqa, la antigua “capital del Califato” en la que el Daesh estableció su principal centro territorial para asentarse, está siendo protagonista de la mayor crisis económica de su historia. Tras la liberación de la ciudad por parte de las milicias kurdas, Raqqa afronta un nuevo horizonte en el que la violencia física parece difuminarse a la vez que las consecuencias de los años del terror perpetrados por el Daesh se ciernen en una ciudad devastada por la guerra y el horror.

Milicias de las YPJ y de las YPG vencieron a la violencia del Daesh y consiguieron recuperar y liberar una ciudad que se encontraba asediada por el miedo y el caos. Sin embargo, los terroristas no han desparecido y a esta ofensiva se les une los problemas derivados de la guerra relacionados con la economía, el trabajo y el hambre.

“La economía es el problema. Han arruinado la vida de la gente que buscaba una manera de sobrevivir, hoy no tienen comida, la gente se ha visto afectada por la subida de precios de los productos alimenticios y no encuentran trabajo, por lo que no hay ingresos estables”, declaraba un ciudadano sirio para Reportajes de RFI.

Junto a esto, las sanciones internacionales, las subidas de precios en los productos básicos, el daño a las infraestructuras del país, además de su industria, y la crisis social y económica en el vecino Líbano están asfixiando a una economía que trata de brotar en un terreno yermo.

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PHOTO/REUTERS - Combatientes yihadista militantes participan en las calles del norte de la provincia de Raqqa, Siria 30 de junio de 2014

La caída de la libra siria ha experimentado uno de los desplomes más impactantes en la historia del país. Mientras que en 2011 los sirios obtenían un dólar por 48 libras sirias, la tasa establecida por Bachar al-Asad en el 2020 fue de un dólar por 434 libras. En la actualidad, el salario mínimo de Siria ronda las 47.000 libras, lo que correspondería a 100 euros mensuales. Bajo esta pesquisa, la ONU estima que el 83% de la población vive en la pobreza, con menos de 100 euros al mes.

Según los datos arrojados por el Programa Mundial de Alimentos, 12.4 millones de siros están en riesgo de pasar hambre. En este aspecto, y según otra declaración realizada para RFI, “las organizaciones humanitarias internacionales no han hecho nada para ayudar hasta el momento”.

En este sentido, los fondos para la reconstrucción de la ciudad son escasos. Sus habitantes solo tienen acceso a un par de horas de luz eléctrica al día y el precio de los alimentos ha subido de forma exponencial hasta ser prácticamente inalcanzables. Para intentar apaciguar este problema, desde febrero al-Asad ha establecido un sistema de subsidio de productos esenciales a través del Sryian Trading Establishment, una organización gubernamental que depende del Ministerio de Comercio Interior.

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REUTERS/RODI SAID - : Combatientes kurdos  portan las banderas de sus partidos en Tel Abyad de la gobernación de Raqqa después de que haber tomado el control de la zona, Siria 15 de junio de 2015

En este sentido, las familias tienen derecho a una cartilla de racionamiento que les permite acceder a los precios subsidiados por los supermercados, por lo que pueden tener acceso a cuatro kilos de azúcar, cada kilo a 350 libras, tres kilos de arroz por 400 libras cada uno y dos tés al mes.

Junto a esto, Daesh sigue activo en la ciudad con el fin de reclutar a los jóvenes para que formen parte de su organización criminal. Además, las precarias condiciones a las que se exponen los habitantes de Raqqa conforman el caldo de cultivo perfecto para que los jóvenes, unidos a la escasez y a la falta de trabajo, caigan en las redes terroristas a través de sus captores.

En esta línea, el Consejo Civil de Raqqa realizó un homenaje Omar Alush, activista kurdo asesinado por el Daesh que promovió la unión entre líderes de diferentes partes para encabezar la administración de Raqqa, una vez fuese liberada del Daesh. Tras su asesinato, Leyla, de nacionalidad kurda, paso a ser una de las codirectoras del Consejo Civil que ahora tiene como fin llevar a cabo la reconstrucción del país.

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PHOTO/REUTERS - Alumnas de una escuela con velo integral (niqab) caminan por una calle en la provincia norteña de Raqqa, Siria 31 de marzo de 2014

Raqqa constituye un centro estratégico y clave para muchos en Siria, pero con la inflación, los sirios se están enfrentando a un gran desafío especialmente a la hora de crear proyectos pequeños para promover la vida de las personas. Según declaró Leyla para el medio RFI, “sigue sin haber una inversión verdadera”. 

Por otra parte, el director de las instituciones religiosas de la ciudad afirmaba que “lo que el Daesh dejo fue miedo en el alma de los habitantes de Raqqa”. En este aspecto, el fantasma de la organización terrorista sigue manteniéndose sobre Siria y su población: “Hemos podido frenar a muchas personas que iban al rezo del viernes con una mentalidad de asesinar o robar”, relataba el director.

La liberación de Raqqa del yugo del Daesh constituyó un golpe decisivo para el terrorismo tanto por su valor estratégico como por su simbolismo. Sin embargo, a pesar de que la cruenta violencia parece haber llegado a su fin, los terroristas no han desaparecido del territorio.

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REUTERS/KHALIL ASHAWI - Un soldado turco ondea una bandera en el monte Barsaya, al noreste de Afrin, Siria

Desde 2014, el Daesh tomó la ciudad y se convirtió en el principal centro de difusión de la propaganda de los mensajes del grupo terrorista. El mensaje sería el triunfo inevitable del Califato yihadista sobre un Occidente decadente y antimoral, además de querer imponerse por encima de “los estados musulmanes corruptos y serviles”. Un mensaje que calaría hondo entre jóvenes y mujeres, no sólo de Siria, si no de diferentes partes del mundo que acudirían al país para servir en las filas del Daesh con el fin de encontrar un “paraíso terrenal”.

Del mismo modo, el control del territorio por parte de los terroristas repercutió gravemente en los más pequeños ya que han sido las víctimas más vulnerables y directas tanto del conflicto como del terrorismo. Después de la derrota militar del Daesh, las escuelas siguen sin funcionar y la falta de oportunidades junto con la escasez educativa propicia que muchos de ellos comiencen a introducirse en círculos donde, además de la violencia, las drogas circulan libremente.

En el último año, Bachar al- Asad ha recuperado el control de la mayor parte del país, pero la resolución del conflicto está todavía muy lejos. Además, en Raqqa la incursión de Turquía y sus grupos rebeldes crearon una nueva inseguridad en la región. Zonas controladas por Turquía, que mantenían acuerdos con Estados Unidos, han sido protagonistas de violaciones en las que, según Amnistía Internacional, “miles de civiles murieron o resultaron heridos en la ofensiva lanzada por la coalición dirigida por Estados Unidos para librar Raqqa del Estado Islámico, cuyos francotiradores y minas habían convertido la ciudad en una trampa mortal”.

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AP/HASSAM AMMAR - Soldados del ejército sirio disparan sus armas durante una batalla con combatientes rebeldes en la línea del frente de Ramouseh, al este de Alepo, Siria

Según la Organización, “muchos de los bombardeos aéreos fueron poco precisos, y decenas de miles de ataques de artillería fueron indiscriminados, así que no es de extrañar que mataran e hirieran a muchos centenares de civiles”. Junto a la amenaza del Daesh, los habitantes de la ciudad se encuentran en una situación de extrema vulneración hacia las milicias de los grupos turcos y proiraníes.

En términos de política económica, economistas progubernamentales culpan de la crisis a las sanciones internacionales impuestas contra Damasco por parte de Estados Unidos, medidas que incluyen embargos del petróleo, restricciones a la inversión y un congelamiento de los activos del Banco Central de Siria en la Unión Europea.

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AFP/OMAR HAJKADOUR - Mercado antes del iftar, la cena que pone fin al ayuno diario al atardecer, en el segundo día del mes sagrado islámico del Ramadán, en la ciudad de Ariha, situada cerca de la estratégica carretera M4, en el campo sur de la provincia de Idlib, el 15 de abril de 2021

Sin embargo, jóvenes de Raqqa desean apostar por la mejoría de la ciudad mostrando una imagen diferente, más allá de la miseria y las ruinas. La voz de de las mujeres de Raqqa lideran algunos de estos más movimientos ya que desde la caída militar del Daesh, ahora son más libres. “Durante el periodo que Daesh tuvo el control, la mujer era marginada. Por eso nosotras hemos decidido quitarnos el negro después de 10 años de guerra. Nos hemos quitado el negro y nos vestimos con blanco y otros colores de primavera para que así la ciudad se vea más bonita” relataba una joven de 25 años al medio RFI.

Raqqa afronta una nueva era que intenta desmarcarse del dolor producido por el Daesh, aunque sus huellas siguen latentes en Siria. Su derrota no ha sido sinónimo de desaparición y así su fantasma amenaza todavía con emerger. A esto se le suma la incertidumbre de la población, devastada por la crisis económica y la destrucción de la ciudad en un horizonte que apenas parece renacer. La única certeza que sostienen es que la guerra no ha llegado a su fin.