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Refugiados de la guerra de Ucrania: cuando ya no tienes casa a la que volver

Con 11 millones de personas expulsadas de sus hogares a causa del conflicto armado, la de Ucrania ya se ha convertido en la mayor crisis de refugiados de la historia
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Estación de tren de Odesa, donde miles de ucranianos se agolpaban para subir a los vagones que partían hacia el oeste en las primeras semanas de la guerra

PHOTO/MARIA SENOVILLA  -   Estación de tren de Odesa, donde miles de ucranianos se agolpaban para subir a los vagones que partían hacia el oeste en las primeras semanas de la guerra

María Senovilla, desde Járkiv (Ucrania)

"Decidimos irnos el 27 de febrero, cuando un avión sobrevoló nuestra casa y bombardeó todo alrededor. Mis hijos estaban muy asustados, y supimos que teníamos que buscar un lugar más seguro", relata Irina Alexandrovna desde Alemania, donde lleva viviendo casi cuatro meses, en calidad de refugiada. "Salimos de Járkiv en nuestro coche, preguntándonos ¿a dónde vamos? ¿por qué nos vamos? ¿durante cuánto tiempo?. No teníamos respuestas, pero todo alrededor estaba explotando, y los niños tenían pánico. Así que lloré y me fui. No sabía si alguna vez podría volver a mi casa".

Junto con Irina y sus hijos, más de siete millones y medio de ucranianos huyeron de su país durante las primeras semanas de la invasión rusa. La mitad salió a través de la frontera con Polonia, pero cientos de miles también cruzaron por los pasos fronterizos de Moldavia o Rumanía. El mayor éxodo de refugiados que ha vivido Europa en toda su historia.

"El camino estaba lleno de coches que salían del este de Ucrania hacia las provincias del oeste –continúa Irina–. El viaje duró alrededor de tres días, hasta que llegamos Leópolis. Estando allí supimos por las noticias que todo Járkiv estaba siendo fuertemente bombardeado, y que los rusos avanzaban cada vez más cerca. Entonces mi marido decidió que mis hijos y yo estaríamos más seguros en el extranjero, y que él se quedaría en Ucrania".

El drama de Irina, al separarse de su marido y cruzar la frontera acarreando en soledad a los hijos pequeños, es el drama que han vivido todas las mujeres ucranianas que huyeron del país. Los hombres entre 18 y 60 años no pueden salir de Ucrania mientras dure la guerra y la Ley Marcial. Y las despedidas en las fronteras, en todas las fronteras, eran desgarradoras.

De vacaciones a un sitio "sorpresa"

Irina tenía amigos en Alemania, así que decidió que intentaría llegar allí. Pero no fue fácil. "Encontramos un minibús que transportaba refugiados desde Leópolis, pero debido a la gran cantidad de personas que querían cruzar a Europa en ese momento, estuvimos parados en la frontera durante dos días hasta que llegamos a Polonia. Todo ese tiempo estuvimos en un pequeño minibús, mientras veíamos sin parar las noticias sobre lo que estaba sucediendo en Ucrania. Estaba muy preocupada por mi madre, que se quedó en Járkiv, por mi hermano, por mi marido...", sigue relatando Irina.

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Más de siete millones de ucranianos cruzaron la frontera para salir del país durante los dos primeros meses de la invasión, en su mayoría mujeres con niños
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Más de siete millones de ucranianos cruzaron la frontera para salir del país durante los dos primeros meses de la invasión, en su mayoría mujeres con niños

Quienes no hicieron el viaje por carretera, lo hicieron en tren. Los vagones metálicos, pintados de un azul intenso, partían desde las estaciones de las provincias del este, pero también desde Kyiv y desde Odesa –donde la amenaza inminente de un desembarco anfibio había creado un clima de tensión apabullante–.

Las imágenes que circulan de trenes atestados de gente siguen sobrecogiendo. Algunas personas conservan en sus teléfonos móviles fotos y vídeos de cómo fueron las travesías, de más de 20 horas en muchos casos, con personas amontonadas en los pasillos, o incluso en el interior de armarios y cámaras refrigeradoras de las que se utilizan para llevar la comida

Pero en aquel momento solo importaba salir del país para no perecer bajo las bombas y proteger a los niños. Sobretodo proteger a los niños. Describir la angustia de las personas que habían huido de lugares como Mariupol o Mikolaiv es casi imposible. El nudo en la garganta que apenas les permitía hablar, la preocupación por los que se quedaban, o la imagen de los bombardeos grabada en sus retinas hacía muy complicado entrevistarlos en aquel momento. Su dolor y su desconsuelo traspasaba las palabras.

Mientras descansaban en las estaciones de tren donde hacían transbordo, decenas de voluntarios les llevaban comida caliente, y también ropa nueva. Porque muchos de ellos habían salido de sus casas sólo con lo puesto. En algunas salas de espera, sobre los asientos dejaban juguetes para los más pequeños, que ajenos a todo y superando el cansancio, cogían sus nuevos tesoros y jugaban. A la mayoría de los niños les decían que se iban de vacaciones a un sitio "sorpresa".

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Un niño en brazos de su padre, del que está a punto de despedirse, para subir a un autobús rumbo a Polonia que partía desde la castigada ciudad de Mikolaiv
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Un niño en brazos de su padre, del que está a punto de despedirse, para subir a un autobús rumbo a Polonia que partía desde la castigada ciudad de Mikolaiv
Polonia y Alemania, los principales receptores de refugiados en Europa

De los tres millones y medio de ucranianos que cruzaron a Polonia, más de un millón continúa viviendo allí. El país sorprendió al mundo por su compasiva acogida de refugiados de Ucrania, después de negarse a hacer lo propio con los que huían de Siria o Afganistán. 

Las estaciones de trenes polacas se convirtieron en improvisados centros de acogida, y se contaban por miles los ciudadanos particulares que se brindaron para recibir en sus casas a aquellos que huían de la guerra, en pleno invierno, y con temperaturas bajo cero.

Quienes continuaron su camino, como Irina, llegaron a Alemania, República Checa, Italia o España –que acoge a 120.000 refugiados ucranianos en estos momentos–. Los países de la Unión Europea han concedido de forma excepcional el permiso de residencia y de trabajo a los refugiados que llegan desde Ucrania, evitando así un colapso sin precedentes que se hubiera producido de tener que hacer los dilatados trámites que se les exige a los demandantes de asilo de otras nacionalidades.

“Conseguimos llegar a Alemania –prosigue Irina–. Al principio vivimos con gente que nos cobijó, y después, cuando rellenamos los documentos necesarios, nos dieron una casa para nosotros. Como soy madre y tengo dos hijos pequeños, además nos ayudan económicamente”. “Pero Alemania es un país con una cultura diferente. Es duro. Aquí nadie se interesa por cómo está el otro. La mayoría de las personas no te ayudarán si les pides que te echen una mano de alguna manera”, concluye apenada.

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Decenas de voluntarios ofrecían comida y ropa a los refugiados que descansaban en la estación de tren de Odesa durante el mes de marzo
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Decenas de voluntarios ofrecían comida y ropa a los refugiados que descansaban en la estación de tren de Odesa durante el mes de marzo
Desplazados internos

En ocho años de enfrentamientos armados en el Dombás –entre 2014 y 2022– se habían generado 800.000 desplazamientos internos en Ucrania. La mayoría, personas que vivían en Donetsk y Lugansk. Pero en cuatro meses de invasión rusa, se han registrado más de 6.000.000 de nuevos desplazados internos, que han cambiado el mapa social de Ucrania en un tiempo récord. 

“Tome la decisión de irme de Járkiv cuando un cohete pasó por encima de mi cabeza, y un par de segundos después hubo una explosión. Durante el día nos habíamos refugiado del estruendo de los bombardeos en el metro, junto con nuestros vecinos y nuestro perro, pero yo no quería abandonar la ciudad porque soy trabajadora sanitaria”, recuera Vladlena Rozhkova, una rehabilitadora que vivió durante dos meses y medio como desplazada en Leópolis.

“Intenté que se marcharan mi madre y ni hijo, pero el niño se negó a irse sin mí. Era casi imposible salir de la ciudad en esos días. Multitudes, pánico, aplastamientos en la estación de tren… Nosotros conseguimos a un conductor que nos llevó hasta Uman –por un precio de 1.200 dólares–, y ahí nos recogieron mi yerno y mi hija para continuar el camino”.

El 40% de estos desplazados internos, según la ONU, se han trasladado a las provincias más occidentales de Ucrania como Leópolis, Volinia o Ivano-Frankivsk. Casi dos millones de personas oriundas de otros lugares ahora viven ahí. Y las consecuencias se han dejado sentir en, por ejemplo, el precio de los alquileres. Que se ha disparado. El Gobierno ucraniano da una pequeña ayuda económica a estos desplazados internos, pero en ningún caso es suficiente para vivir.

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Niños en la sala de espera de la estación de tren de Odesa, donde a veces permanecían durante horas, debido a los retrasos por la saturación que había en el servicio ferroviario ucraniano en las primeras semanas en la invasión
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Niños en la sala de espera de la estación de tren de Odesa, donde a veces permanecían durante horas, debido a los retrasos por la saturación que había en el servicio ferroviario ucraniano en las primeras semanas en la invasión
Cuando la nostalgia supera al miedo 

“Queríamos volver a casa desde el momento en que salimos de Járkiv. Adentro todo se encogía por lo que estaba pasando, por la incertidumbre y el desconcierto de aceptar que estaba empezando una guerra en mi patria. ¿Cómo era posible?” se pregunta Vladlena.  

“Sentí amargura y también vergüenza por huir de nuestra ciudad. Aunque nos gustaba Leópolis, y habíamos estado allí muchas veces de vacaciones, esta vez no lo disfrutamos. Siempre pensando en los que se habían quedado. Escribiendo y llamando a la familia y a los amigos. Por eso en cuanto la situación mejoró un poco, volvimos a Járkiv”. 

No fue la única. En Járkiv este retorno progresivo de residentes se hizo evidente a partir del 15 de mayo, cuando el Ministerio de Defensa de Ucrania anunció una importante victoria militar en el norte de la región. El ejército consiguió que las tropas rusas se replegasen hasta la frontera con Belgorod. Desde entonces, se estima que cada día regresan a esta ciudad unas 2.000 personas.  

Sin embargo, la contienda en esta región está muy lejos de terminar en esta región, y los pueblos liberados por las Fuerzas Armadas ucranianas continúan siendo bombardeados de forma sistemática. La mayor parte de la población de estos lugares ha tenido que ser evacuada, y hay localidades enteras que han quedado reducidas a escombros.

El 25% de las viviendas, bombardeadas 

En la capital tampoco es mucho mejor. Cada noche, normalmente entre las once y las doce, Rusia da las buenas noches a Járkiv en forma de misiles. Los fuertes bombardeos nocturnos no dan tregua ni un solo día, mientras miles de personas regresan sin saber si su casa sigue en pie. 

Una cuarta parte de los edificios están dañados por los bombardeos. Además de hospitales, colegios y centros gubernamentales, las bombas han destruido 3.500 edificios de viviendas. Algunos de más de quince plantas. Si multiplicamos, nos podemos hacer una idea de las miles de familias que se han quedado sin hogar al que regresar en la segunda ciudad más importante de Ucrania. 

No es el caso de Irina Alexandrovna, que de momento sí tiene casa a la que volver. Aunque sigue refugiada en Alemania con sus dos hijos pequeños “tan pronto como haya una oportunidad, y Ucrania esté más tranquila, definitivamente regresaré a casa. Los niños quieren volver todos los días”, confiesa.

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Un pueblo del norte de Járkiv, reducido prácticamente a escombros por los incesantes bombardeos rusos
PHOTO/MARIA SENOVILLA – Un pueblo del norte de Járkiv, reducido prácticamente a escombros por los incesantes bombardeos rusos
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Según las estimaciones del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), de esos más de siete millones de ucranianos que huyeron del país al comienzo de la guerra, han regresado aproximadamente dos millones. Muchos de ellos, desencantados con el trato que han recibido en Europa, donde la euforia inicial por acogerles se ha ido diluyendo con el paso de los meses y la pérdida de la atención mediática en el conflicto.

Otros han regresado simplemente porque echaban de menos sus hogares y a sus familias. Maridos, padres, hermanos que no pueden cruzar la frontera, y mucha gente mayor que simplemente no quiere hacerlo. “Prefiero que me maten en mi casa”, sentencian casi todos los ancianos cuando les preguntas por qué se niegan a ser evacuados.

Por eso el drama de los refugiados es doble: la nostalgia de su hogar, y la preocupación por los que dejan atrás. Motivos más que suficientes para superar el miedo y volver a casa. Aunque ya no tengan casa, aunque tengan que convivir con los bombardeos.

En estos momentos, hay más de 5.000.000 de refugiados ucranianos en el mundo. Casi tres millones y medio tienen el estatus de protección temporal que otorgan los países de UE. Otro millón de personas está en Rusia –muchos denuncian haber sido evacuados allí de manera forzosa–.  Y hay que sumar a los más seis millones de desplazados internos para componer la radiografía de la gente que ha sido expulsada de su hogar por la guerra de Ucrania en 2022.