Rusia acogerá nuevas negociaciones entre Egipto y Etiopía sobre la crisis del Nilo

Tras dos citas fallidas, los dos países volverán a la mesa de diálogo, aunque sí hay algo diferente esta vez: el primer ministro etíope ha recibido el Nobel de la Paz
La presa del Gran Renacimiento de Etiopía, durante los trabajos de construcción del río Nilo en Guba Woreda, región de Benishangul Gumuz, Etiopía, el 26 de septiembre de 2019

REUTERS/TIKSA NEGERI  -   La presa del Gran Renacimiento Etíope, durante los trabajos de construcción del río Nilo en Guba Woreda, región de Benishangul Gumuz, Etiopía, el 26 de septiembre de 2019

La Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), que entrará en total funcionamiento en el año 2022, ha deteriorado la relación entre los países que se benefician de la línea de agua proporcionada por el río Nilo: Egipto y Etiopía, y, en menor medida, Sudán, que, en esta disputa, ha adoptado más una postura pasiva de observador que una activa beligerante.

Tras dos intentos fallidos de negociaciones del Comité Técnico Tripartito, formado por delegaciones de las tres naciones, encabezadas por los ministros de Recursos Hidrícos de Egipto, Mohamed Abdel Aati; de Agua, Riego y Electricidad de Etiopía, Seleshi Bekele; y de Riego de Sudán, Yasser Abbas, -una primera reunión tuvo lugar el 15 y el 16 de septiembre y una segunda se celebró el 4 y 5 de octubre- ahora se ha escogido a Rusia como nuevo escenario mediador para tratar de resolver las diferencias sobre la gestión de la presa y, fundamentalmente, el tiempo de llenado del depósito, que impiden llegar a un entendimiento.

La noticia del encuentro ha sido confirmada por el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi: “Acordé con el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, reunirnos en Moscú, y discutir el tema para avanzar y, si Dios quiere, las cosas irán de una manera que ayude a resolver este problema de una forma u otra”, declaró el mandatario en un foro militar este domingo. Aunque todavía no se ha confirmado la fecha de la reunión, es probable que se enmarque en la primera cumbre ruso-africana que se celebrará entre el 23 y el 24 de octubre en el complejo del mar Negro de Sochi.

El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi (R) estrechando la mano del primer ministro etíope Abiy Ahmed durante su visita oficial de dos días a la capital, El Cairo, el 10 de junio de 2018
AFP PHOTO/HO/EGYPTIAN PRESIDENCY - El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi (R) estrechando la mano del primer ministro etíope Abiy Ahmed durante su visita oficial de dos días a la capital, El Cairo, el 10 de junio de 2018

La utilización del territorio ruso como escenario para la distensión podría estar siguiendo la línea manifestada por Egipto en las últimas semanas sobre la incorporación de presión internacional al conflicto para que se facilite su disolución. Al-Sisi abogó, en primer lugar, por Estados Unidos como mediador, esperando “un papel instrumental”, aunque esta proposición ya fue rechazada por la Casa Blanca, que simplemente se limitó a “apoyar las negociaciones para alcanzar un acuerdo cooperativo, sostenible y de beneficio muto para llenar y operar la GERD”.

Cabe recordar, en este punto, que si bien para Etiopía la GERD puede suponer un revulsivo sin precedentes para el desarrollo de su economía, pues una vez que se enciendan las 16 turbinas de la presa, la instalación de 6.000 megavatios -equivalente a seis centrales nucleares- aumentará el suministro de electricidad del país hasta en un 150% de golpe, para Egipto puede suponer la pérdida de hasta un 25% de acceso a agua dulce durante, al menos, tres años, ya que el 90% del suministro egipcio de ese recurso procede del río Nilo.

Las negociaciones llevan estancadas desde que se presentó el proyecto en el año 2011. Ni Etiopía ni Egipto han cedido en sus reivindicaciones, que se centran, fundamentalmente, por el tiempo de llenado del depósito de la presa. El primero defiende que esto se realice en un periodo de entre cuatro y siete años, mientras que el segundo sostiene que es demasiado corto, puesto que no le daría tiempo a prepararse ante la eventual pérdida de suministro de agua. Así, El Cairo propone, como mínimo, un plan de llenado en siete años -donde sí coincide con Addis Abeba- pero con condiciones: por un lado, la imposición de un mínimo permanente de 165 metros de agua en la presa egipcia de Asuán, que depende de la GERD; y, por otro lado, el requerimiento de que Etiopía liberase 40.000 millones de metros cúbicos anualmente.

En este sentido, las posturas siempre han parecido irreconciliables. Etiopía lucha por su derecho al desarrollo y Egipto por mantener sus niveles de progreso. Ambos han escenificado uno de los primeros episodios reales de la guerra por el agua, un recurso que cada vez será más preciado porque será cada vez más finito, debido, entre otros factores, al recrudecimiento de la crisis climática.

Sin embargo, es necesario contemplar las posibilidades de un nuevo acercamiento en Moscú. ¿Es esto factible? La respuesta podría orientarse al sí. Lo que ha cambiado con respecto a los dos fracasos negociadores de septiembre y principios de octubre es que el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ha sido recientemente galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2019, que además este año celebra su edición número 100.

Las razones que han llevado al Comité Noruego del Nobel por el dirigente africano se fundamentan en “sus esfuerzos para lograr la paz y la cooperación internacional, y en particular, por su iniciativa decisiva para resolver el conflicto fronterizo con la vecina Eritrea”. Ha conseguido poner fin a 20 años de guerra con su país vecino -un conflicto que ha dejado 70.000 muertos- cumpliendo con sus compromisos acordados en los tratados de paz firmados en el año 2000 y que sus predecesores se habían negado a aceptar. También ha jugado un rol destacado en la transición de Sudán y en las heridas abiertas de Sudán del Sur y Nigeria. Así, su capacidad de buscar soluciones a conflictos geopolíticos complejos ha sido reconocida por la comunidad internacional. La nueva línea política etíope escenificada por Abiy Ahmed, en el poder desde abril del año pasado, ha sido definida como la entrada de “un pensamiento fresco” en el gobernante Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, motivado por “el cambio político y generacional”. 

Por ello, aunque la postura etíope en estos nueve años sobre la GERD ha estado enrocada, los nuevos vientos que soplan a favor de la paz y la voluntad política que ha traído Abiy Ahmed para resolver conflictos pueden descongelar la situación, a pesar de que ya se hayan producido dos reuniones fallidas. Del mismo modo, conviene recordar que, quizá, el agua se configure como el problema de naturaleza más crítica de todos los posibles, por lo que el camino hacia el entendimiento podría prolongarse sine die. Habrá que comprobar, por tanto, si el nuevo encuentro en Rusia refleja algún ánimo de distensión y si se consiguen avances que beneficien a los dos países, cuyas reivindicaciones sobre su propio desarrollo nacional son consideradas como ampliamente legítimas.

En cualquier caso, cabe destacar que la cita estará marcada por una acuciante presión internacional sobre la figura del primer ministro etíope, que, una vez nombrado Premio Nobel de la Paz, tendrá que seguir trabajando con responsabilidad para hacer honor a su galardón, contemplándose en este sentido la opción de que ceda -total o parcialmente- ante las pretensiones de su homólogo egipcio.

Mientras, este martes está prevista la celebración de una conferencia en El Cairo organizada por la Fundación Egipcia para Estudios e Investigaciones Estratégicas (EFSSR), en la que estarán presentes expertos e investigadores sobre recursos hídricos y en materia legal para discutir todos los aspectos controvertidos sobre el impacto de la GERD tanto en Egipto como en Sudán. Es probable que las conclusiones que se obtengan de esta jornada sean presentadas en la reunión de Moscú.