Rusia ataca Idlib de manera intensa después del alto al fuego firmado con Turquía

Varios aviones rusos han atacado el bastión de los rebeldes en Idlib en uno de los ataques más potentes desde el alto del fuego firmado entre Erdogan y Putin
Ataque sirio en Libia

AFP/MOHAMMED AL-RIFA  -   Ataque aéreo ruso en las afueras occidentales de la provincia siria de Idlib, mayoritariamente controlada por los rebeldes, el 20 de septiembre de 2020

Siria no descansa y cada día el mapa estratégico de la guerra se complica más. Este domingo aviones rusos han atacado el noroeste del país, concretamente la región de Idlib, en lo que, según fuentes presenciales, han sido “los ataques más importantes desde que el acuerdo turco-ruso detuvo los combates en marzo”, informa Reuters.

Los testigos dijeron que los aviones de guerra atacaron las afueras occidentales Idlib y que hubo un fuerte bombardeo de artillería en la región montañosa de Jabal al-Zawya, en el sur de la ciudad. Todavía no se ha informado de cuántas bajas han provocado.

“Estas incursiones son, con mucho, los ataques más intensos hasta ahora desde el acuerdo de alto al fuego”, dijo Mohammed Rasheed, exoficial rebelde y observador voluntario de aviones cuya red cubre la base aérea rusa en la provincia costera occidental de Latakia.

Otros centros de rastreo han declarado que los aviones rusos Sukhoi atacaron la zona de Horsh y la ciudad de Arab Said, al oeste de la ciudad de Idlib. Los aviones teledirigidos también han alcanzado dos ciudades controladas por los rebeldes en la llanura de Sahel al-Ghab, al oeste de la provincia de Hama.

Turquía y Rusia rompen su acuerdo de no-agresión en Siria

Turquía lleva aprovechando el caos de la guerra civil siria desde 2012. Y Rusia lleva interviniendo militarmente en el país desde 2015. Siria ha apoyado al régimen de Bachar al-Asad desde el comienzo de las revueltas de la Primavera Árabe. Y Turquía, aprovechando que es país fronterizo, ha llevado a cabo una política ambigua contra kurdos, sirios y rusos, ganándose la enemistad de los civiles sirios que sufren la guerra a diario.

Putin y Erdogan
REUTERS - El Presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, y el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, asisten a una ceremonia que marca el lanzamiento oficial del gasoducto TurkStream en Estambul (Turquía), el 8 de enero de 2020.

Desde el acuerdo de no-agresión que hicieron Turquía y Rusia en marzo de 2020, no se habían producido bombardeos aéreos en gran escala. De hecho, hay quien daba por terminada la campaña de bombardeos rusa que ha desplazado ya a más de un millón de personas en la región fronteriza con Turquía. 

Pero a lo largo del mes de septiembre, el norte de Siria ha presenciado varios cambios de paradigma. Turquía sigue interesada en luchar contra los kurdos, que siguen atacando al Ejército otomano sin descanso. Y, además, Erdogan mandó en febrero un ultimátum Al-Asad para que retire sus tropas de los puestos de vigilancia fronterizos que tiene al norte de Idlib. 

Durante estos días, numerosas protestas civiles en Idlib han pedido que los turcos se retiren hacia su frontera. El miércoles pasado, en la última ronda de conversaciones, Moscú presionaba a Ankara para reducir su presencia militar en Idlib, pero esta ha hecho caso omiso. Turquía tiene más de 10.000 tropas estacionadas en una docena de bases a lo largo de las afueras de la ciudad.

Los turcos siguen actuando en Siria como si de su territorio se tratase y este fin de semana, tras las advertencias previas, Rusia ha vuelto a atacar Idlib aprovechando, también, que la ciudad de Idlib sigue controlada por fuerzas rebeldes antigubernamentales.

Todavía no ha habido declaraciones por parte de Moscú ni del Ejército sirio, que desde hace unos meses acusan a los grupos militantes rebeldes que dominan Idlib de “echar por tierra el acuerdo del alto al fuego y atacar zonas controladas por el Ejército sirio”.

Este acuerdo incluía las siguientes premisas: habría un alto el fuego en el área noroeste, cerca de Idlib; todas las partes mantendrían algún tipo de presencia en la zona, en la espera de un acuerdo final; los rebeldes dejarían las armas; Turquía comenzaría a instalar una docena de puestos de observación manejados por sus propias tropas; y un futuro negociado sería buscado.

Las conversaciones que protagonizaron en su día el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el presidente ruso, Vladimir Putin, desactivaron un enfrentamiento militar entre ellos mismos después de que Ankara enviara miles de efectivos armados a la provincia de Idlib para impedir que las fuerzas respaldadas por Rusia realizaran nuevos avances. 

Pero desgraciadamente, parece que no se están cumpliendo los puntos del acuerdo y Rusia ha decidido seguir defendiendo al régimen de Al-Asad independientemente de que Turquía se encuentre cerca.

La población de Siria sigue esperando la paz en plena pandemia del coronavirus

Actualmente hay más de tres millones de personas viviendo en Idlib, último bastión rebelde desde que empezó la guerra en 2011. Muchas de estas personas viven en campos de refugiados en unas condiciones extremas. Algunos de ellos, opositores del régimen de Al-Asad, declaran que prefieren vivir así mejor que bajo el régimen sirio, pero la situación es insostenible y los niveles de salud e higiene se encuentran por los suelos.

Por otro lado, en las provincias de Damasco, Rif Damasco, Latakia y Hama, el Gobierno sirio busca alternativas para atajar la crisis de trigo que está viviendo tras reducir la ración diaria de pan a las familias en las zonas controladas por el régimen.

El enviado especial de Naciones Unidas para Siria, Geir Pedersen, señaló la semana pasada que las conversaciones del Comité Constitucional para Siria que se celebraron en agosto fueron "sustantivas" y brindan un "débil pero real rayo de esperanza" para solucionar el conflicto en el país.

Geir Pedersen
REUTERS/DENIS BALIBOUSE - El Enviado Especial de las Naciones Unidas para Siria, Geir Pedersen durante una conferencia de prensa previa a una reunión del Comité Constitucional de Siria en la ONU en Ginebra, el 21 de agosto de 2020.

Así lo ha comunicado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde ha especificado que: en esta tercera ronda de discusiones en Ginebra, las partes convocadas -Gobierno, oposición y sociedad civil- acordaron un esquema para el desarrollo de la agenda sobre el país y que están surgiendo "puntos en común" sobre algunos temas.

No obstante, Pedersen ha lamentado que aún persiste una profunda desconfianza entre todas las partes involucradas en el conflicto sirio. Todavía existen diferencias "muy reales", incluso a nivel general, y ha precisado que las partes no alcanzaron un acuerdo sobre la agenda para la próxima sesión. "Necesitamos ultimar la agenda sin más demora si nos vamos a reunir a principios de octubre como esperábamos", ha urgido.

El Comité Constitucional para Siria tiene el mandato de preparar y redactar una reforma constitucional en el país. El Comité puede revisar y enmendar la Constitución de 2012 o, en su lugar, redactar una nueva. El borrador debe incorporar los 12 principios que surgieron del proceso de Ginebra y fueron aprobados en las negociaciones llevadas a cabo en la ciudad rusa de Sochi.

"Si podemos finalizar una agenda y avanzar de esta manera, tengo la esperanza de que podamos profundizar este proceso con una cuarta sesión pronto", ha agregado Pedersen.

Todos los procesos de paz son bienvenidos, aunque algunos se preguntan si los actores enfrentados estarán dispuestos algún día a firmar la paz y hablar bilaterlamente. La guerra de siria se ha convertido en una guerra internacional en la que muchos actores han dejado huella. Además, la amenaza del Estado Islámico y Jabhat Al-Nusra (escisión de Al Qaeda en Siria) siguen vigentes dentro del país. 

El Ejército de Bashar al-Asad, junto a su aliado Putin, tiene mucho trabajo por hacer mientras Turquía sigue emborronándolo todo con sus intereses cruzados.