Saadi Gadafi, hijo del exdictador libio Muamar Gadafi, sale de prisión con destino a Turquía

Las autoridades libias excarcelaron al “hijo futbolista” del autócrata depuesto con el objetivo de avanzar en el camino de la reconciliación nacional
Saadi Gadafi excarcelado

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La abrupta reaparición a finales de julio del desaparecido segundo hijo del exdictador libio Muamar Gadafi, Saif al-Islam Gadafi, quien reveló sus planes de presentar su candidatura para las próximas elecciones presidenciales en el país norteafricano, ha quedado opacada por la excarcelación del tercer vástago del autócrata, Saadi Gadafi, hecha pública este lunes a través de un comunicado emitido por el Consejo Presidencial de Libia. La administración interina ha reforzado su compromiso de liberar a los presos políticos cuyas penas han expirado o que ni siquiera han sido condenados en firme para avanzar en el camino de la reconciliación nacional.

Un tribunal libio ratificó el domingo la decisión de excarcelar a Saadi Gadafi dos años después de que se conviniera su excarcelación, una disposición que no llegó a ejecutarse por presiones políticas y tribales. La Justicia le ha encontrado inocente de los cargos de difamación, amenazas y asesinato por los que fue extraditado y acusado. Junto a él, entre otros, ha sido puesto en libertad el coronel Ahmed Ramadan, secretario personal del exdictador libio. Sendas liberaciones surgen fruto de las negociaciones entre el primer ministro interino, Abdul Hamid Dbeibé, y líderes tribales, según Reuters. El ministro del Interior en funciones, Fathi Bashagha, también habría estado involucrado en las conversaciones.

abdul hamid dbeibah
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Horas después de conocer el fallo, el hijo del exdictador se subía a un avión privado para abandonar el país, ‘conditio sine qua non’ para su excarcelación. Las autoridades limitaron, además, su lista de destinos a tres países: Arabia Saudí, Egipto o Turquía. El descendiente del tirano escogió este último, hacia donde partió para reunirse con su mujer e hijos. Así lo ha confirmado el portavoz de la familia, Musa Ibrahim Gadafi, al medio turco Haberler. “El Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Turquía hizo toda la planificación logística para la llegada de Saadi Gaddafi”, reveló el portavoz. El Ministerio que dirige Mevlüt Çavuşoğlu habría sido el encargado del traslado.

El tercer vástago de Gadafi contaba con la aprobación de Egipto y Arabia Saudí para guarecerse en ambos países, sin embargo, Saadi escogió Turquía por “facilidades logísticas”. El portavoz familiar ha asegurado que atravesó momentos de dificultad en prisión, donde tuvo que soportar “condiciones inhumanas”. Ahora, asegura Musa Ibrahim, Saadi necesita tiempo para su recuperación. “Es un hombre libre”, sentenció el portavoz. “Si quiere vivir en otro lugar, por supuesto que vivirá allí”. En la mente de Saadi estaría recalar en Egipto, donde reside su madre y segunda esposa del exdictador libio, Safia Farkash.

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Integrante clave del clan Gadafi

Conocido como “el hijo futbolista” del dictador depuesto, Saadi Gadafi (Trípoli, 1973) se desempeñó como futbolista profesional. Llegó a debutar con la camiseta del Perugia en la Serie A italiana en un partido contra la Juventus durante la temporada 2003-2004. Después militó en el Udinese y fichó por la Sampdoria, aunque solo disputó dos encuentros ligueros. Al ‘calcio’ llegó como petición expresa del entonces primer ministro italiano Silvio Berlusconi, una figura con estrechos vínculos en Libia, y se fue tras haber sido sancionado por un sonado caso de dopaje.

Tras su experiencia en el fútbol transalpino, Saadi regresó a Libia para liderar al Al-Alhy de Trípoli y capitanear a la selección norteafricana. Colgadas las botas, el tercer hijo del dictador ocupó la presidencia de la Federación de Fútbol y protagonizó escenas dantescas relacionadas con el amaño de partidos y enfrentamientos entre aficiones rivales que se saldaron en una ocasión con la demolición del estadio de Bengasi, la segunda ciudad principal del país y a la postre cuna de la revolución. Pero su historia no acaba ahí. Considerado un playboy, Saadi tenía una gran pasión por las mujeres, el lujo y la noche. Unas aficiones que entraban en contradicción con el encargo de su padre de ejercer como comandante de la unidad de élite del Ejército, a pesar de su nulidad militar.

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Una de las acusaciones que aún recaen sobre él, pese a ser absuelto en 2018, tiene que ver con el asesinato en 2005 del entrenador de fútbol local Bashir Rian, persona de su confianza por aquel entonces. Su completa impunidad, como la de su familia, sufrió un profundo revés con el estallido revolucionario de 2011 causado por la Primavera Árabe. Un movimiento que buscaba demoler los cimientos del régimen tiránico de Muamar Gadafi. Finalmente, intervención de la OTAN mediante, los rebeldes lanzaron una ofensiva sobre la ciudad de Sirte, ciudad natal del déspota, en la que fue brutalmente asesinado junto a Moatassem, su cuarto descendiente.

Por su parte, Saadi huyó del país y atravesó la frontera con Níger en búsqueda de asilo político. En marzo de 2014, año en que comenzó la devastadora guerra civil que aún fractura Libia, el exfutbolista dio con sus huesos en la cárcel tras ser entregado a las milicias de Trípoli por el Gobierno nigerino. Es uno de los únicos integrantes del clan Gadafi que continúa con vida tras la muerte de tres de sus hermanos durante la revolución y, a diferencia de Saif al-Islam Gadafi, está exento de compromisos con la Justicia.

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La puesta en libertad de Saadi Gadafi trata de desencallar el bloqueo político en Libia. El país norteafricano afronta una dualidad institucional que impide un avance efectivo de la transición de poder. Por un lado, el Gobierno interino, de la mano del Parlamento en Tobruk, controla la parte oriental de Libia y cuenta con el respaldo del Ejército Nacional Libio; por otro, el Gobierno de Acuerdo Nacional con sede en Trípoli, avalado por Naciones Unidas y dirigido por el primer ministro Abdul Hamid Dbeibé, que domina el noroeste. Mientras, en un barrio de la capital se registraron enfrentamientos entre fuerzas rivales. Libia sigue siendo un polvorín.