Sahel, Pau y la geopolítica

¿Debe Bruselas aumentar su papel en la región más allá de lo económico?
Soldado del Ejército de Mali de guardia a la entrada del G5 Sahel, una fuerza antiterrorista de cinco naciones (Malí, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Chad), en una imagen tomada el 30 de mayo de 2018 en Sevare

AFP/SEBASTIEN RIEUSSEC  -   Soldado del Ejército de Mali de guardia a la entrada del G5 Sahel, una fuerza antiterrorista de cinco naciones (Malí, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Chad), en una imagen tomada el 30 de mayo de 2018 en Sevare

En la pequeña localidad de Pau, al sur de Francia y cerca de nuestra frontera, se encuentra la base aérea que acoge el 5º regimiento de helicópteros de combate francés. Allí se celebró el pasado 13 de enero una cumbre entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y sus homólogos de los países que forman el G5 Sahel, Mauritania, Mali, Níger, Burkina Faso y Chad. El encuentro estaba pospuesto desde mediados de diciembre, debido a un durísimo ataque sufrido por el Ejército nigerino días antes y en el que murieron cerca de un centenar de militares. La elección de Pau no fue aleatoria, sino que se enmarca perfectamente dentro de la postura francesa respecto al Sahel. De la base aérea que allí se encuentra, procedían siete de los trece militares fallecidos a finales de nombre en un accidente de helicópteros en Mali. El mensaje que mandaba Macron con el emplazamiento de la cumbre, era por tanto claro, el coste para Francia está siendo demasiado elevado y la carga empieza a pasar una importante factura. Macron obligaba de esta forma a los líderes del Sahel a ratificar y reconocer el desempeño de las tropas francesas de la operación Barkhane, pues es necesario recordar que los movimientos sociales contra la presencia de tropas francesas empiezan a extenderse.

En esta Cumbre de Pau, Macron quería incidir también en que el esfuerzo no puede ser exclusivamente militar, pues los gobiernos del Sahel también deben acometer reformas y, en el caso de Mali, cumplir con los acuerdos Argel de 2015 para evitar que haya regiones en las que el terrorismo o la violencia sea la única salida. En la reunión y en la posterior hoja de ruta, tuvo cabida incluso la situación de Libia, que afecta también a la inestabilidad regional, al tráfico de armas y personas y a los movimientos de combatientes, situación a la que todos los líderes se comprometieron a apoyar en su resolución. Sin embargo, la principal estrategia desarrollada en Pau esla de integrar la presencia francesa de Barkhane, la Fuerza Conjunta del G5 Sahel y otros países y organizaciones que así lo quieran bajo el paraguas de la nueva ‘Coalición por el Sahel’. Esta coalición tendrá cuatro pilares fundamentales: la lucha contra el terrorismo, el refuerzo de las capacidades militares, la reforma del sector de la seguridad y la ayuda para el desarrollo. 

Sahel
AFP/ MICHELE CATTANI  - Un soldado francés sostiene un detector mientras busca la presencia de un artefacto explosivo improvisado (IED) durante la operación Burkhane en el norte de Burkina Faso el pasado mes de noviembre

En el ámbito de la lucha contra el terrorismo, se potenciará la presencia en la zona de las tres fronteras – Mali, Burkina Faso y Níger – combinando los esfuerzos entre la Fuerza Conjunta del G5 Sahel y la tropas francesas. Las operaciones tendrán también como objetivo centralizado la rama del Daesh en esta región, el ISGS, principal causante del alto número de víctimas mortales de los últimos meses en esta zona. Bajo este pilar actuará de la misma forma que Barkhane, la fuerza Takuba de operaciones especiales, cuya participación de aliados europeos Francia sigue luchando por ampliar. También está prevista la ampliación del rango de actuación de la Fuerza Conjunta del G5 Sahel, más allá de los 50 kilómetros que tienen permitidos en la actualidad. En cuanto a los números, el Elíseo aprobó también el traslado de 220 militares más de la Fuerza de Presencia que mantiene en Costa de Marfil a la operación Barkhane.

En cuanto al resto de pilares, se acelerarán los procesos de formación, entrenamiento, apoyo logístico y equipamiento de las fuerzas del G5, en el que el papel de la Unión Europea y Naciones Unidas será importante. Hace escasos días, la Unión Europea ya hizo entrega de trece nuevos vehículos blindados a los componentes del G5. Se tratará de agilizar el retorno de la administración estatal y los servicios públicos a aquellas zonas más vulnerables, en particular las regiones centrales y del norte de Mali, donde comenzó el levantamiento de 2012. Otra de las líneas de actuación será de la de buscar una mayor integración de la Asociación para la Estabilidad y la Seguridad en el Sahel (P3S) en el ámbito de reforma del sector de la seguridad. De esta forma otros países como Senegal, podrán aportar a la mejora de la inestabilidad de la región, algo que empieza a salpicar a estados costeros de África Occidental. Por último, en cuanto a la ayuda para el desarrollo, se instó a la comunidad internacional a cumplir con los compromisos que se tomaron en diciembre de 2018 para inversión en los proyectos de desarrollo del G5 Sahel. 

Durante esta semana, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas, el general Lecointre, realizó unas declaraciones que iban un paso más allá de lo presentado tras la Cumbre de Pau. El general comentó la posibilidad de que tras el consejo de defensa del próximo 29 de enero, Emmanuel Macron aprobase el envío de un mayor número de militares además de medios de apoyo logístico y de inteligencia. En paralelo se está llevando a cabo en el Senado francés una serie de audiencias impulsadas por la Comisión de Defensa, Asuntos Exteriores y Fuerzas Armadas, para tratar la crisis en el Sahel, el papel que está teniendo Francia y las perspectivas sobre el conflicto. Lecointre insistió también en el papel que debe tener la Unión Europea en la mejora de la estabilidad regional, no solo a través del equipamiento de las fuerzas del G5 sino también a través de los apoyos nacionales a la operación Takuba, que se espera que esté operativa después de verano. También hizo alusión al necesario papel de Estados Unidos en África Occidental. Sin embargo, tanto el secretario de Defensa Mark T. Esper, como el homólogo del general Lecointre, el general Milley han anunciado una reorganización del AFRICOM que incluye la retirada de la región del Sahel. Para Lecointre y para Francia, el papel logístico de EE.UU en el traslado fuera del teatro de operaciones es importante, pero el uso de los drones estadounidenses, con capacidad de escucha electromagnética es imprescindible, dado que los que Francia mantiene desplegados no dispondrán de esta tecnología hasta finales de año. 

Sahel

Estados Unidos no es el único que hace una revisión de su presencia en África. España, y en concreto el Ejército del Aire, ha anunciado el cierre del destacamento Mamba, que opera desde Gabón, para concentrar los esfuerzos precisamente en el destacamento Marfil, que desde Dakar da soporte a la operación Barkhane. Está por saber si la concentración en Dakar supondrá el envío de un segundo avión de forma permanente o tan solo participará en transportes puntuales. No obstante, la petición desde París de una mayor implicación española viene de lejos, pero la falta de un gobierno estable ha impedido una respuesta firme. En el calendario próximo habrá dos fechas marcadas de las que quizás pueda salir un mayor compromiso tanto europeo como nacional. La primera será el 26 de marzo, con la celebración de un Consejo Europeo en el que Josep Borrell, el Alto Representante de la Unión Europea ya anunció el pasado 20 de enero que se trataría la situación del Sahel. La segunda será ya en junio, mes en el que se ha previsto la nueva cumbre entre Francia y el G5 Sahel y que tendrá lugar en la capital mauritana, Nuakchot. 2019 ha sido un año devastador para el Sahel con más de 5.000 víctimas mortales, y 2020 ha empezado en una situación similar. Europa tiene en su mano la posibilidad de aumentar su peso, su presencia y su importancia en la región ahora que además Estados Unidos parece retirarse, sería cumplir con esa labor geopolítica que la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen quiere para la Unión.