Se avecina una crisis en la OTAN: Francia eleva el tono contra Turquía

En una declaración publicada por el Elíseo, se califica de “inaceptable” e “intolerable” la actitud de Ankara en Libia
El presidente de Francia, Emmanuel Macron

AFP/PHILIPPE WOJAZER  -   El presidente de Francia, Emmanuel Macron

“Los turcos se comportan de una manera inaceptable al instrumentalizar la OTAN y Francia no puede dejarlo estar”. Con este mensaje, el Elíseo francés ha endurecido el tono contra Turquía, calificando su intervencionismo en Libia de “inaceptable” e “intolerable”. En el comunicado también se denuncia “la política cada vez más agresiva y firme de Turquía, con siete barcos turcos posicionados frente a Libia y la violación constante del embargo de armas”, que pesa sobre la nació norteafricana desde el año 2011, cuando estalló la guerra civil.

Así, a Ankara se le acumulan las críticas en su contra por sus movimientos en política exterior. La contienda, en la que la nación euroasiática participa de forma directa con equipamiento militar y envío de mercenarios sirios en apoyo del Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), ha pasado a la primera plana de la agenda internacional por el recrudecimiento de los enfrentamientos contra el Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés).

Esta declaración gala se enmarca en la línea adoptada por la Presidencia, que ha condenado en reiteradas ocasiones “el silencio” de la Alianza Atlántica respecto a las acciones de Turquía, como por ejemplo, las ofensivas militares contra las milicias kurdas en Siria, que son aliadas de Occidente -sobre todo de Estados Unidos- en la lucha contra el terrorismo yihadista. De hecho, el presidente francés, Emmanuel Macron, ya declaró que la OTAN estaba “en muerte cerebral”, un mensaje que levantó polémica entre los miembros.

La fragata de la Armada turca TCG Gemlik (F-492) en el mar Mediterráneo
PHOTO/REUTERS - La fragata de la Armada turca TCG Gemlik (F-492) en el mar Mediterráneo

Los acontecimientos se precipitaron este viernes, cuando se supo que Turquía había impedido que la Operación Irini, creada por la Unión Europea el pasado mes de febrero para garantizar el cumplimiento del embargo de armas, registrara un navío sospechoso que se dirigía a Libia. El buque de la misión, que trató de acercarse al carguero, no recibió una “respuesta afirmativa” por parte de este último, por lo que no pudo inspeccionarlo.

Entonces, Bruselas solicitó a la OTAN que apoye la Operación Irini, aunque de acuerdo con las autoridades comunitarias, las conversaciones con la Alianza “no estuvieron motivadas por este incidente”. “Esto es parte de un proceso natural entre dos organizaciones que cooperan y trabajan juntas para lograr resultados comunes: la seguridad y la estabilidad de Europa y su vecindario”, señaló un portavoz comunitario. La OTAN podría contribuir a la misión naval de la UE con su Operación Sea Guardian, que ya trabaja en el mar Mediterráneo con dos barcos patrulla. 

El comunicado de la Presidencia francesa también revela que “en las próximas semanas” se mantendrán conversaciones con el resto de socios de la Alianza para tratar de orquestar una respuesta común frente al intervencionismo turco en la orilla sur del Mare Nostrum. Hasta ahora, la postura oficial de la OTAN ha sido difusa, dado que Turquía es un estado miembro.

El día del incidente, el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, y el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, mantuvieron una conversación telefónica en la que discutieron cuestiones relativas a Libia, Siria y otros asuntos regionales, según informó el Ministerio turco en un comunicado. La llamada sirvió, además, para preparar la reunión de ministros de la OTAN que se celebrará de forma telemática entre el 17 y 18 de junio de 2020.

El ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la sede de la OTAN en Bruselas el 24 de octubre de 2019
AFP/JOHN THYS - El ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la sede de la OTAN en Bruselas el 24 de octubre de 2019
Se agudiza la brecha

Turquía también ha tenido en la última semana un encontronazo con otro socio fundamental de la Alianza, Estados Unidos. Un tribunal turco condenó a ocho años y nueve meses de prisión a Metin Topuz, un ciudadano turco de 61 años que llevaba más de 25 años trabajando como traductor y enlace de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), en el consulado del gigante norteamericano en Estambul. El secretario de Estado de la Administración Trump, Mike Pompeo, aseguraba que “esta convicción socava la confianza en las instituciones de Turquía y la confianza crítica en la base de las relaciones turco-estadounidenses”. “La sentencia del jueves del sr. Topuz se produjo en medio de los indicios de que las relaciones entre EEUU y Turquía […] mostraban signos de mejora”, exponía la analista Carlotta Gall en News York Times. Hacía apenas cuatro días, el 8 de junio, Erdogan aseveraba que podía “comenzar una nueva era” entre las dos administraciones tras haber logrado “un cierto consenso” en el proceso de Libia, donde Ankara forma activamente parte de la guerra civil. La llamada telefónica mantenida entre los dos dirigentes se centró en “las relaciones bilaterales, los problemas regionales y la situación en Libia”, según informó entonces la Dirección de Comunicación de Turquía.

Con Grecia, miembro de la Alianza, la situación también es crítica. La relaciones entre los dos países se han tensionado debido a las actividades “ilegales” de Ankara en el Mediterráneo oriental, donde ha lanzado operaciones de exploración y perforación de gas en aguas que se encuentran en disputa o pertenecen a Atenas, hasta el punto de que de que se puede llegar a temer “una confrontación militar” entre los dos aliados de la OTAN. De hecho, el ministro de Defensa griego, Nikolaos Panagiotopoulos, aseveró recientemente su país estaba dispuesto “a un conflicto militar con Turquía”. Analistas consultados por Arab News consideran al respecto que el inicio de una guerra “es un escenario con muy pocas probabilidades de ocurrir en las circunstancias actuales”, y que, más bien, lo que sucederá es que “continúe la atmósfera tensa entre los dos países, especialmente en el frente diplomático” y que, por ello, “la inestabilidad tenderá a continuar a lo largo de 2020 con seguridad”.

Habrá que esperar, entonces, a la reunión de la OTAN que tendrá lugar esta semana, y si servirá para distender la situación en el Mediterráneo, una región que se ha caldeado en los últimos tiempos con el conflicto de intereses de las principales potencias involucradas.