Se difunde un informe interno que muestra que la Policía del Capitolio avisó de que el Congreso podría ser asaltado

La ofensiva llevada a cabo el 6 de enero por seguidores radicales de Donald Trump dejó cinco muertos
La Policía del Capitolio de EEUU con las armas desenfundadas se encuentra cerca de una puerta atrincherada mientras los manifestantes intentan entrar en la Cámara de Representantes, el miércoles 6 de enero de 2021

AP/ANDREW HARNIK  -   La Policía del Capitolio de EEUU con las armas desenfundadas se encuentra cerca de una puerta atrincherada mientras los manifestantes intentan entrar en la Cámara de Representantes, el miércoles 6 de enero de 2021

El terrible suceso del asalto al Capitolio llevado a cabo el pasado 6 de enero por seguidores fanáticos del presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, que dejó cinco muertos, 14 policías heridos y 52 detenidos, pudo ser frenado con antelación debido a que la Policía de la sede parlamentaria de Washington alertó previamente de que el Congreso podría ser atacado.

Un informe interno de inteligencia de la Policía del Capitolio advirtió tres días antes del asalto que el Congreso podría ser el objetivo de los seguidores del presidente saliente Donald Trump, ante el desencanto de los resultados electorales que auparon a Joe Biden a la Presidencia de EEUU. 

El histórico y trágico episodio que empañó la historia de la democracia y de la política estadounidense pudo ser neutralizado, algo muy a tener en cuenta sobre todo si se contabiliza el trágico resultado de cinco personas muertas, 14 policías heridos y 52 personas arrestadas. 

"Los partidarios del actual presidente ven el 6 de enero de 2021 como la última oportunidad para anular los resultados de las elecciones presidenciales", según informó el texto del documento interno de inteligencia de la Policía del Capitolio de Washington, algunos de cuyos extractos fueron difundidos por el diario The Washington Post.

Explosión causada por una munición de la Policía mientras los partidarios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúnen frente al edificio del Capitolio en Washington, EEUU, el 6 de enero de 2021
REUTERS/LEAH MILLIS - Explosión causada por una munición de la Policía mientras los partidarios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúnen frente al edificio del Capitolio en Washington, EEUU, el 6 de enero de 2021

"A diferencia de las protestas postelectorales anteriores, los objetivos de los partidarios de Trump no son necesariamente los manifestantes contrarios como lo era anteriormente, sino el Congreso mismo es el objetivo el día 6", indicó el informe. 

El día 6 de enero era el marcado para que las cámaras parlamentarias estadounidenses confirmasen la victoria electoral del candidato demócrata Joe Biden frente al republicano Donald Trump, de cara a la investidura del ganador el próximo 20 de enero. El vicepresidente del Gobierno, Mike Pence, era el encargado de dirigir las sesiones de confirmación de Biden como nuevo presidente del gigante norteamericano, pero en la víspera de la jornada se fueron calentando los ánimos tras las afirmaciones de Donald Trump respecto a un posible fraude electoral que evitaría su reelección como presidente, algo que estaba descartado y que ya no tenía visos de prosperar en ninguna instancia. El propio Trump presionó incluso a Pence para activar un mecanismo parlamentario para invalidar el proceso electoral que dio la victoria a Biden, algo que fue descartado por el vicepresidente, quien reconocía la victoria del candidato demócrata. 

Tras las arengas de Trump llegó el fatal incidente del asalto al Capitolio y la primera falta de reacción del propio Ejecutivo del presidente republicano para disponer las fuerzas de seguridad suficientes de cara a detener el ataque el Capitolio. Una vez que ya se confirmó la gravedad de los hechos es cuando llegó la movilización suficiente de efectivos para poner fin al asalto, al que tuvo que hacer frente en primera instancia la propia Policía del Capitolio, que se vio desbordada por la afluencia de miles y miles de seguidores de Trump. 

Ya el martes pasado, el diario The Washington Post reveló que un informe interno de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) había alertado un día antes del asalto de que un grupo de extremistas se preparaba para lanzar una "guerra" en Washington y cometer violencia contra el Congreso.

Los manifestantes entran en la Cámara del Senado el 6 de enero de 2021 en Washington, DC.
AFP/WIN MCNAMEE - Los manifestantes entran en la Cámara del Senado el 6 de enero de 2021 en Washington, DC.

La información contradice las declaraciones del jefe de la oficina en Washington del FBI, Steven D’Antuono, que dijo la semana pasada a los periodistas que esa agencia no tenía "ninguna indicación" de que hubiera nada planeado para el pasado 6 de enero, más allá de las protestas de los seguidores de Trump.

La oficina del FBI en la cercana Norfolk (Virginia) había alertado, en un informe aprobado para su publicación interna el día 5, de planes de radicales que habían compartido un mapa de los túneles del Capitolio y habían mencionado amenazas concretas contra ese complejo.

"Un hilo publicado en internet menciona llamadas específicas a la violencia que incluyen esta: 'Estén preparados para luchar. El Congreso tiene que escuchar cristales que se rompen, puertas que se abren a patadas y sangre que se derrama de sus soldados esclavos de BLM y Pantifa", según el documento, obtenido por The Washington Post. Las siglas BLM son una referencia a los activistas contra el racismo de Black Lives Matter (Las vidas negras importan), mientras que Pantifa es una alusión despectiva sobre el movimiento de izquierda Antifa, cuyos miembros se enfrentan a veces a los extremistas de derechas seguidores de Trump.

Mientras, este viernes se procedió a blindar la capital norteamericana para ofrecer la protección necesaria ante la toma de posesión de Joe Biden como presidente de Estados Unidos tras la cesión de poder de Donald Trump. Incluso, la Guardia Nacional tuvo que entrar en la sede del Capitolio para establecer una zona de seguridad ante un posible rebrote violento, teniendo en cuenta también las medidas de seguridad ya habituales para prevenir la propagación de la COVID-19.