Serge Klarsfeld: “La única lección de la historia es que los demagogos totalitarios no han aportado más que infelicidad y catástrofes”

Presentación en España de las Memorias de dos incansables luchadores por la justicia y los derechos humanos
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A la pareja formada por el judío francés Serge y la alemana Beate Klarsfeld se les colgó desde bien temprano la etiqueta de “cazanazis”, un calificativo que rechazan ellos mismos y quienes les conocen bien. Su lucha, en efecto, comenzó desde el final de la II Guerra Mundial, cuando contemplaron la impunidad y la plácida vida en la que se habían instalado en la Alemania de posguerra antiguos criminales nazis, a los que, por imperativos de la Guerra Fría se había dejado de perseguir. Sin embargo, sus horizontes se hicieron más amplios, hasta conformar un abigarrado compendio de actuaciones contra dictadores y criminales totalitarios, cuya hoja de servicios estuviera cuajada de injusticias y atentados contra los derechos humanos. Cinco décadas de esa lucha se narran en sus “Memorias” (Ed. Instituto Berg Oceana-Aufklarung; 738 páginas), que en su edición española incorpora un prólogo de Antonio Muñoz Molina. 

La presentación de las Memorias, organizada por el Centro Sefarad y el Instituto Berg en el Auditorio Centro Centro del Ayuntamiento de Madrid, entusiasmó a una audiencia que comprobó la vitalidad de dos jóvenes ancianos, que no han perdido un ápice en su determinación de seguir luchando hasta el fin de sus días contra la injusticia, la impunidad y el aplastamiento de los derechos humanos. 

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“Mi sola lección aprendida de la historia es que los demagogos totalitarios no han aportado más que catástrofes e infelicidad a todos los pueblos que les han entronizado”, afirma rotundo Serge, que no se cansa de advertir sobre la fragilidad de la democracia, y sobre la molicie de las nuevas generaciones, que creen que democracia y libertad son derechos inalienables y eternos, y se permiten lujos como el de abstenerse de cumplir con su obligación de votar, en alusión a los dos tercios de franceses que omitieron ese deber y derecho en las recientes elecciones regionales. 

La complicidad es patente entre este judío francés, nacido en Bucarest, huérfano de un padre asesinado en Auschwitz, y Beate, la alemana nacida en Berlín, protestante e indómita. El amor y la convicción de que no se puede permanecer impasible ante la injusticia y el totalitarismo –explican ellos mismos- es el secreto de la longevidad de esta relación conyugal, de trabajo y lucha. 

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Diferencia entre justicia y venganza

Atalayar les pregunta qué les diferencia del reconocido cazador de nazis Simon Wiesenthal. La respuesta es al unísono: “El método, fundamentalmente. Wiesenthal, que no disimulaba un ego monumental, no se movía de su oficina, en donde confeccionaba sus dosieres, muy meritorios por otra parte. La diferencia es que nosotros nos hemos recorrido el mundo en busca de los criminales, hemos realizado todo tipo de acciones para secuestrarlos, a menudo saldadas con el fracaso, y hemos entablado relaciones clandestinas con infinidad de agentes que nos facilitaran la detención y extradición de los criminales, por ejemplo la de Klaus Barbie, el carnicero de Lyon. No nos hemos limitado a encerrarnos en una oficina, hemos pisado el terreno, y hemos sufrido golpes en las manifestaciones y cárcel, especialmente Beate, por denunciar la impunidad y las injusticias”. 

Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Nicaragua, pero también numerosos países de África y Asia, y por supuesto Europa, especialmente Francia y Alemania, han albergado su presencia como testigos incómodos de tantas violaciones de los derechos humanos. Su diversidad de acciones y tácticas acabaron por tener impacto social, ético y jurídico, y su coraje suscita curiosidad y admiración por la fuerza vital, complicidad e imaginación de este matrimonio inusual de la posguerra. Su legado de ciudadanía activa y compromiso con los valores de la democracia nos muestran la relación inherente entre memoria histórica y derecho a la verdad, y su intrínseca relación con el acceso a la justicia para las víctimas. 

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Serge y Beate confiesan que al principio la comunidad judía estuvo muy distante, considerándolos meros aventureros. Sólo empezaron a reconocerles sus méritos tras la publicación del “Memorial de la Deportación de los Judíos de Francia”, un libro que provocó un choque emocional brutal en la Francia a la que el general De Gaulle había querido ahorrar la vergüenza de sus muchos colaboracionistas con el nazismo. Otro libro posterior, “El papel de Vichy en la solución final”, se convertiría en libro de referencia para todos los historiadores de la Shoah. 

Ni extrema derecha ni extrema izquierda ni nacionalismo demagógico

Para que no se les encasille, ambos personajes se declaran firmemente opuestos a la extrema derecha, pero al mismo nivel cuando menos que la extrema izquierda y el terrorismo. “Hay que desconfiar de los nacionalistas demagogos”, subraya Serge, que hace una encendida defensa de la Unión Europea: “Es la garantía de nuestras libertades, nada menos. Que lo tengan en cuenta quienes inconscientemente no se oponen vehemente a cualquier intento de recortarlas”.

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Serge y Beate Klarsfeld son dos monumentos vivientes de lo que significa pelear por la libertad y la dignidad. En su persecución a los criminales impunes, nunca cayeron en la tentación de matarlos. “Tuvimos muchas ocasiones de hacerlo, pero ello no hubiera proporcionado más que el momentáneo sabor de la venganza. Lo importante, y es lo que hicimos cuando pudimos, fue llevarlos ante los tribunales, y que fueran éstos, especialmente los alemanes, los que impartieran justicia”

Y, entre muchas otras, una reflexión de gran hondura: “La justicia es siempre simbólica, puesto que no se puede resucitar a los muertos. Sin embargo, permite que las familias puedan guardar luto y honrar a sus muertos, y a las sociedades avanzar reconciliadas, dejando zanjado un pasado que en otro caso volvería a emerger con sus odios renovados”.