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Suben a 30.000 los desplazados tras el ataque con 86 muertos en Burkina Faso

Más del 73 % de los desplazados provienen de la localidad atacada, Seytenga, situada a unos 40 kilómetros de Dori
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AFP/ISSOUF SANOGO  -   Los ataques yihadistas han desplazado internamente a más de 300.000 personas, entre ellas muchos niños y niñas que han abandonado la escuela

El número de desplazados tras el ataque terrorista que tuvo lugar en el norte de Burkina Faso la noche del 11 al 12 de junio y en el que murieron 86 personas, asciende a más de 30.000 personas, según las últimas cifras de las autoridades burkinesas.

El Consejo Nacional de Emergencias y Rehabilitación (CONASUR) del Gobierno de Burkina Faso informó a última hora de ayer de que ya son 30.211 las personas desplazadas, de ellas más del 64 % niños, entre los cuales cerca del 35 % tienen menos de cinco años.

Más del 73 % de los desplazados provienen de la localidad atacada, Seytenga, situada a unos 40 kilómetros de Dori (la capital de la región del Sahel) y a alrededor de 10 kilómetros de la frontera con Níger, aunque los afectados proceden de un total de 27 pueblos de la zona.

El pasado 17 de junio, cuando el número de desplazados se situaba cerca de 16.000, el portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Matthew Saltmarsh, advirtió que se esperaba que llegaran más en los próximos días.

"La crisis de desplazados en Burkina Faso es una de las que más rápido crecen en el mundo, con un número de desplazados internos que alcanzó los 1,9 millones a finales de abril, según datos del Gobierno", recordó Saltmarsh.

De acuerdo a un informe publicado el pasado 16 de junio por la Coalición ciudadana por el Sahel (colectivo de 49 organizaciones de la sociedad civil saheliana y de África Occidental que cuenta con el apoyo de ONG internacionales), una media de ocho civiles mueren cada día en atentados en Burkina Faso, Malí y Níger.

El ataque contra Seytenga tuvo lugar en la noche del pasado 11 al 12 de junio cuando hombres armados asaltaron la localidad y dejaron 86 víctimas mortales, según el Gobierno burkinés, una cifra que la oposición eleva a 150 citando a fuentes locales.

Tras el incidente, el Gobierno declaró un luto nacional de 72 horas y el presidente de Burkina Faso, Paul-Henri Sandaogo Damiba -que lidera el país desde el golpe de Estado del pasado mes de enero-, prometió represalias contra los atacantes.

Burkina Faso sufre a menudo ataques yihadistas desde abril de 2015, perpetrados por grupos vinculados tanto a Al Qaeda como al Estado Islámico.

La región más golpeada por la inseguridad es la del Sahel, que comparte frontera con Malí y Níger, aunque el yihadismo también se ha expandido a otras áreas vecinas, como la región del Boucle du Mouhoun (oeste), desde 2017, y la región Este del país, desde 2018.

En noviembre de 2021, un ataque contra un puesto de la Gendarmería causó 53 muertos (49 gendarmes y 4 civiles), lo que generó un gran descontento social que se tradujo en fuertes protestas para exigir la dimisión del entonces presidente burkinés, Roch Kaboré.

Meses después, el pasado 24 de enero, los militares tomaron el poder en un golpe de Estado -el cuarto en África occidental desde agosto de 2020- y depusieron al presidente.