Túnez elige su primer Parlamento democrático desde la caída del régimen de Ben Ali

 -  

Por Mohamed Sahli
Foto: Los tunecinos votan el domingo 26 de octubre para elegir el Parlamento y consolidar la transición democrática.
 
Túnez elige este domingo 26 de octubre su primer Parlamento democrático desde que una revolución popular derrocó al dictador Zine El Abidine Ben Ali en 2011. El proceso de transición política a la democracia que se inició tras la caída de Ben Ali, en enero de 2011, hace casi cuatro años, no ha sido fácil. La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) surgida de las primeras elecciones generales ha desempeñado un papel positivo, aunque con muchos altos y bajos, y la nueva Constitución democrática aprobada en enero de 2014 dota al país de un instrumento legal y político decisivo para su futuro. En la primera legislatura, los islamistas de Ennahda gobernaron con dos partidos laicos y después tuvieron que abandonar el poder ejecutivo y cederlo a un equipo de tecnócratas dirigido por Mehdi Jomaa. Aproximadamente 5, 2 millones de electores tienen derecho a emitir su voto en unos comicios donde se presentan 13.000 candidatos de más de 1.300 listas. Unos 92.000 agentes de las fuerzas del orden se encargarán de la seguridad del proceso electoral, según anunció el ministro del Interior, Lotfi Ben Jedou. Las elecciones parlamentarias serán seguidas por unos comicios presidenciales en noviembre que proporcionarán a los tunecinos la oportunidad de elegir directamente a un presidente por primera vez después del derrocamiento del exdictador Ben Ali. De acuerdo con diversos informes oficiales y varias encuestas que ofrecen una escasa credibilidad, hay cuatro fuerzas políticas favoritas: los islamistas del movimiento Ennahda que lidera Rachid Ghanuchi; Nida Tounes (El llamamiento) de Beji Caïd Essebsi, exprimer ministro de la transición de febrero a diciembre de 2011, donde se han refugiado exdirigentes y cuadros del RCD (el antiguo partido de Ben Ali)  que conviven con antiguos opositores y demócratas; el Congreso para la República (CPR) fundado por el actual presidente y activista pro derechos humanos, Moncef Marzouki;  y la Unión Patriótica Libre (UPL)  del empresario liberal y anti-islamista Slim Riahi.  Las elecciones de este domingo, que  se celebrarán en un contexto económico muy deteriorado, instaurarán un régimen parlamentario, aunque algunos observadores creen que la transición democrática no habrá acabado hasta que no se lleven a cabo profundas reformas en la Justicia y otros aparatos del Estado y se empiece a aplicar la nueva Constitución consensuada por el conjunto de las fuerzas políticas. Túnez tendrá una  legislatura pos-revolucionaria de cinco años para llevar a cabo las profundas reformas democráticas que el país necesita.
 
Sin mayoría absoluta
Todo parece indicar que ninguna fuerza política conseguirá mayoría absoluta o suficiente para gobernar en solitario, y por eso mismo en la recta final de la campaña electoral se multiplicaron los llamamientos al diálogo y al consenso para crear un Gobierno de Unión Nacional (GUN). “Esto es bueno, porque es una forma de ejercer la democracia y de que fuerzas políticas distintas lleguen a un acuerdo de gobierno. El diálogo y el consenso son básicos en un país como el nuestro en estos momentos”, dice a Atalayar el politólogo Choukri Hmed. El futuro Parlamento tendrá que reflejar la verdadera pluralidad política e ideológica de Túnez, que es el país democráticamente más maduro del Magreb. La abstención es el  gran miedo que tienen  los partidos. El 50% de los tunecinos podrían quedarse en casa en lugar de acudir a las urnas. La crisis económica y social, el desencanto al ver que la caída de Ben Ali no significó automáticamente una mejora del nivel de vida, la enorme corrupción y el desprestigio de los políticos han pasado factura a la incipiente democracia tunecina. Una campaña electoral caracterizada por la atonía, las querellas partidistas y  los ajustes de cuentas entre examigos políticos ha fomentado aún más la desafección ciudadana hacia las elecciones. Los estadios y las mezquitas han sido utilizados para ganar votos.  “Muchos electores no irán a votar porque ven que no se defienden proyectos, y es una forma de sancionar la pobreza de las propuestas”, opina un editor. La pobreza, el desempleo, la falta de perspectivas para los jóvenes y el abandono de muchas zonas rurales del país preocupan más a muchos tunecinos que las luchas partidistas salpicadas de demagogia y populismo barato. El 30 de octubre se comunicarán  los resultados oficiales de los comicios, y éstos demostrarán qué piensan realmente los tunecinos sobre  el proceso de transición democrática. Moncef Sellami, cabeza de lista de Nida Tounes en la ciudad de Sfax, cree que “los resultados electorales serán buenos para nostros” y relativiza la falta de interés por los comicios. Por su parte, el antiguo futbolista Tarak Dhiab, que obtuvo un escaño islamista en 2011, cree que los comicios del domingo serán “decisivos” para el futuro del país, porque “marcarán un antes y un después”. Mientras, el mundo económico y financiero, los think tanks y otros círculos de poder están a la expectativa de lo que pueda pasar. La Instancia Superior  Independiente para las Elecciones (ISIE) detectó más de un centenar de infracciones durante la campaña electoral, la mayoría de ellas relacionadas con la publicidad política,  según informó su coordinador, Ridha Guizani. Ennahda está convencido de que ganará las elecciones, pero no se presentará a las presidenciales porque, según sus dirigentes, no quiere acaparar todo el poder y provocar una intervención militar como les ocurrió a los Hermanos Musulmanes en Egipto. El campo anti-islamista, que agrupa a moderados y radicales partidarios de la erradicación del islamismo político, es heteróclito desde el punto de vista político, ideológico y social. Reúne a militantes de izquierda y de extrema izquierda,  sindicalistas, liberales de centroderecha, hombres de negocios y antiguos partidarios de Ben Ali que se han agrupado en varias fuerzas políticas. En la legislatura saliente, Ennahda gobernó con el partido del presidente Marzouki y  Ettakatol (socialdemócrata), liderado por  Mustafá Ben Jaafar, que consiguió la presidencia de la ANC. Por este motivo, la izquierda clásica ha perdido una parte de su credibilidad.  
 
Contexto socioeconómico
La situación económica y social de Túnez es muy delicada, aunque estadísticamente el país haya mejorado. Según un informe de la Organización Tunecina de Defensa del Consumidor (ODC), la pobreza ha retrocedido, y lo mismo indica el Banco Africano de Desarrollo (BAD). Según este organismo financiero, la tasa de pobreza se sitúa en 15% de la población global, frente a 23% en 2005 y 32% en 2000. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto en marcha un plan de ayuda  de 1.700 millones de dólares para el país norteafricano. En este contexto, el FMI considera que “Túnez está en fase de acabar la transición democrática  con la celebración de las elecciones”. Pero “La situación económica sigue siendo difícil y el paro es elevado”, indica el FMI. Un punto de vista que comparte el gobernador del Banco Central de Túnez (BCT), Chedly Ayari. Además, el terrorismo yihadista y la polarización social amenazan la estabilidad de Túnez, advierte la ONG International Crisis Group en su último informe sobre este país. La crisis social es especialmente dura en el sur el país, y los grupos terroristas se han atrincherado en la zona del monte Chaambi, ubicada cerca de la frontera con Argelia. International Crisis Group plantea a los gobernantes tunecinos la necesidad de que lleven a cabo una política de desarrollo económico en las regiones más atrasadas para evitar que el descontento popular se canalice a través de los islamistas, y también que impulsen una estrategia antiterrorista más eficaz. El informe de esta ONG propone al conjunto de las fuerzas políticas, desde la izquierda laica a los islamistas, pasando por los sindicatos y las organizaciones cívicas, que lleguen a acuerdos básicos para hacer frente al yihadismo combatiente, y al Gobierno que intensifique su cooperación antiterrorista con Argelia. Un agente de la Policía y cinco mujeres rehenes  murieron esta semana en un tiroteo con un grupo de terroristas que se encontraban atrincherados en una casa de Wed Ellil, en la región de Manouba, a sólo 10 kilómetros de la capital tunecina, según confirmaron las autoridades. El agente muerto formaba parte de un operativo policial y militar que trataba de desalojar a un grupo de terroristas  que mantenían retenidos a varios rehenes, entre ellos dos  niños. Finalmente la operación acabó con la muerte de un terrorista y de cinco rehenes, pero los niños fueron  salvados. En otro incidente separado, dos soldados resultaron heridos durante otro tiroteo con un grupo armado en la zona fronteriza con Argelia de Sidi Sakiet Yusef, de la región de El Kef, donde también explotó una mina. Estos enfrentamientos se produjeron  tres días antes  de las elecciones. 
 
Informe de ECFR 
Por otra parte, el think tank  Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, del inglés European Council on Foreign Relations), dedica en su última publicación un informe a las elecciones generales y presidenciales en Túnez. Bajo el título ‘Tunisia’s elections and the consolidation of democracy’ (Túnez, elecciones y consolidación de la democracia), ECFR analiza la naturaleza de los ambos comicios. El think tank europeo señala que  “Túnez está dando un paso más hacia la democracia. Que la transición del país siga adelante será una poderosa señal de que la democracia puede asentarse en el mundo árabe”. Pero ECFR advierte en su informe de que “Túnez se enfrentará a una serie de desafíos tras las elecciones. Para evitar que los tunecinos pierdan la confianza en la democracia, sus políticos tendrán que formar gobierno sin volver a caer en la polarización y tendrán que encontrar soluciones eficaces a los apremiantes retos económicos y de seguridad. Más allá de eso, Túnez tiene que emprender reformas fundamentales en la administración pública, las fuerzas de seguridad y el poder judicial, reconfigurando el Estado con el fin de cumplir con las aspiraciones de la revolución. La UE tiene un enorme interés en que el caso de Túnez sea exitoso”. En el informe de ECFR, el investigador Anthony Dworkin argumenta que teniendo en cuenta las malas perspectivas en otros países de la región, Europa debería considerar una revisión de su política mediterránea, priorizando su apoyo a Túnez a través de varios canales: contribuir a que las medidas económicas a corto plazo no perjudiquen a los ciudadanos más desfavorecidos de Túnez y ayudar al país a combatir el terrorismo de una forma más responsable. Además, Europa también debe redoblar sus esfuerzos para promover intercambios educativos y culturales con el pueblo tunecino, impulsar inversiones que creen puestos de trabajo y mejorar los servicios, y colaborar como socio en la reforma del Estado.