Túnez prolonga el confinamiento total en medio de un creciente malestar social

Suburbios de Túnez capital registran protestas para pedir ayuda al Gobierno y que revise las medidas de contención
Soldados tunecinos hacen guardia junto a la delegación gubernamental de Mnihla, al norte de la capital, durante una manifestación contra el confinamiento general

AFP/FETHI BELAID  -   Soldados tunecinos hacen guardia junto a la delegación gubernamental de Mnihla, al norte de la capital, durante una manifestación contra el confinamiento general

Túnez sigue batallando para frenar como puede la pandemia del coronavirus en su territorio: este martes la Presidencia adoptaba la decisión de prolongar 15 días el confinamiento general. Pero, además de con el patógeno, las autoridades tunecinas se enfrentan con una parte de la sociedad, la más precaria económica y socialmente, que pide desesperadamente ayuda inmediata y comienza a rebelarse contra las medidas de contención. En Túnez en torno a la mitad del PIB y más del 30% de la fuerza laboral se sitúan en el sector informal. Gran parte de estos trabajadores viven al día y muchos no han ingresado nada desde hace varias jornadas. 

El confinamiento total fue decretado el pasado 22 de marzo y se ampliará, después de la decisión anunciada por la Presidencia este martes, hasta el 19 de abril. Túnez ha sido uno de los países más contundentes a la hora de adoptar medidas contra la propagación de la pandemia: el 17 de marzo pasado el presidente Kais Saied imponía un toque de queda diario desde las 18.00 horas hasta las 6.00 de la mañana. “Las medidas ya no responden a las demandas de los ciudadanos", admitía Saied en un discurso emitido por la televisión antes de reunirse con el Consejo de seguridad nacional y decretar la prolongación del confinamiento general. “Se le dice a la gente que se quede en casa, pero ¿cómo van a vivir? Son reacciones lógicas, sobre todo de los más pobres”, concedía el jefe de Estado tunecino en declaraciones que recoge la agencia AFP. 

Vista de la avenida Habib Bourguiba de la capital tunecina prácticamente desierta el primer día de confinamiento para detener la propagación del coronavirus
PHOTO/REUTERS - Vista de la avenida Habib Bourguiba de la capital tunecina prácticamente desierta el primer día de confinamiento para detener la propagación del coronavirus

Y es que esta semana y la pasada se registraron concentraciones de trabajadores del sector informal en los distritos más desfavorecidos de Túnez capital –La Manouba, Mnihla, Ariana o Douar Hicher- para reclamar al Ejecutivo las ayudas prometidas y rechazar el confinamiento, recoge la citada agencia. Con todo, se trata a día de hoy de protestas poco numerosas que no tienen eco en las principales arterias de la capital. A pesar del malestar social creciente, el confinamiento total se está respetando de manera generalizada a lo largo y ancho del país. 

“¿De qué corona hablan? Vamos a morir de cualquier manera. Dejadnos trabajar”, lamentaba un trabajador ante una sede de la administración del Estado este martes ante una sede de la administración estatal en Mnihla. “¡Dejadnos llevar el pan a mis hijos! Poco importa si me muero, seré un mártir”, insistía el citado ciudadano en declaraciones recogidas por AFP. 

Ciudadanos se concentran ante una sede de la Administración en el distrito de Mnihla, en la gobernación de Ariana, afueras de Túnez, este lunes para protestar contra el confinamiento y reclamar ayudas
AFP/FETHI BELAID - Ciudadanos se concentran ante una sede de la Administración en el distrito de Mnihla, en la gobernación de Ariana, afueras de Túnez, este lunes para protestar contra el confinamiento y reclamar ayudas 

En una nota emitida después del discurso de Said, la institución presidencial ha llamado a “acelerar la aplicación de las medidas adoptadas” y reforzar la lucha contra los especuladores que monopolizan los recursos alimentarios, a los que llamó “criminales de guerra”. 

En el editorial de este miércoles del diario francófono La Presse -uno de los principales del país-, Chokri Ben Nessir cargaba duramente contra el presidente: “El pueblo ha expresado su impaciencia, a veces su desesperanza, a menudo su exasperación, porque hay una gran distancia entre lo que se dice y lo que viven los tunecinos. Porque el jefe del Estado debe hacer de desminador, ser fermento de unidad y no un elemento de división”. 

El Gobierno de Túnez anunció el pasado 21 de marzo un plan de ayuda para combatir los efectos de la crisis por valor de 150 millones de dinares (unos 48 millones de euros) que deberán pagarse en forma de bonos directos a las personas más necesitadas entre el 31 de marzo y el 6 de abril. Otra de las medidas propuestas por el Gobierno tunecino, que preside Elyes Fakhfakh, fue la apertura solo tres días a la semana de los mercados mayoristas de alimentación para prevenir el contacto humano y el contagio del coronavirus. Cuatro días después las autoridades tunecinas reculaban: los mercados volvieron a abrir todos los días a partir de este martes. Además, desde el Ejecutivo se garantizaba el suministro de harina y sémola de trigo. El presidente tunecino, que admite ya los retrasos en las promesas, aseguró que harán “todo lo posible para satisfacer las necesidades de los ciudadanos”.

El presidente tunecino Kais Saied
AFP/FETHI BELAID - El presidente tunecino Kais Saied
Situación económica crítica

Lo cierto es que la situación económica y financiera de Túnez es extraordinariamente delicada. El desplome del turismo –uno de los pilares de la economía del país-, cuya temporada se da por terminada ya, refleja la gravedad de la crisis. Además, el ramadán comienza el próximo 23 de abril, dando paso a un mes durante el que, de manera habitual, la economía suele marchar de por sí a medio gas. Previsiblemente, el ‘efecto ramadán’ se sumará al deterioro causado por la crisis del coronavirus. Una auténtica prueba de fuego para el actual gabinete, que solo echó a andar el pasado 27 de febrero.

Consciente de la situación, la Unión Europea anunciaba el pasado sábado una donación inmediata por valor de 250 millones de euros para contribuir al plan de choque contra las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Asimismo, este lunes el Banco Europeo de la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) anunciaba una aportación de 400 millones de euros destinada a las instituciones públicas –como la Sociedad Tunecina de Electricidad y Gas (STEG)- y a las pequeñas y medianas empresas tunecinas, según se hacía eco la web L’Économiste Maghrebin.

Una calle de la localidad tunecina de Sidi Bou Said tomada el jueves 26 de marzo en la que pueden apreciarse los efectos del confinamiento general
AP/HASSENE DRIDI - Una calle de la localidad tunecina de Sidi Bou Said tomada el jueves 26 de marzo en la que pueden apreciarse los efectos del confinamiento general

Pero Europa no es la única que ayuda. China enviaba el pasado sábado material sanitario a través de dos fundaciones. Varios miles de mascarillas, kits de pruebas de detección y uniformes de protección fueron entregados a la Farmacia Central de Túnez de manera gratuita. Este lunes se reunían el ministro de Salud tunecino, Abdellatif Mekki, y el embajador chino en el país magrebí, Wang Wenbin, para dar relieve a la cooperación bilateral entre ambos países, se hacía eco el digital Kapitalis. El diplomático asiático –que ha donado la mitad de su salario para apoyar la lucha contra el COVID-19- prometió más ayuda a Túnez. No en vano, además del material que ha llegado ya al Estado magrebí, Pekín aportará una suma aún no concretada para la construcción de un nuevo hospital universitario en la ciudad de Sfax, recogía el semanario Réalités. 

Además, en la tarde del miércoles el jefe de Estado tunecino, Kais Saied, mantuvo una conversación telefónica con el rey de Arabia Saudí, Salman Bin Abdelaziz, recoge este jueves La Presse citando un comunicado de la Presidencia. Ambos líderes destacaron las “relaciones excepcionales e históricas” entre los dos países y abordaron la situación sanitaria que vive el planeta. De acuerdo con la nota, el monarca expresó su apoyo a la iniciativa propuesta por el presidente tunecino a Naciones Unidas el pasado día 20 de marzo para abordar mundialmente y de manera conjunta la pandemia.

Imagen de un café cerrado en el paseo marítimo de La Marsa, en las afueras de Túnez, el jueves 26 de marzo
AP/HASSENE DRIDI - Imagen de un café cerrado en el paseo marítimo de La Marsa, en las afueras de Túnez, el jueves 26 de marzo 

Entretanto, la epidemia del COVID-19 sigue su curso en Túnez. Al cierre de este texto, en el pequeño país mediterráneo se registraban 455 personas infectadas, 14 fallecidas y 5 curadas. Aunque sus cifras de contagios absolutos son inferiores a las de sus vecinos argelino y marroquí, el porcentaje de casos sobre el total de la población es superior en Túnez dado que su censo es sensiblemente inferior (más de 41 millones de habitantes tiene Argelia y más de 35 Marruecos; Túnez no llega a 12). Con todo, todo apunta a que las cifras reales son muy superiores a lo que dicen las estadísticas oficiales dado el limitado número de pruebas de detección llevadas a cabo. 

Con todo, hay espacio para la esperanza. El pasado día la OMS aseguraba el pasado día 26 que Túnez se encontraba “en disposición de controlar la propagación del coronavirus”. La organización avisaba este miércoles, empero, de que han de hacerse muchos más test y de que en las calles del país no se guardan las distancias de seguridad  exigidas entre los ciudadanos. Este jueves el diario La Presse abría su portada con un esperanzador “¿Y si Túnez consiguiera controlar la epidemia?”