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Taiwán: la línea roja para China y Estados Unidos

Una vez más, los intereses de las dos superpotencias se disputan ahora en un nuevo tablero que siempre ha estado latente
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FOTO/ ARCHIVO  -  

El año 2022 está siendo uno de los años más relevantes en cuanto a cambios geopolíticos. Primero la invasión rusa sobre Ucrania ha conseguido que, a nivel internacional, tanto la Unión Europea como los países integrantes de la OTAN hayan protagonizado en tiempo récord cambios en las políticas armamentísticas y de defensa común sin precedentes. A la unión que Occidente está protagonizando, mostrándose como un bloque común se le une, en este momento, una situación amenazante que lleva años gestándose. El foco internacional ahora está puesto sobre Taiwán. La reciente visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, ha propiciado que China haya puesto en marcha su maquinaria armamentística con el fin de tratar de demostrar que el gigante asiático no va a dar un paso atrás en su idea de ser una “única China”.

El pasado noviembre, a través de una reunión online, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, realizaba un cara a cara con su homólogo chino, Xi Jinping, en la que apenas hicieron públicas sus conclusiones. Lo que sí que se dio a conocer es que Taiwán sigue siendo uno de los puntos más tensos entre Pekín y Washington. La isla, que para China sigue siendo “una provincia rebelde” pero que forma parte de su territorio, cuenta con una autonomía política propia que, a su vez, es defendida por Estados Unidos, aunque Washington no apoya su total independencia. En este sentido, el Gobierno estadounidense es el principal proveedor de armamento a Taipéi, algo que China ha criticado duramente y situación que ha generado las continuas amenazas desde Pekín, alertando más de una vez que “quien juegue con fuego se quemará”

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PHOTO/ARCHIVO - La presidenta de la Cámara de Estados Unidos, Nancy Pelosi en Taiwán

Asimismo, las nuevas incursiones sobre el espacio aéreo y marítimo de Taiwán, que se han multiplicado desde la visita de Pelosi y han conseguido aumentar la tensión hasta puntos casi belicistas, no son ni mucho menos las primeras que se realizan. Durante el año pasado, el Ejército chino también realizó una serie de maniobras militares alrededor de la isla, en un intento de demostrar la influencia y el poder chino, algo que ha sido criticado reiteradamente por Estados Unidos. Sin embargo, las nuevas maniobras que se han ejecutado con el pretexto de la visita de Pelosi se han caracterizado por ser más potentes, rápidas y fuertes, además de haber empleado, por primera vez, fuego real en sus ejercicios militares, lo que ha propiciado el temor internacional ante una escalada “sin precedentes”.

Taiwán: el antiguo refugio del Kuomintang

Pero ¿cuál es la historia de Taiwán y por qué para China es tan trascendental que forme parte de su territorio? Para entenderlo debemos remontarnos a octubre de 1949 cuando se fundó la República Popular de China con la victoria de los comunistas en el marco de la guerra civil china. El 1 de octubre, el líder comunista Mao Zedong, proclamó, entre aplausos y vítores, que “¡el Gobierno Popular Central de la República Popular China se ha fundado hoy!”. Desde este momento, la parte vencida, es decir, los miembros del partido nacionalista chino del Kuomintang, liderados por Chiang Kai-Shek, se refugiaron en la isla de Taiwán donde se estableció un régimen separatista a través de las Fuerzas Armadas, con el apoyo de Estados Unidos. 

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PHOTO/XINHUA  -   Soldados de las fuerzas aéreas chinas durante ejercicios militares 

Este régimen acabó derivando en un sistema democrático en el que destacó la figura del presidente Lee Teng-hui, conocido como “el padre de la democracia” en Taiwán. Este habría liderado los cambios institucionales que protagonizaron una apertura política y desembocaron en la elección del primer presidente no elegido por los miembros del Kuomintang, el presidente Chen Shui-bian en el año 2000, figura política que apoyaba abiertamente la independencia total respecto a China.

Toda esta evolución se produjo después de que en los años 80 Taiwán y China escenificasen un acercamiento con el fin de “tender puentes”. En un primer momento, el Gobierno de Pekín propuso otorgar una autonomía significativa a Taiwán, pero dentro de su proyecto de “un país, dos sistemas” sí el Gobierno taiwanés aprobaba la “reunificación” de China. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por Taiwán lo que propició el enfriamiento de las relaciones entre Taipéi y Pekín. 

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PHOTO/AP  -   Xi Jinping, presidente de China  

En el año 2005, cuando fue reelegido como presidente, un año después China aprobó la ley antisecesión que otorgaba a China “el derecho a recurrir a medidas no pacíficas” contra Taiwán si este decidía separarse oficialmente de Pekín.

Tres años más tarde, en el año 2008, fue el turno de la presidencia de Ma Ying-jeou, quien trató de tender puentes con China a través de relaciones económicas y comerciales, aunque la tensión entre ambos seguía latente. Finalmente, fue en el año 2016 cuando la actual presidenta, Tsai Ing-wen, del Partido Democrático Progresivo (DPP), proclamó oficialmente su apoyo a independizarse definitivamente de China. 

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PHOTO/ARCHIVO - La presidenta de Taiwán
Estados Unidos en Taiwán

Después de la victoria electoral de Tsai Ing-wen, el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, llamó a su homóloga taiwanesa para revertir la política estadounidense que seguía vigente desde 1979 y que defendía abiertamente que la soberanía de la isla repercutía a China, lo que en ese momento provocó la ruptura oficial de las relaciones diplomáticas entre Taipéi y Washington.

Tras conocerse esta conversación, el ministro de Relaciones de Exteriores chino presentó un reclamo formal en Washington que aumentó las tensiones entre las dos superpotencias mundiales. En este sentido, desde China siempre se han mostrado reacios a que el Ejecutivo de Estados Unidos mantenga relaciones con Taiwán, ya que para China forma parte de su país y la influencia de Washington allí frenaría la autoridad de Pekín. 

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PHOTO/AP  -   Xi Jinping, presidente de China  

La injerencia estadounidense no fue -ni sigue siendo- vista con buenos ojos por parte de China, y, lejos de haberse reducido, continúa aumentando a través del envío de armamento. El pasado febrero, Estados Unidos aprobó una venta de armas a Taiwán por valor de 100 millones de dólares, lo que equivale a 87 millones de euros. Entre ellos destaca el envío de un paquete de ingeniería para el sistema de defensa de misiles Patriot, que Estados Unidos también habría vendido recientemente a Emiratos Árabes Unidos y a Arabia Saudí. Según la Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa (DSCA, por sus siglas en inglés), este paquete armamentístico respondería al apoyo de la “modernización de las Fuerzas Armadas” taiwanesas para garantizar el mantenimiento de una “capacidad defensiva creíble”.

China, ¿preparada para una guerra?

En este contexto, la última demostración de fuerza por parte de China es un intento de demostrar que el país no se va a echar atrás. Sin embargo, hay razones para pensar que en realidad está demostración de fuerza está lejos de convertirse en una ofensiva bélica directa ya que China “no estaría preparada”. En primer lugar, la situación económica en China atraviesa momentos complicados en sectores muy importantes como es el de la construcción. De hecho, esta situación económica en el país habría sido uno de los motivos por los que Pelosi habría viajado hasta Taipéi.  A la actual crisis económica, la pandemia de la COVID-19 y los progresivos cierres aprobados por el Gobierno chino han influido en el debilitamiento del país a nivel nacional, por lo que el país asiático no podría permitirse una guerra.  

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PHOTO/China MoD - Con un alcance superior a los 10.000 kilómetros, el misil balístico intercontinental DongFeng-41 (Viento del Este) fue mostrado en 2019 en la parada militar del 1 de octubre, que conmemora la fundación de la República Popular  

En segundo lugar, China se encuentra a las puertas del XX Congreso Comunista, del que se espera que el presidente chino vuelva a ser reelegido por tercera vez en su mandato después de que Jinping reformase la Constitución en el año 2018 con el fin de poder beneficiarse de este privilegio, algo que solo estuvo a la altura de Mao Zedong, por lo que meterse ahora en una guerra no sería beneficioso para el mandatario chino.

El analista especializado en Asia, Toni K., declara para Atalayar que “no cree” que estas maniobras militares vayan a resultar en “una escalada que acabe en una guerra abierta a gran escala por algo como una visita como las hubo antes”. Para él es más probable que sea más bien una “escalada en las sanciones económicas que China está ya imponiendo sobre la isla de Taiwán (la importación de 100 productos agrícolas ha sido bloqueada, además de la exportación de arena natural), además de medidas disuasorias en el aspecto militar como el bloqueo físico de la isla mediante maniobras militares con fuego real en el estrecho de Taiwán”.  

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REUTERS/ALY SONG   -   Mercado callejero en Wuhan, la ciudad china más afectada por el brote de la COVID-19, en la provincia de Hubei  

Señala que las acciones de China “no se van a quedar en palabrería, pero tampoco van a llegar tan lejos. Todo dependerá de lo que ocurra en Taiwán en los próximos meses e incluso años (hay elecciones para 2024)”. 

En cuanto al sentimiento entre la ciudadanía china respecto a una posible escalada afirma que, en el país y dependiendo del lugar, “se vive con fervor nacionalista, con cautela o incluso con miedo. Es un país muy grande. En donde yo me encuentro ahora mismo, la verdad, no se habla mucho del tema y en redes sociales destacan los comentarios de los exaltados principalmente, pero que no representan en nada a la gente a pie de calle”. 

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REUTERS/ALY SONG - Sistema de armas de misiles tierra-aire LY-80 expuesto en la Exposición Internacional de Aviación y Aeroespacial de China, o Airshow China, en Zhuhai, provincia de Guangdong, China, el 29 de septiembre de 2021

Afirma que “para la gente de Xiamen y de la provincia de Fujian, quienes han visto a los tanques y a los convoyes militares yendo hacia la costa por carreteras y ferrocarriles civiles, esto no está siendo un buen trago”.

Por su parte, el analista y experto en Asia, Adrián Díaz Marró, afirma para Atalayar que “los discursos de cada uno de los líderes están hablando a su público en particular y, cuando esto ocurre, hay que saber interpretar lo que se dice porque no están en una negociación. Las negociaciones se hacen en privado y seguro que ya se están haciendo en paralelo a los gestos públicos”. 

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PHOTO/AFP  -   Terminal de Contenedores de Comercio Exterior del Puerto de Qingdao, en la provincia oriental de Shandong, China 

Explica que “en China han aprendido que el nacionalismo es muy rentable porque llegas a lo más emocional de las personas. Se ha potenciado muchísimo, prácticamente Xi Jinping se lo ha tomado como algo personal en su carrera política, sobre todo con el caso de Taiwán”.

Para Xi Jinping no conseguir Taiwán “es perder lo que entre la cultura china se conoce como cara, así como que se ponga en duda esa supuesta nueva supremacía china”. Díaz piensa que las nuevas maniobras militares y la escalada de tensión “no van a llegar a nada, pero también pensaba que no iba a llegar a nada lo de Rusia y Ucrania y me equivoqué”.  

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AFP/NOEL CELIS  -   Los residentes que viven o han visitado el Mercado Xinfadi, un mercado de alimentos al por mayor donde ha surgido un nuevo grupo de coronavirus COVID-19, esperan en fila para ser examinados de la enfermedad, en Pekín, el 16 de junio de 2020 

Sin embargo, señala que “los chinos no son belicistas. Llevan 45 años sin tener ningún conflicto, el último fue con Vietnam y fue una escaramuza. Lo único es que China considera que Taiwán es un conflicto interno así que no sería romper con esa norma de meterse en conflictos extranjeros. Es verdad que a Taiwán no le quedan muchos años, pero tampoco le quedan tan pocos como para que se resuelva a corto plazo”.

“En China tienen un dicho respecto a Taiwán. Dicen que la fruta caiga por madura, no por la fuerza o por presiones. Para los chinos de aquí a 15 años, creen que Taiwán pueda ser parte de China de forma orgánica”, concluye. 

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PHOTO/AP  -   El presidente ruso Vladimir Putin (derecha) y el presidente chino Xi Jinping (izquierda) en el Kremlin de Moscú, en esta fotografía de archivo  

Para otros analistas la confrontación entre China y Estados Unidos es una “competición entre potencias cada vez más descarnada”. Aunque el gigante asiático no cuente ahora con la suficiente capacidad como para meterse en una guerra esto no quiere decir que este escenario no se puede producir en un futuro. Asimismo, Estados Unidos tiene mucho que perder en caso de que China decida anexionarse el territorio taiwanés ya que perdería su influencia en una región que ahora mismo es clave para la política exterior estadounidense.

Además, después de que China ejecutase estas maniobras militares, Rusia, como era de esperar, se ha mostrado del lado del Ejército chino, lo que, en caso de darse un conflicto mayor, tanto China como Rusia estarían enfrentadas a Estados Unidos en un nuevo pulso por el triunfo de las democracias liberales o de los regímenes autocráticos.

Coordinador de América: José Antonio Sierra.