Tres miembros de Naciones Unidas mueren en un atentado en Libia

El ataque se llevó a cabo en las inmediaciones de un centro comercial de la ciudad de Bengasi
Imagen del coche utilizado en el atentado.

AFP.  -   Imagen del coche utilizado en el atentado.

Un atentado con coche bomba en Libia dejó tres miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU) muertos y otra decena de personas heridas. El ataque se llevó a cabo en las proximidades de un centro comercial emplazado en la ciudad oriental de Bengasi.

Los tres funcionarios asesinados pertenecían a la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL, por sus siglas en inglés) y se vieron afectados por la ofensiva llevada a cabo en el entorno del centro comercial Arkan, radicado en la ciudad de Bengasi, al este del territorio libio. El ataque se produjo con un coche repleto de explosivos, que estalló en las inmediaciones más próximas de la superficie comercial, en una zona muy cercana a la sede de la misión de Naciones Unidas en el país libio, y coincidiendo, además, con la celebración de la tradicional fiesta del cordero, el Eid al-Adha.

El propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres, condenó enérgicamente el brutal atentado, que sacude aún más al territorio libio, inmerso en una larga guerra por el poder entre el Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), comandado por el mariscal Jalifa Haftar, y el Gobierno de Unidad Nacional (GNA, por sus siglas en inglés), dirigido por el primer ministro Fayez Sarraj y sustentado por la propia ONU. Guterres instó a las partes enfrentadas a que respeten la tregua humanitaria que se había decretado con motivo del Eid al-Adha y a que se regrese a la mesa de negociación para buscar una salida pactada al conflicto libio. Estas afirmaciones de Guterres fueron difundidas por el portavoz oficial Stephane Dujarric. 

Este alto el fuego, con motivo de la fiesta del cordero, ya había sido acordado en julio entre ambos bandos, según resaltó Ghassan Salamé, enviado de Naciones Unidas para Libia. Un Salamé que condenó sin paliativos el atentado y exigió el fin de las hostilidades: “Este ataque cobarde es una manera de recordarnos la urgente necesidad para los libios de que cesen de luchar, que dejen de lado sus diferencias y trabajen juntos a través del diálogo y no la violencia, para poner fin al conflicto”. El enviado especial para Libia también había solicitado previamente, dentro de la tregua, gestos a ambas partes enfrentadas para propiciar el acercamiento; tales como la liberación de personas detenidas o secuestradas y el intercambio de prisioneros y de restos mortales de víctimas del conflicto armado.

El mariscal Jalifa Haftar.
El mariscal Jalifa Haftar en una imagen de archivo.

 

La guerra civil en Libia prosigue con la ventaja que tiene tomada Jalifa Haftar, cuyas tropas controlan la mayor parte del territorio y los yacimientos petrolíferos más importantes, lo cual otorga un gran poder al LNA, ya que Libia es una nación clave en el norte de África por su preciado ‘oro negro’. Las fuerzas del ex colaborador del depuesto dictador Muanmar el-Gadafi llevan semanas ya cercando Trípoli.

La capital es el último gran bastión que tiene el GNA de Sarraj, donde tiene instalada su sede gubernamental. Un GNA que sigue recibiendo el apoyo de la ONU, principal ente internacional que promocionó el establecimiento de la Administración de Trípoli. 
Haftar sigue recibiendo, por su parte, ayuda de grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y Francia, y en las últimas fechas ha intensificado los bombardeos en las inmediaciones de Trípoli. A principios del mes de agosto, atacó incluso el aeropuerto tripolitano de Maitiga, infraestructura de vital interés para la urbe y de cara a la entrada de ayuda humanitaria.

El LNA inició la gran ofensiva sobre Trípoli el 4 de abril, precisamente, coincidiendo con la visita oficial de Antonio Guterres para presenciar la situación en persona. Posteriormente, en el mes de julio, aparecieron signos de que Haftar podía tomar Trípoli por los avances de sus soldados en la zona en los últimos meses. El Ejército del mariscal estaba a las puertas de Trípoli, pero, de momento, continúan las batallas y los bombardeos en el entorno de la capital tripolitana, que sigue resistiendo a duras penas las embestidas del LNA.

Los dos principales rivales enfrentados prosiguen de esta forma su lucha por hacerse con el control de Libia; aunque el bando encabezado por Haftar tiene, al parecer, todas las de ganar. El mariscal perteneció en su día a la cúpula militar que llevó al poder a El-Gadafi en 1969 y, actualmente, tras el derrocamiento de este último comanda el Gobierno radicado en la ciudad de Tobruk, que controla ya gran parte del país y los campos petrolíferos estratégicos de Al Sharara y Al Fil. Mientras, el rival GNA es apoyado por la ONU desde 2016 y tiene la base de su Ejecutivo en Trípoli. El primer ministro del GNA, Fayez Sarraj, siempre ha confiado en el diálogo y ha llegado a afirmar que “no renunciará a la construcción de Estado civil”. Aunque parece lejana ahora la posibilidad de llegar a una solución negociada y pactada.

Desde que se produjese la última gran ofensiva de Haftar de comienzos de abril han muerto más de un millar de personas entre milicianos y civiles, más de 5.000 han resultado heridas y sobre las 100.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en refugiados internos.